RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

domingo, 25 de octubre de 2026

DONALD TRUMP ES SOLO UN TÍTERE MÁS - MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

 

DONALD TRUMP ES SOLO UN TÍTERE MÁS


 




Apreciados compañeros y amigos de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda, como siempre, Mauricio Ibáñez, con un abrazo por la libertad de Palestina, la paz en oriente medio y la unidad de nuestra patria grande.

 

Una gran parte de la opinión pública mundial insiste en creer que Donald Trump es el gran conspirador y el hombre fuerte detrás de la nueva doctrina de dominio imperial de los Estados Unidos sobre América, Europa y Oriente Medio. Todo el planeta le teme, y cuando él hace una de sus declaraciones, expresa públicamente alguno de sus caprichos exóticos o hace alarde de su poder como gobernante del mundo, el planeta entero tiembla. Al menos, eso es lo que creemos ver o lo que la prensa corporativa nos muestra.

 

Trump es el retrato perfecto de todo lo que está mal con los Estados Unidos: su personalidad colorida y torpe para hablar nos recuerda a personajes como Homero Simpson, Pedro Picapiedra y otros padres de las familias disfuncionales con las cuales se identifica el pueblo norteamericano (recordemos que la Serie “Los Simpson” se encuentra en su temporada número 38 y ya está renovada hasta la temporada 40 por la cadena ultraconservadora FOX). Donald Trump, con su lenguaje políticamente incorrecto y su comportamiento errático y narcisista, es el vivo retrato de una serie que, incluso, ha “profetizado” varios aspectos de su vida pública. Eso es lo que lo hace tan popular.

 

Donald Trump no se destaca por tener una formación académica brillante: Entre 1959 y 1964 estudió en la Academia Militar de Nueva York, donde tuvo problemas de conducta, pero mostró algunas capacidades de negociación y liderazgo. De 1964 a 1966 realizó estudios de Economía en la Universidad de Fordham, en Nueva York, pero no terminó allí su carrera. Se trasladó a la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania donde obtuvo su grado como economista en 1968. Sus calificaciones permanecen en secreto, pero no parece que haya figurado entre sus estudiantes más brillantes y no se le menciona en la lista de honor de los graduados en ese año. No cuenta con un MBA ni un doctorado. Con su habilidad para los negocios y una compañía heredada de su padre, su trayectoria empresarial se centró en los bienes raíces, donde ocupó una posición sin mérito propio.

 

Su tremenda popularidad ha estado principalmente ligada a una serie de escándalos por emprendimientos ruidosos y espectaculares que acabaron en estrepitosos fracasos, en los cuales él resaltaba como una especie de playboy que se mantenía a flote por su comportamiento narcisista y desparpajado, llegando a conquistar la fama como presentador de televisión en un reality de negocios, y escribir algunos libros sobre su estilo transaccional disfuncional e irrespetuoso con el que había logrado su fortuna. Con un tremendo desprecio por sus semejantes, alguna vez declaró públicamente: “si quisiera aspirar a ser presidente de los Estados Unidos, me lanzaría con el Partido Republicano, porque ellos son lo suficientemente estúpidos como para votar por alguien como yo…”.

 

Su popularidad entre las iglesias evangélicas no procede del hecho de ser un cristiano convencido, ni practicante, ni devoto. Sencillamente, entendió la profunda relación que existe entre el nacionalismo cristiano, la fuerte influencia judía, el poder de la comunidad protestante y su presencia política en el partido republicano ultraconservador, tradicionalista y fuerte defensor de la propiedad privada. Trump está muy lejos de ser ejemplo o testimonio de una vida cristiana virtuosa, todo lo contrario: ha sido un personaje vulgar, un abusador y acosador de mujeres; su estilo de negocios es depredador, es un mentiroso patológico y, como ya sabemos, aparece en los archivos de Jeffrey Epstein como un presunto violador de las niñas con las que éste traficaba. La única conexión evidente con el nacionalismo cristiano norteamericano son sus apariciones en público con la cabeza inclinada, aparentemente en oración. Eso es todo. Su caso es muy parecido al del Emperador Constantino, cuando fue tan evidente el crecimiento aplastante del cristianismo en el Imperio Romano, que decidió aprovecharlo políticamente y se convirtió a esta religión, en una jugada que le ganó popularidad en Constantinopla y, eventualmente, en todo el imperio. Entre tanto, él siguió adorando a los ídolos de siempre.

 

En conclusión, Donald Trump no es, ni de lejos, el gran líder del mundo libre como él se presenta y como el mercadeo político global lo vende en toda la prensa conservadora y empresarial mundial. Es un producto mediocre de los medios, pero su tremenda influencia parte de un solo factor: podrá no ser brillante, podrá estar mal preparado, no lee, no estudia, no investiga y sólo hace lo que su equipo de leales le indica, pero tiene la mano sobre el botón de la guerra. Es, básicamente, un bully con toda la autoridad y el poder del ejército más poderoso del mundo bajo su mando así que, si se le ocurre cualquier tontería para mover los mercados, no dudará en dar la orden.

 

Por su condición, formación y habilidad como comerciante, lo que Trump hace es sacudir los mercados. En Estados Unidos es un delito federal utilizar el poder para ejercer influencia sobre el mercado de valores, pero con cada declaración pública que él hace, pone en movimiento las bolsas de valores en todo el mundo sin que nadie lo investigue. Y generalmente, quienes más se benefician de las subidas y bajadas de las acciones están en su entorno más cercano: son él mismo, su familia o sus billonarios amigos, especialmente aquellos que aportaron millones en sus campañas presidenciales.

 

¿Por qué Donald Trump llegó allí donde está?

La influencia de la comunidad judía en todos los niveles de la sociedad y la institucionalidad de los Estados Unidos es muy fuerte: están presentes en el apoyo electoral, donaciones políticas, organizaciones de presión y afinidades ideológicas, aunque es preciso aclarar que no todas las organizaciones judías norteamericanas están alineadas con el partido republicano. Eso lo veremos más adelante. Aquellos grupos de presión judíos que ejercen influencia sobre los conservadores americanos son los que buscan la consolidación del Estado de Israel a través del sionismo y su principal movimiento representativo, el Likud.

 

Dos de las organizaciones políticas judías más fuertes son la Republican Jewish Coalition (RJC) y la American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), entidades a cargo de establecer los lazos entre la comunidad judía norteamericana y el poder legislativo de los Estados Unidos. Promueven candidatos, organizan encuentros con dirigentes y movilizan donantes con grandes fortunas que financian campañas, comités de acción política y organizaciones conservadoras. Su principal propósito es mantener un fuerte apoyo de los Estados Unidos al Estado de Israel, su desarrollo económico y sus proyectos geopolíticos.  

 

Algunos empresarios y filántropos judíos han tenido gran relevancia en la financiación de campañas republicanas. Por ejemplo, el billonario ultraconservador Sheldon Adelson y su esposa Miriam fueron los principales aportantes económicos a las campañas de Donald Trump en 2016 y 2025, con el compromiso de que éste apoyara al estado de Israel en todos los aspectos posibles, incluyendo el militar, el geopolítico y el de desarrollo tecnológico.

 

El apoyo norteamericano brindó el escenario propicio para que el líder ultra conservador y sionista Benjamín Netanyahu pudiera consolidarse en el poder, al punto de que hoy es el primer ministro que ha durado más tiempo en su cargo en Israel. Otro detalle importante es que la comunidad judía ha realizado grandes inversiones en desarrollo tecnológico, capital de riesgo (cripto economía), ciberseguridad, inteligencia artificial, defensa y espionaje en una estrecha relación con los poderes tecnológicos de Silicon Valley, constituyendo una relación de “tú a tú” entre dos ecosistemas tecnológicos de inmenso poder, que al año 2025 ya habían realizado transacciones en el orden de los 74,300 mil millones de dólares.

 

Otro aspecto clave de la relación actual entre Israel y Silicon Valley está enfocado en tres escenarios:

·      Ciberseguridad de defensa

·      Inteligencia, vigilancia y espionaje

·      Tecnología militar

 

Pero hay un cuarto escenario en esta relación, y tiene que ver con la necesidad que estos dos poderosos ecosistemas tecnológicos tienen de los recursos naturales que les permitan crecer a gran velocidad, y que los ha llevado a asociarse en la búsqueda de la supremacía política y económica que los conduzca a apropiarse de gobiernos para desmontar su estructura estatal y flexibilizar, a través de la manipulación legislativa, las normas, reglamentos y restricciones que los países imponen para la extracción de los minerales críticos necesarios para mantener el ritmo desaforado de la carrera tecnológica. Metales como el silicio, cobre, litio, galio, germanio, grafito, cobalto, níquel, tantalio, tungsteno y las llamadas “tierras raras” se han convertido en el objeto de la búsqueda desesperada de la alianza Israel-Silicon Valley que, desde ahora, llamaremos caprichosamente “los amos del crimen organizado”.

 

China domina los mercados de la mayoría de estos materiales, y su política de desarrollo “hacia adentro” no permite que empresas extranjeras exploten estos recursos en su suelo, de manera que para las potencias del eje tecno-político se ha hecho necesario volver a mirar hacia América Latina, en especial a países con presencia ya comprobada de minerales como es el caso de Argentina, Chile y Perú. Ya Europa se había encargado de la explotación y destrucción sistemática del Congo, Mozambique y Madagascar, y ya tenemos fuertes crisis ambientales en Indonesia, Filipinas, Australia y otros rincones de Asia Oriental, de manera que el turno fue para América, comenzando con América del Norte: para entonces ya resultó evidente que el primer país que debía caer en manos del tecno-fascismo sionista (esto no es un eufemismo ni un calificativo caprichoso) era Estados Unidos, y la mejor manera de lograrlo era colocarle un disfraz ultraconservador que permitiera concentrar el apoyo de las iglesias evangélicas, la comunidad judía conservadora y los grandes representantes del capitalismo y la economía de mercado en un solo frente unido que lograra concentrar todo el poder del complejo militar-industrial en un objetivo de dominación y expansionismo, y ese instrumento sería un gobierno títere del sistema, encabezado por Donald Trump y un equipo de multimillonarios leales dispuestos a apoderarse del planeta “en nombre del ideal americano”, cuando lo que realmente están haciendo es servir de instrumento de presión del crimen organizado para doblegar a los demás países del continente.

 

Donald Trump no es otra cosa, entonces, que el bully malhablado, políticamente incorrecto, pintoresco, megalómano y caprichoso que nos mantiene desconcertados con sus declaraciones, sus amenazas, sus “marchas para atrás” y sus excentricidades, crónicamente desinformado por su equipo de secretarios y desesperado por convertir todos los monumentos de la nación en tributos a su ego. Mientras el país tiene semejante caricatura de gobierno, todas las normas ambientales, de salud ocupacional, pública y todo lo que impide que el planeta se destruya, se va desmontando en nombre del capitalismo ante la mirada impotente de su pueblo.

 

Esta forma de dominación de los señores del crimen organizado (ese que hemos llamado caprichosamente “el tecno-fascismo sionista” para juntar sus orígenes) sobre el gobierno de los Estados Unidos fue tan exitosa, que generó todo un manual de expansión conservadora sobre América Latina que arrancó con el colorido Nayib Bukele en El Salvador y está haciendo metástasis por todos los rincones de nuestra patria grande en una tragicómica comedia que ellos llaman “guerra contra el comunismo, o el narcotráfico, o el terrorismo…o lo que sea” para poner presidentes inexpertos, listos para entregar los estados, sus leyes y sus recursos a un solo postor.

  

Pero no son sólo los metales: también están el petróleo, las rutas comerciales y los puertos, pues hay que mover todo el material robado. En el próximo programa seguiremos con nuestro análisis.

 

Hasta la próxima semana, Compañeros, un fuerte abrazo.

 

 

MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

 

 

 

Para Saber Más:

·           Coalición Judío – Republicana (RJC): Enlace

https://www.rjchq.org/

 

·           Comité de Asuntos Públicos Americano-israelí (AIPAC): Enlace

https://www.aipac.org/about?utm_source=chatgpt.com

 

·           Sheldon y Miriam Adelson: los mayores donantes de Trump: Enlace

https://es.wikipedia.org/wiki/Sheldon_Adelson

 

·           El Ecosistema Tecnológico Israelí: Enlace

https://startupnationcentral.org/hub/news/pr-israeli-tech-annual-report-2025/?utm_source=chatgpt.com

 

·           Lista de Minerales Críticos del USGS: Enlace

https://www.usgs.gov/programs/mineral-resources-program/science/about-2025-list-critical-minerals?utm_source=chatgpt.com

 

Tema Musical de la Semana:

Los Americanos – Piero: Enlace

https://www.youtube.com/watch?v=LVXzmG0XT6s&feature=youtu.be

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