RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

sábado, 21 de marzo de 2026

APERTURA EDITORIAL PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 22-3-2026 - DE DESAPARICIONES Y RESPONSABILIDADES

 

DE DESAPARICIONES Y RESPONSABILIDADES…

 





 El 24 de marzo de 1976, se concretó lo que la alianza entre la clase dominante de la Argentina y los capitales foráneos, decidieron: asestar un golpe mortal a la posibilidad de que en nuestro país se construya un modelo de desarrollo industrial con justicia social y con independencia económica del extranjero. Para ello desataron un brutal genocidio asesinando y haciendo desaparecer a miles de militantes populares (dirigentes gremiales, obreros, políticos, intelectuales, artistas, periodistas, estudiantes secundarios y universitarios, etc). Lograron con ello allanar el camino para el saqueo de toda la economía argentina y reprimarizarla o sea profundizar el modelo agrominero-exportador; una nueva expresión de la vieja “distribución internacional del trabajo”

 

 Terrorismo de Estado. Desaparición forzada de personas. Robo de bebés. Tortura. Persecución política y encarcelamiento. Exilio. Fusilamiento de personas. Imposición de un modelo económico de mayor explotación y desigualdad y exclusión. Vacío generacional. Apoyo mediático, eclesiástico, empresarial y civil.

 

 Nada de todo esto hubiese podido suceder sin el consentimiento, complicidad y connivencia de diferentes sectores de nuestra sociedad.

Cuando indicamos que fue un golpe cívico-eclesiástico-militar, lo hacemos conscientes de la implicancia de mucho más que uniformados. Los otros uniformados, de civiles, con togas, con sotanas, con crucifijos, con balanzas, con pizarrones…

 

Bien vale rescatar del trabajo realizado por Cecilio Manuel Salguero, titulado “EL PLAN CONDOR - ORIGEN, DESARROLLO Y CONSECUENCIAS (1973/1983)”, bajo el subtítulo “Las Complicidades Civiles”, lo siguiente:

 

 “…Por último, la falacia de la teoría de los dos demonios encuentra una de sus desmentidas más firmes en la evidencia del protagonismo civil en el golpe de Estado y su implementación del terrorismo de Estado, son sectores de poder los que instrumentan a las FFAA para conseguir sus objetivos. La política económica de hambreamiento y endeudamiento masivos, es inseparable de la política de exterminio de insurgentes y opositores.

Hay muchos ejemplos flagrantes, por ejemplo, la directa complicidad de miembros de la jerarquía eclesiástica católica en la represión ilegal; la denuncia realizada hace ya diez años por la periodista alemana Gaby Weber sobre la complicidad de la patronal y sectores de la burocracia sindical de SMATA en el secuestro, tortura y en algunos casos “desaparición” de los miembros de la comisión interna de Mercedes Benz en 1976…”

 

 La deuda que, al menos en Argentina, la sociedad toda en su conjunto tenemos para con todos los desaparecidos, todos los torturados, secuestrados, asesinados, aún no comienza a saldarse. La responsabilidad recae sobre todos, porque, desaparecieron treinta mil, pero quienes estuvieron detrás de las ventanas “observando” cómo eran secuestrados, asesinados, y callaron, no denunciaron, no salieron ni ayer ni hoy a testimoniar, fueron millones… Esa deuda aún está sin saldar…

 

 ¿Cómo es posible reconstruir la memoria e identidad si no sabemos reconocer aquello que nos marca, nos atraviesa, por más que hayamos visto a la distancia lo que ocurría?...

 Un cartel expresaba:

         “…No Le Temo A La Represión Del Estado, Le Temo Al Silencio De Mi Pueblo…”

 

 Después del 24 de marzo de 1976, los silencios continúan resonando en la memoria que se intenta recuperar en cada marcha, en cada juicio, en cada condena.

Son los silencios que ensordecieron a los que padecían las torturas, los silencios que ahogaban cuando les robaban los hijos a las compañeras que parían entre la inmundicia uniformada; son los silencios que se gritaban cuando caían hacia las aguas, los que eran bendecidos por portadores de biblias y cruces mortajas…

 

 Una de las consignas expresa: “Ni Perdón, ni Olvido”, y podemos rescatar de ella el tema del olvido. Imperioso no olvidar, fundamentalmente cuando somos, de una forma u otra, actores, partícipes en la construcción de esta historia reciente.

 

 Según algunas versiones e interpretaciones, se conoce como Plan Cóndor al plan de coordinación de operaciones entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales de Suramérica —Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador — y los servicios de inteligencia de EE.UU. (CIA), llevado a cabo en las décadas de 1970 y 1980.

Según archivos desclasificados obrantes en EE.UU., dicho Plan, fue ideado, pergeñado desde ese imperio para frenar y aplastar los movimientos y transformaciones que tendían hacia la izquierda, política y social, en Nuestra Región. Se desnaturaliza con ello la posibilidad que las cúpulas dictatoriales hubiesen “ideado” algo. Fueron los títeres uniformados que obedecían a rajatabla las imposiciones del norte.

 

 “…La macabra época de los generalatos, se extendió por todos lados: primero en Paraguay (1954); luego en Brasil (1964); y, posteriormente, en otras naciones del Cono Sur como Perú (1968), Uruguay (1972), Chile (1973), Argentina (1976) y Bolivia. La modalidad de las juntas militares golpistas no fue la única forma que asumió la represión institucionalizada. Hubo casos de gobiernos aparentemente democráticos, pero contagiados de un descarado patrocinio militar, tal como ocurrió en Uruguay, Guatemala, El Salvador y Honduras, que se destacaron por su extrema crueldad represiva…” 1)

 

 “…En 2007, la profesora estadounidense Patrice McSherry, de la Long Island University, mediante un documento secreto de la CIA, fechado en junio de 1976, confirma el secuestro y tortura de refugiados chilenos y uruguayos en Buenos Aires. Según ella, dichos planes emanaron en los años sesenta en la Escuela de las Américas y las Conferencias de Ejércitos Americanos, mediante las cuales Estados Unidos enseñó a los oficiales instruidos en ellas, acciones "preventivas" (torturas) en la región. Un documento desclasificado de la CIA con fecha 23 de junio de 1976, explica que ya "a principios de 1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de blancos subversivos". .5…” 2)

 

 Desde el inicio del Siglo XX hasta el presente, se registraron cerca de doscientos cincuenta golpes de estado en nuestro territorio, desde México hasta el Sur. El gran patio trasero del imperio, necesario por sus riquezas en bienes y recursos naturales, era sacudido por la implementación y articulación de métodos y organizaciones clandestinas, amparadas por las cúpulas ya sean dictatoriales o pseudo democráticas; ejemplo argentino: La triple A. Organizaciones como ésta fueron las antecesoras de lo que luego fue la implementación del exterminio sistemático de movimientos, militantes…

No obstante, todo ello no hubiese podido realizarse sin la complicidad y responsabilidad de diversos sectores de nuestras sociedades.

Aceptar lo que a cada uno nos compete, es parte importante en la construcción de nuestra identidad como pueblo. Los desaparecidos nos faltan a todos; los asesinados a todos nos reclaman por juicio y castigo, ni perdón ni olvido…

 

Que así sea…

 

Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides a otra emisión más de El Club de la Pluma, nuestra trinchera comunicacional de integración y resistencia que transmitimos por nuestra radio y se retransmite por nuestras radios, compañeras y amigas que lo hacen en directo, en diferido, a quienes agradecemos a la distancia con un abrazo enorme por la posibilidad de poner las voces de la patria grande y fuera de ella en otras regiones. Le damos los muy buenos días a la profesora Gabriela Fernández. ¿Cómo le va?

 

 Buenos días Norberto, buenos días a toda la audiencia del Club de la Pluma, y aquí estamos en este marzo.

Los marzos son para los argentinos una fecha en la que renovamos y debemos prevalecer en ello el pacto social del nunca más. A 50 años del golpe, más que nunca, nunca más. Y tendríamos que completar esta frase ¿no? ¿Nunca más qué? Porque a mí me gustaría agregarle cosas.

Digo, nunca más un plan genocida de exterminio, nunca más al terrorismo de Estado, nunca más a la normalización de la desaparición, tortura y muerte de los nuestros. Pero también tendríamos que aprender a decirle nunca más al hambre injusta a la que nos someten los neoliberales. También tendríamos que decirle nunca más a las bicicletas financieras, y a tantas otras recetas de ajuste que dejan al pueblo despojado de las posibilidades de vivir una vida buena, de las posibilidades de siquiera sobrevivir dignamente.

Deberíamos decirle nunca más a quienes dejan sin financiamiento a la salud, a los discapacitados, a los jubilados, a los que dejan sin financiamiento a la educación, a los que dejan sin financiamiento a la ciencia. Y fundamentalmente, a los que dejan sin financiamiento a la memoria. Digo esto porque tal parece que hay que torturar y desaparecer para que nos digan nunca más.

Pero como ya dije en otra ocasión, los 30.000 se las juzgaron para que no pasara esto que hoy sucede en democracia, en electoralismo. En estas formas de vaciamiento de la capacidad de razonar, la capacidad de pensar, la capacidad de recordar, la capacidad de participar para decir que no queremos esto. Entonces me pregunto, ¿no queremos esto? Porque lo hemos votado un par de veces.

Y a eso es a lo que me gustaría que este marzo nos convocáramos a decirle nunca más. Es una nueva forma de implementar el genocidio de Estado. Tal vez no con armas del todo, porque recordemos que las represiones son una situación casi permanente en este Estado dictatorial que yo suelo llamar dictocracia, una dictadura disfrazada de democracia.

El genocidio no solamente se lleva adelante por el Estado, no solamente con las armas, con el uso de las fuerzas, sino que se hace a través de todo esto que viene detallando Gabriela. Nunca más a todas estas formas de exterminio sistemático de personas. Porque el no proveer medicamentos a jubilados, a enfermos oncológicos, etc., no proveer alimentos a los comedores y hacer padecer hambre, son formas de exterminio, son formas de tortura inclusive.

Es una forma de genocidio. Y si bien se dijo nunca más, bueno, aparentemente ese nunca más todavía no ha hecho carne en la sociedad argentina. Sí, claro, si comparamos con otras naciones hermanas que han padecido también dictaduras dentro del plan Cóndor, tal vez, no sé si están peor que nosotros, pero sepan de qué estamos hablando.

Pero la Argentina puntualmente, ahora que estamos conmemorando los 50 años del golpe cívico, religioso, comunicacional, judicial, militar, es muy fuerte. Es muy fuerte si haces la lectura de todo lo que nos ha venido ocurriendo y lo que nos ocurre en la actualidad. Entonces nos debemos preguntar, ¿realmente dijimos nunca más y lo hemos llevado a cabo, esa frase como un simple eslogan o como realmente una consigna a cumplir? ¿Lo hemos hecho? Tengo dudas muy grandes con respecto a esto.

Gabriela lo dijo, ¿sí? ¿Dijimos nunca más? ¿Lo pusimos en práctica? Tendríamos que revisar eso, ¿no? Y yo hablé, o lo dije en alguna editorial pasado, con conmemorar cada 24 de marzo, más allá de las multitudinarias marchas que cada vez son más grandes, son impresionantes, más allá de eso, ¿qué hacemos con esa parte de la historia que nos marcó a sangre y fuego en contraposición con todo este desastre que se ha votado y que se ha elegido y se ha elegido para destruir una parte del pueblo argentino, odiando a una parte del pueblo argentino, porque no es inocente todo lo que ha venido ocurriendo, no es inocente haber puesto el voto a un engendro degenerado cuando decía que venía a destruir el Estado desde adentro, no es inocente. Hay complicidad de parte del pueblo argentino en este desastre, así como hubo complicidad hace 50 años con el golpe, con el genocidio llevado adelante por esa dictadura. No es inocente, vuelvo a decir, o a preguntar.

Aprendimos y nos hicimos eco en acciones para poner en práctica el nunca más de nosotros depende. Bienvenidas, bienvenidos, bienvenidos a El Club de la Pluma.



NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción

Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción

 

https://elclubdelaplumaradio.blogspot.com/

 

DOMINGOS DESDE LAS 10 HS

POR NUESTRA RADIO WEB

https://elclubdelapluma.esenvivo.com.ar/

 

 

1)http://alainet.org/active/38024&lang=es

2) https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_C%C3%B3ndor

 

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viernes, 20 de marzo de 2026

LOS LÍMITES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA EN LAS TEORÍAS SOBRE EL IMPERIALISMO - PROF. FRANCISCO “PACO” BAUER

 

LOS LÍMITES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

 EN LAS TEORÍAS SOBRE EL IMPERIALISMO

 


 Hoy continuando con la Columna: LA DESCOLONIZACIÓN DEL SABER EUROCENTRICO saludo a la audiencia del Club de la Pluma y a sus conductores Norberto Ganci y Gabriela Fernández.

 

 La columna de hoy lleva por título: Ampliar la teoría crítica del imperialismo

Subtítulo: Los límites de la economía política en las teorías sobre el imperialismo

           

 La propia disciplina, la economía política, pone límites a la teoría y crítica al capitalismo y el imperialismo. Al incorporar la antropología cultural y política se incorpora otro enfoque multilateral, con otros conceptos instrumentales que permiten explicar los sentimientos, creencias, actitudes, prejuicios, racismo, religiosidad y costumbres de superioridad, que la economía política no trata por estar fuera de su campo de estudio. Además, los propios imperialistas naturalizaban estas creencias de superioridad, de racismo, la propiedad privada, incluso la violencia como mecanismo de resolución de conflictos. Se justifican todavía hoy diciendo que es natural y siempre fue así. Roland Barthes planteó la necesidad de distinguir entre naturaleza y cultura. Nada hay de natural en las creencias religiosas, racistas, sentimientos de superioridad, el lenguaje, la propiedad privada y otras formas de propiedad, son todas construcciones socioculturales. En el contexto de cada cultura podemos encontrar patrones culturales o modelos que ordenan la vida interna de un pueblo. Cuando unos pueblos entraban en contacto externo con otros, es el momento en que surgen las diferencias culturales, por tener patrones culturales o matrices distintas con los otros, que antiguamente llamaban barbaros, extranjeros o salvajes, allí es cuando se manifiesta el etnocentrismo costumbre cultural y fundamento de los imperios, ya que no tienen nada de natural someter a un pueblo al colonialismo, o a la esclavitud. La cultura se aprende socioculturalmente y no se trasmite biológicamente. Por lo tanto, el etnocentrismo como tema para la ciencia antropológica está claro hace más de cien años, pero, los dirigentes políticos y los pueblos todavía no se han instruido para entender que es el etnocentrismo y luego superarlo, hay que poner el concepto al alcance de la gente y las naciones, como un acto liberador, pues para eso se investiga.

           

 Los imperialismos son construcciones socioculturales y para justificar su accionar elaboran su propia ideología o doctrina, que les sirve para dar unidad interior y para presentarse al exterior como superior a los otros, a los demás pueblos. El fundamento de su ideología supremacista es el etnocentrismo. Es aquí donde podemos apreciar la importancia de la antropología cultural y política aplicada a los imperios, para entender porque actúan como actúan los imperios, es decir, la forma de pensar, de accionar y de sentirse por encima de los otros, pero dijimos en otra parte que el etnocentrismo era común a la mayoría de los pueblos, en este sentido al proponer la superación de todos los etnocentrismos, la antropología está cumpliendo un rol de liberación, tanto para opresores, como para oprimidos, ambos se liberan. En consecuencia, se abre la factibilidad de un trato simétrico de dialogo, con derecho a la diferencia, a lo distinto. El reconocimiento y valoración de las diversas culturas, modos de vida, ya no barbaros, es lo que reemplaza al etnocentrismo que generaba conflictos y genocidios. Así la antropología aporta otra base de reflexión a la filosofía. 

           

 Otra cosa que no relacionan las teorías económicas del imperialismo, es el etnocentrismo cultural como  fundamento de los imperios, su profunda razón de ser, tanto de los imperios anteriores al capitalismo, como de los imperios capitalistas, resultó que en los imperios anteriores, las guerras, los tributos, y los esclavos, eran los mecanismo que utilizaban para saciar su afán de riqueza y ambición de poder, mientras, que el imperialismo capitalista utiliza además de la guerra y la conquista, el modo de producción capitalista como instrumento, medio y método para obtener riquezas y poder de dominación sociocultural sobre los demás, destruyendo los modos de producción ajenos y sus identidades culturales. Ningún imperio ha carecido de etnocentrismo.

           

 Con lo expresado, quiero decir que la economía no es el fundamento primero que explica la existencia de los imperios capitalistas, sino su método, instrumental, que le permitió la expansión europea por el mundo. Fue entonces cuando los imperios de Europa construyeron la contradicción cultural: Civilización y Barbarie, donde los europeos eran los civilizados y el resto del mundo los barbaros, este enunciado es etnocéntrico, eurocéntrico, porque, manifiesta un sentimiento, creencia y prejuicios de superioridad cultural, racista, religioso, direccionado, hoy sabemos que no hay culturas superiores, ni inferiores, sino, distintas con derecho a la diferencia y a existir.

           

 Los imperios quieren ser libre de toda dominación, al igual que todas las naciones existentes, pero por creerse superior a los demás, se imponen por la fuerza, voluntad de poder y por todas las artimañas posibles a otros pueblos y civilizaciones. Esta contradicción cultural más amplia que la económica y social, como mayor inclusor, permite entender porque los imperios no fueron ni son necesarios, pues ninguna nación necesita ser conquistada, ni esclavizada. Las naciones no necesitan dominadores y dominados, sino, respeto mutuo para convivir, intercambiar, y cooperar para superar problemas de la vida socioculturales de todo tipo. La fuerza militar y tecnológica que justifica de hecho y hace factible la dominación, es solo una ventaja sobre el otro, temible sí, pero que no es aceptable éticamente.

           

 La superación del etnocentrismo es un proceso necesario que abre posibilidades de dialogo intercultural, posibilidades de cooperación, donde la economía sea un complemento de la vida, y la vida no esté al servicio de la economía, ni de los imperios, para que otros vivan mejor, al mismo tiempo que se destruye el ecosistema. 

           

 Si entendemos a cada cultura como un sistema y sus componentes como partes de los universales de la cultura, tales como lengua, religión, educación, jerarquía política, arte, derecho, tecnología, economía, estructura social, forman un todo cultural, un mundo. En este contexto conceptual, la economía es un subsistema del sistema cultural, cuando este subsistema se desplegó por el mundo formando el mercado mundial y enlaza a los pueblos de todos los continentes con el modo de producción capitalista, así se convirtió en un sistema económico hegemónico en el planeta, simultáneamente, esa expansión destruye todo otro modo de producción ajeno, y fue acompañada o dirigida por el supuesto de sentirse y creerse superior a los demás, esto es el etnocentrismo, que se plasmó con la instauración de sus instituciones, difusión de su lengua, adoctrinamiento religiosos, como proceso para aculturar a los pueblos conquistados y colonizados.

           

 Podemos afirmar que simultáneamente a la conducta etnocéntrica, le acompañó el accionar aculturativo procesal de los imperios planificando instalando escuelas que enseñaban su lengua, iglesias que reemplazaban a los dioses nativos, e instituciones de gobierno sobre las formas nativas. El mundo colonial es testigo de los siglos de aculturación, o colonialismo cultural, que ata sin cadenas a las personas cambiando sus identidades para que los imperios puedan explotarlas en las plantaciones, las minas, en las instalaciones de ferrocarriles. Las culturas de los pueblos conquistados en muchos casos quedaban reducidas a una mínima expresión en pocas décadas.

           

 En este caso la antropología cultural y política se combina y complementa con las teorías elaboradas desde la economía política, ampliando el entendimiento sobre los fundamentos, las actuaciones de los imperios, desde sus causas culturales, que se complementan con las observaciones sociológicas e históricas.

           

 El método de la filosofía de la liberación es teórico analéctico por eso hablamos de diversidad cultural, del otro, la alteridad, y al expresar que el etnocentrismo es fundamento de los imperios, señalo la metafísica de la alteridad, que es incluyente donde la totalidad abarca la exterioridad de los otros. No pretendo agotar el tema, solo abrir posibilidades de sentipensar distinto.

           

 Bien me despido hasta el próximo domingo, en que continuaremos hablando desde la perspectiva de la descolonización del saber y el sentir, y así seguir compartiendo con la audiencia un pensar alternativo e inclusivo para el cambio civilizatorio en curso.


PROF. FRANCISCO “PACO” BAUER

Docente de la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades –Universidad Nacional de Córdoba

 

 

Bibliografía

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CAPITALISMO DE GUERRA II - PEDRO RODRIGUEZ

 

CAPITALISMO DE GUERRA II

 


 

Dijimos en nuestra columna anterior: el desafío contemporáneo, el problema urgente que la sociedad enfrenta hoy,  es que el capitalismo, en su fase actual, parece capaz de metabolizar la guerra y la destrucción adoptándolas como fuentes de valor, lo que hace más urgente —y más difícil— articular alternativas que vayan más allá de la mera gestión humanitaria de las crisis. Es hora de que los pueblos enfrenten las políticas guerreristas, porque jamás se han visto guerras que lo favorezcan. En nuestro país, ver que un imbécil nos pone en la tesitura de ingresar a una guerra, o mejor dicho, de ser ingresados sin que medien más que sus delirios y su sometimiento a políticas imperiales, es ya lo que ni siquiera merece ser analizado: ha ido demasiado lejos y los amos le han permitido que vaya demasiado lejos. Esta demencia que vemos goberna el país está en consonancia con lo que se ha dado en llamar capitalismo de guerra. ES LO QUE DECIMOS: ESTE SISTEMA Y NO SÓLO SUS PERSONEROS ESTÁ DEMENTE: NOS LLEVA  A LA MUERTE Y  LA DESTRUCCIÓN.

 

El "Capitalismo de Guerra" no es una circunstancia lamentable ni un "error" de la clase en el poder, es una modalidad del capitalismo donde la violencia sistémica, la militarización y la destrucción dejan de ser excepciones para convertirse en motores permanentes de acumulación. No es simplemente "capitalismo + guerra", sino una reconfiguración estructural donde la lógica militar penetra todos los ámbitos de la reproducción social.

Características distintivas:

 

1. Acumulación por destrucción (no solo por producción) El capitalismo de guerra metaboliza la destrucción masiva como condición de renovación. Como señala el análisis marxista clásico: la guerra permite "reemplazar los productos todavía útiles por un nuevo trabajo vivo", restaurando las condiciones de rentabilidad mediante la aniquilación del capital constante . Es lo que David Harvey conceptualiza como "acumulación por desposesión" en su forma más extrema: no solo expropiar, sino destruir para reconstruir .

 

2. Militarización de la economía civil No se trata solo del complejo militar-industrial tradicional, sino de una penetración militar en funciones sociales básicas. El caso mexicano es ilustrativo: mientras se recortaban presupuestos de salud y ciencia, los fondos militares crecieron 121% (2018-2024), con los ejércitos asumiendo funciones de seguridad pública, infraestructura y hasta servicios civiles . Esto representa una fusión entre Estado, fuerzas armadas y acumulación.

 

3. El "Keynesianismo militar" permanente A diferencia del Keynesianismo social del siglo XX (pleno empleo, welfare), aquí el gasto público se orienta exclusivamente a capacidades destructivas.

 

4. Economía de excepción y apropiación El estado de guerra legitima la apropiación de activos, la suspensión de normas y la concentración extrema. La guerra funciona como mecanismo de centralización capitalista acelerada .

 

5. Tecnología y violencia El progreso técnico se subordina a la lógica militar. Thomas Palley señala que el complejo militar-industrial "retuerce el carácter del progreso técnico" y "retuerce la comprensión social de la geopolítica para aumentar la demanda de servicios de guerra" . La innovación ya no surge primariamente de necesidades civiles, sino de la competencia armamentista.

 

La paradoja central

·                                  El capitalismo de guerra resuelve temporalmente las contradicciones del sistema (sobreacumulación, caída de la tasa de ganancia, saturación de mercados) mediante la destrucción creativa a gran escala. Pero:

· Reproduce la crisis a mayor escala: cada ciclo requiere destrucción creciente

· Genera inestabilidad sistémica: fragmenta el mercado mundial en bloques militares

· Corroe la legitimidad: expone la dependencia del capitalismo de la violencia extrema.

 

El actual cuadro de situación internacional no deja resquicio para ningún optimismo. Lo único que puede hacerse desde nuestro campo es organizarse de todas las maneras posibles para que se oiga la voz del pueblo, de los trabajadores, de los excluidos del sistema.

Es hora de juntarnos, compañeros, de llegar a acuerdos básicos para gestar unidad en la base, dejando de confiar en políticos que sólo se sientan a negociar beneficios personales (SUS beneficios personales). La hora es crítica, y lo primero a considerar, lo que urge hacer, es echar a los delincuentes que han tomado el poder en Argentina. 

 

PEDRO RODRIGUEZ

Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

 

A 50 AÑOS, QUE NADA SIGA IGUAL - PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

 

A 50 AÑOS, QUE NADA SIGA IGUAL


 

Desde Buenos Aires, les mando un gran abrazo a todos los oyentes de El Club de la Pluma

 

En pocos días se cumplirán 50 años del Golpe de Estado de 1976. Muchos marcharemos por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Pero la situación que vive la Argentina hoy amerita la reflexión; hace imprescindible pensar qué cosas hemos aprendido y qué otras nos faltan aprender.

La Historia no es una acumulación de hechos sin sentido ni relación. Por el contrario, teje un hilo conductor que vincula pasado, presente y futuro. Y esta es la primera advertencia sobre nuestra Memoria. Porque puede ocurrir que la Dictadura no haya terminado en 1983 y que 1976 tampoco haya inaugurado en nuestro país el Terrorismo de Estado.

La metalúrgica Vasena era, en 1919, la empresa más importante del sector y ocupaba a 2500 trabajadores. Era conocida por su postura abiertamente antisindical, por sus pésimas condiciones de trabajo, por sus bajos salarios y sus jornadas extensas. El 2 de diciembre de 1918 estalló una huelga. Los trabajadores presentaron un petitorio que incluía la reducción de la jornada de 11 a 8 horas, aumento salarial y respeto al descanso dominical. Pero Alfredo Vasena se negó a recibirlos. Su postura intransigente se apoyaba en la certeza de poder quebrar económicamente a los trabajadores. Contaba para ello con el apoyo de grupos rompehuelgas y civiles armados provistos por la Asociación Nacional del Trabajo, grupo de choque parapolicial tolerado por el Gobierno y creado un año antes por Joaquín Anchorena, presidente de la Sociedad Rural Argentina. El 7 de enero, en la esquina de Pepirí y Amancio Alcorta, más de 100 policías y bomberos armados, apoyados por rompehuelgas también armados, dispararon durante 2 horas sobre casas, huelguistas y vecinos. Mientras tanto, el embajador británico Tower y Joaquín Anchorena se entrevistaban con Yrigoyen para reclamarle medidas más enérgicas. Como respuesta, el presidente nombró a su amigo, Luis Dellepiane (miembro de la Liga Patriótica), Comandante Militar de Buenos Aires, demostrando que ya había decidido reprimir con el ejército y militarizar la ciudad. Dellepiane ordenó a todos los comisarios entregar armas y poner las comisarías a disposición de los grupos paramilitares para hacer arrestos.  

El 9 de enero, con la huelga paralizando Buenos Aires y extendida también en el interior del país, se realizaba el entierro de los trabajadores muertos. Pero ya en el cementerio de Chacarita, policías y bomberos, armados y atrincherados en los murallones, balearon impunemente a la multitud. El entierro terminó en una masacre, pero la violencia prosiguió.

El 11 de enero hubo una gran redada de dirigentes sindicales y socialistas. Casi 5000 personas fueron detenidas. Por la tarde, grupos de civiles armados se lanzaron contra los judíos, cuyos negocios fueron baleados e incendiados. Es el único pogromo registrado en América. También se persiguió y apaleó a rusos, polacos y alemanes, es decir, a todo extranjero que olía a “maximalismo revolucionario”.

Según la embajada de EEUU, La Semana Trágica dejó un saldo de 1356 muertos; 800, nunca fueron identificados. Se quemaron viviendas, cooperativas, sinagogas, locales sindicales y partidarios, periódicos y bibliotecas populares. Fuerzas policiales y parapoliciales ingresaron a domicilios particulares sin orden judicial, asesinaron y golpearon a sus habitantes, destruyeron bienes y violaron a mujeres y niñas. Estos hechos, junto con los fusilamientos de la Patagonia 2 años después, son considerados por muchos autores como el primer acto de Terrorismo de Estado en Argentina. El gobierno de Yrigoyen nunca informó sobre la represión ni publicó la lista de muertos.

Si a estos hechos sumamos la masacre de Napalpí, la ejecución de anarquistas, el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos de Santos Lugares y la violencia antiperonista, el Plan Conintes, la represión del Cordobazo y la acción de la Triple A, debemos reconocer, como afirma Horowicz, que el hilo conductor de nuestra Historia es una cultura criminal de clase, creada y consolidada durante décadas, que nos lleva a la Dictadura de 1976 y que sigue operando, intacta en sus objetivos, aún en democracia. Así lo demuestran los muertos del 2001, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel; los jubilados, discapacitados, trabajadores y despedidos, objetivos de la violencia represiva de Javier Milei.

En su libro “El Desarrollo Ausente”, Hugo Nochteff escribió: “El Golpe Militar (de 1976) no fue dirigido contra el gobierno o la situación social inmediatamente anterior, sino contra todo el proceso iniciado en los treinta, el período de la ISI, proceso que había llevado a una constante erosión del poder económico, social y político de la elite económica local”. A la vez, para Azpiazu, Basualdo y Khavisse, el modelo aplicado trascendió el marco de lo económico para convertirse en un programa de reestructuración integral de la propia organización social.

En sintonía con Richard Gillespie, quien fue contundente a la hora de señalar que las organizaciones armadas ya habían sido diezmadas durante el gobierno anterior y que su poder de fuego era, en 1976, irrelevante, estos textos nos advierten sobre los verdaderos objetivos del Golpe, a la vez que permiten ver con claridad la alianza existente entre el poder económico civil y los militares. Represión y plan económico marchan entonces de la mano, resultan inseparables. El Terrorismo de Estado se articula así con los intereses de las grandes empresas que conforman la elite económica. Martínez de Hoz no hubiese podido nunca llevar adelante su plan contra una sociedad movilizada, organizada y con poderosos sindicatos que nucleaban a los trabajadores en la defensa de sus derechos. No es casual, entonces, que la mayor cantidad de desaparecidos hayan sido trabajadores y delegados sindicales.

A través de la violencia ejercida desde el Estado se aseguró el disciplinamiento de la sociedad que hizo posible a las grandes empresas romper los condicionamientos que les imponían la existencia de derechos sociales. Se aseguraron así la posibilidad de obtener amplios márgenes de ganancias a través de actividades financieras y de la transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia el capital concentrado. El modelo tiene nombre: es la valorización financiera, inseparable del endeudamiento y la fuga de capitales.

Con el argumento de atraer inversiones extranjeras se estableció una gran suba de intereses en el mercado financiero, intereses mucho más altos que los pagados en el mercado internacional. A la vez, y bajo la justificación de hacer más competitivas a las empresas, se abrió la economía a la importación de productos extranjeros. Pero los resultados no fueron los que decían buscar, sino que ocurrió todo lo contrario.

La opción más rentable dejó de ser la producción para pasar a ser la especulación financiera. Las ganancias obtenidas se dolarizaron y, no existiendo impedimento alguno, se fugaron. Así, el Estado se endeudó para satisfacer la permanente demanda de divisas de estos capitales especulativos. Valorización financiera y endeudamiento también marchan de la mano.

Las pequeñas y medianas empresas no pudieron resistir la competencia exterior y quebraron, dejando tras de sí un tendal de desocupados. Esto permitió que la producción industrial quedara a cargo de grandes empresas y conglomerados nacionales y extranjeros, a quienes también se benefició con una serie de privilegios, como la aceptación de sobreprecios en los productos que vendían al Estado, rebajas impositivas, baja considerable del precio de los servicios que recibían del Estado (como la energía eléctrica y el gas) y la denominada “promoción industrial”.

En un modelo que se aleja de la producción y que no depende ya del consumo del mercado interno, el salario deja de ser una variable importante, mucho más si se acompaña de un crecimiento de la desocupación. En 1982, el salario había perdido el 46,4% de su poder adquisitivo respecto del de 1975. La pérdida de derechos laborales implicó un aumento de la tasa de explotación que permitió a las empresas aumentar en un 56,1% sus márgenes de ganancia. De más está decir que el modelo no llevó a un aumento de la competitividad sino a un verdadero aniquilamiento del tejido industrial. En este contexto, la pobreza pasó del 10% de los hogares en marzo del 76 al 27,8% en 1983.  

La reelección de Menem en 1989 y los triunfos de Macri y Milei sólo pueden significar dos cosas. O los argentinos no hemos desarrollado la capacidad para pensar históricamente, para establecer rupturas y continuidades, para conceptualizar un modelo y aplicarlo a una realidad distinta; o somos la continuidad de esa cultura criminal de la que nos habla Horowicz, aceptando y aplaudiendo la violencia, la persecución, la destrucción de las instituciones y del Estado de Derecho. A 50 años del Golpe deberíamos tener en claro que en esas presidencias pueden cambiar los nombres, pero el modelo es el mismo. También que, al igual que en la Dictadura, valorización financiera y represión siempre vienen juntas.

Para Immanuel Kant, las personas pueden vivir en una minoría de edad autoculpable que los hace dependientes, influenciables y sometidos a la voluntad de otros. Su consejo, “Atrévete a pensar”. Y tal vez sea esto lo que como sociedad nos debemos para romper los hilos que nos atan a la violencia y al fracaso. Se lo debemos a las abuelas a las que arrebataron sus nietos, a los que fueron perseguidos y torturados, a los que perdieron amigos y familiares, y a nuestros 30 mil desaparecidos.

A todos los oyentes de El Club de la Pluma, los saludo desde Buenos Aires.

 

PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

Profesora de Historia - Posgrado en Ciencias sociales por FLACSO

 

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA. ¿DE QUÉ LADO ESTÁS? - PROF. VIVIANA ONOFRI

 

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.

 ¿DE QUÉ LADO ESTÁS?

 




 

   Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida. ¡Quédate, que lo de hoy, también te va a interesar! Los invitamos a una mirada diferente sobre lo que ocurre en Oriente Medio, una lectura del filósofo surcoreano Byung Chul Han, como una manera de cortar la información que no se detiene nunca y nos ahoga y satura, para profundizar en aspectos que diferencian a la población de la República Islámica de Irán que resiste y sigue resistiendo desde las primeras sanciones en 1979 y ver cómo Occidente tiene otra percepción y comprensión de lo real, algo así, como que los iraníes y los occidentales no habitan un mismo planeta. Es más, podríamos pensar que Irán no necesita ganar la guerra para derrotar al imperio.

 

  En el año 2002, el Pentágono ejecutó el Milennium Challenge, el Desafío del Milenio, el ejercicio militar más costoso y complejo de la historia humana. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, Estados Unidos simuló una invasión a un adversario en el Golfo Pérsico que, aunque no se nombró explícitamente, tenía todas las huellas dactilares de Irán. El despliegue tecnológico era absoluto. Algoritmos de predicción, vigilancia satelital total y una capacidad de fuego capaz de borrar naciones enteras del mapa, en segundos. Sin embargo, en menos de 24 horas, la superpotencia fue humillada. El general Paul Van Riper, un exoficial del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, lideró las fuerzas “rojas” en representación de Irán, contra las fuerzas “azules”, en representación de los Estados Unidos. El general saltó a la fama por su papel en ese ejercicio militar. Apagó los radares, ignoró las comunicaciones digitales y coordinó la defensa mediante mensajeros en motocicleta y señales de luz desde mezquitas. Utilizó una lógica que el sistema americano no pudo procesar porque sencillamente no estaba en el código. La derrota no fue una falla técnica, sino una grieta ontológica. Estados Unidos intentó mapear el caos como si fueran datos procesables, pero se encontró con lo que el filósofo Byung Chul Han denomina la negatividad, aquello que se resiste a ser visto, medido o consumido. El problema no es que el imperio carezca de ojos, el problema es que sus ojos sólo pueden ver lo que brilla bajo la luz de la transparencia. El conflicto entre Irán y Occidente no es una guerra de armas, sino un choque entre la sociedad del rendimiento, que exige visibilidad y velocidad total y, la sociedad del ritual, que utiliza la opacidad como arma de resistencia.

 

Entenderás que cada dron barato que Irán lanza no es sólo una amenaza a la infraestructura, sino un ataque directo al sistema nervioso de Occidente. Comprenderás por qué el país que domina el espacio físico está perdiendo la batalla contra un enemigo que ya ha conquistado el tiempo. Esta no es una historia de estrategia militar, sino de cómo lo invisible derrota a lo evidente. Estados Unidos quiere ganar el espacio. Irán ya ganó el tiempo. La narrativa convencional reduce este conflicto a una hoja de cálculo. Portaaviones en el Estrecho de Ormuz o la efectividad de las sanciones económicas. Es la lógica de lo que el filósofo surcoreano define como la sociedad del rendimiento, donde el poder sólo se reconoce si es visible, cuantificable y productivo, pero esta lente es peligrosamente superficial. El error de Occidente radica en asumir que el adversario es un sujeto de rendimiento, idéntico a nosotros.

 

 Un actor que busca desesperadamente el crecimiento, la visibilidad y el consumo inmediato como fines últimos. Bajo esta premisa, la estrategia estadounidense actúa como un algoritmo de redes sociales que entra en una crisis de procesamiento cuando un usuario se niega a interactuar. El sistema sabe qué hacer con el odio, con la competencia y con el ruido, pero colapsa ante el silencio absoluto. La inteligencia técnica del imperio está diseñada para optimizar respuestas frente a estímulos constantes, pero se vuelve ciega ante la ausencia de esos estímulos. Irán no es un usuario que intenta mejorar su perfil en el orden global: es un actor que ha decidido salirse de la red manteniendo su presencia física en el servidor. Por eso, las sanciones fallan. Sistemáticamente, intentan asfixiar el consumo en una cultura que, a diferencia de la occidental, aún conserva estructuras profundas de ritual y sacrificio. Mientras la transparencia moderna ha eliminado la negatividad del dolor en favor de una positividad anestésica, el mundo del ritual utiliza la privación como un motor de cohesión simbólica. Para el imperio, un ciudadano que no consume es un ciudadano que se revela. Para la sociedad del ritual, la escasez es el combustible de una identidad que no depende de lo que posee, sino de lo que es capaz de resistir. El desajuste es total. Intentan doblegar una voluntad milenaria usando las herramientas de un ciclo de consumo de 24 horas. No es una falla diplomática, es una ceguera sistémica que ignora que el verdadero campo de batalla no es el mercado, sino la propia estructura de la realidad. Para comprender la profundidad de este abismo, debemos abandonar la superficie de los mapas militares y adentrarnos en la estructura misma de nuestra realidad.

 

 Vivimos en lo que el filósofo surcoreano llama la sociedad de la transparencia: un ecosistema donde todo lo que existe debe ser expuesto, medido y procesado para ser considerado real. En Occidente, la transparencia no es una virtud moral, es una coacción sistémica. Se nos exige ser legibles, estar hiperconectados y convertir cada fragmento de identidad en un dato consumible. En este mundo de positividad total, el secreto es visto como una patología, una falla en el código. Sin embargo, es precisamente en esta grieta ontológica donde Irán ha construido su fortaleza más inexpugnable. Bajo la lente de la filosofía occidental, Irán no es sólo un adversario geopolítico, es el OTRO ABSOLUTO. Mientras Estados Unidos busca eliminar lo distinto para convertirlo en lo igual, una mercancía uniforme que los algoritmos puedan digerir, la cultura del ritual iraní se mantiene como un cuerpo extraño que el sistema no puede metabolizar. Esta resistencia nace de una estructura temporal y psíquica que Han describe como el aroma del tiempo. Occidente habita un tiempo atómico, fragmentado en noticias de última hora, tendencias efímeras y ciclos electorales de cuatro años.

 

 Es un tiempo sin duración, una sucesión de instantes vacíos donde nada permanece porque todo debe ser reemplazado para mantener el flujo del capital. El imperio es extremadamente veloz, pero carece de memoria y de paciencia. Frente a esto, la sociedad del ritual opera en un tiempo narrativo. Para ellos, el tiempo no es un recurso que se gasta, sino una atmósfera que se desprende de la repetición y de la permanencia. Teherán mide su estrategia en décadas y milenios. Esa asimetría temporal es la verdadera arma de destrucción masiva contra una superpotencia que sufre de trastorno de déficit de atención sistémico. La opacidad de Irán no es un síntoma de atraso, sino una sofisticada decisión política de preservación. En la era de la infocracia en el que la era digital pretende iluminar cada rincón del pensamiento humano para predecir conductas, el secreto es la única forma de soberanía real. Ser invisible es la única manera de ser libre frente al algoritmo.

 

 Y ahora continuamos con reflexiones personales. En esta sociedad iraní de lo ritual frente a la visibilidad occidental de los algoritmos, la muerte física cobra otra significación. El martirio es una instancia que Occidente no comprende y es la sustancia de la que está impregnada la resistencia y la revolución iraní. Pero no sólo pensemos en los mártires asesinados por Occidente en Irán, sino en los mártires que Israel y parte de Occidente provocaron en Gaza, Cisjordania, el Líbano, Siria y Yemen. Y como estamos en el mes de la memoria en Argentina, pensemos -aunque sea por un instante-. en nuestros mártires, porque el algoritmo no se detiene y no nos deja tiempo para los nuestros. Porque es el pueblo quien pone los cuerpos, quien es martirizado de todas las formas imaginables, porque en este mes de marzo se unen los mártires de Oriente Medio y los argentinos en un mismo símbolo de resistencia. ¿De qué lado estás? ¿Te lo preguntaste? ¿Estás del lado de un gobierno demoníaco que apoya la matanza de 150 niñas o pudiste detener tu flujo de la conciencia y reflexionar un poquito sobre el martirio de los inocentes?

 

  Me despido de nuestra querida audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

 

 ¡Hasta la victoria siempre, compañeros! ¡Palestina libre! ¡Irán, presente!


 

 


PROF. VIVIANA ONOFRI

 Desde Islas Canarias

 Profesora en Letras, ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata