¿TEORÍA
AJUSTADA AL COMBATE? CRITERIOS DE VERDAD
Hemos
visto antes el caso chino y la relación entre confucianismo y marxismo.
Establecimos de modo muy sucinto algunas comparaciones con Vietnam y la Unión
Soviética, y ahora haremos referencia igualmente breve a Venezuela y Bolivia.
En los populismos latinoamericanos: el "retorno a las raíces" puede
leerse como una estrategia.
Los
casos de Chávez en Venezuela o Evo
Morales presentan una lógica comparable: la apropiación de símbolos
pre-coloniales o populares para legitimar un proyecto político contemporáneo.
Chávez invocaba a Bolívar no como efemérides, sino como "precursor"
del socialismo del siglo XXI; Morales reivindica la Pachamama y el vivir bien
como alternativa al desarrollismo occidental.
La
diferencia con China es que estos populismos no partieron de una ruptura
revolucionaria previa CONTRA esas tradiciones. No hubo una "Revolución
Cultural" latinoamericana que destruyera templos o quemara textos
bolivarianos. Ya lo señalamos antes: El PCCh, en cambio, debe gestionar una
contradicción histórica: fue el principal destructor del confucianismo durante
décadas, y ahora debe reescribir esa historia para presentarse como su heredero
legítimo.
En el fascismo italiano, por ejemplo: la
"romanidad" fue usada como mito fundacional. Mussolini ofrece un
paralelo perturbador: la apropiación de la Roma imperial como símbolo de una
Italia moderna y poderosa. El fascismo no "creyó" en la Roma antigua
en sentido académico; la utilizó como tecnología de espectáculo y legitimación.
Los desfiles en el Foro, la arquitectura neoclásica, el saludo romano —todo era
TEORÍA AJUSTADA AL COMBATE (la conquista del Estado y la movilización social).
La
diferencia con el PCCh es que el fascismo no necesitaba negar una fase previa
de destrucción anti-romana. El PCCh sí: debe ocultar o minimizar su propio
papel histórico como destructor del confucianismo. Esto genera una tensión que
el fascismo no tuvo: la "doble conciencia" de quienes recuerdan que
el Partido quemó lo que ahora celebra.
Pero,
¿por qué no es lo mismo? ¿y POR QUÉ AFIRMAMOS EN LA COLUMNA ANTERIOR QUE NO SE
TRATA DE MERO CINISMO?
La
lógica que describimos requiere tres condiciones:
1.
Monopolio del poder interpretativo: el régimen debe ser el único árbitro de qué
significa la tradición.
2.
Memoria de destrucción: debe haber un *antes* donde el propio régimen (o su
predecesor ideológico) demostró que podía anularla.
3.
Ausencia de contrapeso institucional: sin tribunales, prensa o academia
independiente que recuerde la contradicción.
Chávez
y Morales operan en campos políticos competitivos con instituciones, por
débiles que sean. Pueden "invocar" a Bolívar o al Tawantinsuyu, pero
no pueden redefinirlos monopolísticamente: hay oposición, hay historiadores
críticos, hay elecciones donde la contradicción puede usarse como arma. EL
RECURSO ES SIMPLE RETÓRICA POLÍTICA, NO GRAMÁTICA DEL PODER.
En
Vietnam, en cambio, el Partido Comunista sí controla el archivo histórico. Pero
incluso allí la escala es menor: la destrucción de la tradición no fue tan
total como en China, y la sociedad civil
tiene memorias alternativas más vivas.
Podríamos
entonces distinguir:
-
**Resucitación hegemónica** (China, en grado extremo; Vietnam, atenuado): la
tradición es *recuperada por el Estado* como demostración de soberanía
interpretativa.
-
**Resucitación populista** (Chávez, Morales): la tradición es *invocada desde
el Estado* como demostración de identidad, pero sin el aparato de control que
la haga irreversible.
En
el segundo caso, el APARENTE "cinismo" es más visible porque la
contradicción puede señalarse públicamente. En el primero, la contradicción es
absorbida por el sistema: no hay lugar desde donde señalarla con autoridad.
¿Puede
emplearse con la misma eficacia? NO, porque la eficacia no depende del
*contenido* (Confucio, Bolívar, el Inca) sino de la estructura de poder que lo
articula. El recurso confuciano funciona en China porque el PCCh puede decidir,
sin contradicción viable, qué es el "confucianismo socialista".
Chávez no podía hacer eso con Bolívar: la oposición también invocaba a Bolívar,
y el público podía comparar versiones.
En
suma: la misma retórica, en estructuras distintas, no es el mismo recurso.
La
tesis es que no es "mero cinismo" porque implica una coherencia
estructural, no solo una oportunidad psicológica.
En
tres puntos aclararemos nustra perspectiva:
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1. Cinismo táctico vs. lógica sistémica
El
cinismo puro sería decir: "No creemos en Confucio, pero la gente sí, así
que lo usamos". Es instrumentalidad transparente: el líder sabe que miente
y el público lo sabe también, pero ambos juegan el juego.
Lo
que describe la cita es algo más inquietante: la ideología no es un disfraz que
se pone y quita, sino un sistema donde la "verdad" es funcional al
poder, no independiente de él. En la tradición leninista-maoísta, la teoría no
busca describir el mundo para transformarlo; busca PRODUCIR la realidad
política. Por eso el giro confuciano no es una traición al marxismo, sino una
continuación de su lógica interna: La doctrina es SIEMPRE un medio de gobierno,
nunca un fin cognitivo.
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2. La destrucción sistemática como prueba, no como contradicción.
La
magnitud del caso chino —destruir templos, perseguir intelectuales, romper
genealogías— no es un error que luego se corrige. Es una demostración de
soberanía: el Partido demostró que podía aniquilar la tradición, y al
resucitarla demuestra que puede redefinirla a voluntad. No es arrepentimiento
histórico; es monopolio hermenéutico. El cinismo implicaría que hay algo
"auténtico" que se traiciona. Aquí no hay exterior auténtico: el
Partido es el único árbitro de lo que la tradición "significa
verdaderamente".
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3. La "falta de fin en sí" de la teoría
Esto es clave. En el leninismo, la teoría no tiene valor de verdad proposicional independiente; su valor es organizativo. Marxismo, nacionalismo, confucianismo: son momentos de una misma gramática donde lo importante no es el contenido sino la función de articulación del cuerpo político. El giro confuciano no es cínico porque no hay sujeto individual que "engañe": es el sistema mismo operando según sus propias reglas; no hay un "Antes auténtico" que se traicione, ni un sujeto que mienta, ni una teoría que se venda. Es algo más profundo y más frío, si lo prefieren: una maquinaria ideológica donde todas las doctrinas son intercambiables porque ninguna es verdadera en sí misma — solamente es útil a determinados fines.
Desde
Rosario- Militante Social

