RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 20 de marzo de 2026

LOS LÍMITES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA EN LAS TEORÍAS SOBRE EL IMPERIALISMO - PROF. FRANCISCO “PACO” BAUER

 

LOS LÍMITES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

 EN LAS TEORÍAS SOBRE EL IMPERIALISMO

 


 Hoy continuando con la Columna: LA DESCOLONIZACIÓN DEL SABER EUROCENTRICO saludo a la audiencia del Club de la Pluma y a sus conductores Norberto Ganci y Gabriela Fernández.

 

 La columna de hoy lleva por título: Ampliar la teoría crítica del imperialismo

Subtítulo: Los límites de la economía política en las teorías sobre el imperialismo

           

 La propia disciplina, la economía política, pone límites a la teoría y crítica al capitalismo y el imperialismo. Al incorporar la antropología cultural y política se incorpora otro enfoque multilateral, con otros conceptos instrumentales que permiten explicar los sentimientos, creencias, actitudes, prejuicios, racismo, religiosidad y costumbres de superioridad, que la economía política no trata por estar fuera de su campo de estudio. Además, los propios imperialistas naturalizaban estas creencias de superioridad, de racismo, la propiedad privada, incluso la violencia como mecanismo de resolución de conflictos. Se justifican todavía hoy diciendo que es natural y siempre fue así. Roland Barthes planteó la necesidad de distinguir entre naturaleza y cultura. Nada hay de natural en las creencias religiosas, racistas, sentimientos de superioridad, el lenguaje, la propiedad privada y otras formas de propiedad, son todas construcciones socioculturales. En el contexto de cada cultura podemos encontrar patrones culturales o modelos que ordenan la vida interna de un pueblo. Cuando unos pueblos entraban en contacto externo con otros, es el momento en que surgen las diferencias culturales, por tener patrones culturales o matrices distintas con los otros, que antiguamente llamaban barbaros, extranjeros o salvajes, allí es cuando se manifiesta el etnocentrismo costumbre cultural y fundamento de los imperios, ya que no tienen nada de natural someter a un pueblo al colonialismo, o a la esclavitud. La cultura se aprende socioculturalmente y no se trasmite biológicamente. Por lo tanto, el etnocentrismo como tema para la ciencia antropológica está claro hace más de cien años, pero, los dirigentes políticos y los pueblos todavía no se han instruido para entender que es el etnocentrismo y luego superarlo, hay que poner el concepto al alcance de la gente y las naciones, como un acto liberador, pues para eso se investiga.

           

 Los imperialismos son construcciones socioculturales y para justificar su accionar elaboran su propia ideología o doctrina, que les sirve para dar unidad interior y para presentarse al exterior como superior a los otros, a los demás pueblos. El fundamento de su ideología supremacista es el etnocentrismo. Es aquí donde podemos apreciar la importancia de la antropología cultural y política aplicada a los imperios, para entender porque actúan como actúan los imperios, es decir, la forma de pensar, de accionar y de sentirse por encima de los otros, pero dijimos en otra parte que el etnocentrismo era común a la mayoría de los pueblos, en este sentido al proponer la superación de todos los etnocentrismos, la antropología está cumpliendo un rol de liberación, tanto para opresores, como para oprimidos, ambos se liberan. En consecuencia, se abre la factibilidad de un trato simétrico de dialogo, con derecho a la diferencia, a lo distinto. El reconocimiento y valoración de las diversas culturas, modos de vida, ya no barbaros, es lo que reemplaza al etnocentrismo que generaba conflictos y genocidios. Así la antropología aporta otra base de reflexión a la filosofía. 

           

 Otra cosa que no relacionan las teorías económicas del imperialismo, es el etnocentrismo cultural como  fundamento de los imperios, su profunda razón de ser, tanto de los imperios anteriores al capitalismo, como de los imperios capitalistas, resultó que en los imperios anteriores, las guerras, los tributos, y los esclavos, eran los mecanismo que utilizaban para saciar su afán de riqueza y ambición de poder, mientras, que el imperialismo capitalista utiliza además de la guerra y la conquista, el modo de producción capitalista como instrumento, medio y método para obtener riquezas y poder de dominación sociocultural sobre los demás, destruyendo los modos de producción ajenos y sus identidades culturales. Ningún imperio ha carecido de etnocentrismo.

           

 Con lo expresado, quiero decir que la economía no es el fundamento primero que explica la existencia de los imperios capitalistas, sino su método, instrumental, que le permitió la expansión europea por el mundo. Fue entonces cuando los imperios de Europa construyeron la contradicción cultural: Civilización y Barbarie, donde los europeos eran los civilizados y el resto del mundo los barbaros, este enunciado es etnocéntrico, eurocéntrico, porque, manifiesta un sentimiento, creencia y prejuicios de superioridad cultural, racista, religioso, direccionado, hoy sabemos que no hay culturas superiores, ni inferiores, sino, distintas con derecho a la diferencia y a existir.

           

 Los imperios quieren ser libre de toda dominación, al igual que todas las naciones existentes, pero por creerse superior a los demás, se imponen por la fuerza, voluntad de poder y por todas las artimañas posibles a otros pueblos y civilizaciones. Esta contradicción cultural más amplia que la económica y social, como mayor inclusor, permite entender porque los imperios no fueron ni son necesarios, pues ninguna nación necesita ser conquistada, ni esclavizada. Las naciones no necesitan dominadores y dominados, sino, respeto mutuo para convivir, intercambiar, y cooperar para superar problemas de la vida socioculturales de todo tipo. La fuerza militar y tecnológica que justifica de hecho y hace factible la dominación, es solo una ventaja sobre el otro, temible sí, pero que no es aceptable éticamente.

           

 La superación del etnocentrismo es un proceso necesario que abre posibilidades de dialogo intercultural, posibilidades de cooperación, donde la economía sea un complemento de la vida, y la vida no esté al servicio de la economía, ni de los imperios, para que otros vivan mejor, al mismo tiempo que se destruye el ecosistema. 

           

 Si entendemos a cada cultura como un sistema y sus componentes como partes de los universales de la cultura, tales como lengua, religión, educación, jerarquía política, arte, derecho, tecnología, economía, estructura social, forman un todo cultural, un mundo. En este contexto conceptual, la economía es un subsistema del sistema cultural, cuando este subsistema se desplegó por el mundo formando el mercado mundial y enlaza a los pueblos de todos los continentes con el modo de producción capitalista, así se convirtió en un sistema económico hegemónico en el planeta, simultáneamente, esa expansión destruye todo otro modo de producción ajeno, y fue acompañada o dirigida por el supuesto de sentirse y creerse superior a los demás, esto es el etnocentrismo, que se plasmó con la instauración de sus instituciones, difusión de su lengua, adoctrinamiento religiosos, como proceso para aculturar a los pueblos conquistados y colonizados.

           

 Podemos afirmar que simultáneamente a la conducta etnocéntrica, le acompañó el accionar aculturativo procesal de los imperios planificando instalando escuelas que enseñaban su lengua, iglesias que reemplazaban a los dioses nativos, e instituciones de gobierno sobre las formas nativas. El mundo colonial es testigo de los siglos de aculturación, o colonialismo cultural, que ata sin cadenas a las personas cambiando sus identidades para que los imperios puedan explotarlas en las plantaciones, las minas, en las instalaciones de ferrocarriles. Las culturas de los pueblos conquistados en muchos casos quedaban reducidas a una mínima expresión en pocas décadas.

           

 En este caso la antropología cultural y política se combina y complementa con las teorías elaboradas desde la economía política, ampliando el entendimiento sobre los fundamentos, las actuaciones de los imperios, desde sus causas culturales, que se complementan con las observaciones sociológicas e históricas.

           

 El método de la filosofía de la liberación es teórico analéctico por eso hablamos de diversidad cultural, del otro, la alteridad, y al expresar que el etnocentrismo es fundamento de los imperios, señalo la metafísica de la alteridad, que es incluyente donde la totalidad abarca la exterioridad de los otros. No pretendo agotar el tema, solo abrir posibilidades de sentipensar distinto.

           

 Bien me despido hasta el próximo domingo, en que continuaremos hablando desde la perspectiva de la descolonización del saber y el sentir, y así seguir compartiendo con la audiencia un pensar alternativo e inclusivo para el cambio civilizatorio en curso.


PROF. FRANCISCO “PACO” BAUER

Docente de la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades –Universidad Nacional de Córdoba

 

 

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CAPITALISMO DE GUERRA II - PEDRO RODRIGUEZ

 

CAPITALISMO DE GUERRA II

 


 

Dijimos en nuestra columna anterior: el desafío contemporáneo, el problema urgente que la sociedad enfrenta hoy,  es que el capitalismo, en su fase actual, parece capaz de metabolizar la guerra y la destrucción adoptándolas como fuentes de valor, lo que hace más urgente —y más difícil— articular alternativas que vayan más allá de la mera gestión humanitaria de las crisis. Es hora de que los pueblos enfrenten las políticas guerreristas, porque jamás se han visto guerras que lo favorezcan. En nuestro país, ver que un imbécil nos pone en la tesitura de ingresar a una guerra, o mejor dicho, de ser ingresados sin que medien más que sus delirios y su sometimiento a políticas imperiales, es ya lo que ni siquiera merece ser analizado: ha ido demasiado lejos y los amos le han permitido que vaya demasiado lejos. Esta demencia que vemos goberna el país está en consonancia con lo que se ha dado en llamar capitalismo de guerra. ES LO QUE DECIMOS: ESTE SISTEMA Y NO SÓLO SUS PERSONEROS ESTÁ DEMENTE: NOS LLEVA  A LA MUERTE Y  LA DESTRUCCIÓN.

 

El "Capitalismo de Guerra" no es una circunstancia lamentable ni un "error" de la clase en el poder, es una modalidad del capitalismo donde la violencia sistémica, la militarización y la destrucción dejan de ser excepciones para convertirse en motores permanentes de acumulación. No es simplemente "capitalismo + guerra", sino una reconfiguración estructural donde la lógica militar penetra todos los ámbitos de la reproducción social.

Características distintivas:

 

1. Acumulación por destrucción (no solo por producción) El capitalismo de guerra metaboliza la destrucción masiva como condición de renovación. Como señala el análisis marxista clásico: la guerra permite "reemplazar los productos todavía útiles por un nuevo trabajo vivo", restaurando las condiciones de rentabilidad mediante la aniquilación del capital constante . Es lo que David Harvey conceptualiza como "acumulación por desposesión" en su forma más extrema: no solo expropiar, sino destruir para reconstruir .

 

2. Militarización de la economía civil No se trata solo del complejo militar-industrial tradicional, sino de una penetración militar en funciones sociales básicas. El caso mexicano es ilustrativo: mientras se recortaban presupuestos de salud y ciencia, los fondos militares crecieron 121% (2018-2024), con los ejércitos asumiendo funciones de seguridad pública, infraestructura y hasta servicios civiles . Esto representa una fusión entre Estado, fuerzas armadas y acumulación.

 

3. El "Keynesianismo militar" permanente A diferencia del Keynesianismo social del siglo XX (pleno empleo, welfare), aquí el gasto público se orienta exclusivamente a capacidades destructivas.

 

4. Economía de excepción y apropiación El estado de guerra legitima la apropiación de activos, la suspensión de normas y la concentración extrema. La guerra funciona como mecanismo de centralización capitalista acelerada .

 

5. Tecnología y violencia El progreso técnico se subordina a la lógica militar. Thomas Palley señala que el complejo militar-industrial "retuerce el carácter del progreso técnico" y "retuerce la comprensión social de la geopolítica para aumentar la demanda de servicios de guerra" . La innovación ya no surge primariamente de necesidades civiles, sino de la competencia armamentista.

 

La paradoja central

·                                  El capitalismo de guerra resuelve temporalmente las contradicciones del sistema (sobreacumulación, caída de la tasa de ganancia, saturación de mercados) mediante la destrucción creativa a gran escala. Pero:

· Reproduce la crisis a mayor escala: cada ciclo requiere destrucción creciente

· Genera inestabilidad sistémica: fragmenta el mercado mundial en bloques militares

· Corroe la legitimidad: expone la dependencia del capitalismo de la violencia extrema.

 

El actual cuadro de situación internacional no deja resquicio para ningún optimismo. Lo único que puede hacerse desde nuestro campo es organizarse de todas las maneras posibles para que se oiga la voz del pueblo, de los trabajadores, de los excluidos del sistema.

Es hora de juntarnos, compañeros, de llegar a acuerdos básicos para gestar unidad en la base, dejando de confiar en políticos que sólo se sientan a negociar beneficios personales (SUS beneficios personales). La hora es crítica, y lo primero a considerar, lo que urge hacer, es echar a los delincuentes que han tomado el poder en Argentina. 

 

PEDRO RODRIGUEZ

Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

 

A 50 AÑOS, QUE NADA SIGA IGUAL - PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

 

A 50 AÑOS, QUE NADA SIGA IGUAL


 

Desde Buenos Aires, les mando un gran abrazo a todos los oyentes de El Club de la Pluma

 

En pocos días se cumplirán 50 años del Golpe de Estado de 1976. Muchos marcharemos por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Pero la situación que vive la Argentina hoy amerita la reflexión; hace imprescindible pensar qué cosas hemos aprendido y qué otras nos faltan aprender.

La Historia no es una acumulación de hechos sin sentido ni relación. Por el contrario, teje un hilo conductor que vincula pasado, presente y futuro. Y esta es la primera advertencia sobre nuestra Memoria. Porque puede ocurrir que la Dictadura no haya terminado en 1983 y que 1976 tampoco haya inaugurado en nuestro país el Terrorismo de Estado.

La metalúrgica Vasena era, en 1919, la empresa más importante del sector y ocupaba a 2500 trabajadores. Era conocida por su postura abiertamente antisindical, por sus pésimas condiciones de trabajo, por sus bajos salarios y sus jornadas extensas. El 2 de diciembre de 1918 estalló una huelga. Los trabajadores presentaron un petitorio que incluía la reducción de la jornada de 11 a 8 horas, aumento salarial y respeto al descanso dominical. Pero Alfredo Vasena se negó a recibirlos. Su postura intransigente se apoyaba en la certeza de poder quebrar económicamente a los trabajadores. Contaba para ello con el apoyo de grupos rompehuelgas y civiles armados provistos por la Asociación Nacional del Trabajo, grupo de choque parapolicial tolerado por el Gobierno y creado un año antes por Joaquín Anchorena, presidente de la Sociedad Rural Argentina. El 7 de enero, en la esquina de Pepirí y Amancio Alcorta, más de 100 policías y bomberos armados, apoyados por rompehuelgas también armados, dispararon durante 2 horas sobre casas, huelguistas y vecinos. Mientras tanto, el embajador británico Tower y Joaquín Anchorena se entrevistaban con Yrigoyen para reclamarle medidas más enérgicas. Como respuesta, el presidente nombró a su amigo, Luis Dellepiane (miembro de la Liga Patriótica), Comandante Militar de Buenos Aires, demostrando que ya había decidido reprimir con el ejército y militarizar la ciudad. Dellepiane ordenó a todos los comisarios entregar armas y poner las comisarías a disposición de los grupos paramilitares para hacer arrestos.  

El 9 de enero, con la huelga paralizando Buenos Aires y extendida también en el interior del país, se realizaba el entierro de los trabajadores muertos. Pero ya en el cementerio de Chacarita, policías y bomberos, armados y atrincherados en los murallones, balearon impunemente a la multitud. El entierro terminó en una masacre, pero la violencia prosiguió.

El 11 de enero hubo una gran redada de dirigentes sindicales y socialistas. Casi 5000 personas fueron detenidas. Por la tarde, grupos de civiles armados se lanzaron contra los judíos, cuyos negocios fueron baleados e incendiados. Es el único pogromo registrado en América. También se persiguió y apaleó a rusos, polacos y alemanes, es decir, a todo extranjero que olía a “maximalismo revolucionario”.

Según la embajada de EEUU, La Semana Trágica dejó un saldo de 1356 muertos; 800, nunca fueron identificados. Se quemaron viviendas, cooperativas, sinagogas, locales sindicales y partidarios, periódicos y bibliotecas populares. Fuerzas policiales y parapoliciales ingresaron a domicilios particulares sin orden judicial, asesinaron y golpearon a sus habitantes, destruyeron bienes y violaron a mujeres y niñas. Estos hechos, junto con los fusilamientos de la Patagonia 2 años después, son considerados por muchos autores como el primer acto de Terrorismo de Estado en Argentina. El gobierno de Yrigoyen nunca informó sobre la represión ni publicó la lista de muertos.

Si a estos hechos sumamos la masacre de Napalpí, la ejecución de anarquistas, el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos de Santos Lugares y la violencia antiperonista, el Plan Conintes, la represión del Cordobazo y la acción de la Triple A, debemos reconocer, como afirma Horowicz, que el hilo conductor de nuestra Historia es una cultura criminal de clase, creada y consolidada durante décadas, que nos lleva a la Dictadura de 1976 y que sigue operando, intacta en sus objetivos, aún en democracia. Así lo demuestran los muertos del 2001, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel; los jubilados, discapacitados, trabajadores y despedidos, objetivos de la violencia represiva de Javier Milei.

En su libro “El Desarrollo Ausente”, Hugo Nochteff escribió: “El Golpe Militar (de 1976) no fue dirigido contra el gobierno o la situación social inmediatamente anterior, sino contra todo el proceso iniciado en los treinta, el período de la ISI, proceso que había llevado a una constante erosión del poder económico, social y político de la elite económica local”. A la vez, para Azpiazu, Basualdo y Khavisse, el modelo aplicado trascendió el marco de lo económico para convertirse en un programa de reestructuración integral de la propia organización social.

En sintonía con Richard Gillespie, quien fue contundente a la hora de señalar que las organizaciones armadas ya habían sido diezmadas durante el gobierno anterior y que su poder de fuego era, en 1976, irrelevante, estos textos nos advierten sobre los verdaderos objetivos del Golpe, a la vez que permiten ver con claridad la alianza existente entre el poder económico civil y los militares. Represión y plan económico marchan entonces de la mano, resultan inseparables. El Terrorismo de Estado se articula así con los intereses de las grandes empresas que conforman la elite económica. Martínez de Hoz no hubiese podido nunca llevar adelante su plan contra una sociedad movilizada, organizada y con poderosos sindicatos que nucleaban a los trabajadores en la defensa de sus derechos. No es casual, entonces, que la mayor cantidad de desaparecidos hayan sido trabajadores y delegados sindicales.

A través de la violencia ejercida desde el Estado se aseguró el disciplinamiento de la sociedad que hizo posible a las grandes empresas romper los condicionamientos que les imponían la existencia de derechos sociales. Se aseguraron así la posibilidad de obtener amplios márgenes de ganancias a través de actividades financieras y de la transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia el capital concentrado. El modelo tiene nombre: es la valorización financiera, inseparable del endeudamiento y la fuga de capitales.

Con el argumento de atraer inversiones extranjeras se estableció una gran suba de intereses en el mercado financiero, intereses mucho más altos que los pagados en el mercado internacional. A la vez, y bajo la justificación de hacer más competitivas a las empresas, se abrió la economía a la importación de productos extranjeros. Pero los resultados no fueron los que decían buscar, sino que ocurrió todo lo contrario.

La opción más rentable dejó de ser la producción para pasar a ser la especulación financiera. Las ganancias obtenidas se dolarizaron y, no existiendo impedimento alguno, se fugaron. Así, el Estado se endeudó para satisfacer la permanente demanda de divisas de estos capitales especulativos. Valorización financiera y endeudamiento también marchan de la mano.

Las pequeñas y medianas empresas no pudieron resistir la competencia exterior y quebraron, dejando tras de sí un tendal de desocupados. Esto permitió que la producción industrial quedara a cargo de grandes empresas y conglomerados nacionales y extranjeros, a quienes también se benefició con una serie de privilegios, como la aceptación de sobreprecios en los productos que vendían al Estado, rebajas impositivas, baja considerable del precio de los servicios que recibían del Estado (como la energía eléctrica y el gas) y la denominada “promoción industrial”.

En un modelo que se aleja de la producción y que no depende ya del consumo del mercado interno, el salario deja de ser una variable importante, mucho más si se acompaña de un crecimiento de la desocupación. En 1982, el salario había perdido el 46,4% de su poder adquisitivo respecto del de 1975. La pérdida de derechos laborales implicó un aumento de la tasa de explotación que permitió a las empresas aumentar en un 56,1% sus márgenes de ganancia. De más está decir que el modelo no llevó a un aumento de la competitividad sino a un verdadero aniquilamiento del tejido industrial. En este contexto, la pobreza pasó del 10% de los hogares en marzo del 76 al 27,8% en 1983.  

La reelección de Menem en 1989 y los triunfos de Macri y Milei sólo pueden significar dos cosas. O los argentinos no hemos desarrollado la capacidad para pensar históricamente, para establecer rupturas y continuidades, para conceptualizar un modelo y aplicarlo a una realidad distinta; o somos la continuidad de esa cultura criminal de la que nos habla Horowicz, aceptando y aplaudiendo la violencia, la persecución, la destrucción de las instituciones y del Estado de Derecho. A 50 años del Golpe deberíamos tener en claro que en esas presidencias pueden cambiar los nombres, pero el modelo es el mismo. También que, al igual que en la Dictadura, valorización financiera y represión siempre vienen juntas.

Para Immanuel Kant, las personas pueden vivir en una minoría de edad autoculpable que los hace dependientes, influenciables y sometidos a la voluntad de otros. Su consejo, “Atrévete a pensar”. Y tal vez sea esto lo que como sociedad nos debemos para romper los hilos que nos atan a la violencia y al fracaso. Se lo debemos a las abuelas a las que arrebataron sus nietos, a los que fueron perseguidos y torturados, a los que perdieron amigos y familiares, y a nuestros 30 mil desaparecidos.

A todos los oyentes de El Club de la Pluma, los saludo desde Buenos Aires.

 

PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

Profesora de Historia - Posgrado en Ciencias sociales por FLACSO

 

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA. ¿DE QUÉ LADO ESTÁS? - PROF. VIVIANA ONOFRI

 

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.

 ¿DE QUÉ LADO ESTÁS?

 




 

   Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida. ¡Quédate, que lo de hoy, también te va a interesar! Los invitamos a una mirada diferente sobre lo que ocurre en Oriente Medio, una lectura del filósofo surcoreano Byung Chul Han, como una manera de cortar la información que no se detiene nunca y nos ahoga y satura, para profundizar en aspectos que diferencian a la población de la República Islámica de Irán que resiste y sigue resistiendo desde las primeras sanciones en 1979 y ver cómo Occidente tiene otra percepción y comprensión de lo real, algo así, como que los iraníes y los occidentales no habitan un mismo planeta. Es más, podríamos pensar que Irán no necesita ganar la guerra para derrotar al imperio.

 

  En el año 2002, el Pentágono ejecutó el Milennium Challenge, el Desafío del Milenio, el ejercicio militar más costoso y complejo de la historia humana. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, Estados Unidos simuló una invasión a un adversario en el Golfo Pérsico que, aunque no se nombró explícitamente, tenía todas las huellas dactilares de Irán. El despliegue tecnológico era absoluto. Algoritmos de predicción, vigilancia satelital total y una capacidad de fuego capaz de borrar naciones enteras del mapa, en segundos. Sin embargo, en menos de 24 horas, la superpotencia fue humillada. El general Paul Van Riper, un exoficial del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, lideró las fuerzas “rojas” en representación de Irán, contra las fuerzas “azules”, en representación de los Estados Unidos. El general saltó a la fama por su papel en ese ejercicio militar. Apagó los radares, ignoró las comunicaciones digitales y coordinó la defensa mediante mensajeros en motocicleta y señales de luz desde mezquitas. Utilizó una lógica que el sistema americano no pudo procesar porque sencillamente no estaba en el código. La derrota no fue una falla técnica, sino una grieta ontológica. Estados Unidos intentó mapear el caos como si fueran datos procesables, pero se encontró con lo que el filósofo Byung Chul Han denomina la negatividad, aquello que se resiste a ser visto, medido o consumido. El problema no es que el imperio carezca de ojos, el problema es que sus ojos sólo pueden ver lo que brilla bajo la luz de la transparencia. El conflicto entre Irán y Occidente no es una guerra de armas, sino un choque entre la sociedad del rendimiento, que exige visibilidad y velocidad total y, la sociedad del ritual, que utiliza la opacidad como arma de resistencia.

 

Entenderás que cada dron barato que Irán lanza no es sólo una amenaza a la infraestructura, sino un ataque directo al sistema nervioso de Occidente. Comprenderás por qué el país que domina el espacio físico está perdiendo la batalla contra un enemigo que ya ha conquistado el tiempo. Esta no es una historia de estrategia militar, sino de cómo lo invisible derrota a lo evidente. Estados Unidos quiere ganar el espacio. Irán ya ganó el tiempo. La narrativa convencional reduce este conflicto a una hoja de cálculo. Portaaviones en el Estrecho de Ormuz o la efectividad de las sanciones económicas. Es la lógica de lo que el filósofo surcoreano define como la sociedad del rendimiento, donde el poder sólo se reconoce si es visible, cuantificable y productivo, pero esta lente es peligrosamente superficial. El error de Occidente radica en asumir que el adversario es un sujeto de rendimiento, idéntico a nosotros.

 

 Un actor que busca desesperadamente el crecimiento, la visibilidad y el consumo inmediato como fines últimos. Bajo esta premisa, la estrategia estadounidense actúa como un algoritmo de redes sociales que entra en una crisis de procesamiento cuando un usuario se niega a interactuar. El sistema sabe qué hacer con el odio, con la competencia y con el ruido, pero colapsa ante el silencio absoluto. La inteligencia técnica del imperio está diseñada para optimizar respuestas frente a estímulos constantes, pero se vuelve ciega ante la ausencia de esos estímulos. Irán no es un usuario que intenta mejorar su perfil en el orden global: es un actor que ha decidido salirse de la red manteniendo su presencia física en el servidor. Por eso, las sanciones fallan. Sistemáticamente, intentan asfixiar el consumo en una cultura que, a diferencia de la occidental, aún conserva estructuras profundas de ritual y sacrificio. Mientras la transparencia moderna ha eliminado la negatividad del dolor en favor de una positividad anestésica, el mundo del ritual utiliza la privación como un motor de cohesión simbólica. Para el imperio, un ciudadano que no consume es un ciudadano que se revela. Para la sociedad del ritual, la escasez es el combustible de una identidad que no depende de lo que posee, sino de lo que es capaz de resistir. El desajuste es total. Intentan doblegar una voluntad milenaria usando las herramientas de un ciclo de consumo de 24 horas. No es una falla diplomática, es una ceguera sistémica que ignora que el verdadero campo de batalla no es el mercado, sino la propia estructura de la realidad. Para comprender la profundidad de este abismo, debemos abandonar la superficie de los mapas militares y adentrarnos en la estructura misma de nuestra realidad.

 

 Vivimos en lo que el filósofo surcoreano llama la sociedad de la transparencia: un ecosistema donde todo lo que existe debe ser expuesto, medido y procesado para ser considerado real. En Occidente, la transparencia no es una virtud moral, es una coacción sistémica. Se nos exige ser legibles, estar hiperconectados y convertir cada fragmento de identidad en un dato consumible. En este mundo de positividad total, el secreto es visto como una patología, una falla en el código. Sin embargo, es precisamente en esta grieta ontológica donde Irán ha construido su fortaleza más inexpugnable. Bajo la lente de la filosofía occidental, Irán no es sólo un adversario geopolítico, es el OTRO ABSOLUTO. Mientras Estados Unidos busca eliminar lo distinto para convertirlo en lo igual, una mercancía uniforme que los algoritmos puedan digerir, la cultura del ritual iraní se mantiene como un cuerpo extraño que el sistema no puede metabolizar. Esta resistencia nace de una estructura temporal y psíquica que Han describe como el aroma del tiempo. Occidente habita un tiempo atómico, fragmentado en noticias de última hora, tendencias efímeras y ciclos electorales de cuatro años.

 

 Es un tiempo sin duración, una sucesión de instantes vacíos donde nada permanece porque todo debe ser reemplazado para mantener el flujo del capital. El imperio es extremadamente veloz, pero carece de memoria y de paciencia. Frente a esto, la sociedad del ritual opera en un tiempo narrativo. Para ellos, el tiempo no es un recurso que se gasta, sino una atmósfera que se desprende de la repetición y de la permanencia. Teherán mide su estrategia en décadas y milenios. Esa asimetría temporal es la verdadera arma de destrucción masiva contra una superpotencia que sufre de trastorno de déficit de atención sistémico. La opacidad de Irán no es un síntoma de atraso, sino una sofisticada decisión política de preservación. En la era de la infocracia en el que la era digital pretende iluminar cada rincón del pensamiento humano para predecir conductas, el secreto es la única forma de soberanía real. Ser invisible es la única manera de ser libre frente al algoritmo.

 

 Y ahora continuamos con reflexiones personales. En esta sociedad iraní de lo ritual frente a la visibilidad occidental de los algoritmos, la muerte física cobra otra significación. El martirio es una instancia que Occidente no comprende y es la sustancia de la que está impregnada la resistencia y la revolución iraní. Pero no sólo pensemos en los mártires asesinados por Occidente en Irán, sino en los mártires que Israel y parte de Occidente provocaron en Gaza, Cisjordania, el Líbano, Siria y Yemen. Y como estamos en el mes de la memoria en Argentina, pensemos -aunque sea por un instante-. en nuestros mártires, porque el algoritmo no se detiene y no nos deja tiempo para los nuestros. Porque es el pueblo quien pone los cuerpos, quien es martirizado de todas las formas imaginables, porque en este mes de marzo se unen los mártires de Oriente Medio y los argentinos en un mismo símbolo de resistencia. ¿De qué lado estás? ¿Te lo preguntaste? ¿Estás del lado de un gobierno demoníaco que apoya la matanza de 150 niñas o pudiste detener tu flujo de la conciencia y reflexionar un poquito sobre el martirio de los inocentes?

 

  Me despido de nuestra querida audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

 

 ¡Hasta la victoria siempre, compañeros! ¡Palestina libre! ¡Irán, presente!


 

 


PROF. VIVIANA ONOFRI

 Desde Islas Canarias

 Profesora en Letras, ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

ACTUALIZACIÓN: LA CAMPAÑA ELECTORAL POR LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA - MAURICIO IBÁÑEZ

 

ACTUALIZACIÓN: LA CAMPAÑA ELECTORAL POR LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA


Queridos compañeros, amigos y oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con un fuerte abrazo por la libertad de Palestina, la paz en Oriente Medio y la Unidad latinoamericana.

 

En nuestro programa de la semana pasada revisamos los resultados preliminares de las elecciones legislativas celebradas en Colombia el pasado 8 de marzo, en las que se eligieron los miembros del senado de la república y la cámara de representantes que se encargarán de redactar las leyes, decretos y reformas en el período legislativo que se iniciará el 20 de julio de este año. En estas elecciones también se realizó la consulta para definir varios de los candidatos presidenciales de algunos grupos y coaliciones políticas. 

 

En el programa revisamos los resultados del primer conteo en las urnas, y a la fecha de hoy ya se han realizado los escrutinios, que son una verificación posterior que permite establecer la consistencia entre número de votos y votantes registrados. En ese proceso se presentó una masiva participación de testigos electorales y abogados que vigilaron el proceso, descubriendo cientos de intentos de fraude en favor de los partidos de la derecha, cometidos por la registraduría nacional del estado civil y varios jurados de votación, algunos de ellos ya detenidos por las autoridades.

 

En cuanto a la consulta para definir algunos de los candidatos a la presidencia de la república que se presentarán a la primera vuelta electoral que se celebrará el próximo 31 de mayo, se presentó una situación un poco atípica: varios precandidatos declinaron participar en la elección del 8 de marzo e ir directamente a la primera vuelta electoral, entre ellos los tres con mayor opción: Iván Cepeda, del progresismo, Abelardo de la Espriella, representando la extrema derecha y el candidato de centro Sergio Fajardo, entre otros.

 

En la consulta del 8 de marzo se presentó una coalición de precandidatos de derecha y centro derecha llamada “la gran consulta por Colombia”, la cual definiría un candidato entre 9 opciones, y a la cual se unió la precandidata del Centro Democrático Paloma Valencia, quien finalmente se alzó con la candidatura, seguida por Juan Daniel Oviedo, a quien ella seleccionó como su fórmula vicepresidencial para el resto de la campaña. Los otros grupos participantes en esta preselección fueron la “consulta de las soluciones” donde fue seleccionada la ex alcaldesa de Bogotá Claudia López y el grupo “Frente Por la Vida” afín a la izquierda y al gobierno, donde quedó el exsenador Roy Barreras.

 

Terminados estos procesos, el tarjetón electoral para la primera vuelta electoral queda conformado por 14 candidatos presidenciales, así:

·         Iván Cepeda, del movimiento Pacto Histórico, que reúne la centro izquierda y el progresismo.

·         Paloma Valencia, del Centro Democrático de derecha radical, en coalición con varios movimientos de centro derecha.

·         Abelardo de La Espriella, del Movimiento Defensores de la Patria, que representa la extrema derecha.

·         Sergio Fajardo, del movimiento Dignidad y Compromiso, de centro.

·         Claudia López, de movimiento Con Claudia Imparables, de centro.

·         Roy Barreras, del movimiento La Fuerza de la Paz, de centro izquierda.

·         Luis Gilberto Murillo, del movimiento Luis Gilberto Soy Yo, de centro.

·         Miguel Uribe Londoño, del Partido Demócrata Colombiano, de derecha.

·         Mauricio Lizcano, del movimiento Coalición Familia, de centro.

·         Clara López, del movimiento Esperanza Democrática, de izquierda.

·         Carlos Caicedo, del movimiento Fuerza Ciudadana, progresista.

·         Sondra Macollins, candidata por firmas, sin orientación política conocida.

·         Santiago Botero, del movimiento Romper el Sistema, filiación desconocida.

·         Gustavo Matamoros, del Partido Ecologista Colombiano, de derecha.  

 

Para facilitar las cosas, dividiré este abundante grupo de candidatos en tres grupos según las posibilidades electorales que, en mi opinión y según las encuestas que se han realizado hasta ahora, estos tienen.

 

Los de mayor opción: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.

 

Los que podrían dar una sorpresa en la primera vuelta: Sergio Fajardo y Claudia López

 

Los que están muy abajo en las encuestas y no está previsto que tengan alguna posibilidad: todos los restantes.

 

Vamos a darle una mirada un poco más de cerca a los candidatos considerados favoritos:

 

Iván Cepeda Castro

 

Nació en Bogotá en 1962. Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, quien fue senador de la república por el partido Unión Patriótica y fue asesinado durante la masacre que se cometió contra este partido durante 1994. Este hecho marcó su vida, y desde muy joven se dedicó a la defensa de los Derechos Humanos, liderando el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado.

 

Cepeda estudió filosofía en la Universidad de San Clemente de Ohrid (Bulgaria), y tiene una maestría en Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Católica de Lyon, Francia. Ha sido congresista desde 2010, actuando como representante a la cámara entre 2010 y 2014, y como senador en tres períodos consecutivos, desde 2014 hasta la actualidad. Es reconocido como uno de los arquitectos del Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC-EP, y actualmente es presidente de la Comisión de Paz del Senado de la República.

 

Abelardo de la Espriella

 

Nació en Bogotá en 1978 pero toda su infancia y juventud transcurrió en Montería, en la costa caribe colombiana. Se presenta como una figura de la derecha radical con un discurso centrado en el orden, la seguridad nacional y la libertad económica.

 

Es un abogado penalista, fundador de la empresa De La Espriella Lawyers, y ha ganado notoriedad pública por ser defensor de personajes muy cuestionados y representante de figuras del paramilitarismo como Salvatore Mancuso y Jorge 40. Entre sus clientes figuran Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro, David Murcia, cerebro del esquema ponzi DMG, y otros personajes que aseguran haber sido robados por él durante sus procesos legales.

 

No tiene ninguna experiencia política, y más bien es conocido por sus gustos estrafalarios, su fortuna de origen dudoso y sus actividades comerciales con una línea de ropa “DelaEspriella Style”, una marca de ron, e incursiones en la música como cantante de ópera y música popular. A pesar de su inexperiencia política, su lenguaje directo, su estilo confrontacional y un gran capital invertido en su pintoresca campaña, han resultado atractivos para un electorado de la clase media que está dominado por las redes sociales y los medios hegemónicos, logrando posicionarse por encima de políticos tradicionales y convirtiéndose en la segunda opción más fuerte para la presidencia. Su estilo es comparable con el de personajes como Xavier Milei o Jair Bolsonaro.

 

Paloma Valencia     

 

Nacida en Popayán, Cauca, en 1976, es la candidata representante del Uribismo en esta contienda electoral. Al fracasar la consulta interna del movimiento Centro Democrático y resultar elegida en un proceso lleno de cuestionamientos, decidió incorporarse al grupo de precandidatos de centroderecha para participar en la consulta del 8 de marzo, resultando ganadora y acabando con las posibilidades electorales del centro, en un giro forzado hacia la derecha radical.

 

Actualmente senadora, es abogada y filósofa de la Universidad de Los Andes, con una especialización en Economía y una maestría en escritura creativa de la Universidad de Nueva York.

 

Ha sido senadora de la república en tres periodos consecutivos desde 2014, donde se ha destacado por su férrea defensa de la propiedad privada y su capacidad para jugadas y maniobras políticas para oponerse a cualquier iniciativa que pueda beneficiar al pueblo. Ha sido una fuerte defensora de un sistema de salud que, en manos de aseguradores privados, se está convirtiendo en el mayor escándalo de corrupción de la historia de Colombia.

 

Sergio Fajardo

 

Nacido en Medellín, Antioquia, en 1956, es candidato a la presidencia por tercera vez, y se define a sí mismo como el representante de la “tercera vía” que busca romper la polarización entre la derecha y la izquierda.

 

Fajardo es matemático con un doctorado en la Universidad de Wisconsin. Fue alcalde de Medellín entre 2004 y 2007 y posteriormente gobernador de Antioquia entre 2012 y 2015, y el énfasis de sus programas políticos siempre ha estado enfocado hacia la educación. Su programa de gobierno es de alto rigor técnico, y sería un fuerte contrincante de Iván Cepeda pues los dos candidatos son los de mayor profundidad y coherencia en la contienda electoral.

 

Lamentablemente, la actual disputa de la ultraderecha representada por el pintoresco Abelardo de la Espriella, y la derecha radical de Paloma Valencia, le han restado votantes al candidato Fajardo, quien procura no participar en espectáculos populistas y mantenerse coherente.

 

Aunque ni Fajardo ni Cepeda están interesados en montar un show politiquero ni participar en debates basados en desinformación e insultos, como es el caso de Paloma y Abelardo, la distancia entre los dos es muy grande.

 

Iván Cepeda, con el apoyo del movimiento Pacto Histórico, ocupa un lugar muy destacado en las encuestas, cercano al 55% de la intención de voto, mientras que Fajardo no alcanza a llegar al 5% de las preferencias. Por su parte, Abelardo de la Espriella está cerca del 22% y Paloma Valencia ha alcanzado el 10%, sin lograr acortar su distancia con el candidato progresista.

 

Iván Cepeda concentra el apoyo de la izquierda radical, la moderada y la centro izquierda en su proyecto político, y gracias a los logros del gobierno de Gustavo Petro en materia social, económica y política, cuenta con una generosa base votante que ya demostró su fuerza en las elecciones legislativas, a pesar de los intentos de fraude perpetrados por una institucionalidad electoral afín a la oposición de la derecha.    

 

No podemos ser triunfalistas en un país y un mundo donde todo puede pasar, así que se requiere de mucha humildad y compromiso para sacar adelante este proyecto de política coherente que trabaja para el beneficio de todo el pueblo colombiano y no sólamente para sus élites.

 

Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.

 

MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

 

 

PARA SABER MÁS

 

-          Perfil Iván Cepeda Castro (Enlace)

https://ivancepedacastro.com/inicio/  

 

-          Perfil Sergio Fajardo (Enlace)

https://www.sergiofajardo.com/

 

-          Perfil Paloma Valencia (Enlace)

https://palomapresidente.com.co/

 

-          Perfil Abelardo de la Espriella (Enlace)

https://delaespriellastyle.com/