LA TRAMPA DE TUCÍDIDES
Hoy
nos metemos en un problema que usualmente no es pensado o trabajado lo
suficiente por los sectores organizados, los más concientes, de la clase
trabajadora. Lo hacemos porque pretendemos continuar, aunque no sea nítido en
nuestros trabajos por separado, con el problema de la llamada subjetividad o
condiciones subjetivas para abordar, planificar y organizar una transformación de las actuales
condiciones de trabajo y de vida que nos impone el enemigo. Y dirijimos
nuestras palabras, en primer lugar, a los compañeros trabajadores. Tomamos,
desde luego, desarrollos de otros compañeros y los vinculamos a observaciones
propias. El problema que vamos apenas a nombrar es el del posible
desencadenamiento de una guerra mundial.
Los
analistas geopolíticos e historiadores apuntan a una acumulación de factores
estructurales que hoy recuerdan fuertemente a los periodos previos a 1914 y
1939. Los elementos más relevantes que configuran este escenario actual son:
1.
El colapso del orden multilateral y la "Trampa de Tucídides"
El
sistema internacional diseñado tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría
(ONU, tratados de no proliferación) está prácticamente inoperante. Estamos en
una transición hacia un mundo multipolar donde una potencia emergente (China)
desafía la hegemonía de una potencia establecida (Estados Unidos).
Históricamente, este choque de fuerzas suele resolver la transición mediante un
conflicto abierto.
2.
Bloques de alianzas rígidos y polvorines regionales
Al
igual que antes de la Primera Guerra Mundial, el mundo se ha fragmentado en
alineaciones cada vez más firmes y hostiles:
· El
bloque occidental: EE. UU., la
OTAN, Japón, Corea del Sur y Australia.
· El
eje euroasiático: La creciente
cooperación militar y económica entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte.
Cualquier
chispa en los frentes de fricción actuales —la guerra en Ucrania, la soberanía
de Taiwán y el Mar de la China Meridional, o la escalada crónica en el Medio
Oriente— tiene el potencial de arrastrar automáticamente a los aliados de cada
bando a una confrontación directa.
3.
La carrera tecnológica y armamentista sin control
La
disuasión nuclear tradicional se está desestabilizando por la aparición de
nuevas tecnologías estratégicas que reducen los tiempos de respuesta y aumentan
la tentación de un "primer ataque":
· Misiles
hipersónicos: Capaces de evadir
los sistemas de defensa actuales.
· Inteligencia
Artificial aplicada al combate:
Automatización de decisiones tácticas que podría escapar al control humano en
momentos de crisis.
· Guerra
cibernética y espacial: Capacidad de
cegar satélites de comunicación o destruir infraestructuras críticas (redes
eléctricas, sistemas financieros) en minutos, forzando respuestas militares
inmediatas.
4.
Nacionalismo, crisis de recursos y desglobalización
La
globalización económica, que antes funcionaba como un freno al conflicto
(porque la guerra arruinaba los negocios de todos), está en retroceso. El auge
de nacionalismos agresivos, la lucha por el control de recursos clave (como los
semiconductores avanzadísimos o las tierras raras) y el cambio climático están
empujando a las potencias a buscar la autosuficiencia y la seguridad
territorial por encima de la cooperación.
La
"Trampa de Tucídides": veamos
de manera suscinta esta noción.
El
concepto fue acuñado por el politólogo estadounidense Graham Allison y se basa
en los escritos del historiador griego Tucídides sobre la Guerra del
Peloponeso. Tucídides concluyó que lo que hizo inevitable la
guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto infundió en
Esparta (que era entonces la potencia establecida).
En
la geopolítica moderna, la "Trampa de Tucídides" describe la grave
tensión estructural que se produce cuando una potencia emergente
(como China hoy) amenaza con desplazar a una potencia hegemónica
(como Estados Unidos). Allison analizó 16 casos históricos en los últimos 500 años: en 12 de ellos, la
situación terminó en una guerra abierta.Como nos encargaremos de trabajar en
futura columna, los problemas de comparación o cotejo de hechos históricos
distintos, en muchas ocasiones dejan de valorar el contexto y, sobre todo, la
ESCALA en que se da cada conflicto, pero por ahora sólo importa una mirada de
sobrevuelo sobre la cuestión.
El
eje China-Rusia-Irán: ¿Por qué se alían? ¿Lo hacen bajo las mismas condiciones
en que se une occidente?
Esta
alineación (a la que a menudo se suma Corea del Norte) no es una alianza
ideológica formal como la OTAN, sino una alianza pragmática y estratégica
nacida de una necesidad mutua.
Sus
intereses comunes e interconectados se estructuran en tres pilares principales:
1.
Antagonismo hacia Occidente y revisión del orden mundial
El
interés superior que une a Pekín, Moscú y Teherán es debilitar la
hegemonía global de Estados Unidos y erosionar el orden internacional
basado en reglas occidentales. Los tres países perciben que el sistema actual
(financiero, institucional y militar) está diseñado para contenerlos,
sancionarlos o forzar cambios en sus regímenes políticos. Buscan un mundo
multipolar donde cada uno tenga su propia "esfera de influencia"
regional sin interferencias.
2.
Complementariedad económica y evasión de sanciones
Las
sanciones económicas de Occidente han empujado a estos países a crear un
ecosistema financiero paralelo:
· Energía
por tecnología y mercado: Rusia e Irán
son gigantes energéticos aislados de los mercados occidentales. China es el
mayor consumidor de energía del mundo. Rusia e Irán proveen petróleo y gas
baratos a China, mientras que Pekín les suministra tecnología, microchips, maquinaria
y sustento financiero.
· Desdolarización:
Cooperan activamente para comerciar en sus propias monedas (yuanes, rublos,
riales) y utilizan sistemas de pago alternativos al SWIFT occidental para
inmunizarse contra futuras sanciones.
3.
Cooperación militar y triangulación estratégica
Aunque
evitan un tratado de defensa mutua que los obligue a ir a la guerra por el
otro, su colaboración militar es profunda:
· Intercambio
tecnológico: Irán ha suministrado
miles de drones de ataque (como los Shahed) a Rusia para su uso en Ucrania. A
cambio, Rusia facilita tecnología militar avanzada (como cazas Su-35 y sistemas
de defensa aérea) a Teherán.
· Apoyo
diplomático y estratégico: China y Rusia
utilizan su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para blindar a
Irán de sanciones internacionales. Además, realizan ejercicios navales
conjuntos periódicos (por ejemplo, en el Golfo de Omán), enviando una señal
clara de disuasión a Washington y sus aliados.
En
resumen, los une el principio de que "el enemigo de mi enemigo
es mi amigo". Saben que, si actúan por separado, Occidente puede
concentrar su presión sobre uno de ellos; si actúan en bloque, fragmentan la
atención y los recursos de las potencias occidentales.
Para terminar: hay todo el mundo sabe que una 3° gm seríá también la última. El uso del término "última" responde a la paradoja de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Un conflicto directo entre estas potencias involucraría arsenales nucleares que, según las proyecciones científicas de un "invierno nuclear", destruirían la civilización global tal como la conocemos.
Desde Rosario- Militante Social

