FRAUDE EN COLOMBIA Y ALERTA GLOBAL
Queridos compañeros y amigos de El Club de la Pluma,
desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con nuestro acostumbrado abrazo por
la hermandad de las naciones de la patria grande.
En nuestra columna de la semana pasada revisamos el
origen, perfil y experiencia política del nuevo presidente de la República de
Colombia, el abogado Abelardo De la Espriella, y nos encontramos con un
fenómeno electoral carente de toda lógica política, contrario al sentido común
y muy separado de la tradición democrática colombiana. Un individuo que, hasta
que se inició la campaña, era motivo de burla en los clubes de la alta sociedad
colombiana por su estilo estrafalario, sus escándalos mediáticos, su arrogancia
arribista y su mal gusto.
Con apenas mes y medio de esta caricatura triste de
gobierno, el cual no resiste un balance serio, cada vez hay más personas que no
salen de la sorpresa al entender a qué clase de personaje le entregaron su voto.
En nuestra columna de hoy haremos un breve análisis de lo sucedido, porque
sospecho que el problema no se restringe a nuestro territorio: es un asunto
global.
El mito de la derecha vs la izquierda y una campaña
basada en el odio:
El libreto se ha venido repitiendo en todos los países
del mundo. Alguien programó una meticulosa dialéctica Hegeliana al inventarse
un problema para luego ofrecer una solución. Primero, los grandes capitales se
apoderaron de todos los medios de comunicación, no porque fueran rentables, que
igual lo son, sino porque su propiedad sobre los medios más hegemónicos e
influyentes les permitió tomar el timón del pensamiento humano, y ahora podían
dirigirlo hacia donde quisieran. Y la dirección que tomara la opinión pública tenía
por objeto aumentar y concentrar esos capitales, sin importar el costo en
desigualdad social o la pérdida de vidas humanas.
Sus algoritmos encontraron las vulnerabilidades
perfectas: el miedo a la muerte, la sensación permanente de culpa programada
desde la religión, y la incapacidad del individuo de moverse fuera de su zona
de confort. Entonces los dueños de los grandes capitales empezaron a financiar
un despertar religioso masivo como método para radicalizar a las personas para
que aprendieran a construir murallas culturales desde las cuales tomar
posiciones inamovibles y de esa manera despojar a la humanidad de la capacidad
de construir procesos conjuntos mediante el diálogo constructivo.
Apenas estábamos saliendo de la guerra fría y
estábamos encontrando el valor de los encuentros ideológicos, cuando de pronto,
y paralelamente al despertar religioso de cristianos y musulmanes, se inició
nuevamente la discusión postiza y ridícula de la “derecha contra la izquierda”,
donde la derecha se apoyaba en discursos conservadores que ni ella misma cree
ni aplica, y todo lo que oliera a progresismo o a liberalismo era atacado y
fusionado en la misma sopa del “comunismo”, “socialismo” y otras palabras que
muchas personas volvieron vergonzantes sin conocer – y mucho menos investigar –
su significado o su importancia. De un momento a otro, un mundo que parecía ir
encaminado hacia su versión más civilizada, se encontró en pleno cambio de
siglo con un monumental atentado terrorista que puso a la humanidad en modo
reversa, y nos entregó de brazos abiertos a la propaganda manipuladora de los
medios de comunicación. Esta es la hora en que no tenemos la más remota idea de
quien ideó, acordó y planificó los atentados terroristas de 2001 y los que
siguieron. Nos quedamos en los ejecutores y dejamos de buscar. Casi todo el
occidente cree que los musulmanes son bárbaros violentos y desalmados, y casi
todo oriente cree que el infierno está localizado en Estados Unidos.
Sin explicación alguna más allá de la fuerte
influencia de las iglesias y lo que ellas llaman el “avivamiento espiritual”,
esa confrontación étnico-religiosa se convirtió, como por arte de “magia”
(léase prensa, redes sociales y algoritmos), en una confrontación política con
disfraces de “izquierda” y “derecha” y narrativas sacadas del baúl de los
recuerdos. Y esta confusión semántica nos provocaría carcajadas, si no fuera
porque se está escalando hacia lo trágico.
Pues bien, ahí está la primera clave de lo que pasó en
las elecciones en Colombia, y que es una señal de lo que está pasando en el
mundo. Como Julián Assange ha dicho varias veces, las diferencias religiosas y
políticas, así como las guerras, son producidas por los medios a voluntad de
sus dueños.
En Colombia, la fórmula fue relativamente simple (pero
si vamos a mirar, es la misma fórmula que se ha replicado desde Estados Unidos
por toda América hasta Chile): unas grandes economías que funcionan por igual
en el mundo de los negocios legales e ilegales, donde los primeros lavan las
ganancias de los segundos, y que llamaremos, en virtud del ejercicio, el Crimen
Organizado, busca acabar con los estados y su ordenamiento jurídico, utilizando
gobiernos títere que desmonten el control estatal y aseguren lo que ellos
llaman “la libertad”, que no es otra cosa que la eliminación de todas las
leyes, normas, decretos o reglamentos que pongan límites ni restricciones a las
operaciones de corporaciones y grupos criminales en todos los territorios,
extrayendo recursos sin ningún control ni cuidado, y sin importar cuanto daño
hagan al medio ambiente y a la capacidad de resiliencia socio-económica de sus
pobladores.
En Colombia, había dos representantes políticos de esa
ideología de la cesión de la autoridad a los capitales privados: una moderada,
representada por la senadora Paloma Valencia y una radical, representada por el
inexperto Abelardo De la Espriella.
La estrategia de la Senadora Valencia consistió en
acercarse a los empresarios, con la idea de que estos serían capaces de
convencer a sus trabajadores mediante estrategias de comunicación interna o, al
menos, presionándolos para que votaran por ella y, de paso, reelegir a su jefe
político Álvaro Uribe como su “guía espiritual” o presidente de facto. Para
ello, se inventaron un programa llamado “El Proyecto Júpiter”, que consistió en
ofrecer en las empresas unos cursos de “democracia” donde combinaban mensajes
de odio y rechazo contra el gobierno del presidente Gustavo Petro, con las
alternativas y el discurso conservador de la senadora Paloma, identificado con
el miedo al cambio de los trabajadores.
Sin embargo, la candidata cometió varios errores que
le costaron su elección: el primer error fue moderar aún más su discurso y
meterse como noveno participante en la campaña de 8 aspirantes que se
presentaban como “de centro”, con el fin de apoderarse del voto de centro
derecha y el de los indecisos. Al ganar esta elección y quedar como única candidata
de la centro-derecha, y buscando quedarse con los votos del precandidato que
quedó segundo en esta contienda, lo invitó a ser su fórmula vicepresidencial. En
ese momento perdió todo el electorado ultra conservador del centro democrático
y otros partidos de derecha radical que la apoyaban.
Abelardo, quien no había sido admitido como
precandidato por el Centro Democrático, aprovechó esas dos oportunidades para
su campaña de marketing político: el odio fabricado por empresarios y medios en
contra del Presidente Petro, y la gran decepción de los ultraconservadores con
la senadora Paloma Valencia.
Las instrucciones del crimen organizado (el mismo que
puso a Trump en el gobierno de Estados Unidos y a otros payasos impresentables
por toda América Latina) cambiaron: ya no apoyarían a Paloma Valencia, pues De
la Espriella, con su discurso radical, acomodado al modelo Milei, Bukele y
Bolsonaro, con sus poses estrafalarias y su aparente “despertar espiritual” era
mucho más manejable y permitía llegar mucho más rápido al cumplimiento de sus
objetivos en un mundo donde los recursos de oriente medio se estaban volviendo
casi imposibles de arrebatar.
América no era atractiva para el tecno-fascismo
sionista, pero las cosas en oriente medio se complicaron tanto que no tuvo más
remedio que activar a su sicario de cabecera, Donald Trump, para que emplazara
fuerzas navales en nuestras costas y activara todos los protocolos informáticos
de fraude electoral y marketing político para posicionar a aquellos que sus
jefes consideraran más calificados para hacer volar por los aires los estados
desde adentro, sin mayor esfuerza militar y en nombre de dios y su discurso
conservador atrapa-bobos. Recordemos esto: Trump no es la cabeza de esta
serpiente, es sólo otro más de sus sirvientes.
… y fue así como a Colombia le fue impuesto un
presidente: unas iglesias que manipularon a sus feligreses con financiación de
las mega iglesias de los Estados Unidos, una estrategia de marketing político
que hizo que la gente odiara tanto a Petro y a Cepeda, que estuviera dispuesta
a votar por “cualquiera menos ellos”, y un elaborado fraude electoral, muy
difícil de rastrear o probar con toda certeza, acompañado de la complicidad de
las entidades que podrían abrir una investigación de fondo, pero que no lo harán.
Abelardo De la Espriella no tomó posesión de su cargo
en la plaza pública. El sabe que es un simple producto de mercado y que la
gente en realidad no lo quiere. El continúa en campaña, y va a las zonas
afectadas por el reciente terremoto a repartir balones, besos y discursos de
reina de belleza. En mes y medio ha ignorado la existencia de la Constitución,
el congreso, los controles y sus promesas, y se ha dedicado a desmontar lo poco
que el progresismo había logrado en materia de beneficios para los
trabajadores.
La próxima semana haremos un corto balance de este mes
y medio de desastre, compañeros. Un fuerte abrazo.
MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia
-Biólogo
Especialista En Estudios
Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
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Fraude en las elecciones presidenciales: Enlace
·
Fraude en elecciones en Colombia: Enlace
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Estratega de De la Espriella explica su victoria: Enlace
https://www.youtube.com/watch?v=3aUTeu8ggbo&feature=youtu.be
TEMA MUSICAL DE LA SEMANA
Si Buscabas - Guardabarranco - Enlace
https://www.youtube.com/watch?v=Qrg-UJ4sF6A&feature=youtu.be

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