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domingo, 20 de septiembre de 2026

EL ARTE DE MATAR INOCENTES - ARABIA SAUDÍ: ENTRE EL FRACASO EN YEMEN Y UNA CRISIS ENERGÉTICA - PROF. VIVIANA ONOFRI

 

EL ARTE DE MATAR INOCENTES

 ARABIA SAUDÍ: ENTRE EL FRACASO EN YEMEN Y UNA CRISIS ENERGÉTICA

 


 

          Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida.

          La producción de la narrativa de la historia se sustenta en el borrado selectivo de determinados pasados y de los artefactos que dan testimonio de ellos. Desde la omisión de documentos de archivo hasta la demolición de espacios sagrados y seculares, cada acto de destrucción es también un acto de construcción estatal. Arabia Saudí puede ser el caso paradigmático de esta construcción. Tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, las élites políticas del Reino Saudí impulsaron mayor fervor en dos proyectos paralelos: la conmemoración histórica y la construcción estatal, con el objetivo de imponer su visión de posguerra sobre el Estado, la nación y la economía. No sólo el Reino Saudí ha estado “ocultando” los intercambios intelectuales transnacionales y transoceánicos anteriores a 1932 desde su fundación, sino que, en los últimos años, el rey Salman ha impulsado agresivamente una narrativa histórica reformulada y secularizada. La autoridad de la familia real dependió, desde su establecimiento, en gran medida, de las corporaciones estadounidenses y del Gobierno de los Estados Unidos, que protegieron a la familia gobernante de las generalizadas, aunque borradas, movilizaciones anticoloniales y antiautoritarias internas, así como de rivales regionales. Sin embargo, la lucha de la familia real Saudí por mantener la legitimidad política por sus propios medios puso de manifiesto la necesidad de una narrativa histórica sancionada por el Estado. El deseo de controlar la narrativa no es solo una cuestión archivística. En 2009, el principe Jalid bin Sultan dirigió la Operación Tierra Quemada, una intervención saudí en Yemen. La operación se convirtió rápidamente en un atolladero y desembocó en una humillante retirada saudí. La narrativa oficial nunca reconoció el fracaso. 

En 2015, el rey Salman nombró príncipe heredero a Mohammad Bin Nayef, el ministro del Interior. Bin Nayef era partidario de la intervención saudí en Yemen y su ascenso le permitió coordinar mejor la campaña contra Ansarolá. Todo fue un nuevo desastre. Explicamos que “Ansarolá” viene del árabe y significa “Partidarios de Dios”; hutíes es el nombre externo que viene de su fundador Hussein al.Huthi. Desde 2014, los hutíes tomaron la capital de Yemen, Saná. No son sólo una milicia tribal, ya funcionan como un Estado de facto en Yemen del Norte. Tienen su propio gobierno. De hecho, los hutíes ya controlan más del 80% del territorio. Desde 2023-2024 atacan barcos en el Mar Rojo, en el Estrecho de Bab el-Mandeb en apoyo a Gaza, lo que ha provocado una guerra directa con los Estados Unidos, Reino Unido e Israel. Y volvemos a la cuestión saudí. En 2017, el rey saudí sustituyó a Mohammad Bin Nayef por su hijo, Mohammed Bin Salman y puso en marcha el ambiciosos proyecto Saudí Vision 2030. El proyecto está repleto de ciudades futuristas, del relajamiento de normas sociales y de nuevos centros artísticos. Se quiere impulsar una imagen cada vez más secular de Arabia Saudí. Y ello no deja de ser, una vez más, un intento por controlar el archivo: decidir qué pasados son válidos, cuáles quedan fuera del presente y, al mismo tiempo, cuáles pueden proyectarse hacia el futuro.

A pesar de los intentos de Bin Salman por controlar el país, la familia real sigue fragmentada y sus miembros persiguen sus propias agendas económicas y políticas. El tema de Yemen no es una excepción y su política está siendo un fracaso. Desde el comienzo de la guerra, muchos especialistas se preguntaban por qué Ansarolá se mantenía al margen, incluso cuando el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) abrió un frente en el norte de Israel. La explicación plausible es que las fuerzas yemeníes actuaban como contrapeso frente a los saudíes. Irán atacaba bases en los distintos países del Golfo Pérsico y también había cerrado el Estrecho de Ormuz, lo que obligaba a Arabia Saudí a desviar gran parte de sus exportaciones de crudo hacia las terminales del Mar Rojo.

Los saudíes no querían una mayor escalada. Sin embargo, sigue siendo un misterio por qué los saudíes atacaron un aeropuerto en Yemen a principios de este mes, justo cuando los Estados Unidos habían reanudado los ataques aéreos contra Irán. El alto del fuego beneficiaba a Arabia Saudí. Ansarolá respondió con ataques e impuso un bloqueo a los puertos saudíes del Mar Rojo; los saudíes contraatacaron y ahora las fuerzas yemeníes atacan las instalaciones petroleras saudíes. El Reino Saudí se ha visto arrastrado a una guerra abierta. Si hace unos meses se podía decir que Arabia Saudí era uno de los polos de poder regional, ahora mismo se encuentra en una situación tremendamente delicada. Su sistema energético está bajo asedio en tres frentes, un punto de inflexión crítico en la geopolítica energética de Asia Occidental: los ataques coordinados desde Irak y los avances de Ansarolá en Yemen han golpeado el núcleo de la infraestructura petrolera de Riad, mientras el Estrecho de Ormuz permanece cerrado.

Según los analistas, la situación saudí podría empeorar en los próximos meses y, paralelamente, vemos como la posición de la República Islámica de Irán va creciendo y convirtiéndose en el núcleo poderosísimo de esa región. ¡Es indiscutible! Y continúan los ataques entre los hutíes y Arabia Saudí. Arabia Saudí le pidió la intervención a los Estados Unidos, pero en vistas a las elecciones de Medio Término en el país del norte, Trump no quiere intervenir. Y el costo de los combustibles sigue aumentando en Europa por el cierre del Estrecho de Ormuz y, ahora, por los incidentes en el Estrecho de Bad el- Mandeb, en el Mar Rojo.

               Y cambiamos el foco de atención. Recordemos que el 29 de febrero, Tomahawks estadounidenses impactaron contra una escuela primaria en Minab, en el sur de Irán. Era una escuela donde niñas y niños pequeños aprendían a leer. Fue el primer día de la campaña militar estadounidense contra Irán durante el sagrado mes del Ramadán. Los funcionarios de Estados Unidos negaron la responsabilidad y el ciclo de noticias siguió adelante. Semanas después misiles PrSM impactaron contra un pabellón deportivo, otro edificio lleno de niños. Más recientemente, en la soleada y árida provincia sureña de Hormozgán, una boda en la aldea de Kuhestak se transformó en una escena de víctimas masivas. Cuatro personas murieron, incluido un niño y más de 60 resultaron heridas. Las familias que se habían reunido para celebrar un matrimonio terminaron cargando con los muertos y los heridos. Esa celebración quedó manchada de sangre. Y una vez más, los engranajes sangrientos de la misma maquinaria propagandística están girando. Estaban celebrando la boda cuando los misiles impactaron. Dejemos de lado la versión oficial estadounidense; dejemos de lado también la cuestión de qué necesidad militar se satisface al destruir infraestructuras civiles de telecomunicaciones en una aldea remota de una provincia costera iraní. Los restos recuperados de Kuhestak no son ambiguos.

 

La configuración de los pernos de conexión, los bloques móviles de control final con su anclaje interno de lanzamiento no son fragmentos genéricos. Son componentes identificables. Lo que importa señalar es que la cuestión de los 200 metros de distancia que argumentan los Estados Unidos, no son un error, sino un ataque deliberado contra civiles para infundir miedo después de la derrota militar en el campo de batalla. El AGM-154C-1 tiene un error circular probable de menos de cinco metros. Menos de cinco metros.

También cuenta con un buscador de modo dual, que combina una guía terminal infrarroja de imagen capaz de adquirir ópticamente y fijar un objetivo en segundos finales del vuelo con un enlace de datos Link 16 que permite al operador actualizar el objetivo designado incluso después de que el arma hay sido lanzada desde la aeronave. Esta arma puede ver aquello que está impactando hasta el último segundo. Puede ser corregida mientras está volando. Fue diseñada específicamente para alcanzar su objetivo designado con una precisión extraordinaria. No existe una base creíble para considerar una desviación de 200 metros como un error de guiado ordinario de una AGM-154C-1.

 

Lo que mató a esas cuatro personas e hirió a esas sesenta no fue un fallo técnico. No fue la niebla de la guerra. No fue una consecuencia trágica inevitable de la guerra moderna estadounidense. El arma alcanzó aquello que tenía como objetivo. Un niño murió en el lugar donde alguien había decidió que un niño moriría. La escuela, el pabellón deportivo y la boda. Tres ataques. Tres reuniones civiles. Lo que estamos observando es una actuación ensayada, perfeccionada mediante la repetición durante décadas de intervenciones militares desastrosas y en todos los escenarios donde la munición estadounidense ha caído sobre personas que no eran soldados. El guion sigue siendo el mismo porque las decisiones subyacentes siguen siendo las mismas. La negación es institucional. La evasión es una política.

 

Si las pruebas establecen que los civiles fueron atacados deliberadamente, o que un ataque fue lanzado a sabiendas en circunstancias en las que el daño civil esperado era claramente excesivo esa conducta constituye un crimen de guerra. Los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales lo dejan suficientemente claro. Después del bombardeo de la escuela, hubo silencio, o más bien, el ruido de la evasión que funciona como silencio. Después del bombardeo del pabellón deportivo, más de lo mismo. Ahora, tras el bombardeo de la ceremonia de boda, la maquinaria de guerra vuelve a funcionar.

 

         Me despido de nuestra audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a una nueva emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

¡Palestina libre! ¡Hasta la victoria siempre, compañeros!

 

PROF. VIVIANA ONOFRI

 Desde Islas Canarias – Profesora en Letras, ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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