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domingo, 18 de octubre de 2026

CIERRE EDITORIAL PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 18-10-2026 - HAY MAS…

 

CIERRE EDITORIAL PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 18-10-2026

 

HAY MAS…

 





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Así vamos llegando al final de otra emisión más de El Club de la Pluma, nuestra trinchera comunicacional de integración y resistencia que transmitimos por nuestra radio web y la red de radios compañeras y amigas que lo hacen en directo, en diferido a quienes agradecemos nuevamente a la distancia con un abrazo enorme, la posibilidad de poner las voces de La Patria Grande y fuera de ella en otras regiones.

 

Gaby, para la despedida.

 

Quiero compartir unos fragmentos de un texto de Raquel Robles que nos convocan a la reflexión en una época en la que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Es imposible imaginar el fin del capitalismo, diría Raquel Robles.

 

Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Es imposible imaginar el fin del capitalismo, diría yo. Es imposible en el sentido literal del término. La imaginación política más audaz llega a que todes tengan derecho a las cuatro comidas, un techo, trabajo en blanco y un sobrante para irse de vacaciones a la playa. Esa parece ser la utopía. Lo que queda de la izquierda en la Argentina (la que no se autofundió en el kirchnerisimo y/o se decidió por el progresismo de una sociedad con derechos políticos y una brecha cada vez más grande entre pobres y ricos), parece aspirar a tener cada vez más bancadas en el Congreso.

 

La lucha es por las leyes, por la coherencia en el discurso (lo cual es siempre bienvenido) y por un acompañamiento firme en los conflictos sociales. Pero la palabra revolución ya no se cae de la boca de sus máximos dirigentes y no se ve ninguna construcción que nos muestre que el mundo con el que sueñan sea radicalmente distinto al mundo en el que vivimos. 

 

El otro ejemplo de rebeldía que tenemos, también con un posicionamiento ético tan valorable como el de la izquierda institucional, nos plantea el sueño de “una Argentina más humana”. Desde los preceptos de la teología, no de la liberación, pero sí del respetar y hacerse respetar, la idea es construir una sociedad solidaria, sin desprecio por los demás.

 

Milei acusa de comunista a la idea de Estado presente, y el comunismo ha quedado reducido a eso: un adjetivo peyorativo que usa el nuevo fascismo en el que en lugar de haber un Estado explícito que todo lo controla, hay un Estado garante de los negocios de los ricos.

 

Capitalismo y más capitalismo. Aún en los que se autodenominan marxistas, la invitación es a luchar por un mundo “mejor”. No por el mundo ideal, o el mundo en el que nos merecemos vivir. No porque haya alguien que se pueda arrogar el saber cómo sería exactamente ese mundo, pero lo cierto es que no se escuchan muchas voces que nos abran la posibilidad de poner en discusión cuál sería ese ideal.

 

Pero si imaginar el fin del capitalismo es imposible, tal vez debamos preguntarnos dónde quedó nuestra capacidad de imaginar. Es sabido que imaginar es el comienzo de cualquier cambio y también que el arte es el lugar arquetípico de la imaginación. En los años sesenta y setenta, la pregunta por el lugar de les intelectuales en la lucha por la emancipación de los pueblos, era una discusión ineludible. ¿Qué debería hacer un intelectual comprometido? ¿Arte de vanguardia? ¿Un arte que refleje la situación de los desposeídos y que los desposeídos puedan fácilmente comprender?

 

De un lado y del otro de la discusión se puso toda la creatividad al servicio de cada posición. Muchísimos artistas pagaron con su cuerpo mortal el compromiso con esas ideas. Hoy parece una discusión de ciencia ficción. Tan anacrónica como la idea de cambiar el mundo.

 

Pero si imaginar el fin del capitalismo es imposible, tal vez debamos preguntarnos dónde quedó nuestra capacidad de imaginar.

La estética de la comodidad, el binarismo de la cultura de la motosierra versus la cultura nac and pop, la repetición de lo mismo como única posibilidad de no hundirse en la catástrofe, los trajes grises, los trajecitos sastre, la chomba con náuticos y el celeste y blanco como únicos colores posibles, nos han dejado la imaginación seca, dura, inflexible.

 

La narrativa de los Derechos Humanos basada en el NUNCA MÁS, sin especificar del todo nunca más qué, nos dejó una serie de íconos a los que llamamos “memoria”, perdiéndonos de incorporar a nuestra vida cotidiana, las millones de historias de aquellas generaciones que sí llevaron la piedra de la imaginación más allá del horizonte.

 

Por qué no, entonces, empezar por preguntar por la tarea de les artistas en este momento de desolación. Qué tal si hacemos colisionar otra vez vanguardia artística con compromiso colectivo.

 

Tal vez podamos elongar el músculo de la imaginación hasta visualizar en nuestras posibilidades un mundo no sólo menos cruel, sino un mundo que quede fuera del imperio del dinero. Un mundo sin patriarcado, sin capitalismo, sin burocracia, en el que la participación no se reduzca a votar cada tanto. Un mundo sin moralina, construido sobre los pilares de una ética de la solidaridad. Una imaginación que no sea sólo filosófica, sino de narrativas y de formas.

 

Un mundo en el que la idea de Patria no quede reducida a un territorio, ni siquiera a unos héroes y unas efemérides en común, sino a un nosotres inclusivo que excluya todo fascismo. Una comunidad que sancione sin excluir, que no suponga como única solución al quiebre de las reglas de convivencia el calabozo, y el calabozo mugriento y cruel además. Un arte que no sea sólo un espejo de lo que vivimos, sino la proyección de lo que deseamos.

 

Démosle la mano a esas historias pequeñas de hombres, mujeres, niñes, que se animaron a vivir en acto ideas que parecían solo fantasías de gente bohemia, de esa que no sirve para los negocios.

 

Y, con esas manitas fantasmales sosteniéndonos, animémonos a imaginar. La opción no puede ser capitalismo blando o capitalismo vampiro. Hay más. Somos la humanidad que inventó la música, la penicilina, el avión, la literatura, la ronda, el cunnilingus, la amistad y el vodka. Tiene que haber más. La fe que mueve montañas no es en un Dios que nos salvará. La fe es en la imaginación –que siempre es política- que nos sacará de este pozo, y de todos los pozos en los que nos vayamos cayendo.

 

La imaginación seguramente, la imaginación y luego la acción capaz de reconvertir toda la cruel realidad a la que estamos expuestos. Ojalá que así sea. Fuerte abrazo revolucionario, hasta la victoria siempre.

 

¡¡¡Fuerte Abrazo Revolucionario, Hasta La Victoria Siempre!!!

 

Esto fue El Club de la Pluma.

 

 

NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción

Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción

 

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