GABRIELA
MISTRAL: LA VOZ QUE NOMBRÓ
LO QUE OTROS CALLABAN
¡América, América! Todo por ella;
porque todo nos vendrá de ella, desdicha o bien.
Somos aún México, Venezuela, Chile,
el azteca español, el quechua español, el araucano español; pero
seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un
solo dolor y no más que un anhelo Gabriela Mistral, fragmento de “El
grito”
publicado
originalmente en el periódico costarricense Repertorio
Americano en abril de 1922.
Cuando
hablamos de la poesía latinoamericana, hay un nombre que sostiene los cimientos
de nuestra casa común. Lucila Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889, en
Vicuña, un pequeño pueblo del valle de Elqui, en el norte de Chile. El mundo la
conoce como Gabriela Mistral. Hoy quiero hablarles de la poeta, de la maestra y
de la mujer que, con su obra y con su vida, desafió los estatutos de un mundo
que no estaba hecho para ella, mundo que, sin duda, ella modificó y mejoró con
sus versos y sus actos.
Una mujer de provincia en un mundo estructurado para hombres
Mistral no venía de los salones literarios ni de las universidades. Era miembro de una familia humilde, una niña de campo que comenzó a trabajar como maestra rural siendo apenas una adolescente. Escribía artículos en periódicos locales, y esa libertad le fue cobrada: cuando quiso ingresar a la Escuela Normal, le cerraron la puerta (como a las niñas y mujeres nos ha sucedido en grandes porciones de la historia humana) en parte por las ideas e inteligencia que expresaba en sus textos. Una joven de escasos recursos materiales, mestiza, sin título y con opiniones propias no cabía en el molde de lo aceptable.
Pero
ella no pidió permiso. Se formó sola como se forman las montañas: leyó sin
descanso y siguió enseñando pese a las negativas de las instituciones de
hombres, por hombres, para hombres. No detuvo su escritura, mejor dicho: no se
detuvo en su escritura y, en 1914 ganó el premio de los Juegos Florales de
Santiago con los Sonetos de la muerte,
título manifiesto de su perspectiva frente a la vida. Desde ese momento su voz
ya no pudo ser ignorada. Escogió el seudónimo Gabriela Mistral, que según se
cuenta proviene de su inspiración en el poeta italiano Gabriele D'Annunzio y
Mistral del escritor provenzal Frédéric Mistral (Premio Nobel de Literatura en
1904). No en vano, al recurrir a estos autores entendemos que el nombre de
Gabriela Mistral carga lo que su poesía: algo hermoso, una bella ráfaga que
sacude.
Una
obra hecha de dolor, ternura y tierra
Su
primer gran libro, Desolación,
apareció en 1922. Le siguieron Ternura,
en 1924, Tala, en 1938, y Lagar, en 1954. Después de su muerte se
publicó Poema de Chile. Cada una de
estas obras es una puerta abierta a una sensibilidad que cambió la manera de
escribir en nuestra lengua y en nuestra porción de cielo y tierra.
Mistral
escribió sobre el amor y la pérdida, sobre la infancia, sobre la maternidad que
vivió sin ser madre biológica, sobre la tierra, los paisajes americanos y la
gente sencilla, sobre los ciudadanos y ciudadanas de a pie. Hizo poesía con
aquello que la tradición había considerado menor: las nanas, los oficios, el
trabajo de las mujeres, la infancia empobrecida, la vida cotidiana de los
pueblos. Y al hacerlo, demostró que lo íntimo también es universal, y que lo
que se vive en la periferia puede ser el centro del mundo.
Educación
sinónimo de Justicia
Para
Mistral, enseñar era un acto político y profundamente humano y lo debería ser
para cualquier educador. En 1922 el gobierno de México la invitó a colaborar en
la reforma educativa impulsada por José Vasconcelos. Allí trabajó por la
creación de bibliotecas y por una educación que llegara al campesinado y a los
pueblos aborígenes, nativos y dueños primigenios de las tierras. Creía que un
país es verdaderamente justo cuando los hijos del campesino tienen los mismos
libros que los hijos del patrón.
Esa
convicción atraviesa toda su vida. Defendió la dignidad de los pueblos
originarios y de los más pobres, reivindicó la identidad mestiza de América
Latina y se solidarizó con causas que muchos de sus contemporáneos preferían
evitar. Alzó su voz a favor de Augusto César Sandino, en Nicaragua, y se
conmovió con el sufrimiento de las niñas y niños refugiados de la guerra civil
española. Para ella, la igualdad no era un adorno retórico sino una exigencia
moral. También escribió y reflexionó sobre el lugar que tienen y que se les ha
arrebatado a las mujeres en la sociedad, en una época en que se esperaba de
ellas el silencio y las pocas opciones típicas de vida: ser profesoras,
religiosas, esposas y ojalá: madres.
El
Nobel de 1945
El 10
de diciembre de 1945, en Estocolmo, Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de
Literatura. Fue la primera persona latinoamericana en lograrlo y la segunda
mujer en ganar un Premio Nobel de literatura siguiendo a la sueca Selma
Lagerlöf. Pensemos en lo que eso
significaba: una mujer, nacida en un pueblo del Elqui, sin formación
universitaria, hablante de una lengua que, aunque de una colonia europea,
Europa miraba con distancia, llegaba al máximo reconocimiento literario del
planeta. En su discurso habló con la historia y la voz de los poetas de su
continente, de esos y esas que el mundo casi nunca escucha.
Pero,
para recordar los “manoseos y las asquerosidades públicas” de las que se mofa
el gran Sabato, el premio la volvió un símbolo, y los símbolos siempre tienen
“una suma de malentendidos” como diría el autor argentino y suelen venir con
una jaula: la jaula de la imagen oficial.
La
imagen oficial y lo que se quiso ocultar
Durante
décadas, buena parte de la sociedad la quiso ver de una sola manera: como la
maestra austera, la poeta de las madres y de los niños, la mujer casta,
ejemplar y sin sombras. Esa lectura era cómoda, y como lo cómodo en general:
reducido, pues le disminuía al genio poético a la figura dulce y maternal. La
palabra “poetisa”, tantas veces usada con condescendencia, hacía lo mismo:
encerraba a una creadora enorme en una categoría pequeña. Pero Mistral era y
sigue siendo más compleja que ese retrato. Fue una mujer de fe profunda en la
justicia y, al mismo tiempo, una pensadora independiente. Fue celosa de su
intimidad, sí, y es comprensible: vivió en una época hostil con las mujeres
libres y todavía más con las mujeres que amaban a otras mujeres.
Hoy
sabemos mucho más. Tras la muerte de Doris Dana, su compañera de los últimos
años, el legado de Mistral fue entregado a Chile en 2007 y quedó bajo resguardo
de la Biblioteca Nacional del mismo país. Ese archivo incluía miles de
documentos, entre ellos cartas de amor que Mistral le escribió a Dana entre
1948 y 1956. Se publicaron en 2009 con el título Niña errante, y revelaron una relación humana de una pareja que se
amó. Dana negó esa relación hasta el final de su vida por la presión machista y
absurda de los tiempos que las rigieron, y Mistral nunca habló públicamente de
ella. Pero las cartas hablan y hablan con una ternura y una intensidad que nos
recuerdan que su poesía amorosa no era una máscara, sino una verdad. Durante
mucho tiempo, esa dimensión de su vida fue negada, disimulada o cubierta con
eufemismos. Para algunos sectores conservadores resultaba más cómodo preservar
la figura de una santa laica que reconocer a una mujer completa, con deseo, con
celos, con angustias y con amor por otra mujer. Hablar hoy de su vida afectiva
puede ser completar su retrato y devolverle la humanidad que la imagen oficial
le quitó y que ha buscado reducirla siempre.
Una
mujer que desafió con su sola existencia
Pensemos
en todo lo que Mistral reunió en una sola persona: mujer, de origen humilde,
mestiza, autodidacta, poeta, maestra, diplomática, Premio Nobel y mujer que amó
a otras mujeres. Cada una de esas condiciones era, en su tiempo, una frontera.
Y ella las cruzó todas.
Desafió
el machismo que decía que las mujeres no debían ocupar el espacio público ni
opinar sobre política, educación o cultura, tiene uno que ser un necio y un
ciego voluntario para propiciar y apoyar posturas tan obtusas y reducidas.
Mistral desafió el clasismo que le negaba un lugar por haber nacido pobre.
Desafió el silencio que se imponía sobre el deseo femenino y sobre el amor
entre mujeres. Y lo hizo sin estridencias, con lo que mejor sabía hacer: la
palabra, la constancia, la dignidad y el trabajo.
Hoy,
cuando seguimos discutiendo la igualdad, los derechos de las mujeres, la
diversidad y el derecho a amar con libertad, Gabriela Mistral nos deja una
lección vigente. Nos enseña que la poesía puede ser una forma de ciudadanía.
Que una voz puede ser a la vez íntima y política. Y que reivindicar a quienes
fueron silenciadas es también una manera de construir un futuro más justo.
Leer
a Mistral es descubrir la raíz de nuestra tradición poética. Pero también es
aceptar una invitación: la de mirar a nuestro alrededor y preguntarnos qué voces
seguimos sin escuchar, qué historias seguimos cubriendo con eufemismos y qué
maestras, qué campesinas, qué mujeres siguen esperando que alguien las nombre.
Gabriela
Mistral nombró lo que otros callaban. Que su palabra siga nombrándonos y
nombrando los territorios y vidas vulneradas por los infinitos desaciertos
humanos. Muchas gracias.
PROF.
Diana Acosta Rippe
Desde
Colombia -
Profesora
de literatura - Actriz - Directora de Teatro - Escritora
Bibliografía y
referencias web Bibliografía
Teitelboim,
V. (1991). Gabriela Mistral pública y
secreta. Santiago de Chile: Ediciones BAT.
Horan,
E. (1994). Gabriela Mistral: An Artist
and Her People. Washington, D. C.: Organización de los Estados Americanos.
Mistral,
G. (2009). Niña errante: cartas a Doris
Dana. Edición de Pedro Pablo Zegers. Santiago de Chile: Fondo Franciscano
Hermana Gabriela Mistral / Lumen.
Mistral,
G. (1922). Desolación. Nueva York:
Instituto de las Españas en los Estados Unidos.
Mistral,
G. (1938). Tala. Buenos Aires: Sur.
Mistral,
G. (1954). Lagar. Santiago de Chile:
Editorial del Pacífico.
Mistra
G. A cien años de su nacimiento, 1889 -1989, Biblioteca Nacional, Dirección de
Bibliotecas, Archivos y museos, Santiago de Chile
Referencias Web:
https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3429.html
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/gabriela-mistral-nica-y-diversa-0/html/018d6528-82b211df-acc7-002185ce6064_4.html

2 comentarios:
Increíble! Gracias por compartir, por enseñar y por comunicar todo de forma tan acertada.
Me encantó !!!
Gracias...
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