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domingo, 27 de septiembre de 2026

IRÁN: DE AGRESIÓN MILITAR A IMPONER CONDICIONES. ¿UN MEGAESTADO SIONISTA EN ASIA OCCIDENTAL? - PROF. VIVIANA ONOFRI – Desde Islas Canarias

 

IRÁN:  DE AGRESIÓN MILITAR A IMPONER CONDICIONES. ¿UN MEGAESTADO SIONISTA EN ASIA OCCIDENTAL?

 

 


 

          Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida.

          A finales de febrero de 2026, Donald Trump, otro títere más del Estado Profundo, lanzó lo que describió altaneramente como una “pequeña excursión” contra Irán, una agresión militar a gran escala que, según predijo, concluiría con el derrocamiento de la República Islámica de Irán en un plazo de cuatro semanas. Siete meses después, la realidad está a la vista de todo el mundo. La guerra  no provocada e ilegal contra Irán se ha convertido en un atolladero para la maquinaria bélica estadounidense, que ha gastado decenas de miles de millones de dólares, agotado las reservas militares estadounidenses, desestabilizado los mercados energéticos mundiales y, lo más importante, no ha logrado ninguno de los objetivos declarados. Lo que ha surgido, en cambio, es un escenario estratégico en el que Irán, objetivo de la agresión militar, las sanciones y el bloqueo estadounidenses, es ahora quien dicta las condiciones para poner fin a la guerra.

El régimen de los Estados Unidos en connivencia con sus aliados árabes y europeos busca reanudar una agresión militar a gran escala contra Irán. Como se advirtió desde el cuartel general operativo de las Fuerzas Armadas de Irán, cualquier error o acción hostil desencadenará una contundente respuesta y que todas las bases, posiciones militares e intereses estadounidenses en la región serán objetivo de ataques continuos, efectivos y dolorosos, sin ninguna restricción ni consideración. Esto ocurrió después de las siete condiciones comunicadas a Washington por el general Mohsen Rezai, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, que representan las condiciones de una parte que tiene la ventaja.

La agresión de los Estados Unidos lejos de revertir la posición dominante de Irán, paradójicamente, la ha consolidado, en los planos militar, diplomático y estratégico. Las declaraciones del país persa han dejado de manifiesto que el enemigo persigue un espejismo. Desde los primeros días de la guerra, Irán demostró que se había preparado, precisamente, para este escenario. Sus misiles balísticos de corto y medio alcance y sus drones de ataque, dispersos en búnkeres subterráneos y cuevas de montaña. Más importante aún, Irán tomó inmediatamente la iniciativa estratégica al asumir el control del Estrecho de Ormuz, por la que transita aproximadamente una quinta parte del suministro energético mundial.

Para septiembre de 2026, los precios del petróleo se han disparado hasta acercarse a los 110 dólares por barril, la inflación está aumentando de forma alarmante en las principales economías. Los costes materiales para los Estados Unidos han sido enormes. La maquinaria bélica gastó miles de interceptores Patriot (más de la mitad de sus existencias) y cientos de interceptores THAAD, además de al menos 1000 misiles Tomahawk. Reponer estas municiones llevaría años de producción y costaría cientos de miles de millones de dólares. Los estadounidenses siguen guardando silencio sobre las cifras reales de bajas mortales, pero se cree que ascienden a cientos.

Después de más de siete meses de guerra el régimen de Estados Unidos ha demostrado que, incluso con una abrumadora superioridad aérea y naval, no puede obligar a un adversario decidido a no retirarse. Después de más de siete meses de guerra, Estados Unidos no logró ninguno de sus cuatro objetivos principales: el llamado cambio de “régimen”, poner fin al enriquecimiento de uranio, destruir la capacidad de misiles balísticos de Irán y desmantelar su red de aliados regionales. Siete meses después, Estados Unidos se encuentra ahora diplomáticamente aislado y su aliado sionista ha sido completamente marginado. Irán, por su parte, ha surgido como la nueva superpotencia regional. Muchos países se negaron a apoyar la propuesta de Trump de sanciones destinada a estrangular la economía iraní. China y Rusia rechazaron la medida por inaceptable. Incluso, Pakistán, Irak y Turquía, sus vecinos, indicaron que no aplicarían las sanciones ilegales. Lo que ha perdido Estados Unidos es considerable. Ha alejado a aliados clave y ha demostrado al mundo que su poder militar es un mito.

          El panorama estratégico del Golfo Pérsico se ha transformado irrevocablemente por los cambios sísmicos de esta guerra. Lo que surgió de la guerra impuesta no fue simplemente una reafirmación de las capacidades defensivas de Irán, sino una reordenación fundamental de la dinámica de poder que los Estados árabes del Golfo Pérsico parecen, en el mejor de los casos, reacios a reconocer y, en el peor, activamente tratando de socavar.

Las posturas individuales y colectivas de estos Estados, la imprudente y unilateral incursión de Omán, el intervencionismo atípico de Qatar, la detención de personal militar iraní por parte de Kuwait y la intensificación de la represión interna de Barein contra los ciudadanos proiraníes no son incidentes aislados de torpeza diplomática. Constituyen una estrategia desesperada y miope que busca poner a prueba los límites de un nuevo orden regional, al tiempo que intentan apaciguar a unos Estados Unidos que buscan desesperadamente restaurar su influencia erosionada mediante la presión indirecta sobre Irán. Hay un claro fracaso de la arquitectura de seguridad occidental para garantizar la seguridad de las petromonarquías.

Esos Estados son vecinos de Irán y durante esta guerra están experimentando de primera mano que su seguridad colectiva es indivisible y cualquier amenaza a la seguridad de Irán pone en peligro directamente la suya propia. Durante los ataques de represalia de Irán contra bases y activos militares de Estados Unidos, los funcionarios iraníes enfatizaron repetidamente que estos países debían distinguirse de Estados Unidos y que el objetivo eran las bases estadounidenses, no su territorio.

La situación en Líbano constituye una prueba crucial para esta reorganización regional. La persistencia del régimen sionista en sus ataques al sur de Líbano es un mensaje político de Estados Unidos e Israel dirigido a Irán.

          Antes de finalizar, los invitamos a olvidar lo que escucharon antes y les sugerimos otra hipótesis totalmente diferente: la agresión ilegal contra Irán es sólo una excusa para dominar y colonizar de alguna manera como enclaves a todas las petromonarquías del Golfo Pérsico, bajo la influencia de Israel y Estados Unidos, inclusive a Arabia Saudí. El objetivo no sería derrotar solamente a la República Islámica de Irán, sino someter a todos los Estados del Golfo Pérsico bajo dominio sionista. Sería otra guerra proxy más como la de Ucrania contra Rusia, cuyo objetivo es el desmembramiento de la Federación Rusa y la destrucción económica de la Unión Europea, que implicaría perjudicar enormemente a China que es su principal socio comercial y, de la misma manera, ese dominio sionista sobre los Estados del Golfo Pérsico, perjudicaría directamente a China que depende de los hidrocarburos.

 

Cómo nos ha cambiado en unos segundos nuestra mirada sobre estos dos focos bélicos, ¿no? “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso; ser amigo, es letal.” Y si recordamos de la columna anterior, la ofensiva de los hutíes contra Arabia Saudí, el ataque innecesario saudí contra el aeropuerto de Yemen y las maniobras hutíes en el Estrecho de Bab el -Mandeb, en el Mar Rojo, esas acciones cobrarían otra dimensión: estarían ayudando, implícitamente, a la construcción de un megaterritorio sionista en Asia occidental. La idea es que todos los Estados del Golfo Pérsico queden destruidos, con sus economías inútiles para beneficio del sionismo, que queden expuestos para ser colonizados. Recordemos que cuando Arabia Saudí le pidió ayuda a los Estados Unidos para atacar a los hutíes, se la negaron. Arabia Saudí está en las últimas.

 

Y como reflexión final en tanto columnista, de tanto bucear en la historia universal que no te cuentan, podemos afirmar que el Tercer Reich no terminó con la Segunda Guerra Mundial. Los primeros mandatarios de la OTAN fueron nazis, dimos nombres y apellidos. El nazismo continúa a través de la OTAN y sus lacayos y permanece absolutamente vivo; en Argentina, a través de su presencia en las Islas Malvinas y de la política cruel e inhumana del gobierno de Milei contra el pueblo argentino.

La OTAN es la prolongación nazi en todo el planeta con sus planificaciones maléficas. Son terroristas y asesinos y entrenan a otros terroristas.

 

¡Cómo olvidar las masacres contra civiles iraníes en una escuela, en un pabellón deportivo donde murieron como mártires muchos niños y en la boda! 

 

Lo vemos, también, cotidianamente en Ucrania. ¿Recuerdan LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN DURANTE LA GUERRA FRÍA? EL MAL EXISTE Y SE DISFRAZA DE MIL MANERAS A TRAVÉS DE CRIMINALES PSICÓPATAS. Y NO DEBEMOS OLVIDAR, TAMPOCO, LAS RELACIONES DE ZELENSKY CON EL RÉGIMEN SIONISTA.

 

 En Europa, nos están dirigiendo escandalosamente a la guerra contra Rusia, manipulando a las masas todos, todos los días, de una manera abrumadora.

Si la OTAN y los estadounidenses tuvieran un poco de honor, no se hubieran apartado de los acuerdos de Anchorage, Alaska; si Europa no los hubiera alejado de esos acuerdos, ya llevaríamos un año viviendo sin guerra. Es un hecho evidente. Los líderes de la Unión Europea, quienes deciden por sus ciudadanos son también descendientes directos de los nazis. ¿Quién nos salvará?

 

          Me despido de nuestra querida audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

¡Palestina libre! ¡Hasta la victoria siempre, compañeros!

 

PROF. VIVIANA ONOFRI – Desde Islas Canarias –

 Profesora en Letras

 ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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