FUERA DEL PODER TODO ES ILUSIÓN
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En la columna anterior hablamos del poder
refiriendo una entrevista a Foucault. En ella termina diciendo que "El bien no existe en un cielo
intemporal, con personas que sean como los astrólogos del bien y puedan decir cuál
es la coyuntura favorable de los astros. El bien se define, se practica, se
inventa. Pero es un trabajo, es un trabajo no sólo de muchos, [sino] un trabajo
colectivo." Foucault sabía dar con las palabras necesarias, sin lugar a
dudas. Hoy intentaremos explicitar el problema del poder desde una perspectiva
clásicamente marxista.
Para el marxismo, el dominio no se sostiene
solamente por la coerción económica, sino también por la hegemonía: el consenso
cultural, ideológico, simbólico. En Argentina están en juego varias dimensiones
clave:
· Narrativa
del “ajuste necesario”: La
constante apelación a la “normalización”, “orden económico”, “equilibrio
fiscal” sirve para legitimar políticas de austeridad. Esa narrativa busca
naturalizar el sacrificio popular como un mal inevitable para “salvar” al país.
· Desmoralización
de las viejas identidades políticas: El declive del tradicional peronismo, la crisis de
representatividad, la fragmentación del “campo nacional-popular” puede abrir un
vacío ideológico, que puede ser aprovechado por discursos de derechas o
liberales.
· Un
nuevo reordenamiento de alianzas políticas y sociales: El triunfo electoral de partidos “nuevos” no
implica una transformación de las
estructuras de poder. Más bien, puede representar una reorganización de élites,
en un contexto de crisis, sin alterar la lógica de acumulación ni la
subordinación internacional.
De ese modo, la lucha real — desde una
perspectiva marxista — no es meramente electoral o institucional, sino también
cultural, de clases: redefinir la conciencia de clase, la solidaridad obrera,
la organización colectiva, la resistencia popular.
La
lucha política no es la lucha electoral. La lucha política es la que se
sostiene en cada
conflicto donde el objetivo es la derrota del plan del gobierno
Contexto reciente: coyuntura política y
económica
· En las elecciones legislativas de octubre de 2025,
el gobierno de Javier Milei — a través de su coalición La Libertad Avanza (LLA)
— obtuvo un triunfo contundente: más del 40 % de los votos según los conteos,
asegurando un número importante de escaños en la Cámara de Diputados y el
Senado.
· Esa victoria amplía su capacidad para aprobar
reformas de fondo, incluidas políticas de liberalización del mercado, ajuste
fiscal y cambios en el mercado laboral.
· Una inflación que sigue siendo muy alta, lo que
anticipa tensiones estructurales.
· A su vez, aunque la inflación parece haber bajado
algo respecto de los extremos más críticos, los precios siguen siendo muy
elevados, erosionando el poder adquisitivo y afectando especialmente a las
capas populares y asalariadas.
Desde la
perspectiva marxista, la realidad argentina actual puede entenderse como la
cristalización de varias contradicciones propias del capitalismo periférico o
dependiente:
· Dependencia
externa y deuda. Las elecciones
recientes y el giro hacia políticas promercado, en medio de ayuda financiera
extranjera, muestran cómo el Estado argentino continúa subordinado a los flujos
de capital internacional. Esto reproduce la lógica del “centro y la periferia”:
las decisiones de política económica terminan condicionadas por instituciones y
actores foráneos, reduciendo la soberanía económica.
· Precariedad
del proletariado y desposesión social. La inflación, el ajuste fiscal, la devaluación y
las reformas laborales degradan el salario real, precarizan condiciones de
trabajo, y desarticular conquistas sociales. Estas dinámicas debilitan las
bases materiales del proletariado, mientras aumentan las desigualdades.
· Crisis
del Estado burgués-nacional. El
Estado, tradicional mediador de ciertas tensiones sociales (redistribución,
pensiones, servicios públicos), se ve convulsionado: recortes presupuestarios,
subejecución del gasto público, y restricciones al financiamiento estatal. Así,
su capacidad de amortiguar los efectos negativos del capitalismo queda
comprometida.
· Polarización
electoral como efecto de deslegitimación de los partidos tradicionales. El auge de opciones “anti-sistema” muestra una
pérdida de legitimidad de las estructuras políticas tradicionales (partidos
históricos, alianzas tradicionales). Pero este viraje no implica necesariamente
una redistribución real del poder, sino un cambio de élite. La lucha de clases
no se suspende — solo se transforma.
Desde esta lectura, la “estabilidad” que algunos
sectores proclaman — recupero de crecimiento, moderación temporal de la
inflación, etc. — es en realidad una estabilidad inestable: una
tregua coyuntural que no resuelve las contradicciones estructurales profundas.
La
Argentina contemporánea —en su coyuntura reciente— evidencia con claridad las
contradicciones estructurales del capitalismo dependiente: crisis económica
recurrente, endeudamiento externo, ajuste, precariedad social, recomposición de
élites. La clave no está en esperar redenciones políticas, sino en articular
una fuerza social organizada que confronte las bases materiales del poder
capitalista: propiedad de los medios de producción, subordinación al capital
internacional, lógica de plusvalía, explotación laboral. La emancipación
popular exige no solo reformas, sino transformación estructural.
Así, compañeros, la tarea no es solamente entender
la realidad actual. Es prepararse para transformarla.
Desde Rosario- Militante Social


