CIERRE EDITORIAL
PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 3-5-2026
Así vamos llegando al final de otra emisión
más de El Club de la Pluma por nuestra radio web y la red de radios compañeras
amigas que retransmiten en directo en diferido a quienes agradecemos a la
distancia con un abrazo enorme la posibilidad de poner las voces de la patria
grande y fuera de ella en otras regiones. Gabi para la despedida.
En la era milei el empleo deja de ser sinónimo de progreso y se convierte cada vez más en una herramienta de subsistencia atravesada por la precarización y la incertidumbre. Este país atraviesa una paradoja cada vez más evidente. Tener empleo ya no garantiza una vida digna.
En el actual contexto económico marcado por el ajuste de la caída del poder adquisitivo y cambios estructurales en las relaciones laborales amplios sectores de la población enfrentan una realidad donde trabajar más no implica vivir mejor, por el contrario, crece la sensación de estar atrapados en una lógica de supervivencia permanente. Uno de los datos más alarmantes del mercado laboral argentino es la consolidación de los llamados trabajadores pobres, personas que aun teniendo empleo no logran salir de la pobreza. Según estudios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, uno de cada cinco trabajadores en Argentina es pobre, proporción que asciende a uno de cada tres en el empleo informal.
La situación es aún más crítica si se observa la evolución del poder adquisitivo. De acuerdo con la Universidad Católica Argentina, el ingreso a medio laboral perdió más de un 20% de su capacidad de compra entre 2010 y 2025, lo que explica por qué cada vez más trabajadores necesitan múltiples empleos o asistencia externa para cubrir gastos básicos. A esto se suma un dato estructural, el 42% de los trabajadores se desempeña en la informalidad, según la OIT, en ese segmento la pobreza supera el 33%, triplicando los niveles del empleo formal.
La inflación interanual, aunque menor que en años previos, se mantiene elevada y erosiona los salarios de manera constante. En este contexto, tener trabajo dejó de ser un reaseguro contra la pobreza, incluso dentro del empleo registrado. La creciente informalidad también presiona a la baja las condiciones laborales.
A mayor oferta de mano de obra sin protección, menor capacidad de negociación para quienes tienen empleo formal. Esto genera un círculo vicioso de precarización que impacta especialmente en jóvenes y mujeres, cuando no. Otro indicador clave del deterioro social es el aumento sostenido de jubilados que continúan trabajando.
Según datos oficiales, más de 453.000 jubilados siguen activos en el mercado laboral formal, lo que representa un crecimiento del 65% en la última década, 23% en apenas dos años. Si se suma al trabajo informal, se estima que cerca de un millón de adultos mayores continúan trabajando, lo que equivale a casi un 18% de tasa de actividad en edad jubilatoria. El fenómeno tiene una causa central, los ingresos previsionales no alcanzan.
Actualmente, la jubilación mínima ronda los 380.000 pesos, más un bono, cifras que permanecen por debajo, muy por debajo del costo de vida. En este escenario, la reforma laboral impulsada por el gobierno libertario, bajo el argumento de modernización, introduce cambios estructurales que modifican el equilibrio entre empleadores y trabajadores. Jornadas laborales de hasta 12 horas, eliminación del pago de horas extras, reducción de indemnizaciones por despido, posibilidad de pago en especie, háblame de atrasar, mayor facilidad para despido sin causa, debilitamiento de convenios colectivos y negociación sindical, restricciones a la actividad gremial y al derecho de huelga, háblame de atrasar.
La avaricia y la sed de poder y de seguir acumulando riquezas y recursos se van apoyando en estos avances que logran necesitar cada vez menos manos de obra. Pero por más que necesiten más manos de obra, siempre van a ser esclavizadas, porque así hacen negocio. Y todo eso que en algún momento se pudo desarrollar para darle entidad y valor al trabajo, cuando alguien nos hablaba, y por ahí nos sigue hablando desde mucho tiempo atrás, eso que le denominaban la plusvalía, y querían hacer entender al asalariado, al proletariado, son términos corrientes si se quiere, no comúnmente aplicables, pero por estas discriminaciones que hacen, ideológicas.
Pero era y nos hacía entender la importancia de la clase trabajadora en el desarrollo de la sociedad, de las comunidades, la importancia que tenía cada actividad, el valor que tenía cada una de esas actividades, y que eran despreciadas por los propietarios, los supuestos propietarios del capital, cuando el capital lo genera la clase trabajadora, la mano de obra de la clase trabajadora. Y bueno, han desdibujado todos esos discursos, esas manifestaciones, para seguir instalándonos una supuesta conciencia de que el poder está en otro lado, cuando en realidad el poder está en el pueblo, a menos que el pueblo se resista a reconocerlo, se niega a reconocerlo. Esperemos que en algún momento las conciencias comiencen a despertar para reaccionar a tiempo y recuperar el derecho de vivir, el derecho de realizarse, el derecho de ser independientes, ser soberanos, y poner punto final a la frase con la que comenzamos el programa, el pueblo unido jamás será vencido.
NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción
Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción
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