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domingo, 25 de octubre de 2026

MARXISMO INSUSTITUIBLE (SEGUNDA PARTE) - PEDRO RODRIGUEZ - Militante Social

 

 

MARXISMO INSUSTITUIBLE (SEGUNDA PARTE)

 



 

La vigencia actual de la crítica marxista se nutre de las crisis estructurales del sistema económico global. La crisis financiera de 2008, el aumento exponencial de la desigualdad a nivel mundial, la precarización laboral y la emergencia de la crisis climática han renovado el interés por las teorías que cuestionan la lógica de la acumulación ilimitada de capital. Ah, perdón, no cabe el plural: sólo el marxismo cuestiona esa lógica.

 

Uno de los campos donde la crítica marxista ha demostrado mayor vitalidad en la actualidad es en la ecología política. El "eco-marxismo", impulsado por autores como John Bellamy Foster, ha rescatado el concepto de "fractura metabólica" presente en los escritos tardíos de Marx. Desde esta perspectiva, se argumenta que el capitalismo genera una ruptura irreconciliable entre la sociedad humana y los ciclos naturales, impulsado por la necesidad de crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos. Esta vertiente teórica ofrece un marco analítico para comprender el cambio climático no como un simple fallo tecnológico o de políticas públicas, sino como una consecuencia estructural de un sistema que prioriza el valor de cambio sobre el valor de uso y la sostenibilidad ecológica.

 

En el ámbito cultural y tecnológico, la Escuela de Frankfurt sentó las bases para que el marxismo contemporáneo analizara la industria cultural y la alienación en la sociedad de consumo. Hoy, teóricos como Fredric Jameson o Mark Fisher adaptan estas ideas para criticar el "realismo capitalista", la mercantilización de la atención en las redes sociales y la economía de plataformas. El surgimiento del PRECARIADO —una clase global de trabajadores con empleos inestables, temporales y carentes de derechos laborales consolidados— ha sido analizado a través de la lente de la plusvalía y la extracción de datos. En la economía digital, la crítica marxista señala que las grandes corporaciones tecnológicas operan bajo una lógica de cercamiento de la información y el comportamiento humano, transformando la actividad social cotidiana en materia prima para... ¿para qué? Sí, es obvio: para la acumulación de capital.

 

Sin embargo, esta permanencia teórica no está exenta de debates internos y críticas externas. Los detractores del marxismo señalan que su enfoque en la lucha de clases a menudo subestima la movilidad social (yo les respondería: movilidad sí, HACIA ABAJO), y la capacidad de los mercados para autorregularse y generar prosperidad (pero nadie "autoregula" a mercado libre: un monopolio sin competencia en Argentina y la región. El peso histórico de los regímenes que gobernaron en nombre del marxismo en el siglo XX,  sigue siendo, claro,  un punto de fricción. No obstante, los teóricos marxistas contemporáneos suelen desmarcarse de las experiencias burocráticas del siglo XX, argumentando que la crítica al capitalismo debe mantenerse separada de los modelos que intentaron implementarla históricamente.

 

En América Latina, el marxismo ha tenido una trayectoria profundamente ligada a la teoría de la dependencia y al antiimperialismo. Pensadores como el peruano José Carlos Mariátegui ya en la década de 1920 advertían que el marxismo europeo debía adaptarse a la realidad indígena y agraria de la región. En las últimas décadas, la "Teoría de la Dependencia" (con autores como Ruy Mauro Marini y Theotônio dos Santos) explicó cómo el desarrollo del capitalismo central requería el subdesarrollo y la extracción de recursos de la periferia. Hoy, esta crítica se observa en los movimientos que cuestionan el extractivismo, la deuda externa y la hegemonía de los organismos financieros internacionales.

 

En Asia, la presencia del marxista es compleja y dual. Por un lado, China mantiene al marxismo-leninismo como ideología oficial del Estado, aunque ha desarrollado un modelo híbrido a menudo descrito por sus teóricos como "socialismo con características chinas" y por sus críticos occidentales como "capitalismo de Estado". El Partido Comunista Chino adapta el materialismo histórico para justificar el desarrollo acelerado de las fuerzas productivas mediante la integración en el mercado global, generando un intenso debate académico sobre la naturaleza real de su sistema económico. Por otro lado, en India, el marxismo persiste tanto en la academia (con los influyentes "Estudios Subalternos" que reescriben la historia desde la perspectiva de los oprimidos) como en la insurgencia armada. Los movimientos maoístas (naxalitas) en las zonas rurales y selváticas de India continúan librando conflictos contra el Estado, argumentando que las poblaciones tribales y los dalits (intocables) son víctimas de una explotación capitalista y feudal entrelazada.

 

En África, la crítica marxista está indisolublemente ligada a los procesos de descolonización y a la crítica del neocolonialismo. Intelectuales como Frantz Fanon y Walter Rodney utilizaron el marco marxista para demostrar que el subdesarrollo africano no era una etapa primitiva, sino el resultado directo del desarrollo europeo a través del saqueo y la esclavitud. En la actualidad, el análisis marxista se utiliza en el continente para criticar las relaciones desiguales en el comercio internacional, la deuda soberana y la explotación minera por parte de corporaciones multinacionales, destacando cómo las élites locales a menudo actúan como intermediarias en la extracción de riqueza.

 

En Europa y Norteamérica, el marxismo ha encontrado su principal bastión en la academia y en la sociología crítica. Lejos de ser un proyecto de revolución inminente, se ha institucionalizado en los departamentos de humanidades, ciencias sociales y economía política. Sirve como base para los movimientos que critican la austeridad, la erosión del Estado de bienestar, la gentrificación y la desigualdad racial, entrelazando la crítica de clase con el antirracismo y la teoría queer.

 

La vigencia de la crítica marxista en la actualidad enfrenta desafíos como la transformación de la estructura de clases. La fragmentación del proletariado industrial tradicional, el auge de la economía de servicios, la automatización y la inteligencia artificial plantean interrogantes sobre la identidad del "sujeto histórico" capaz de transformar el sistema. La precarización laboral difumina las líneas tradicionales entre burguesía y proletariado, creando un espectro complejo de trabajadores autónomos y desempleados estructurales que el marxismo clásico no había previsto en su totalidad.

 

Además, la crítica marxista debe responder a los defensores del libre mercado, quienes argumentan que el capitalismo, a través de la innovación y la globalización, ha sido el mecanismo más exitoso en la historia humana para sacar a miles de millones de personas de la pobreza extrema, particularmente en economías emergentes. Desde esta perspectiva liberal o conservadora, las críticas marxistas a la propiedad privada y al mercado son vistas como obstáculos para el progreso tecnológico y la libertad individual. El debate entre la planificación (en sus diversas formas modernas) y el mercado sigue siendo uno de los ejes centrales de la economía política global.

No obstante, la permanencia del marxismo en distintos lugares del planeta demuestra que, mientras el capitalismo siga generando crisis cíclicas, desigualdades extremas y degradación ambiental, su crítica más sistemática seguirá siendo una herramienta  indispensable. El marxismo contemporáneo ha logrado despojarse, en gran medida, del determinismo económico y del teleologismo histórico que caracterizaron a algunas de sus interpretaciones ortodoxas. En su lugar, ha emergido como un método de análisis dialéctico, capaz de intersectarse con el ecologismo, el feminismo, los estudios poscoloniales y otros desarrollos actuales.

 

En conclusión, la crítica marxista no sobrevive hoy como un manual para la construcción de Estados, ni como una profecía infalible sobre el colapso inminente del sistema. Su vigencia radica en su poder diagnóstico. El fantasma de Marx sigue rondando el siglo XXI, Y el Estado SIGUE SIENDO instrumento de la dominación de clase. No es neutral. No es un árbitro entre clases. Es la organización de la clase dominante para mantener sus condiciones de producción.. La permanencia global del marxismo es el testimonio de que las contradicciones que señaló en el origen del modo de producción capitalista no sólo no han sido resueltas, sino que se han globalizado y agudizado.

 

PEDRO RODRIGUEZ

 Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

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