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domingo, 1 de noviembre de 2026

GABRIELA MISTRAL: LA VOZ QUE NOMBRÓ LO QUE OTROS CALLABAN - PROF. Diana Acosta Rippe - Desde Colombia -

 

GABRIELA MISTRAL: LA VOZ QUE NOMBRÓ

 LO QUE OTROS CALLABAN




 

¡América, América! Todo por ella; porque todo nos vendrá de ella, desdicha o bien.

Somos aún México, Venezuela, Chile, el azteca español, el quechua español, el araucano español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo Gabriela Mistral, fragmento de “El grito” 

publicado originalmente en el periódico costarricense Repertorio Americano en abril de 1922.

 

Cuando hablamos de la poesía latinoamericana, hay un nombre que sostiene los cimientos de nuestra casa común. Lucila Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889, en Vicuña, un pequeño pueblo del valle de Elqui, en el norte de Chile. El mundo la conoce como Gabriela Mistral. Hoy quiero hablarles de la poeta, de la maestra y de la mujer que, con su obra y con su vida, desafió los estatutos de un mundo que no estaba hecho para ella, mundo que, sin duda, ella modificó y mejoró con sus versos y sus actos. 

Una mujer de provincia en un mundo estructurado para hombres  

Mistral no venía de los salones literarios ni de las universidades. Era miembro de una familia humilde, una niña de campo que comenzó a trabajar como maestra rural siendo apenas una adolescente. Escribía artículos en periódicos locales, y esa libertad le fue cobrada: cuando quiso ingresar a la Escuela Normal, le cerraron la puerta (como a las niñas y mujeres nos ha sucedido en grandes porciones de la historia humana) en parte por las ideas e inteligencia que expresaba en sus textos. Una joven de escasos recursos materiales, mestiza, sin título y con opiniones propias no cabía en el molde de lo aceptable.

Pero ella no pidió permiso. Se formó sola como se forman las montañas: leyó sin descanso y siguió enseñando pese a las negativas de las instituciones de hombres, por hombres, para hombres. No detuvo su escritura, mejor dicho: no se detuvo en su escritura y, en 1914 ganó el premio de los Juegos Florales de Santiago con los Sonetos de la muerte, título manifiesto de su perspectiva frente a la vida. Desde ese momento su voz ya no pudo ser ignorada. Escogió el seudónimo Gabriela Mistral, que según se cuenta proviene de su inspiración en el poeta italiano Gabriele D'Annunzio y Mistral del escritor provenzal Frédéric Mistral (Premio Nobel de Literatura en 1904). No en vano, al recurrir a estos autores entendemos que el nombre de Gabriela Mistral carga lo que su poesía: algo hermoso, una bella ráfaga que sacude.

Una obra hecha de dolor, ternura y tierra

Su primer gran libro, Desolación, apareció en 1922. Le siguieron Ternura, en 1924, Tala, en 1938, y Lagar, en 1954. Después de su muerte se publicó Poema de Chile. Cada una de estas obras es una puerta abierta a una sensibilidad que cambió la manera de escribir en nuestra lengua y en nuestra porción de cielo y tierra.

Mistral escribió sobre el amor y la pérdida, sobre la infancia, sobre la maternidad que vivió sin ser madre biológica, sobre la tierra, los paisajes americanos y la gente sencilla, sobre los ciudadanos y ciudadanas de a pie. Hizo poesía con aquello que la tradición había considerado menor: las nanas, los oficios, el trabajo de las mujeres, la infancia empobrecida, la vida cotidiana de los pueblos. Y al hacerlo, demostró que lo íntimo también es universal, y que lo que se vive en la periferia puede ser el centro del mundo.

Educación sinónimo de Justicia  

Para Mistral, enseñar era un acto político y profundamente humano y lo debería ser para cualquier educador. En 1922 el gobierno de México la invitó a colaborar en la reforma educativa impulsada por José Vasconcelos. Allí trabajó por la creación de bibliotecas y por una educación que llegara al campesinado y a los pueblos aborígenes, nativos y dueños primigenios de las tierras. Creía que un país es verdaderamente justo cuando los hijos del campesino tienen los mismos libros que los hijos del patrón.

Esa convicción atraviesa toda su vida. Defendió la dignidad de los pueblos originarios y de los más pobres, reivindicó la identidad mestiza de América Latina y se solidarizó con causas que muchos de sus contemporáneos preferían evitar. Alzó su voz a favor de Augusto César Sandino, en Nicaragua, y se conmovió con el sufrimiento de las niñas y niños refugiados de la guerra civil española. Para ella, la igualdad no era un adorno retórico sino una exigencia moral. También escribió y reflexionó sobre el lugar que tienen y que se les ha arrebatado a las mujeres en la sociedad, en una época en que se esperaba de ellas el silencio y las pocas opciones típicas de vida: ser profesoras, religiosas, esposas y ojalá: madres. 

El Nobel de 1945

El 10 de diciembre de 1945, en Estocolmo, Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura. Fue la primera persona latinoamericana en lograrlo y la segunda mujer en ganar un Premio Nobel de literatura siguiendo a la sueca Selma Lagerlöf.  Pensemos en lo que eso significaba: una mujer, nacida en un pueblo del Elqui, sin formación universitaria, hablante de una lengua que, aunque de una colonia europea, Europa miraba con distancia, llegaba al máximo reconocimiento literario del planeta. En su discurso habló con la historia y la voz de los poetas de su continente, de esos y esas que el mundo casi nunca escucha.

Pero, para recordar los “manoseos y las asquerosidades públicas” de las que se mofa el gran Sabato, el premio la volvió un símbolo, y los símbolos siempre tienen “una suma de malentendidos” como diría el autor argentino y suelen venir con una jaula: la jaula de la imagen oficial.

La imagen oficial y lo que se quiso ocultar

Durante décadas, buena parte de la sociedad la quiso ver de una sola manera: como la maestra austera, la poeta de las madres y de los niños, la mujer casta, ejemplar y sin sombras. Esa lectura era cómoda, y como lo cómodo en general: reducido, pues le disminuía al genio poético a la figura dulce y maternal. La palabra “poetisa”, tantas veces usada con condescendencia, hacía lo mismo: encerraba a una creadora enorme en una categoría pequeña. Pero Mistral era y sigue siendo más compleja que ese retrato. Fue una mujer de fe profunda en la justicia y, al mismo tiempo, una pensadora independiente. Fue celosa de su intimidad, sí, y es comprensible: vivió en una época hostil con las mujeres libres y todavía más con las mujeres que amaban a otras mujeres.

Hoy sabemos mucho más. Tras la muerte de Doris Dana, su compañera de los últimos años, el legado de Mistral fue entregado a Chile en 2007 y quedó bajo resguardo de la Biblioteca Nacional del mismo país. Ese archivo incluía miles de documentos, entre ellos cartas de amor que Mistral le escribió a Dana entre 1948 y 1956. Se publicaron en 2009 con el título Niña errante, y revelaron una relación humana de una pareja que se amó. Dana negó esa relación hasta el final de su vida por la presión machista y absurda de los tiempos que las rigieron, y Mistral nunca habló públicamente de ella. Pero las cartas hablan y hablan con una ternura y una intensidad que nos recuerdan que su poesía amorosa no era una máscara, sino una verdad. Durante mucho tiempo, esa dimensión de su vida fue negada, disimulada o cubierta con eufemismos. Para algunos sectores conservadores resultaba más cómodo preservar la figura de una santa laica que reconocer a una mujer completa, con deseo, con celos, con angustias y con amor por otra mujer. Hablar hoy de su vida afectiva puede ser completar su retrato y devolverle la humanidad que la imagen oficial le quitó y que ha buscado reducirla siempre. 

Una mujer que desafió con su sola existencia

Pensemos en todo lo que Mistral reunió en una sola persona: mujer, de origen humilde, mestiza, autodidacta, poeta, maestra, diplomática, Premio Nobel y mujer que amó a otras mujeres. Cada una de esas condiciones era, en su tiempo, una frontera. Y ella las cruzó todas.

Desafió el machismo que decía que las mujeres no debían ocupar el espacio público ni opinar sobre política, educación o cultura, tiene uno que ser un necio y un ciego voluntario para propiciar y apoyar posturas tan obtusas y reducidas. Mistral desafió el clasismo que le negaba un lugar por haber nacido pobre. Desafió el silencio que se imponía sobre el deseo femenino y sobre el amor entre mujeres. Y lo hizo sin estridencias, con lo que mejor sabía hacer: la palabra, la constancia, la dignidad y el trabajo.

Hoy, cuando seguimos discutiendo la igualdad, los derechos de las mujeres, la diversidad y el derecho a amar con libertad, Gabriela Mistral nos deja una lección vigente. Nos enseña que la poesía puede ser una forma de ciudadanía. Que una voz puede ser a la vez íntima y política. Y que reivindicar a quienes fueron silenciadas es también una manera de construir un futuro más justo.

Leer a Mistral es descubrir la raíz de nuestra tradición poética. Pero también es aceptar una invitación: la de mirar a nuestro alrededor y preguntarnos qué voces seguimos sin escuchar, qué historias seguimos cubriendo con eufemismos y qué maestras, qué campesinas, qué mujeres siguen esperando que alguien las nombre.

Gabriela Mistral nombró lo que otros callaban. Que su palabra siga nombrándonos y nombrando los territorios y vidas vulneradas por los infinitos desaciertos humanos. Muchas gracias.

 


PROF.  Diana Acosta Rippe

Desde Colombia -

Profesora de literatura - Actriz - Directora de Teatro - Escritora

 

 

Bibliografía y referencias web Bibliografía 

Teitelboim, V. (1991). Gabriela Mistral pública y secreta. Santiago de Chile: Ediciones BAT.

Horan, E. (1994). Gabriela Mistral: An Artist and Her People. Washington, D. C.: Organización de los Estados Americanos.

Mistral, G. (2009). Niña errante: cartas a Doris Dana. Edición de Pedro Pablo Zegers. Santiago de Chile: Fondo Franciscano Hermana Gabriela Mistral / Lumen.

Mistral, G. (1922). Desolación. Nueva York: Instituto de las Españas en los Estados Unidos.

Mistral, G. (1938). Tala. Buenos Aires: Sur.

Mistral, G. (1954). Lagar. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico.

Mistra G. A cien años de su nacimiento, 1889 -1989, Biblioteca Nacional, Dirección de Bibliotecas, Archivos y museos, Santiago de Chile

 

Referencias Web: 

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3429.html

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/gabriela-mistral-nica-y-diversa-0/html/018d6528-82b211df-acc7-002185ce6064_4.html

 

 

2 comentarios:

Nata Morris dijo...

Increíble! Gracias por compartir, por enseñar y por comunicar todo de forma tan acertada.
Me encantó !!!

Gis dijo...

Gracias...