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domingo, 18 de octubre de 2026

MARXISMO: TEORÍA INSUSTITUIBLE - PEDRO RODRIGUEZ - Militante Social

 

 

MARXISMO: TEORÍA INSUSTITUIBLE

 



 

Vamos a empezar a pensar hoy sobre la vigencia de la crítica marxista en el siglo XXI: entre el ocaso soviético y las contradicciones del capitalismo contemporáneo.

Introducción: 


El fin de la historia y la persistencia de la crítica 

A más de tres décadas de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, el debate sobre el destino de las ideologías emancipatorias y la organización económica global sigue abierto. La caída del bloque soviético fue interpretada en su momento, bajo la célebre tesis del "fin de la historia", como la victoria definitiva del liberalismo político y el capitalismo de mercado. Sin embargo, el transcurso del siglo XXI ha desmentido la idea de que el capitalismo contemporáneo haya logrado resolver sus contradicciones intrínsecas. Por el contrario, nos enfrentamos a una era caracterizada por crisis financieras cíclicas, una desigualdad extrema, la precarización laboral global y una crisis ecológica sin precedentes, sin siquiera mencionar la amenaza cierta de una guerra de alcance mundial.

 

En este contexto, surge una premisa fundamental para el análisis contemporáneo: ninguna teoría económica o política ha logrado dar cuenta del capitalismo de manera totalmente satisfactoria, ni ha ofrecido una respuesta definitiva y universal para erradicar el empobrecimiento de las mayorías. Las recetas ortodoxas, ya sean keynesianas o neoliberales, han demostrado ser insuficientes para contener las dinámicas destructivas del capital. Es desde esta encrucijada teórica y práctica donde se justifica, desde la perspectiva del análisis crítico, la necesidad actual del marxismo. No ya como un manual dogmático para la construcción de un Estado, ni como una utopía cerrada, sino como un método de análisis, una herramienta de diagnóstico y una brújula crítica indispensable para comprender las raíces estructurales de la desigualdad y la alienación en el mundo moderno.

 

La caída de la URSS significó el fracaso de un modelo histórico, NO de la crítica de la economía política.

Es imperativo realizar una distinción analítica entre la teoría crítica de Karl Marx y la experiencia histórica de los Estados socialistas del siglo XX. La derrota histórica que significó la caída de la Unión Soviética fue, innegablemente, el colapso de un modelo específico de organización estatal, económica y social. Muchos teóricos contemporáneos, e incluso marxistas críticos, argumentan que la URSS no había superado las leyes fundamentales del capitalismo, sino que había desarrollado una variante de "capitalismo de Estado" o un "colectivismo burocrático", donde la extracción del plusvalor y la alienación del trabajador persistían, aunque bajo la tutela de una burocracia estatal en lugar de burgueses privados.

 

Por lo tanto, el colapso soviético no invalida la crítica de la economía política desarrollada por Marx. El núcleo del pensamiento marxista no reside en la propuesta de un modelo de gestión estatal centralizada, sino en su análisis de las relaciones sociales de producción, la dinámica de la acumulación de capital y la lucha de clases. La caída de la URSS demostró los peligros de la burocratización, el autoritarismo y la desconexión entre el Estado y las clases trabajadoras, pero no resolvió las contradicciones del capitalismo global que, de hecho, se agudizaron en las décadas posteriores con la expansión neoliberal. Así, el marxismo sobrevive a la derrota soviética porque su objeto de estudio —el modo de producción capitalista y sus efectos deshumanizadores— no solo no ha desaparecido, sino que se ha globalizado y complejizado.

 

La insuficiencia de las teorías ortodoxas y la producción estructural de la pobreza 

El siglo XXI ha evidenciado que las teorías económicas dominantes carecen de herramientas suficientes para explicar y resolver el empobrecimiento de las mayorías. La economía neoclásica y el neoliberalismo parten de la premisa de mercados eficientes y la idea de que la riqueza generada en la cima se filtrará hacia las bases (el efecto derrame). La realidad empírica demuestra lo contrario: la riqueza se concentra en un porcentaje ínfimo de la población, mientras que una mayoría global enfrenta la precariedad, la deuda y la falta de acceso a servicios básicos.

 

Es aquí donde el marxismo ofrece una justificación teórica robusta para su necesidad actual. Frente a las teorías que ven la pobreza como una "anomalía" o un "fallo del mercado", el marxismo demuestra que la pobreza y la desigualdad son características estructurales y necesarias del capitalismo. Marx introdujo el concepto de "ejército industrial de reserva" para explicar que el sistema requiere de una masa de desempleados o subempleados para mantener los salarios bajos y la disciplina laboral.

 

Si ninguna teoría convencional puede responder satisfactoriamente al empobrecimiento de las mayorías, es porque estas teorías aceptan las premisas del sistema. El marxismo, por el contrario, cuestiona la premisa misma: la apropiación privada de la plusvalía generada por el trabajo colectivo. En un mundo donde el 1% más rico posee más del doble de la riqueza que el 99% restante, la teoría marxista de la acumulación de capital se revela no como una reliquia del siglo XIX, sino como la explicación más precisa de la geografía de la desigualdad CONTEMPORÁNEA. La necesidad del marxismo radica en su capacidad para demostrar que el empobrecimiento no es un accidente, sino el combustible sobre el que se sostiene la rentabilidad del sistema.

 

 

PEDRO RODRIGUEZ

 Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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