RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 20 de marzo de 2026

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA. ¿DE QUÉ LADO ESTÁS? - PROF. VIVIANA ONOFRI

 

LA ASIMETRÍA TEMPORAL DE IRÁN COMO VERDADERA ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.

 ¿DE QUÉ LADO ESTÁS?

 




 

   Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida. ¡Quédate, que lo de hoy, también te va a interesar! Los invitamos a una mirada diferente sobre lo que ocurre en Oriente Medio, una lectura del filósofo surcoreano Byung Chul Han, como una manera de cortar la información que no se detiene nunca y nos ahoga y satura, para profundizar en aspectos que diferencian a la población de la República Islámica de Irán que resiste y sigue resistiendo desde las primeras sanciones en 1979 y ver cómo Occidente tiene otra percepción y comprensión de lo real, algo así, como que los iraníes y los occidentales no habitan un mismo planeta. Es más, podríamos pensar que Irán no necesita ganar la guerra para derrotar al imperio.

 

  En el año 2002, el Pentágono ejecutó el Milennium Challenge, el Desafío del Milenio, el ejercicio militar más costoso y complejo de la historia humana. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, Estados Unidos simuló una invasión a un adversario en el Golfo Pérsico que, aunque no se nombró explícitamente, tenía todas las huellas dactilares de Irán. El despliegue tecnológico era absoluto. Algoritmos de predicción, vigilancia satelital total y una capacidad de fuego capaz de borrar naciones enteras del mapa, en segundos. Sin embargo, en menos de 24 horas, la superpotencia fue humillada. El general Paul Van Riper, un exoficial del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, lideró las fuerzas “rojas” en representación de Irán, contra las fuerzas “azules”, en representación de los Estados Unidos. El general saltó a la fama por su papel en ese ejercicio militar. Apagó los radares, ignoró las comunicaciones digitales y coordinó la defensa mediante mensajeros en motocicleta y señales de luz desde mezquitas. Utilizó una lógica que el sistema americano no pudo procesar porque sencillamente no estaba en el código. La derrota no fue una falla técnica, sino una grieta ontológica. Estados Unidos intentó mapear el caos como si fueran datos procesables, pero se encontró con lo que el filósofo Byung Chul Han denomina la negatividad, aquello que se resiste a ser visto, medido o consumido. El problema no es que el imperio carezca de ojos, el problema es que sus ojos sólo pueden ver lo que brilla bajo la luz de la transparencia. El conflicto entre Irán y Occidente no es una guerra de armas, sino un choque entre la sociedad del rendimiento, que exige visibilidad y velocidad total y, la sociedad del ritual, que utiliza la opacidad como arma de resistencia.

 

Entenderás que cada dron barato que Irán lanza no es sólo una amenaza a la infraestructura, sino un ataque directo al sistema nervioso de Occidente. Comprenderás por qué el país que domina el espacio físico está perdiendo la batalla contra un enemigo que ya ha conquistado el tiempo. Esta no es una historia de estrategia militar, sino de cómo lo invisible derrota a lo evidente. Estados Unidos quiere ganar el espacio. Irán ya ganó el tiempo. La narrativa convencional reduce este conflicto a una hoja de cálculo. Portaaviones en el Estrecho de Ormuz o la efectividad de las sanciones económicas. Es la lógica de lo que el filósofo surcoreano define como la sociedad del rendimiento, donde el poder sólo se reconoce si es visible, cuantificable y productivo, pero esta lente es peligrosamente superficial. El error de Occidente radica en asumir que el adversario es un sujeto de rendimiento, idéntico a nosotros.

 

 Un actor que busca desesperadamente el crecimiento, la visibilidad y el consumo inmediato como fines últimos. Bajo esta premisa, la estrategia estadounidense actúa como un algoritmo de redes sociales que entra en una crisis de procesamiento cuando un usuario se niega a interactuar. El sistema sabe qué hacer con el odio, con la competencia y con el ruido, pero colapsa ante el silencio absoluto. La inteligencia técnica del imperio está diseñada para optimizar respuestas frente a estímulos constantes, pero se vuelve ciega ante la ausencia de esos estímulos. Irán no es un usuario que intenta mejorar su perfil en el orden global: es un actor que ha decidido salirse de la red manteniendo su presencia física en el servidor. Por eso, las sanciones fallan. Sistemáticamente, intentan asfixiar el consumo en una cultura que, a diferencia de la occidental, aún conserva estructuras profundas de ritual y sacrificio. Mientras la transparencia moderna ha eliminado la negatividad del dolor en favor de una positividad anestésica, el mundo del ritual utiliza la privación como un motor de cohesión simbólica. Para el imperio, un ciudadano que no consume es un ciudadano que se revela. Para la sociedad del ritual, la escasez es el combustible de una identidad que no depende de lo que posee, sino de lo que es capaz de resistir. El desajuste es total. Intentan doblegar una voluntad milenaria usando las herramientas de un ciclo de consumo de 24 horas. No es una falla diplomática, es una ceguera sistémica que ignora que el verdadero campo de batalla no es el mercado, sino la propia estructura de la realidad. Para comprender la profundidad de este abismo, debemos abandonar la superficie de los mapas militares y adentrarnos en la estructura misma de nuestra realidad.

 

 Vivimos en lo que el filósofo surcoreano llama la sociedad de la transparencia: un ecosistema donde todo lo que existe debe ser expuesto, medido y procesado para ser considerado real. En Occidente, la transparencia no es una virtud moral, es una coacción sistémica. Se nos exige ser legibles, estar hiperconectados y convertir cada fragmento de identidad en un dato consumible. En este mundo de positividad total, el secreto es visto como una patología, una falla en el código. Sin embargo, es precisamente en esta grieta ontológica donde Irán ha construido su fortaleza más inexpugnable. Bajo la lente de la filosofía occidental, Irán no es sólo un adversario geopolítico, es el OTRO ABSOLUTO. Mientras Estados Unidos busca eliminar lo distinto para convertirlo en lo igual, una mercancía uniforme que los algoritmos puedan digerir, la cultura del ritual iraní se mantiene como un cuerpo extraño que el sistema no puede metabolizar. Esta resistencia nace de una estructura temporal y psíquica que Han describe como el aroma del tiempo. Occidente habita un tiempo atómico, fragmentado en noticias de última hora, tendencias efímeras y ciclos electorales de cuatro años.

 

 Es un tiempo sin duración, una sucesión de instantes vacíos donde nada permanece porque todo debe ser reemplazado para mantener el flujo del capital. El imperio es extremadamente veloz, pero carece de memoria y de paciencia. Frente a esto, la sociedad del ritual opera en un tiempo narrativo. Para ellos, el tiempo no es un recurso que se gasta, sino una atmósfera que se desprende de la repetición y de la permanencia. Teherán mide su estrategia en décadas y milenios. Esa asimetría temporal es la verdadera arma de destrucción masiva contra una superpotencia que sufre de trastorno de déficit de atención sistémico. La opacidad de Irán no es un síntoma de atraso, sino una sofisticada decisión política de preservación. En la era de la infocracia en el que la era digital pretende iluminar cada rincón del pensamiento humano para predecir conductas, el secreto es la única forma de soberanía real. Ser invisible es la única manera de ser libre frente al algoritmo.

 

 Y ahora continuamos con reflexiones personales. En esta sociedad iraní de lo ritual frente a la visibilidad occidental de los algoritmos, la muerte física cobra otra significación. El martirio es una instancia que Occidente no comprende y es la sustancia de la que está impregnada la resistencia y la revolución iraní. Pero no sólo pensemos en los mártires asesinados por Occidente en Irán, sino en los mártires que Israel y parte de Occidente provocaron en Gaza, Cisjordania, el Líbano, Siria y Yemen. Y como estamos en el mes de la memoria en Argentina, pensemos -aunque sea por un instante-. en nuestros mártires, porque el algoritmo no se detiene y no nos deja tiempo para los nuestros. Porque es el pueblo quien pone los cuerpos, quien es martirizado de todas las formas imaginables, porque en este mes de marzo se unen los mártires de Oriente Medio y los argentinos en un mismo símbolo de resistencia. ¿De qué lado estás? ¿Te lo preguntaste? ¿Estás del lado de un gobierno demoníaco que apoya la matanza de 150 niñas o pudiste detener tu flujo de la conciencia y reflexionar un poquito sobre el martirio de los inocentes?

 

  Me despido de nuestra querida audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

 

 ¡Hasta la victoria siempre, compañeros! ¡Palestina libre! ¡Irán, presente!


 

 


PROF. VIVIANA ONOFRI

 Desde Islas Canarias

 Profesora en Letras, ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

No hay comentarios: