EL
ARTE DE MATAR INOCENTES
ARABIA SAUDÍ: ENTRE EL FRACASO EN YEMEN Y UNA
CRISIS ENERGÉTICA
Un cálido abrazo a toda la querida
audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este
espacio de reflexión compartida.
La producción de la narrativa de la
historia se sustenta en el borrado selectivo de determinados pasados y de los
artefactos que dan testimonio de ellos. Desde la omisión de documentos de
archivo hasta la demolición de espacios sagrados y seculares, cada acto de
destrucción es también un acto de construcción estatal. Arabia Saudí puede ser
el caso paradigmático de esta construcción. Tras la Guerra del Golfo Pérsico en
1991, las élites políticas del Reino Saudí impulsaron mayor fervor en dos
proyectos paralelos: la conmemoración histórica y la construcción estatal, con
el objetivo de imponer su visión de posguerra sobre el Estado, la nación y la
economía. No sólo el Reino Saudí ha estado “ocultando” los intercambios
intelectuales transnacionales y transoceánicos anteriores a 1932 desde su
fundación, sino que, en los últimos años, el rey Salman ha impulsado
agresivamente una narrativa histórica reformulada y secularizada. La autoridad
de la familia real dependió, desde su establecimiento, en gran medida, de las
corporaciones estadounidenses y del Gobierno de los Estados Unidos, que
protegieron a la familia gobernante de las generalizadas, aunque borradas,
movilizaciones anticoloniales y antiautoritarias internas, así como de rivales
regionales. Sin embargo, la lucha de la familia real Saudí por mantener la
legitimidad política por sus propios medios puso de manifiesto la necesidad de
una narrativa histórica sancionada por el Estado. El deseo de controlar la
narrativa no es solo una cuestión archivística. En 2009, el principe Jalid bin
Sultan dirigió la Operación Tierra Quemada, una intervención saudí en Yemen. La
operación se convirtió rápidamente en un atolladero y desembocó en una
humillante retirada saudí. La narrativa oficial nunca reconoció el
fracaso.
En
2015, el rey Salman nombró príncipe heredero a Mohammad Bin Nayef, el ministro
del Interior. Bin Nayef era partidario de la intervención saudí en Yemen y su
ascenso le permitió coordinar mejor la campaña contra Ansarolá. Todo fue un
nuevo desastre. Explicamos que “Ansarolá” viene del árabe y significa
“Partidarios de Dios”; hutíes es el nombre externo que viene de su fundador
Hussein al.Huthi. Desde 2014, los hutíes tomaron la capital de Yemen, Saná. No
son sólo una milicia tribal, ya funcionan como un Estado de facto en Yemen del
Norte. Tienen su propio gobierno. De hecho, los hutíes ya controlan más del 80%
del territorio. Desde 2023-2024 atacan barcos en el Mar Rojo, en el Estrecho de
Bab el-Mandeb en apoyo a Gaza, lo que ha provocado una guerra directa con los
Estados Unidos, Reino Unido e Israel. Y volvemos a la cuestión saudí. En 2017,
el rey saudí sustituyó a Mohammad Bin Nayef por su hijo, Mohammed Bin Salman y
puso en marcha el ambiciosos proyecto Saudí Vision 2030. El proyecto está
repleto de ciudades futuristas, del relajamiento de normas sociales y de nuevos
centros artísticos. Se quiere impulsar una imagen cada vez más secular de
Arabia Saudí. Y ello no deja de ser, una vez más, un intento por controlar el
archivo: decidir qué pasados son válidos, cuáles quedan fuera del presente y,
al mismo tiempo, cuáles pueden proyectarse hacia el futuro.
A
pesar de los intentos de Bin Salman por controlar el país, la familia real
sigue fragmentada y sus miembros persiguen sus propias agendas económicas y
políticas. El tema de Yemen no es una excepción y su política está siendo un
fracaso. Desde el comienzo de la guerra, muchos especialistas se preguntaban
por qué Ansarolá se mantenía al margen, incluso cuando el Movimiento de
Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) abrió un frente en el norte de
Israel. La explicación plausible es que las fuerzas yemeníes actuaban como
contrapeso frente a los saudíes. Irán atacaba bases en los distintos países del
Golfo Pérsico y también había cerrado el Estrecho de Ormuz, lo que obligaba a
Arabia Saudí a desviar gran parte de sus exportaciones de crudo hacia las terminales
del Mar Rojo.
Los
saudíes no querían una mayor escalada. Sin embargo, sigue siendo un misterio
por qué los saudíes atacaron un aeropuerto en Yemen a principios de este mes,
justo cuando los Estados Unidos habían reanudado los ataques aéreos contra
Irán. El alto del fuego beneficiaba a Arabia Saudí. Ansarolá respondió con
ataques e impuso un bloqueo a los puertos saudíes del Mar Rojo; los saudíes
contraatacaron y ahora las fuerzas yemeníes atacan las instalaciones petroleras
saudíes. El Reino Saudí se ha visto arrastrado a una guerra abierta. Si hace
unos meses se podía decir que Arabia Saudí era uno de los polos de poder
regional, ahora mismo se encuentra en una situación tremendamente delicada. Su
sistema energético está bajo asedio en tres frentes, un punto de inflexión
crítico en la geopolítica energética de Asia Occidental: los ataques
coordinados desde Irak y los avances de Ansarolá en Yemen han golpeado el
núcleo de la infraestructura petrolera de Riad, mientras el Estrecho de Ormuz
permanece cerrado.
Según
los analistas, la situación saudí podría empeorar en los próximos meses y,
paralelamente, vemos como la posición de la República Islámica de Irán va
creciendo y convirtiéndose en el núcleo poderosísimo de esa región. ¡Es
indiscutible! Y continúan los ataques entre los hutíes y Arabia Saudí. Arabia
Saudí le pidió la intervención a los Estados Unidos, pero en vistas a las
elecciones de Medio Término en el país del norte, Trump no quiere intervenir. Y
el costo de los combustibles sigue aumentando en Europa por el cierre del
Estrecho de Ormuz y, ahora, por los incidentes en el Estrecho de Bad el-
Mandeb, en el Mar Rojo.
Y cambiamos el foco de atención.
Recordemos que el 29 de febrero, Tomahawks estadounidenses impactaron contra una
escuela primaria en Minab, en el sur de Irán. Era una escuela donde niñas y
niños pequeños aprendían a leer. Fue el primer día de la campaña militar
estadounidense contra Irán durante el sagrado mes del Ramadán. Los funcionarios
de Estados Unidos negaron la responsabilidad y el ciclo de noticias siguió
adelante. Semanas después misiles PrSM impactaron contra un pabellón deportivo,
otro edificio lleno de niños. Más recientemente, en la soleada y árida
provincia sureña de Hormozgán, una boda en la aldea de Kuhestak se transformó
en una escena de víctimas masivas. Cuatro personas murieron, incluido un niño y
más de 60 resultaron heridas. Las familias que se habían reunido para celebrar
un matrimonio terminaron cargando con los muertos y los heridos. Esa celebración
quedó manchada de sangre. Y una vez más, los engranajes sangrientos de la misma
maquinaria propagandística están girando. Estaban celebrando la boda cuando los
misiles impactaron. Dejemos de lado la versión oficial estadounidense; dejemos
de lado también la cuestión de qué necesidad militar se satisface al destruir
infraestructuras civiles de telecomunicaciones en una aldea remota de una
provincia costera iraní. Los restos recuperados de Kuhestak no son ambiguos.
La
configuración de los pernos de conexión, los bloques móviles de control final
con su anclaje interno de lanzamiento no son fragmentos genéricos. Son
componentes identificables. Lo que importa señalar es que la cuestión de los
200 metros de distancia que argumentan los Estados Unidos, no son un error,
sino un ataque deliberado contra civiles para infundir miedo después de la
derrota militar en el campo de batalla. El AGM-154C-1 tiene un error circular
probable de menos de cinco metros. Menos de cinco metros.
También
cuenta con un buscador de modo dual, que combina una guía terminal infrarroja
de imagen capaz de adquirir ópticamente y fijar un objetivo en segundos finales
del vuelo con un enlace de datos Link 16 que permite al operador actualizar el
objetivo designado incluso después de que el arma hay sido lanzada desde la
aeronave. Esta arma puede ver aquello que está impactando hasta el último
segundo. Puede ser corregida mientras está volando. Fue diseñada
específicamente para alcanzar su objetivo designado con una precisión extraordinaria.
No existe una base creíble para considerar una desviación de 200 metros como un
error de guiado ordinario de una AGM-154C-1.
Lo
que mató a esas cuatro personas e hirió a esas sesenta no fue un fallo técnico.
No fue la niebla de la guerra. No fue una consecuencia trágica inevitable de la
guerra moderna estadounidense. El arma alcanzó aquello que tenía como objetivo.
Un niño murió en el lugar donde alguien había decidió que un niño moriría. La
escuela, el pabellón deportivo y la boda. Tres ataques. Tres reuniones civiles.
Lo que estamos observando es una actuación ensayada, perfeccionada mediante la
repetición durante décadas de intervenciones militares desastrosas y en todos
los escenarios donde la munición estadounidense ha caído sobre personas que no
eran soldados. El guion sigue siendo el mismo porque las decisiones subyacentes
siguen siendo las mismas. La negación es institucional. La evasión es una
política.
Si
las pruebas establecen que los civiles fueron atacados deliberadamente, o que
un ataque fue lanzado a sabiendas en circunstancias en las que el daño civil
esperado era claramente excesivo esa conducta constituye un crimen de guerra.
Los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales lo dejan suficientemente
claro. Después del bombardeo de la escuela, hubo silencio, o más bien, el ruido
de la evasión que funciona como silencio. Después del bombardeo del pabellón
deportivo, más de lo mismo. Ahora, tras el bombardeo de la ceremonia de boda,
la maquinaria de guerra vuelve a funcionar.
Me despido de nuestra audiencia,
agradeciendo su amable atención e invitándola a una nueva emisión de EL CLUB DE
LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Palestina
libre! ¡Hasta la victoria siempre, compañeros!
PROF.
VIVIANA ONOFRI
Desde Islas Canarias – Profesora en Letras, ex
catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

No hay comentarios:
Publicar un comentario