RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 31 de julio de 2026

PENSANDO EN CAMBIAR (1) - PEDRO RODRIGUEZ - Militante Social

 

PENSANDO EN CAMBIAR (1)

 


 

Hoy comenzamos un trabajo de largo aliento, por lo que aquí encontrarán sólo el comienzo de un desarrollo que creemos durará dos o tres programas. Nos decidimos por intentar pensar de nuevo viejos problemas, tan viejos como el capitalismo o como las divisiones FALSAS entre quienes somos trabajadores. En el inicio, daremos por probadas dos cuestiones: la cuestión de la explotación laboral y la concentración del capital: son fácilmente comprobables examinando cifras y estadísticas.

 

La explotación laboral —entendida como la apropiación de la plusvalía por parte del capital— no es un fenómeno meramente económico, sino un sistema de relaciones sociales que se reproduce a través de instituciones, culturas y estructuras de poder. Marx la definió como la diferencia entre el valor que el trabajador produce y el valor que recibe como salario (es el robo primitivo o primordial) pero el fenómeno incluye y trasciende la fábrica del siglo XIX: hoy se manifiesta en la precariedad laboral, en la subcontratación global, en la destrucción ambiental externalizada, y en la financiarización que convierte la deuda en un mecanismo de extracción de riqueza. Sin dejar de señalar que la fábrica hoy sigue tan fábrica y la explotacion tan explotación como desde entonces.

 

La tendencia a la concentración del capital —lo que Marx llamó la "ley de la centralización capitalista"— no es un accidente histórico, sino una dinámica endógena del sistema. Cuando el capital genera plusvalía, una parte se reinvierte, ampliando la escala de producción; la competencia entre capitalistas favorece a los más grandes, que absorben a los más pequeños; y el crédito y la especulación aceleran esta concentración. El resultado es una polarización estructural: riqueza creciente para una minoría y empobrecimiento relativo y también absoluto para una creciente mayoría. Con sólo un dato puede uno vislumbrar las bondades del capitalismo: 1500 millones eran la población mundial en vida de Marx. HOY lo que dan en llamar "inseguridad alimentaria", más conocida como HAMBRE, afecta y amenaza a más de 2000 millones, un 25 % de la población actual (cifras de FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Ya lo señaló nuestro amado CHE: "El capitalismo es el genocida más respetado del mundo."

 

Entonces, plantear una "solución" a este problema exige, en primer lugar, evitar dos trampas intelectuales: la utopía instantánea que cree posible abolir el capital de un día para otro sin considerar las condiciones materiales, y el reformismo acrítico que piensa que pequeños ajustes pueden domesticar una lógica de acumulación que se alimenta precisamente de la desigualdad. Ya todos la conocen: la idea ingenua de un capitalismo "bueno". La respuesta, insisto, no puede ser un esquema cerrado, sino un conjunto de estrategias interconectadas que operen a diferentes escalas y temporalidades, y para ello necesitamos UNIR EL MUNDO DEL TRABAJO.

 

I. La reconfiguración del trabajo

 

#1.1. La democratización de los medios de producción

El núcleo duro del problema es la separación entre quienes trabajan y quienes poseen los medios para hacerlo. Una solución estructural requiere, por tanto, transformar esta relación. No se trata de una simple nacionalización estatal —que puede replicar la lógica burocrática de explotación—, sino de formas de propiedad social y gestión democrática.

Las cooperativas de trabajadores, lejos de ser una curiosidad marginal, representan un modelo viable. Por ejemplo: en Mondragón (España), la red cooperativa emplea a decenas de miles de personas con salarios diferenciados moderados, democracia interna y reinversión comunitaria. Sin embargo, las cooperativas enfrentan una tensión: compiten en mercados capitalistas, lo que las presiona a reproducir lógicas de explotación o a quedar marginadas. La solución no es abandonarlas, sino articularlas en ecosistemas protegidos: redes de cooperativas que se abastezcan mutuamente, fondos de financiamiento alternativos, y marcos legales que privilegien la economía social frente a la corporativa.

Más allá de las cooperativas, la propiedad de los medios de producción puede diversificarse. Los fondos de inversión soberanos, los trusts comunitarios, las plataformas de propiedad colectiva (como los proyectos de software libre o las redes de energía renovable comunitaria) son experimentos que apuntan a desplazar la propiedad privada absoluta. La clave no es la forma jurídica en sí, sino quién controla las decisiones estratégicas y cómo se distribuye el excedente. Sí, sí, no es lo que esperaban escuchar, pero permítannos continuar, esperamos que el desarrollo aclare algunos puntos después.

 

# 1.2. La reducción de la jornada y la redistribución del tiempo

Una de las aparentes paradojas del capitalismo contemporáneo es la coexistencia del desempleo masivo con la sobrecarga laboral. La tecnología ha aumentado la productividad exponencialmente, pero en lugar de liberar tiempo, ha intensificado la explotación. La solución pasa por una reducción drástica y generalizada de la jornada laboral —hacia las 20 o incluso 15 horas semanales— sin reducción proporcional de salarios.

Esto no es un capricho ético, sino una medida económicamente racional. Keynes ya predijo en 1930 que para 2030 trabajaríamos 15 horas semanales gracias al progreso técnico. El hecho de que no haya ocurrido no es una ley natural, sino una elección política: el sistema prefiere mantener el desempleo como disciplina laboral y concentrar las ganancias de la productividad en beneficios empresariales. Una reducción de jornada redistribuiría el trabajo disponible, eliminaría el desempleo estructural, y liberaría tiempo para la reproducción social, el cuidado, la política y la creatividad.

Esta medida debe ir acompañada de una redefinición del trabajo remunerado. El cuidado de personas, la educación comunitaria, la regeneración ecológica —actividades actualmente invisibilizadas y feminizadas— deben ser reconocidas como trabajo socialmente necesario y remuneradas dignamente.

 

# 1.3. La renta básica universal como desanclaje

La renta básica universal (RBU) —un ingreso incondicional para toda persona— es una propuesta controvertida pero potente. Sus críticos de izquierda temen que desmovilice la lucha obrera y funcione como subsidio al capital (al permitir salarios más bajos). Sin embargo, bien diseñada, la RBU puede ser una herramienta de emancipación.

El truco está en el financiamiento y en el nivel. Si la RBU se financia mediante impuestos progresivos al capital y al patrimonio, y si su monto es suficiente para garantizar una existencia digna sin trabajar, entonces transforma la relación de poder entre capital y trabajo. El trabajador deja de depender absolutamente del empleo para sobrevivir; puede negarse a condiciones abusivas, puede invertir tiempo en formación, en organización política, o en proyectos cooperativos. La RBU no reemplaza la lucha por el control de los medios de producción, pero desplaza el punto de partida: de la supervivencia forzada a la libertad real. Y dejamos por ahora acá, sin concluir porque es necesario todavía desarrollar cómo carajo podría hacerse esto y más. Los esperamos en la siguiente.

 

 

PEDRO RODRIGUEZ

 Desde Rosario- Militante Social

 

¿RACISTA YO? - PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

 

¿RACISTA YO?


 

Desde Buenos Aires, saludo a los oyentes de El Club de la Pluma

Después de casi un mes de intensas emociones futboleras, de haber disfrutado de una Selección que la mayoría respetamos, queremos y apoyamos, el Mundial parecía terminado. Pero no fue así. Dando tal vez la razón al viejo Aristóteles cuando dijo que “todo es política”, y desafiando los intentos de encorsetar al fútbol en el plano meramente deportivo, otro “mundial” empezó a jugarse, donde los argentinos también somos protagonistas.

En distintas publicaciones, tanto de redes como de prensa, en diversos programas televisivos y en espacios más institucionalizados nuestra sociedad es acusada de racista y violenta, y hasta de simpatizar con el régimen nazi. La reacción interna fue casi unánime: es una campaña “antiargentina” que, respondiendo a distintos intereses, desprestigia a nuestro país con agravios e insultos sin correlato en la realidad. Pero la indignación y los argumentos utilizados para la refutación dan cuenta de hasta qué punto la Historia que nos contaron y que nos gusta creer se separa del pasado, de aquel pasado olvidado y enmudecido por el discurso hegemónico. Divorcio peligroso que nos aleja del necesario aprendizaje social y nos pone en el camino de cumplir la sentencia que han hecho suya diversos autores: “Los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla”.

Si me hago eco de la indignación general, parece que no fue acá donde Esteban Echeverría escribió La Cautiva, donde caracterizó a las tribus de la pampa como “chusma”, “turba salvaje”, “abominables fieras” y “bárbaros impíos”; y El Matadero, donde los federales son simplemente animales. O que no es argentino Sarmiento, que justificó la conquista española (esa “obra de la Providencia, útil, sublime y grande”) y el exterminio de pueblos originarios (“excrecencia humana”), gracias a la cual “la América está ocupada hoy por la raza caucásica, la más perfecta, la más inteligente, la más bella y la más progresiva de las que pueblan la tierra”. Que también justificó el holocausto del pueblo guaraní en la Guerra del Paraguay porque era preciso “purgar la tierra de esa raza perdida, de cuyo contagio hay que librarse”. El que llamó “piltrafas políticas” a La Rioja, Santiago del Estero y San Luis. Desprecio sobre el que cabalgó Prat Gay, también argentino, cuando en 2015 le escuchamos decir con asco, que en cualquier momento un presidente santiagueño se podría quedar con todo el poder.  Pero el problema no estriba en lo que un individuo pudo decir o escribir aisladamente. El problema está en el reconocimiento social que ese individuo tiene porque implica la aceptación tácita de su postura. Echeverría es el autor romántico más leído en Argentina; Domingo Faustino Sarmiento (con una “honra sin par”) sigue siendo el “padre del aula”; y Prat Gay, ministro mediático de Macri, un referente a consultar.

Argentina está plagada, desde fines del SXIX, de historietas de humor gráfico con contenido racista. Orestes Aquarone y Arístides Rechain en Caras y Caretas y La Novela Semanal; Guillermo Divito y Juan Carlos Colombres (Landrú) en Rico Tipo, Tía Vicenta y Satiricón; todos ellos jugaron un importante papel en la construcción de estereotipos negativos de inmigrantes, gauchos, afrodescendientes y pueblos originarios, que fueron víctimas de burla y estigmatización. Junto con la Ley 1420 de Educación, el humor gráfico fue uno de los más potentes instrumentos a través de los cuales la Generación del 80 trató de plasmar su ideal de un país blanco y homogéneo. Y si de fútbol y racismo hablamos, vale recordar que en 1920 la selección de Brasil vino a nuestro país. El diario Crítica, dirigido por Natalio Botana, con una ilustración donde podían verse monos vistiendo la camiseta de Brasil, publicó: “Monos en Buenos Aires. Un saludo a los ilustres huéspedes”. “Ya están los macaquitos en Argentina”. “Si alguna gente nos resulta cómica son los brasileños. Son elementos de color que visten como nosotros y pretenden confundirse con la raza americana, gloriosa por su pasado y grande por tradiciones”. No hubo repudio, ni social, ni oficial ni periodístico. Y es este estruendoso silencio social tejido a lo largo de nuestra Historia el que permitió, hace unos días, a la vicegobernadora de Mendoza decir lo que dijo sobre la selección francesa. Como en 1920, el gobierno calló y la sociedad, en silencio, validó. Como lo hicieron cuando la Liga Patriótica, en la presidencia de Yrigoyen, asesinaba trabajadores o incendiaba sinagogas en sus razias por el barrio de Once.

Ya desde la formación del Estado Nacional, los modos que asume la política muestran los inicios de un camino de intolerancia y violencia que se irá profundizando con el paso del tiempo. Los partidos mayoritarios siempre se concibieron como la expresión misma de la Nación y esto ha sido una pieza clave de su identidad partidaria. Este planteo obstaculizó la libertad y el pluralismo propios de las democracias ya que la Nación sólo puede estar representada en un movimiento político y el resto queda excluido. Por otra parte, no se concibe que la Nación pierda elecciones, lo que habilita la recurrencia a la fuerza para recuperar el poder y la persecución de opositores, que han dejado de ser rivales para convertirse en enemigos. De esto dan cuenta los sucesivos golpes de Estado del SXX, justificados en sus proclamas por la necesidad de “salvar la Nación”, “eliminar los gérmenes destructivos” y “proteger a los ciudadanos de bien”, es decir, a los “verdaderos argentinos”.

Michel Foucault nos advertía que el racismo ejercido desde el Estado es la condición que justifica el derecho a matar. Y con esto no se refería sólo al homicidio sino también al ejercicio de la muerte indirecta, a exponer a la muerte, a multiplicar para algunos el riesgo a morir, a la muerte política y a la expulsión. En Argentina, 1955 marcó la convergencia de dos procesos con profundas raíces en nuestra Historia. Por un lado, el cambio de la estigmatización racial por otra de corte político y clasista, ligada no ya a una definición exclusiva de raza sino a una categoría conceptual. El “cabecita negra” se convirtió simplemente en “negro”, o en el más potente “negro de mierda” con el que las clases acomodadas gustan referirse a los sectores populares y a todos los que asumen su representación. Por otro, la apropiación por parte del Estado de esa estigmatización, que lo convirtió en un Estado Racista. Un Estado que ejerció la violencia, tanto material como simbólica, a través de la muerte masiva, la detención de miles de personas, la tortura, los fusilamientos ilegales y la utilización extendida de un lenguaje segregacionista dirigido a los sectores populares (especialmente al peronismo), presentados como un germen que enfermaba al cuerpo social y debía ser extirpado. Lo hizo en el 55, en el 76 y lo hace ahora, cuando ya no necesita del Golpe de Estado porque tiene tras de sí una sociedad que lo valida en las urnas.

Porque existe una responsabilidad social en la consolidación de esta matriz racista que, desde mediados del SXX, atraviesa institucionalmente al Estado Argentino. Su antiperonismo, de raíz clasista, la hizo adherir a todos y a cada uno de los términos del Libro Negro de la Segunda Tiranía, publicado por los golpistas en 1958. Su contenido es repetido una y otra vez por amplios sectores sociales, indiferentes al hecho de que las acusaciones al partido derrocado provenían de un gobierno de facto que había violado la legalidad constitucional, que había recurrido a la violencia y al homicidio para imponer su proyecto político y que eran sus acciones las que debían ser analizadas en los exactos términos que utilizaba para los que consideraba sus enemigos. Una sociedad que adhirió masivamente a la consigna “Los argentinos somos derechos y humanos” cuando, desde afuera, se denunció lo que efectivamente estaba ocurriendo bajo una dictadura genocida. Una sociedad desquiciada y enferma que hoy se defiende aferrándose al tan viejo como falso slogan “Argentina, crisol de razas” mientras aplaude la exclusión de extranjeros de los sistemas de salud y educación. Que no le gusta que la tilden de Nazi pero vota un gobierno que se define como el más sionista de la Historia, aliado incondicional de un Israel genocida y de un no menos asesino Trump. Que se enorgullece afirmando que “recuperamos la democracia” en 1983 sin ver incoherencia alguna con apoyar la detención ilegal de Cristina Kirchner sólo por ver su muerte política y su proscripción. Que se emociona cantando “O juremos con gloria morir” pero no se le mueve un pelo frente a la venta de tierras a extranjeros y al remate de la soberanía. Que avala un discurso presidencial violento contra los “kukas” y “los zurdos de mierda” porque, en el fondo, también los considera escorias que merecen ser perseguidos y eliminados. Que se ha deshumanizado a tal punto que ya no la conmueve que jubilados, discapacitados y sectores vulnerables sean expuestos a la muerte por un Estado que nada tiene que envidiar, en sus prácticas, al nazismo; por un gobierno que, aunque a muchos nos avergüence, fue votado por la mayoría.

Hay una legítima indignación cuando nos llaman racistas, xenófobos y violentos aquellos que cargan sobre sus espaldas la tragedia de Lampedusa y la muerte de miles de africanos en aguas del Mediterráneo; los que ampararon a jerarcas del nazismo y miraron para otro lado cuando Alemania reformó, en 1968, su Código Penal; o los que dejaron impunes los crímenes del Franquismo; los que derrocan gobiernos bombardeando a civiles o se niegan a reconocer el genocidio palestino. Pero eso no hace menos cierta la acusación. Porque la Historia Argentina la valida, y si no nos hacemos cargo de nuestro pasado estaremos por siempre condenados a repetirlo.

Desde Buenos Aires, les mando un gran abrazo a los oyentes de El Club de la Pluma.

 

PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

Profesora de Historia - Posgrado en Ciencias sociales por FLACSO

 

 

 

 

 

   

 

 

 

UNA FEIJOA - MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

 

UNA FEIJOA

 


 

Apreciados compañeros y amigos de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda, como siempre, Mauricio Ibáñez con un abrazo por la hermandad de las naciones de américa latina.  

 

Hace 17 años tuve la oportunidad de adquirir un pequeño lote en las montañas, donde había una casita encantadora con un par de habitaciones, una chimenea y una vista maravillosa del paisaje de la sabana de Bogotá. La consideraba como una pequeña inversión para mis años de retiro, cuando ya tuviera la oportunidad de descansar de los ajetreos cotidianos.

 

Con mi esposa María Teresa, mi hijo Manuel José y mi hija María Gabriela, nos dimos a la tarea de convertirla en un espacio íntimo, familiar y agradable donde pudiésemos disfrutar de tiempo juntos y, también, recibir visitas de familia y amigos. Trabajamos en los espacios de la casita y en sus jardines. En toda la tarea, que nunca acaba, nos ha acompañado un enorme árbol de pino que es como un viejo guardián silencioso, siempre presente.

 

En el lote alrededor del refugio sembramos arbolitos y flores. Queríamos tener frutas, así que sembramos unos arbustos de una planta propia de la región, llamada Feijoa.

 

La feijoa (Acca sellowiana) es conocida en Colombia como “guayabo del país”, y crece en zonas altas y frías de Colombia, sur de Brasil y Uruguay. Su fruto es una baya ovalada de color verde, parecida a la guayaba en su aroma y sabor.

 

Sembrado en la altitud correcta para su crecimiento, en el suelo apropiado, a la temperatura ideal y en una zona con la precipitación adecuada, el arbusto creció como se esperaba. Su tallo y hojas se fortalecieron, su forma era hermosa y simétrica, y teníamos expectativas de probar sus frutos.

 

Curiosamente, en todos estos años el arbusto creció sano y fuerte, pero no producía las feijoas que tanto esperábamos. Le cambiábamos la tierra, le aplicábamos fertilizantes, le poníamos su agua, la cuidábamos, le hablábamos… sólo nos faltó llevarle un psicólogo.

A finales de 2020, después de haber pasado parte del tiempo de aislamiento de la pandemia del Covid 19 en nuestro refugio de la montaña, decidimos que este ya no sería la finca de los paseos de los fines de semana, sino el lugar en el que queríamos pasar el resto de nuestras vidas.

A comienzos del 2021 iniciamos la construcción de algunas adecuaciones para hacer la cabaña un poco más habitable, ampliar algunos espacios, agregar algunos servicios y, cuidando de no perder su carácter íntimo y familiar, crear espacios para la contemplación, el disfrute de la independencia de los hijos ya mayores, y gozar, ahora definitivamente, de nuestro refugio.

Ya han pasado 5 años desde que nos vinimos a vivir en las montañas, y mientras disfrutamos del retiro y la vejez hemos visto a nuestros hijos convertirse en profesionales maduros, responsables y honestos que, para nuestra fortuna, tienen trabajos virtuales, viven con nosotros y entre todos nos ayudamos como comunidad a mantener un espacio lleno de diálogo profundo al calor de la chimenea, de una copa de vino y de buena comida.

 

Hace unos días sucedió un pequeño pero significativo milagro: por primera vez en 17 años, el arbusto de feijoa produjo sus primeros frutos. Nosotros ya habíamos perdido la esperanza y creíamos que habíamos sembrado la especie equivocada, pero no: aparecieron las primeras flores y, detrás de ellas, las primeras feijoas.

 

Algo se movió dentro de nosotros en ese momento: estábamos genuinamente emocionados ante un evento que no parecía muy trascendental. No sabíamos si tenía algún significado o si era notable desde el punto de vista científico. No importaba.

 

Dejamos que la primera de varias feijoas creciera lo suficiente antes de cosecharla para saborearla. Estas frutas siempre se quedan verdes, nunca cambian de color, así que no hay manera de saber si están suficientemente maduras hasta probarlas. Muchas veces pasa que se ven de buen tamaño y su sabor es ácido y difícil de masticar. A veces es cuestión de suerte.

 

Nuestra feijoa llegó a un tamaño que consideramos adecuado, y la probamos. Estaba en su punto. Tenía una dulzura casi desconcertante, maravillosa, como otras producidas por el mismo arbusto, todas en esa semana, 17 años después de sembrado. Nos pareció un enorme privilegio que un fruto producido en nuestra tierra encerrada todo ese sabor.

 

El efecto que la feijoa y su dulzura produjo en nosotros trascendió los límites de la simple percepción. Sentimos que habíamos llegado a nuestro destino, que habíamos alcanzado la expresión más sencilla y profunda de la paz, que ese era el lugar al que pertenecíamos y que nada ni nadie podría hacernos daño.

 

Esta pequeña fábula de la feijoa pareciera no tener mucho significado para muchos, pero ante los sucesos desconcertantes que están ocurriendo en el mundo, en nuestros países, en nuestra patria grande, encontrar algo de paz interior es fundamental para poder sobrellevar una realidad que está totalmente fuera de nuestro control y que muy probablemente, por mucho que nos angustiemos, se va a enredar más, o a resolver sola, sin nuestra intervención.

 

No se trata de perder la empatía por nuestros hermanos torturados en Palestina, ignorar la masacre lenta de nuestra amada Cuba a manos del tirano del norte o ser indiferentes al sufrimiento de las víctimas del terremoto de la hermana república de Venezuela. No es que no nos preocupe la situación difícil de nuestros hermanos ecuatorianos, bolivianos, argentinos o chilenos. Por el contrario, es imperativo que construyamos nuestra propia paz mental para que podamos desarrollar nuevas formas de lucha, nuevas herramientas de resistencia. Nuestra paz mental, nuestra calma, nuestra tranquilidad son necesarias para que nuestro cerebro y nuestro corazón trabajen con mayor dedicación en la creación de nuevos paradigmas basados en lo que sabemos que es correcto, lo que beneficie al conjunto de los pueblos, lo que contribuya al progreso de una nueva humanidad, una que sobrevivirá al desastre creado por los tiranos que se creen invencibles y dueños de un futuro insostenible.

 

Ante el absurdo resultado de las elecciones en Colombia, donde el candidato más improbable se impondría, ya fuera por fraude o por la ignorancia de un pueblo, yo llegué a experimentar náuseas y vértigo. No entendía cómo era posible que algo así hubiera sucedido en un país donde miles y miles llenábamos plazas durante los cuatro años de gobierno del Presidente Gustavo Petro, algo que nunca había pasado en la historia. Era inaceptable y no encontraba a quien culpar, sobre quien descargar mi frustración y mi rabia.

 

…Entonces me acordé de la feijoa.

 

Entendí que no lograría nada angustiándome, acusando al pueblo o tratando de entender donde había estado el error de la campaña progresista. Eso no era importante. Lo fundamental es construir a partir de allí, entender que el arbusto de feijoas puede esperar 17 años para dar su fruto. Tener paciencia, pero trabajar, ensayar, intentarlo una y otra vez, y probablemente construir formas, métodos, actitudes y armas nuevas para salir a luchar de nuevo, desconcertando a nuestros adversarios.                        

 

Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.

  

MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

 

 

PARA SABER MÁS   

 

·      La Feijoa: enlace

https://www.redalyc.org/jatsRepo/5600/560064435005/html/index.html?utm_source=copilot.com

 

 

TEMA MUSICAL DE LA SEMANA

 

Canción de las Simples Cosas (Isella-Tejada) Interprete: Katie James - Enlace

https://www.youtube.com/watch?v=oLr4fZVSU9E&feature=youtu.be

miércoles, 22 de julio de 2026

PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 19-7-2026

                                       PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 19-7-2026





 

 



  

ARRANCAMOS CON 

NUESTRO EDITORIAL…

 

¡¡¡NO RECOMENDADO PARA OIDOS SENSIBLES…!!!!

“PELIGRO DEL GOL”


EN EL CIERRE EDITORIAL

“Y BIEN, LA GUERRA”


EFEMÉRIDES 

JUAN JOSÉ CASTELLI 

MARIO ROBERTO SANTUCHO

 

“22 AÑOS DE COMUNICACIÓN ALTERNATIVA”

 

DIALOGAMOS CON 

CARLOS ALBERTO MASCIOCCHI –Desde Villarica Chile - Militante y Comunicador Social

“Política, Memoria y Actualidad”

“La Sexualidad No Es El Enemigo...Reflexiones a Propósito Del Caso De Rancagua”


MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

“Del Palacio a La Calle”

 

CORALYS BELLAS- Desde La Habana –Cuba- Lic. Psicología 

“La Isla Que Resiste Bajo Un Acecho Total”


VICENTE CERVANTES –Desde Murcia España – Militante Social - 

“Colombia: Paz, Plata y Plomo”


PROF. FERNANDO LIZAMA VADODesde México- Profesor – Comunicador Social

“Reporte”


LUIS ENRIQUE ORDUÑO Desde Venezuela–Militante Social

“Del Plan Cóndor a La Coalición Internacional Contra El Terrorismo De Extrema Izquierda, Anti Fascista”


LA COLUMNA DE NORMA RÍOS

-Presidenta Honoraria De APDH (Asamblea Permanente Por Los Derechos Humanos) Argentina 

“Nefasta Reforma a La Ley de Tierras”



EDUARDO GONZALEZ OLGUINEconomista- Docente Universitario-

“Continúa El Deterioro Laboral y Social”


JORGE ARIEL VASALOPeriodista

“Las Malvinas Son Argentinas”


CACHO KACHOMilitante Social

CUANDO LA MENTIRA ES LA VERDAD… 

“It's Anti-Colonialism, Stupid”


PEDRO RODRIGUEZ– Desde Rosario- Militante Social

“La Máquina De Nacionalidad”


MOVIMIENTO NACIONAL CAMPESINO INDÍGENA

MIRANDO OTRA VEZ 

“Es Inviolable La Propiedad Cuando Está En Juego El Territorio?”


BASHE NUHEM – Periodista-

“Identidad Ancestral…” Reporte de las Comunidades Originarias

“Ley De Inviolabilidad De La Propiedad Privada, Otra Puerta Abierta a La Impunidad”


APOSTANDO A LA MEMORIA, LA HISTORIA Y LA PARTICIPACIÓN, EJERCIENDO PLENAMENTE LA LIBERTAD…

AQUELLAS EMISORAS QUE QUIERAN RETRANSMITIR EN DIRECTO Y/O EN DIFERIDO NUESTRO PROGRAMA, ROGAMOS NOS LO HAGAN SABER A elclubdelapluma@gmail.com CON EL ASUNTO: “PARA RETRANSMITIR”.

LA RETRANSMISIÓN TOTAL O PARCIAL DE NUESTRO PROGRAMA ES TOTALMENTE LIBRE.

EN CASO DE RETRANSMISIÓN EN DIFERIDO, SOLICITAMOS NOS INDIQUEN MEDIO, PÁGINA, DÍAS Y HORARIOS PARA PODER ANUNCIARLOS…

ESTÁN TODOS INVITADOS A PARTICIPAR…

 

NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción

Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción

 

El Club de la Pluma


TODOS LOS DOMINGOS

DESDE LAS 10 HS.

ABRIENDO EL MICRÓFONO A LA DIVERSIDAD


PROGRAMA “EL CLUB DE LA PLUMA” EMITIDO EL DOMINGO 26 DE JULIO DEL 2026

 POR RADIO WEB “EL CLUB DE LA PLUMA”

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