El 24 de marzo de 1976, se concretó lo que la
alianza entre la clase dominante de la Argentina y los capitales foráneos,
decidieron: asestar un golpe mortal a la posibilidad de que en nuestro país se
construya un modelo de desarrollo industrial con justicia social y con
independencia económica del extranjero. Para ello desataron un brutal genocidio
asesinando y haciendo desaparecer a miles de militantes populares (dirigentes
gremiales, obreros, políticos, intelectuales, artistas, periodistas,
estudiantes secundarios y universitarios, etc). Lograron con ello allanar el
camino para el saqueo de toda la economía argentina y reprimarizarla o sea
profundizar el modelo agrominero-exportador; una nueva expresión de la vieja
“distribución internacional del trabajo”
Terrorismo de Estado. Desaparición forzada de
personas. Robo de bebés. Tortura. Persecución política y encarcelamiento.
Exilio. Fusilamiento de personas. Imposición de un modelo económico de mayor
explotación y desigualdad y exclusión. Vacío generacional. Apoyo mediático,
eclesiástico, empresarial y civil.
Nada de todo esto hubiese podido suceder sin
el consentimiento, complicidad y connivencia de diferentes sectores de nuestra
sociedad.
Cuando
indicamos que fue un golpe cívico-eclesiástico-militar, lo hacemos conscientes
de la implicancia de mucho más que uniformados. Los otros uniformados, de
civiles, con togas, con sotanas, con crucifijos, con balanzas, con pizarrones…
Bien vale
rescatar del trabajo realizado por Cecilio Manuel Salguero, titulado “EL PLAN
CONDOR - ORIGEN, DESARROLLO Y CONSECUENCIAS (1973/1983)”, bajo el subtítulo
“Las Complicidades Civiles”, lo siguiente:
“…Por último,
la falacia de la teoría de los dos demonios encuentra una de sus desmentidas
más firmes en la evidencia del protagonismo civil en el golpe de Estado y su
implementación del terrorismo de Estado, son sectores de poder los que
instrumentan a las FFAA para conseguir sus objetivos. La política económica de
hambreamiento y endeudamiento masivos, es inseparable de la política de
exterminio de insurgentes y opositores.
Hay muchos ejemplos flagrantes, por ejemplo, la
directa complicidad de miembros de la jerarquía eclesiástica católica en la
represión ilegal; la denuncia realizada hace ya diez años por la periodista
alemana Gaby Weber sobre la complicidad de la patronal y sectores de la
burocracia sindical de SMATA en el secuestro, tortura y en algunos casos
“desaparición” de los miembros de la comisión interna de Mercedes Benz en
1976…”
La deuda que, al menos en Argentina, la
sociedad toda en su conjunto tenemos para con todos los desaparecidos, todos
los torturados, secuestrados, asesinados, aún no comienza a saldarse. La
responsabilidad recae sobre todos, porque, desaparecieron treinta mil, pero
quienes estuvieron detrás de las ventanas “observando” cómo eran secuestrados,
asesinados, y callaron, no denunciaron, no salieron ni ayer ni hoy a testimoniar,
fueron millones… Esa deuda aún está sin saldar…
¿Cómo es posible reconstruir la memoria e
identidad si no sabemos reconocer aquello que nos marca, nos atraviesa, por más
que hayamos visto a la distancia lo que ocurría?...
Un cartel expresaba:
“…No Le Temo A La Represión Del Estado, Le
Temo Al Silencio De Mi Pueblo…”
Después del 24 de marzo de 1976, los silencios
continúan resonando en la memoria que se intenta recuperar en cada marcha, en
cada juicio, en cada condena.
Son los
silencios que ensordecieron a los que padecían las torturas, los silencios que
ahogaban cuando les robaban los hijos a las compañeras que parían entre la
inmundicia uniformada; son los silencios que se gritaban cuando caían hacia las
aguas, los que eran bendecidos por portadores de biblias y cruces mortajas…
Una de las consignas expresa: “Ni Perdón, ni
Olvido”, y podemos rescatar de ella el tema del olvido. Imperioso no olvidar,
fundamentalmente cuando somos, de una forma u otra, actores, partícipes en la
construcción de esta historia reciente.
Según algunas versiones e interpretaciones, se
conoce como Plan Cóndor al plan de coordinación de operaciones entre las
cúpulas de los regímenes dictatoriales de Suramérica —Chile, Argentina, Brasil,
Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador — y los
servicios de inteligencia de EE.UU. (CIA), llevado a cabo en las décadas de
1970 y 1980.
Según archivos
desclasificados obrantes en EE.UU., dicho Plan, fue ideado, pergeñado desde ese
imperio para frenar y aplastar los movimientos y transformaciones que tendían
hacia la izquierda, política y social, en Nuestra Región. Se desnaturaliza con
ello la posibilidad que las cúpulas dictatoriales hubiesen “ideado” algo.
Fueron los títeres uniformados que obedecían a rajatabla las imposiciones del
norte.
“…La
macabra época de los generalatos, se extendió por todos lados: primero en
Paraguay (1954); luego en Brasil (1964); y, posteriormente, en otras naciones
del Cono Sur como Perú (1968), Uruguay (1972), Chile (1973), Argentina (1976) y
Bolivia. La modalidad de las juntas militares golpistas no fue la única forma
que asumió la represión institucionalizada. Hubo casos de gobiernos
aparentemente democráticos, pero contagiados de un descarado patrocinio
militar, tal como ocurrió en Uruguay, Guatemala, El Salvador y Honduras, que se
destacaron por su extrema crueldad represiva…” 1)
“…En
2007, la profesora estadounidense Patrice McSherry, de la Long Island
University, mediante un documento secreto de la CIA, fechado en junio de 1976,
confirma el secuestro y tortura de refugiados chilenos y uruguayos en Buenos
Aires. Según ella, dichos planes emanaron en los años sesenta en la Escuela de
las Américas y las Conferencias de Ejércitos Americanos, mediante las cuales
Estados Unidos enseñó a los oficiales instruidos en ellas, acciones
"preventivas" (torturas) en la región. Un documento desclasificado de
la CIA con fecha 23 de junio de 1976, explica que ya "a principios de
1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia
se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de
blancos subversivos". .5…” 2)
Desde el inicio del Siglo XX hasta el
presente, se registraron cerca de doscientos cincuenta golpes de estado en
nuestro territorio, desde México hasta el Sur. El gran patio trasero del
imperio, necesario por sus riquezas en bienes y recursos naturales, era
sacudido por la implementación y articulación de métodos y organizaciones
clandestinas, amparadas por las cúpulas ya sean dictatoriales o pseudo
democráticas; ejemplo argentino: La triple A. Organizaciones como ésta fueron
las antecesoras de lo que luego fue la implementación del exterminio
sistemático de movimientos, militantes…
No obstante,
todo ello no hubiese podido realizarse sin la complicidad y responsabilidad de
diversos sectores de nuestras sociedades.
Aceptar lo que
a cada uno nos compete, es parte importante en la construcción de nuestra
identidad como pueblo. Los desaparecidos nos faltan a todos; los asesinados a
todos nos reclaman por juicio y castigo, ni perdón ni olvido…
Que así sea…
Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides a
otra emisión más de El Club de la Pluma, nuestra trinchera comunicacional de
integración y resistencia que transmitimos por nuestra radio y se retransmite
por nuestras radios, compañeras y amigas que lo hacen en directo, en diferido,
a quienes agradecemos a la distancia con un abrazo enorme por la posibilidad de
poner las voces de la patria grande y fuera de ella en otras regiones. Le damos
los muy buenos días a la profesora Gabriela Fernández. ¿Cómo le va?
Buenos días Norberto, buenos días a toda la
audiencia del Club de la Pluma, y aquí estamos en este marzo.
Los marzos son para los argentinos una
fecha en la que renovamos y debemos prevalecer en ello el pacto social del
nunca más. A 50 años del golpe, más que nunca, nunca más. Y tendríamos que
completar esta frase ¿no? ¿Nunca más qué? Porque a mí me gustaría agregarle
cosas.
Digo, nunca más un plan genocida de
exterminio, nunca más al terrorismo de Estado, nunca más a la normalización de
la desaparición, tortura y muerte de los nuestros. Pero también tendríamos que
aprender a decirle nunca más al hambre injusta a la que nos someten los
neoliberales. También tendríamos que decirle nunca más a las bicicletas
financieras, y a tantas otras recetas de ajuste que dejan al pueblo despojado
de las posibilidades de vivir una vida buena, de las posibilidades de siquiera
sobrevivir dignamente.
Deberíamos decirle nunca más a quienes
dejan sin financiamiento a la salud, a los discapacitados, a los jubilados, a
los que dejan sin financiamiento a la educación, a los que dejan sin
financiamiento a la ciencia. Y fundamentalmente, a los que dejan sin
financiamiento a la memoria. Digo esto porque tal parece que hay que torturar y
desaparecer para que nos digan nunca más.
Pero como ya dije en otra ocasión, los
30.000 se las juzgaron para que no pasara esto que hoy sucede en democracia, en
electoralismo. En estas formas de vaciamiento de la capacidad de razonar, la
capacidad de pensar, la capacidad de recordar, la capacidad de participar para
decir que no queremos esto. Entonces me pregunto, ¿no queremos esto? Porque lo
hemos votado un par de veces.
Y a eso es a lo que me gustaría que este
marzo nos convocáramos a decirle nunca más. Es una nueva forma de implementar
el genocidio de Estado. Tal vez no con armas del todo, porque recordemos que
las represiones son una situación casi permanente en este Estado dictatorial
que yo suelo llamar dictocracia, una dictadura disfrazada de democracia.
El genocidio no solamente se lleva adelante
por el Estado, no solamente con las armas, con el uso de las fuerzas, sino que
se hace a través de todo esto que viene detallando Gabriela. Nunca más a todas
estas formas de exterminio sistemático de personas. Porque el no proveer medicamentos
a jubilados, a enfermos oncológicos, etc., no proveer alimentos a los comedores
y hacer padecer hambre, son formas de exterminio, son formas de tortura
inclusive.
Es una forma de genocidio. Y si bien se
dijo nunca más, bueno, aparentemente ese nunca más todavía no ha hecho carne en
la sociedad argentina. Sí, claro, si comparamos con otras naciones hermanas que
han padecido también dictaduras dentro del plan Cóndor, tal vez, no sé si están
peor que nosotros, pero sepan de qué estamos hablando.
Pero la Argentina puntualmente, ahora que
estamos conmemorando los 50 años del golpe cívico, religioso, comunicacional,
judicial, militar, es muy fuerte. Es muy fuerte si haces la lectura de todo lo
que nos ha venido ocurriendo y lo que nos ocurre en la actualidad. Entonces nos
debemos preguntar, ¿realmente dijimos nunca más y lo hemos llevado a cabo, esa
frase como un simple eslogan o como realmente una consigna a cumplir? ¿Lo hemos
hecho? Tengo dudas muy grandes con respecto a esto.
Gabriela lo dijo, ¿sí? ¿Dijimos nunca más?
¿Lo pusimos en práctica? Tendríamos que revisar eso, ¿no? Y yo hablé, o lo dije
en alguna editorial pasado, con conmemorar cada 24 de marzo, más allá de las
multitudinarias marchas que cada vez son más grandes, son impresionantes, más allá
de eso, ¿qué hacemos con esa parte de la historia que nos marcó a sangre y
fuego en contraposición con todo este desastre que se ha votado y que se ha
elegido y se ha elegido para destruir una parte del pueblo argentino, odiando a
una parte del pueblo argentino, porque no es inocente todo lo que ha venido
ocurriendo, no es inocente haber puesto el voto a un engendro degenerado cuando
decía que venía a destruir el Estado desde adentro, no es inocente. Hay
complicidad de parte del pueblo argentino en este desastre, así como hubo
complicidad hace 50 años con el golpe, con el genocidio llevado adelante por
esa dictadura. No es inocente, vuelvo a decir, o a preguntar.
Aprendimos y nos hicimos eco en acciones
para poner en práctica el nunca más de nosotros depende. Bienvenidas,
bienvenidos, bienvenidos a El Club de la Pluma.
NORBERTO GANCI
–Dirección/Producción/Conducción
Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción
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1)http://alainet.org/active/38024&lang=es
2) https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_C%C3%B3ndor
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