RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

domingo, 11 de octubre de 2026

¿MALAS NOTICIAS O NOTICIAS MALAS? - PEDRO RODRIGUEZ - Militante Social

 

 

¿MALAS NOTICIAS O NOTICIAS MALAS?

 



Una investigadora brasileña, Rita Almeida, publicó lo siguiente: Desde que surgió el bolsonarismo, una pregunta persistente gira en torno a la salud mental de sus seguidores más radicales e intransigentes, aquellos que parecen habitar un universo paralelo. ¿Están locos y sumidos en un delirio manifiesto? ¿Padecen todos algún cuadro psiquiátrico diagnosticable? Impulsada por estas y otras interrogantes, decidí iniciar una investigación posdoctoral que terminó en el libro *Psicología de masas y bolsonarismo*. En resumen, la respuesta es la siguiente: aunque dentro de los movimientos bolsonaristas pueda haber personas con trastornos psiquiátricos que utilizan el discurso bolsonarista como temática para sus delirios, la gran masa que compone el bolsonarismo está formada por individuos normotípicos.

 

La cuestión es que, arrastradas por ciertos movimientos de masas, algunas personas son capaces de adherirse a un discurso delirante incluso sin padecer un cuadro psiquiátrico de base. La fuerza del grupo puede desconectar al sujeto de la realidad fáctica, facilitando su adhesión a mentiras, negacionismos, teorías conspirativas y todo tipo de extravagancias, en aras de pertenecer a un grupo y a una ideología. Esto indica que el problema del bolsonarismo no es psiquiátrico; el problema radica en que se trata de un movimiento de masas fascista.

 

Freud afirmaba que el delirio es un intento de curación, un mecanismo de protección del Yo frente a la desintegración, con la «ventaja» de crear una nueva realidad totalmente desvinculada de la fáctica, en la que el sujeto se siente más cómodo, interesante o importante. Sin embargo, el delirio como experiencia singular en un cuadro psicótico, por ejemplo, es vivido por el sujeto con sufrimiento y angustia; al fin y al cabo, se encuentra solo y desacreditado por sus semejantes en el universo paralelo que ha inventado.

 

En el caso del delirio colectivo, el distanciamiento y la reinterpretación de la realidad conforman el discurso que une al grupo y complace a sus líderes; por tanto, la angustia y el sufrimiento no surgen dentro del delirio, sino al salir de él. Así se percibe la dificultad de desprenderse de un delirio de masas, especialmente cuando este es alimentado e instrumentalizado por figuras poderosas y líderes tiránicos. Desprenderse del delirio implica dejar de pertenecer al grupo y experimentar una disolución del «Yo», que se sostenía en dicha ideología o discurso.

 

Por consiguiente, esperar que los bolsonaristas fanatizados abandonen el bolsonarismo es una expectativa poco prometedora, casi inviable. Ello requeriría mucho tiempo, abundantes recursos simbólicos y acogida en otros grupos más saludables. Así pues, la vía más rápida y eficaz para derrotar a los movimientos fascistas es de arriba hacia abajo: derribando a sus líderes, bloqueando —mediante leyes e instituciones republicanas— sus focos de irradiación y combatiendo sus mecanismos de propaganda y difusión de odio, mentiras, pánico moral y negacionismos.

 

Existen bolsonaristas con trastornos psiquiátricos y bolsonaristas normotípicos; la cuestión es que ambos se adhirieron al movimiento de masas fascista y se trasladaron al universo paralelo creado para mantenerlos cohesionados. Más allá de estos dos grupos, existen obviamente los canallas perversos: aquellos que lideran el movimiento o que han logrado obtener estatus o beneficios económicos de él. Son quienes, deliberadamente, crean este universo paralelo y —aun sin creer en él— lo mantienen vivo por conveniencia.

 

El bolsonarismo, por tanto, no es un asunto que competa a la psiquiatría o a la psicología. El problema del bolsonarismo es que es fascista; por tanto, es el fascismo lo que debemos combatir con el rigor de la ley y la fuerza de las instituciones republicanas, empezando por sus líderes, los agitadores fascistas y sus discursos. Los delirios son tolerables y tratables, y las personas con trastornos psiquiátricos merecen cuidados y acogida; sin embargo, ante el fascismo, la única medida posible es derrotarlo y derribarlo. El fascismo no tiene cura porque no es una enfermedad. El fascismo es el mal social radical.

Hasta aquí Rita Almeida.

 

La célebre frase «No, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo» pertenece al libro El Anti-Edipo (1972), escrito conjuntamente por el filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari. Con esta afirmación, los autores conmovieron la filosofía política al plantear que la opresión social no se sostiene por ignorancia o manipulación mediática, sino por una inversión real y profunda del propio deseo en las estructuras de poder.

 

Para comprender esta tesis, Deleuze y Guattari se basan en dos pilares fundamentales:

1. La herencia de Spinoza y Wilhelm Reich

Los autores retoman una pregunta clásica formulada originalmente por el filósofo Baruch Spinoza y recuperada en el siglo XX por el psicoanalista Wilhelm Reich: «¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?».

Reich explicaba que el fascismo no triunfó simplemente porque Hitler o Mussolini engañaran a la población con mentiras o propaganda exterior. El verdadero problema a explicar es la perversión del deseo gregario: cómo las personas llegaron a desear y exigir activamente una estructura autoritaria que las oprimía.

2. El deseo como producción real

A diferencia del psicoanálisis tradicional de Sigmund Freud (que ve el deseo como una "falta" o una fantasía teatral e interna), Deleuze y Guattari afirman en El Anti-Edipo que el deseo es una fábrica: produce realidad.

• No existe una separación entre lo que deseamos en nuestra vida privada y cómo funciona la economía o la política.

• Por lo tanto, el sometimiento social, el conservadurismo y el fascismo se internalizan. Las personas pueden llegar a encontrar goce inconsciente en la jerarquía, la sumisión, el orden estricto y la represión de los demás (y de sí mismos).

Implicaciones políticas

 

Al descartar la idea del simple "engaño", Deleuze y Guattari desplazan el eje de la lucha política. Si el pueblo estuviera meramente engañado, bastaría con "darles información" o "hacerles tomar conciencia" para liberarlos. Sin embargo, dado que el problema está arraigado en la producción deseante, la verdadera transformación requiere un esquizoanálisis: liberar el deseo de los moldes familiares y estatales para construir nuevas formas de organización y líneas de fuga colectivas.

 

El problema fundamental de la filosofía política sigue siendo el que Spinoza supo plantear (y que Reich redescubrió): «¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?» (aquí es necesario recordar el Discurso sobre la servidumbre voluntaria , la obra más célebre de Étienne de La Boétie es un ensayo político fundacional de la crítica antiautoritaria que analiza por qué los pueblos aceptan la tiranía. Redactado cuando el autor tenía apenas 18 años (alrededor de 1548), el texto no fue publicado hasta 1576, póstumamente, gracias a la gestión de su íntimo amigo Michel de Montaigne. La tesis central de la obra sostiene que el poder del tirano no reside en su fuerza, sino en el consentimiento voluntario de los súbditos, quienes, por costumbre y pasividad, permiten su propia servidumbre.

 

 Como dice Reich, lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos? Nunca Reich fue mejor pensador que cuando rehúsa invocar un desconocimiento o una ilusión de las masas para explicar el fascismo, y cuando pide una explicación a partir del deseo, en términos de deseo: no, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo en determinado momento, en determinadas circunstancias, y esto es lo que precisa explicación, esta perversión del deseo gregario.

 

 

PEDRO RODRIGUEZ

 Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

 

LA JUNTA DIRECTIVA DEL CRIMEN ORGANIZADO - MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

 

la junta directiva del crimen organizado



 

Queridos compañeros y amigos de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con nuestro acostumbrado abrazo por la hermandad de las naciones de la patria grande.  

 

Hace algunas semanas vi una película llamada “Mountainhead”, en la que se presenta la historia cuatro amigos multimillonarios, dueños de empresas tecnológicas que han concentrado el poder global, quienes se reúnen en una mansión aislada en las montañas a pasar el tiempo y divertirse mientras en el mundo se desata una fuerte crisis económica que provoca un caos social y político global. Ellos son dueños de megaempresas tecnológicas que, en apariencia, rivalizan entre sí y de una u otra manera son los causantes de la crisis que el mundo está enfrentando, pero están esquiando, bebiendo y discutiendo otros temas, como la posibilidad de vencer a la muerte mediante el uso de la tecnología.

 

La película pasó desapercibida entre la crítica y el público, como ha pasado con otras que vamos a empezar a reseñar en esta columna para que no queden almacenadas en el baúl del olvido, ya que es necesario darle una mirada, así sea a través del arte y la sátira, a una realidad grotesca y absurda como la que estamos viviendo.     

 

Para captar la realidad que esta comedia satírica nos muestra, es importante que entendamos que hay varias razones por las que los mega-ricos de la tecnología necesitan tener tanto poder, y es porque necesitan tener acceso rápido, barato y sin restricciones a los recursos que necesitan para mantener su ritmo vertiginoso de crecimiento: necesitan mucha agua para mantener refrigerados sus centros de datos; necesitan extraer metales y las llamadas tierras raras para la fabricación de sus computadores y unidades de almacenamiento de información; necesitan combustibles fósiles para el transporte de sus materias primas, insumos, productos y mercancías, y necesitan que no haya limitaciones legales, regulatorias ni fronterizas que demoren la extracción, procesamiento y movilidad de todos los materiales que requieren. Ellos están en una competencia interna: quien logre los avances más rápido es quien dominará los mercados en una carrera que no da signos de querer detenerse. La filosofía detrás de esta carrera es “si puedo hacerlo, lo haré”, sin pensar en impactos, repercusiones, consecuencias o dilemas éticos. Como ellos dicen, “después vemos qué hacemos”.

 

Hay un grupo reducido de super millonarios que han identificado tres grandes variables que podrían constituir un obstáculo para esta competencia desaforada de crecimiento continuo: Los Estados (con sus gobiernos, sus leyes y sus restricciones), las organizaciones multilaterales (como la ONU, la Corte Penal Internacional y las iniciativas globales de protección del medio ambiente) y las personas, la gente común que todavía cree en la participación ciudadana, la protesta pública y los derechos humanos.

 

Por supuesto, estos obstáculos debían ser superados mediante una cuidadosa y sutil estrategia de “conquista” que se ha venido llevando a cabo durante, por lo menos, unas tres décadas. Para asumir el control de los estados, los mega-ricos tecnológicos se tomaron la economía de mercado, la banca multilateral y la industria. Con el fin de preservar las dinámicas de mercado, la banca multilateral empezó a exigir reformas políticas para sus préstamos estatales; reformas que perjudicaban el beneficio común, pero garantizaban la inserción de los países en la economía de mercado a través de la banca, la deuda pública y la industria local. Esto generó un fenómeno de desequilibrio socioeconómico en que los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres en una dinámica que los Papas Juan Pablo II y Francisco I llamaron “el capitalismo salvaje”.  

 

Para controlar a la gente, los mega-ricos tecnológicos se hicieron al control de los medios de comunicación a través de dos estrategias: la primera, apoderándose de los medios tradicionales a través de sus socios empresarios, y la segunda, generando canales informales de comunicaciones mediante el uso y popularización de las redes sociales, lo que les permitió tomar el control de la opinión pública manteniéndola distraída y llenándola, a la vez, de información falsa o de verdades a medias, lo cual, además, abrió un campo fértil para el mercadeo político.

 

Lo último era minar la posible resistencia que pudiesen ejercer las organizaciones multilaterales como las naciones unidas, la corte penal internacional y otras protectoras del medio ambiente y los derechos humanos, pero ese control lo asumirían a través de los gobiernos y sus estados mediante su debilitamiento financiero.    

 

Esa pequeña cofradía de billonarios tenía clara la estrategia de control tecnológico, pero no tenía clara la del control político, y es así como la gran influencia judía en la economía de los Estados Unidos jugó un fuerte papel de influencia para incorporar al sionismo en la ecuación. Pero… ¿Quién compone esta especie de Junta Directiva del Mal?

 

Por supuesto, hay elementos que permanecen en el anonimato, o mantienen un perfil muy bajo, pero hay otros que no tienen ningún problema en dar la cara, hacer declaraciones públicas y manifestar claramente su interés en tomar el control del planeta y sus recursos:

 

Peter Thiel

Peter Andreas Thiel, filósofo y abogado nacido en Alemania en 1967 y criado en los Estados Unidos, es uno de los arquitectos del Silicon Valley contemporáneo: en 1998 fundó Confinity, marca que se convirtió en la plataforma de pagos PayPal en sociedad con Elon Musk, llamando la atención de la banca. En 2003 fundó Palantir Technologies, una de las primeras empresas de análisis de datos e inteligencia artificial que captó la atención de los gobiernos; en 2004 fue el primer inversionista externo de un proyecto universitario de Mark Zuckeberg llamado Facebook, y ha sido inversionista de peso en Meta, Space X, Airbnb, Uber, Spotify, LinkedIn, Yelp y Stripe.

 

Thiel es el autor de un libro llamado “De cero a uno: cómo inventar el futuro”, donde afirma que es mejor crear monopolios a través de la innovación y no de la competencia. Su perfil político es neoliberal (lo que ahora llaman “libertario”) con un falso discurso ultraconservador, y ha sido donante y asesor de personajes como Donald Trump.    

 

Benjamín Netanyahu

Como todos sabemos, Netanyahu no es un ultra millonario ni un líder tecnológico, pero es el rostro político y militar de la junta del crimen organizado: Nacido en 1949 en Tel Aviv, creció en un contexto político sionista y, después de vivir un tiempo en Estados Unidos y hacer parte del ejército israelí, se convirtió en líder del partido nacionalista de derecha Likud, siendo el premier con más tiempo en el cargo de primer ministro en la historia de Israel.

 

La comunidad judía tiene un inmenso poder económico, político y social en los Estados Unidos, lo que le ha permitido mantener el apoyo militar y económico de este país al Estado de Israel en medio de una región llena de enemigos geopolíticos. Israel es la principal base militar y de inteligencia de Norteamérica sobre la enorme fuente de recursos energéticos de oriente medio. Netanyahu cuenta con apoyo casi incondicional tanto en el partido republicano como en el demócrata, lo que le asegura un altísimo nivel de influencia sobre todas las decisiones políticas de este país.    

 

Estas son las cabezas identificables de una organización compuesta por tres grandes poderes diferentes, pero relacionados entre sí:

 

Poder tecnológico: control de la prensa, las redes sociales y la opinión pública. Permite programar, dirigir y canalizar el pensamiento humano, sublimar la protesta pública y hacer mercadeo en favor de políticos que sean manejables por el sistema. De este poder hacen parte Mark Zuckeberg, Elon Musk, Sam Altman y Bill Gates, entre otros.

 

Poder político-religioso: combinación de dos estrategias, una de discurso ultra-conservador basado en la preservación de los principios y valores de la humanidad, que explota el temor al cambio en la población, aprovecha la cultura de culpa y miedo y capta personas a través de cultos e iglesias, aunque, curiosamente, ninguno de sus representantes se distingue por un comportamiento conservador ejemplar. Entre los personajes puestos por este poder, al menos en América, están Donald Trump, Nayib Bukele, Abelardo DelaEspriella, Rafael Noboa, Keiko Fujimori, José Antonio Kast, Rodrigo Paz y Javier Milei… todos ellos claman ser líderes de ultra-derecha pero tienen origen dudoso, no son muy brillantes y pueden ser manejados al antojo de los grandes jefes del crimen organizado.    

 

Poder criminal: en este poder están las cabezas que responden a las órdenes de la Junta del Crimen Organizado, pero son personajes que permanecen en el anonimato dirigiendo las actividades ilegales, pero altamente rentables del sistema: el narcotráfico, el contrabando, la trata de personas, el chantaje y la extorsión. Generalmente están vinculados a personajes como Jeffrey Epstein, agente que se encargó de montar un club exclusivo de abuso sexual infantil y otras bacanales que registró cuidadosamente para poder chantajear y extorsionar a buena parte del poder político norteamericano, de Donald Trump para abajo, y a otros personajes públicos a nivel global. Adicionalmente, varios de los actuales gobernantes latinoamericanos tienen o han tenido relaciones con la DEA y han tenido alguna participación en el narcotráfico y el contrabando, lo que los hace vulnerables al chantaje, la extorsión y la manipulación. Al ocupar cargos públicos de importancia, pueden desmontar los estados y sus leyes a petición de sus jefes.  

 

La próxima semana continuaremos con este análisis, compañeros. Por ahora, reciban un fuerte abrazo.

 

 

MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

 

 

 

PARA SABER MÁS   

 

·         ¿Quién es Peter Thiel?: Enlace

https://www.losandes.com.ar/politica/quien-es-peter-thiel-el-magnate-el-que-se-reunira-milei-casa-rosada-n5988687

 

·         El lobby sionista en los Estados Unidos: Enlace

https://politicaobrera.com/12986-el-lobby-sionista-en-estados-unidos

 

·         Manifiesto Palantir y Tecnofascismo: Enlace

https://orain.eus/es/actualidad/internacional/2026/04/30/es-el-manifiesto-futurista-palantir-se-habla-tecnofascismo/

 

 

TEMA MUSICAL DE LA SEMANA

 

¡Que vivan los estudiantes! – Violeta Parra – Mercedes Sosa - Enlace

https://www.youtube.com/watch?v=Ox5qxFCSPdQ&feature=youtu.be