EL FENÓMENO DE EL NIÑO: DESAFÍOS PARA AMÉRICA
LATINA
Apreciados
compañeros y amigos de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda, como
siempre, Mauricio Ibáñez, con un abrazo por la libertad de Palestina, la paz en
oriente medio y la unidad de nuestra patria grande.
El fenómeno de El
Niño es uno de los principales eventos climáticos naturales que afectan a
América Latina y a otras regiones del mundo. Se manifiesta en forma de sequías
prolongadas, temperaturas extremas, incendios forestales, reducción de los
caudales de los ríos, dificultades para la producción agrícola y aumentos en
los costos de la energía y los alimentos. En países como Colombia, donde la
generación hidroeléctrica es clave en el suministro de energía, sus efectos
pueden comprometer tanto la seguridad energética como el abastecimiento de agua
para millones de personas.
El período
comprendido entre 2025 y 2027 merece especial atención, pues combina la
variabilidad natural del sistema climático con los efectos del calentamiento
global. En el caso de Colombia, el Gobierno del presidente Gustavo Petro, tomó
una serie de medidas preventivas cuando el país enfrentó una sequía que se
presentó en 2023 y 2024, donde fue necesario priorizar la protección de los
embalses, la prevención de incendios forestales y la gestión del riesgo de
desastres.
¿Qué es el fenómeno de El Niño?
Este evento es
una fase cálida de un fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación
del Sur (ENOS). Se caracteriza por un aumento anormal y persistente
de la temperatura superficial del mar en una parte importante del océano
Pacífico ecuatorial central y oriental. Este calentamiento modifica la
circulación atmosférica, los patrones de lluvia, los vientos y las temperaturas
en distintas regiones del planeta.
En condiciones
normales, los vientos alisios que conocemos desplazan las aguas superficiales
cálidas del Pacífico hacia el oeste, en dirección a Indonesia y Australia.
Frente a las costas de Sudamérica ascienden aguas relativamente frías desde las
profundidades del océano. Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y
el agua cálida se desplaza hacia el Pacífico oriental, alterando los patrones
de circulación atmosférica y precipitación.
Las consecuencias
dependen de la intensidad del episodio, la estación del año y las
características geográficas de cada territorio. En algunas regiones provoca
sequías severas, mientras que en otras aumentan las lluvias y los riesgos de
inundaciones. Por ejemplo, nuestro país suele experimentar condiciones más
secas y cálidas en amplias zonas de las regiones Andina, Caribe y Orinoquía.
El Niño no es un
evento relacionado con el calentamiento global. El primero es un fenómeno
natural y periódico, mientras que el segundo corresponde al incremento
sostenido de la temperatura media del planeta, principalmente por las emisiones
de gases de efecto invernadero. Sin embargo, la combinación de ambos puede
agravar las olas de calor, las pérdidas agrícolas y otros impactos climáticos.
¿Cómo se comportará El Niño entre 2026 y 2027?
La evolución del
fenómeno debe analizarse por períodos y con base en informes de las agencias
climáticas. Las condiciones en el océano Pacífico cambian continuamente, y la
capacidad de anticipar un episodio de El Niño no es tan clara que digamos.
Durante 2025, la
situación climática estuvo marcada por la transición desde las condiciones
frías de otro evento llamado “La Niña” hacia condiciones neutrales en las que
que el océano y la atmósfera no presentaban las características suficientes
para clasificar la situación como El Niño o La Niña. Simplemente se tenía
previsto el carácter cíclico de los dos eventos, lo cual era suficiente para
empezar a tomar medidas preventivas.
Las alarmas han
empezado a activarse para 2026 y 2027 a partir de los pronósticos actualizados
de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la Administración
Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y los organismos
meteorológicos de cada país. Aunque es claro que ya existe una probabilidad
elevada de El Niño, esta se mide únicamente en términos de la temperatura del
océano, y sus consecuencias en tierra dependen de muchos factores adicionales. En
el evento intervienen las condiciones de humedad del suelo, la temperatura del
aire, los patrones de circulación atmosférica y la disponibilidad de agua
almacenada en embalses y acuíferos.
En términos de
gestión pública, el período 2025-2027 debe considerarse una oportunidad para
fortalecer la preparación frente a la variabilidad climática. Esto implica
mantener sistemas de alerta temprana, proteger las fuentes hídricas,
diversificar la matriz energética y establecer planes de contingencia para el
abastecimiento de agua, la agricultura, la salud pública y la atención de
emergencias. En Colombia, con el cambio de gobierno, el presidente electo
DelaEspriella no quiso hacer un empalme con el gobierno saliente de Gustavo
Petro, y muchas de las medidas preventivas para enfrentar este evento climático
se suspendieron.
¿Cuáles serían los países y regiones más afectados?
Los efectos de El
Niño no se distribuyen uniformemente. Entre las zonas que históricamente
presentan una exposición importante se encuentran las siguientes:
Sudamérica. Perú y Ecuador pueden experimentar
lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos en determinadas zonas costeras,
además de alteraciones en los ecosistemas marinos y la pesca. En Colombia,
Venezuela y partes de Centroamérica pueden aumentar los riesgos de sequía,
calor extremo y disminución de la disponibilidad de agua, dependiendo de las
condiciones regionales. En la Amazonía, los períodos secos intensos pueden
elevar el riesgo de incendios y afectar los ecosistemas. Norberto nos compartió
hace poco un análisis sobre los posibles efectos del fenómeno en Argentina.
Centroamérica y
el Caribe. Varios países
pueden enfrentar reducciones de las precipitaciones, afectando los cultivos,
las reservas de agua y la generación hidroeléctrica. La intensidad de estos
impactos depende de la época del año y de la interacción con otros sistemas
meteorológicos.
¿Qué le espera a Colombia durante 2026 y 2027?
Colombia enfrenta
un escenario de especial preocupación. El 8 de octubre de 2026, el Instituto
de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) confirmó
oficialmente la presencia del fenómeno de El Niño en el país y señaló que
existe una probabilidad del 83% de que mantenga una intensidad fuerte a muy
fuerte hasta el primer trimestre de 2027.
Este pronóstico obliga
a prestar atención a cinco ámbitos fundamentales.
Abastecimiento de
agua. La disminución
de las lluvias y las temperaturas elevadas pueden reducir los caudales de los
ríos, afectar los embalses y generar dificultades en los sistemas de acueducto.
Las ciudades que dependen de fuentes hídricas vulnerables a las sequías
necesitan adoptar medidas anticipadas para evitar restricciones severas. Sin
embargo, el riesgo específico depende de las reservas disponibles y de las
condiciones de cada cuenca.
Generación de
energía eléctrica. La
hidroelectricidad desempeña un papel fundamental en el sistema energético
colombiano. Cuando disminuyen las lluvias y los niveles de los embalses, puede
reducirse la capacidad de generación hidroeléctrica y aumentar la necesidad de
recurrir a plantas térmicas y otras fuentes. Esto puede elevar los costos de
producción y generar presiones sobre las tarifas, especialmente si coinciden
una demanda elevada y dificultades de suministro.
Agricultura y
ganadería. Los productores
rurales pueden sufrir pérdidas por la falta de agua, el deterioro de los
pastos, la reducción de la productividad y el aumento de los costos de
alimentación animal y riego. Entre los sectores que requieren vigilancia se
encuentran los cultivos de arroz, maíz, café y otros productos sensibles a las
variaciones de temperatura y precipitación.
Incendios
forestales y biodiversidad. La vegetación
seca, el calor y la escasez de humedad aumentan la posibilidad de incendios y
facilitan su propagación. Los páramos, los bosques andinos, la Amazonía y otras
áreas ambientalmente sensibles requieren vigilancia, prevención y capacidad de
respuesta. Los incendios pueden afectar las fuentes de agua, liberar carbono
almacenado en los ecosistemas y causar daños a la fauna y la flora.
Salud pública e
impacto social. Las
temperaturas extremas pueden aumentar los riesgos para las personas mayores,
los niños, los trabajadores al aire libre y quienes viven en viviendas con
ventilación deficiente. Las comunidades rurales y los hogares con menores
ingresos suelen disponer de menos recursos para adaptarse a la escasez de agua
y al encarecimiento de los alimentos.
Por su geografía
irregular, Colombia puede registrar sequías en unas zonas y precipitaciones
intensas en otras. Por eso, la preparación debe contemplar tanto el déficit
hídrico como las inundaciones y los deslizamientos que puedan presentarse.
¿Cómo se preparó el Gobierno de Gustavo Petro para enfrentar El
Niño?
La preparación
del Gobierno se inició durante un período de sequías que se presentó en 2023 y 2024,
con medidas preventivas para los eventos futuros. El gobierno generó decretos,
anuncios y planes para coordinar acciones territoriales de prevención de
desastres, mejorar los indicadores de abastecimiento de agua y establecer
disposiciones presupuestales.
Durante el
episodio anterior, el Gobierno nacional recurrió a las entidades ambientales,
energéticas y de gestión del riesgo para vigilar la evolución del clima y
atender sus consecuencias. En abril de 2024, los ministerios de Minas y Energía
y de Ambiente anunciaron quince medidas adicionales para enfrentar la etapa
final del fenómeno. Entre los objetivos estaban reforzar la seguridad
energética, promover el ahorro de electricidad y agua y reducir el riesgo de
llegar a situaciones críticas en el suministro.
La respuesta
también exigió coordinación con gobernaciones, alcaldías, empresas de servicios
públicos y organismos de socorro. La prevención de incendios, la vigilancia de
las fuentes de agua y la atención de las comunidades afectadas constituyeron
componentes esenciales de esa labor.
La crisis de
2023-2024 dejó una enseñanza central: un país que depende considerablemente de
la hidroelectricidad necesita anticiparse a las sequías mediante una gestión
prudente de los embalses, el fortalecimiento de las fuentes alternativas de
generación y la promoción del ahorro. También puso de relieve la importancia de
contar con información pública oportuna para que los ciudadanos y las empresas
puedan ajustar su consumo.
La preparación
para 2026-2027
Ante el nuevo
episodio, el Gobierno de Petro adoptó una medida de mayor alcance
institucional. El 23 de julio de 2026 expidió el Decreto 0802, mediante el cual
declaró una situación de desastre de carácter nacional por un período inicial
de doce meses, con el propósito de anticipar los daños y las pérdidas asociados
a El Niño. La decisión se tomó después de recibir una recomendación favorable
del Consejo Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.
Esta declaratoria
busca facilitar la coordinación de las entidades públicas y el uso de
instrumentos administrativos, técnicos, jurídicos y presupuestales para
fortalecer la prevención y la respuesta. Su importancia radica en que permite
organizar acciones antes de que los impactos climáticos alcancen su máxima
intensidad.
Posteriormente,
el IDEAM confirmó oficialmente la llegada del fenómeno el 8 de octubre de 2026
y anunció el mantenimiento del monitoreo de las temperaturas, las lluvias y los
riesgos asociados. La hoja de ruta institucional para 2026-2027 contempla
acciones para reducir el riesgo de desabastecimiento de agua, prevenir
incendios, proteger los medios de vida y mantener la continuidad de los
servicios esenciales.
No obstante, la
efectividad de estas decisiones dependerá de su ejecución por parte del nuevo
gobierno, que es negacionista del cambio climático y ha venido desmontando
todas las medidas del gobierno anterior. Es necesario comprobar que los
recursos lleguen oportunamente a los territorios más vulnerables, que los
municipios tengan planes de contingencia operativos, que los sistemas de acueducto
cuenten con alternativas de suministro y que las autoridades energéticas
dispongan de mecanismos para enfrentar eventuales reducciones de la generación
hidroeléctrica. Sin haberse dado el empalme entre gobiernos, no se sabe si
estas medidas se están tomando en la actualidad.
Los efectos del
Fenómeno de El Niño ya empiezan a sentirse en el territorio colombiano. Faltará
ver si el gobierno estará a la altura de la situación. Hasta ahora, sus
respuestas al terremoto del 10 de agosto y los incendios forestales dejó más
preguntas que certezas. Hasta la próxima semana, Compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
Para Saber Más:
1.
Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales
(IDEAM). Información
oficial sobre el fenómeno de El Niño en Colombia, actualización del 8 de
octubre de 2026. Consultar el
portal del IDEAM.
https://ideam.gov.co/fenomeno-del-nino
2.
Organización Meteorológica Mundial (OMM). Información sobre la intensificación
de El Niño y los riesgos climáticos hasta 2027. Consultar el informe de la OMM.
3.
Presidencia de la República de Colombia. Las quince medidas del Gobierno para
enfrentar El Niño, 18 de abril de 2024. Consultar el comunicado oficial.
4.
Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Declaratoria de desastre nacional
para anticipar los efectos de El Niño 2026-2027, 25 de julio de 2026. Consultar el comunicado oficial.
5.
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos
(NOAA). Seguimiento y
pronósticos del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur. Consultar los pronósticos oficiales.
https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso/
6.
Consecuencias de El Niño en Argentina. Investigación de Juan José Neiff, del
Conicet. Revisar Video.
https://www.youtube.com/shorts/jZufBv3erYs
Tema Musical de
la Semana:
Juanito Laguna se
Salva de la Inundación – Mercedes Sosa: Enlace

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