https://odysee.com/@ELCLUBDELAPLUMA:6/APERTURA-EDITORIAL-PROGRAMA-EL-CLUB-DE-LA-PLUMA-23-8-2026:8
De la ignorancia como capital e ideología
política se podría llamar esta apertura. ¿Por qué? Si hacemos un poquito de
memoria y recorremos algunas publicaciones, algunas experiencias inclusive en
la narrativa de viejos militantes políticos de distintas ideologías, no estamos
hablando de una ideología o un partido político o un movimiento político
determinado, sino en general.
Hubo una época en que la formación política
no era solamente enarbolar de alguna bandera, de cantar un eslogan pegadizo, de
gritar consignas, no, no, no, iba mucho más allá.
Los viejos pueden recordar con total claridad como en los comités radicales, en
las unidades básicas peronistas, en los locales partidarios de distintas
izquierdas, tanto del Partido Comunista como del Partido Socialista, e
inclusive donde se juntaban anarquistas, no solamente se hablaba de política,
se discutía, sino que también se estudiaba política.
Había una formación intelectual entre
aquellos que estaban interesados en participar en la vida política, más allá de
ejercer algún cargo o no ejercerlo, porque era la militancia de base la que
concurría puntualmente y fundamentalmente a esos locales partidarios. Entonces
se originaba allí el cultivo de una formación ideológica letrada, si se quiere…
decimos letrada, porque acudían a textos que daban cuenta, por ejemplo, de la
historia del partido político, de las miradas que se tenían sobre las
oposiciones o los adversarios, se discutían metodologías, se discutía qué
podría pasar de alcanzar el poder, había toda una construcción ideológica y que
rompía con la ignorancia.
En las fábricas había formación política, en los comités que se armaban en las
fábricas, donde un delegado o una delegada impartía no solamente consignas,
sino se desarrollaba el conocimiento.
Había un empoderamiento del conocimiento,
que no era solamente el desempeño laboral, sino también intelectual,
ideológico.
Bueno, todo eso lamentablemente se fue
perdiendo con el tiempo.
Recordemos cómo actuaban las distintas dictaduras, no solamente aquí en la
Argentina, en todo el continente, para llevar adelante la destrucción, la
eliminación de todo aquello que pudiese dar la posibilidad de adquirir un
conocimiento y una amplitud en la mirada y en el pensamiento.
Recordemos la quema de los libros, las
canciones prohibidas, los textos prohibidos, la persecución a intelectuales, no
solamente, como cuando fue, ¿se acuerdan?, La
Noche De Los Bastones Largos con los científicos, no solamente a
profesionales, a científicos, a músicos, a poetas, cantantes populares,
conformaban la mal llamada, o la terroríficamente llamada, listas negras… Me
salió “mal llamada” porque no era una lista, sino más bien era el compendio del
odio que profesaban estos tipos, estos miserables, que no aceptaban ni la
diversidad, ni la discusión, ni la contraposición, ni la construcción de otras
ideas superadoras, etc.
Para ellos, el conocimiento era el enemigo de estos cosos, de estos miserables.
Y así de a poco, de a poco, como si se
hubiese escrito un libreto para lograr un objetivo, la ignorancia fue copando
los espacios, fue desplazando lo intelectual que podría darse en las
discusiones políticas, no solamente quienes ejercieron y desparramaron con
sangre las dictaduras cívico-religiosos-militar en nuestros territorios, sino
también, por supuesto, como de costumbre, con la colaboración inestimable y
bien cara de los monopolios de desinformación.
Hubo épocas en que se leían editoriales en
los periódicos, en los diarios, donde uno podía tomar dimensión, de acuerdo a
esos escritos, de miradas políticas.
Se recurría a la intelectualidad ahí. Bueno, eso dejó de ocurrir.
Desaparecieron los editorialistas, o al menos no con esa calidad en la pluma,
en la escritura.
Más allá de estar equivocados o no, más allá de acordar nosotros, ustedes, con
lo que alguien podía expresar en esas páginas. Pero había un desarrollo
intelectual.
No aplicaba la ignorancia en aquellos
tiempos.
Pero bueno, después fue copando los espacios la ignorancia.
Fue una de las herramientas o de las armas
necesarias de las distintas dictaduras para someter a los pueblos, la ignorancia. Pero esa arma o
esa herramienta después fue apropiada por aquellos que han ejercido el poder
desde distintos lugares.
Fue así que la ignorancia, con el disfraz inclusive de excelencias académicas y
excelencias en la educación, se fue precarizando el conocimiento, pero se fue
precarizando mal.
Y no solamente porque ya no había
discusiones en los comités radicales que iban desapareciendo, o en las unidades
básicas que se iban cerrando, o en los locales de las distintas izquierdas que
también desaparecían.
La ignorancia fue copando espacios hasta en
la formación educativa, desde las primeras edades de educación, desde los
primeros tiempos en la formación de las niñeces.
Y esa ignorancia se fue trasladando con el tiempo a los distintos niveles y se
ha logrado que una importante porción de la sociedad apoyara y apostase por la
ignorancia. Por eso, con el tiempo, no aparecen, son casi ya como dicen los que
saben, rara avis, excepciones, políticos o políticas con formación profunda.
Y entonces, hace su desparramo y destello
los representantes de la ignorancia que salen de un programa de chisme, o de un
programa cómico, o de cualquier lugar donde no se desarrolla la
inteligencia.
La ignorancia hoy es la herramienta, el capital y la ideología política en
boga. Y tal parece que una porción de la sociedad acepta esto como si nada, lo
acepta livianamente.
Y hay militantes, que podríamos llamar de
nuestro lado, del abismo, que tampoco se dan cuenta en esa ausencia de
formación que rompa con la ignorancia.
Hay algunos dirigentes que vienen bregando hace tiempo para que se retome la
discusión política y se forme a la militancia de manera mucho más profunda en
lo intelectual. Pero hay algunos otros y algunas otras que todavía, a pesar de
estar de nuestro lado, le siguen apostando a la ignorancia porque, como decían
los viejos, no hay que avivar giles… cuando les redituaría una mayor
efectividad en el desarrollo de la política.
Pero bueno, son posiciones, también deben
ser víctimas o consecuencias de la instalación en el casi ADN nacional, la
ignorancia, cuando antes era otra cosa, era muy diferente.
Tal vez tengamos que salir a romper moldes, tal vez tengamos que salir a romper
con esa anomia total y absoluta donde no se desarrolla el intelecto y donde se
privilegia la ignorancia.
Y debemos hacer algo, y ese algo es
urgente.
Es urgente para recuperar la discusión
política en las calles, en los espacios públicos, en las escuelas, aunque no
les guste a los miserables, porque sí se adoctrina.
Más vale que se adoctrina en las escuelas, en las universidades.
Se adoctrina porque se abre el
conocimiento.
El conocimiento debe ser la doctrina,
fundamentalmente.
Y parte de esa discusión es la que nos debemos, ahora y de manera urgente, de
instalar todo esto.
Para recuperar, inclusive, aquellos debates
maravillosos que se daban en las dos cámaras del Congreso de la Nación, cuando
quienes discutían y sostenían posiciones para defender, por ejemplo, el
proyecto de una ley a lograr aprobar, tenían bases sólidas, intelectuales.
Sabían de qué estaban hablando.
No como hoy, que personas de distintos espacios de la sociedad, sin ningún tipo
de formación, hacen gala de su ignorancia y persisten en ella.
No como otras personas que sí hacen los
esfuerzos necesarios para alcanzar el conocimiento y demostrar que, desde las
bases, siempre ignoradas y desplazadas, pueden desarrollar su intelectualidad.
Pero otras no, y dan vergüenza.
Pero los aplauden, los aplauden. No solamente los aplauden, sino que los
aprueban y los siguen apoyando.
Por eso, lamentablemente, hoy tenemos a esa
herramienta o arma tan peligrosa como capital fundamental de la política, que es
la ignorancia.
Ojalá podamos revertir esto para que no solamente las conciencias se
despierten, sino que demos lugar a la formación de camadas nuevas de políticos
y políticas formadas intelectualmente.
No solamente desde el fervor militante,
sino desde el pensamiento, la utilización de nuestras neuronas, que es lo que
nos han impedido desde hace bastante.
Y por eso hemos llegado a esta situación de
desastre total, de destrucción total de nuestro país, de nuestro futuro, donde
casi ya ni se conoce nuestra historia y donde ni siquiera tenemos la
posibilidad de pensar en un futuro.
Hay que dar vuelta todo eso para tener la ilusión basada en el conocimiento más
allá de la ideología.
Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides a
otra emisión más de El Club de la Pluma por nuestra radio web y la red de
radios compañeras y amigas que retransmiten en directo en diferido a quienes
agradecemos a la distancia con un abrazo enorme la posibilidad de poner las
voces de La Patria Grande y fuera de ella en otras regiones.
Les damos los muy buenos días a la
profesora Gabriela Fernández.
Buenos días, Norberto, buenos días a toda
la audiencia de El Club de la Pluma y estamos acá en esta mesa escuchando cosas
tristes que me dan ganas de seguir cavando, digo, ¿no? Porque dice que hay gente
que toca fondo y sigue cavando, pero no lo hago con la intención de hundir el
ánimo, sino que lo hago con la intención de comprender lo que sucede.
Usted sabe que cuando usted hablaba de la
ignorancia, a mí se me venía a la mente una cosa un poquito peor, que es esta
desinhibición, porque había un momento allá en las décadas que usted mencionaba
que a los militantes políticos nos tocaba luchar con el “no te metas”
y le decíamos a la gente que sí, que había que meterse, porque nadie se salvaba
solo, que la solidaridad era una herramienta necesaria para construir lazo
social, para hacer un tejido que nos contuviera, que los individuos sin esos
vínculos sociales no tenían siquiera razón de ser.
Y hoy no sé si estamos luchando contra la
apatía.
A mí me parece que hay una suerte de desinhibición de algo obsceno, diría yo,
que es como destapar el frasco de todas las pulsiones posibles del ser humano
sin ponerle coto a nada.
Porque nosotros sabemos que los seres
humanos estamos construidos internamente por fuerzas contradictorias y que al
momento de actuar o al momento de hablar vamos eligiendo a cuál de esas
pulsiones vamos a responder. Si a la pulsión de matar o a la pulsión de
alejarnos, si a la pulsión de ayudar o a la pulsión de hacernos los distraídos,
o sea, de alguna manera vamos eligiendo que de todo ese caldo de cultivo que es
un ser humano vamos a poner en acto, porque potencialmente cada uno de nosotros
podría salir para cualquier lado.
Y a mí me parece que se destapo esa, esa en la que, sin vergüenza alguna, es
decir, desinhibidamente, desvergonzadamente, mostramos lo primero que nos sale
y que en estos contextos no puede ser algo naturalmente bueno, porque nos
bombardea, nos bombardea todo el tiempo, nos invade el odio, la violencia, la
irracionalidad, la locura.
¿Y entonces qué puede salir de ahí? ¿Qué es
lo que eso puede convocar de nosotros si no somos capaces de ponerle un filtro?
Pero claro, si uno se despierta a la mañana
y dice, pero salgamos a romper todo, porque antes de levantarte de la cama ya
prendiste el teléfono y ya hay alguien vomitando incoherencias, odios.
¿Y qué es lo que dejas que te siembren? ¿Y
qué es lo que vas a cosechar de eso?
Si no somos capaces de ponerle filtro, de
agarrar el manubrio, de agarrar el volante de nuestra humanidad, empoderarnos,
volvernos dignos conductores de nuestra vida y de nuestra esencia y elegir
filtrar qué vamos a dejar entrar en nuestra humanidad para después proveerle a
este mundo qué cosa.
Entonces no da que yo diga, soy espontáneo y digo todas las puteadas que se me
ocurran en las redes. ¿Eso es ser espontáneo? No. Eso es reproducir el
ruido.
Eso es seguir contribuyendo al río revuelto del que siempre los pescadores son
los otros.
Entonces tenemos que ser capaces de tomar
las riendas de nuestra calidad racional, ética y ponernos a hacer un mundo
chiquito, resistente, paralelo, no sé, pero por lo menos nuestro, por lo menos
de la naturaleza humana que hemos sabido conseguir.
No es cierto que está obsoleto el pasado.
No es cierto que no podemos aprender nada de estudiar la historia.
No hay manera de abordar impensadamente la
realidad como si fuera pura fenomenología. No, no.
Acá hay responsables, hay hacedores del caos y nosotros podríamos intentar con
responsabilidad, con fuerza y con inteligencia ser creadores de cosmos, ser
creadores de una suerte de sistema ecológico que haga que los seres humanos
volvamos a tener ganas de vivir y de mirarnos los unos a los otros en algo
hermoso y no en este vómito cotidiano de odio y de miedo.
Escuchándote, no pude evitar recordar a
quien durante un tiempo largo formó parte de esta trinchera desempeñando sus
columnas en relación al tema de la educación, me estoy refiriendo al profesor Carlos Hurtado,
cuando él analizaba y nos contaba cómo la formación educativa se fue
precarizando cada vez más, siguiendo los lineamientos de instituciones
supuestamente académicas a nivel internacional, que iban haciendo bajar el
nivel de la formación y de las exigencias educativas, que fueron colaborando
para lograr el nivel de ignorancia que hoy estamos padeciendo.
Y creo que nos debemos no solamente
debates, sino nos debemos la exigencia a nuestras dirigencias para recuperar
algo de todo esto que se ha ido perdiendo y que lo intelectual, lo educativo,
lo formativo comience a ser el primer punto en la agenda, porque de alguna
forma tenemos que romper, tenemos que destruir esta asquerosa obscenidad de la
ignorancia.
Ojalá que así sea.
Bienvenidas, bienvenidos a El Club de la Pluma.
NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción
Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción
NUESTRA RADIO WEB
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