TERREMOTO EN COLOMBIA
Apreciados compañeros y amigos de El Club de la Pluma,
desde Colombia los saluda, como siempre, Mauricio Ibáñez, con un abrazo por la
hermandad de las naciones de América Latina.
El lunes 10 de agosto pasado, a las 7:34 de la mañana,
se presentó un terremoto de magnitud 7,4 en la escala Richter. Su epicentro se
localizó a 100Km de profundidad, debajo del municipio de San José del Palmar,
en la zona montañosa donde el Departamento del Chocó limita con los de Armenia
y Valle del Cauca, en la región occidental de Colombia.
Este sismo ocurrió en una zona de alto riesgo
tectónico por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, y se
diferencia del recientemente ocurrido en Venezuela en su profundidad y en la
falla de origen: en nuestra hermana república se trató de un doblete sísmico de
alto impacto debido al desplazamiento de la falla del Caribe, fue superficial,
muy destructivo y generó alerta de tsunami.
En Colombia, por la profundidad del fenómeno, se
liberó una gran cantidad de energía en varias direcciones, pero por estar
tierra adentro no generó alerta de tsunami. Además del municipio afectado, las ciudades
de Quibdó, Cali, Palmira y Armenia, así como varios municipios intermedios,
sufrieron cuantiosos daños materiales (viviendas y edificios colapsados e
infraestructura dañada). Sin embargo, hay reportes de daños menores y
agrietamientos en Ecuador y Panamá.
La cifra de fatalidades es aún incierta, pues cada día
van llegando nuevos reportes de otras áreas afectadas que estuvieron
incomunicadas, así que hasta el momento tenemos una cifra aproximada de 280
muertos, hasta 3.755 heridos y hasta 2.500 desaparecidos, todas cifras de
carácter preliminar.
Según otros reportes preliminares, tenemos más de
5.000 viviendas colapsadas, cerca de 80 edificios totalmente derrumbados, 18
centros de salud destruidos, 52 escuelas dañadas, 7 aeropuertos con operaciones
restringidas y 18 rutas importantes con grietas y derrumbes.
Respuesta gubernamental
Este desastre natural se presentó tan solo tres días
después de que el presidente electo Abelardo de la Espriella tomara posesión de
su cargo en un evento que rompió con el protocolo y la tradición de los
procesos de transmisión de poder en Colombia, los cuales siempre se han
realizado en la plaza de Bolívar de Bogotá, delante del Congreso, de un grupo
de invitados ilustres y del pueblo. En esta ocasión, DelaEspriella prefirió
celebrar la ceremonia en un recinto universitario cerrado en la ciudad de Cali,
ante pocos invitados y con la asistencia de sólo una parte del congreso
nacional, para luego desplazarse a un batallón militar a recibir los honores
correspondientes.
Unos días antes de esta singular ceremonia de
posesión, un poco de espaldas al pueblo, Delaespriella organizó un “retiro
espiritual” donde repartió biblias a sus invitados, varios de ellos de su
recién nombrado gabinete, oraron, cantaron alabanzas y dieron un espectáculo
religioso que, por supuesto, publicaron en todos los medios empresariales.
Durante la ceremonia de posesión presidencial hablaron un obispo católico, un
pastor protestante y un rabino judío como símbolo del régimen teocrático y, a
la vez, ecuménico y, por que no, ecléctico que estaba en proceso de nacer.
No deja de ser curioso que, tres días después de
semejante show religioso, un terremoto de grandes proporciones haya sacudido a
Colombia. Yo en lo personal creo que se trata de una trágica coincidencia, pero
en un país de creyentes, nunca falta quien haya visto esto como algún tipo de
castigo a la soberbia y arrogancia de aquellos fariseos que, según la biblia,
“oran de pie en las esquinas para que todo el mundo los vea” o “usan el nombre
de Dios en vano”, dos actitudes que, según las personas de fe, acarrean fuertes
consecuencias.
Dejando a un lado esta consideración filosófica o
espiritual, si se quiere, podemos entrar a mirar lo político: En Colombia, una
vez se determina oficialmente quién es el ganador de las elecciones
presidenciales, la ley obliga al gobierno saliente a realizar un empalme con el
gobierno entrante. Dado que un candidato ya tiene definido su gabinete
ministerial, sentarse con los representantes del gobierno que va de salida es
fácil, pues éste tiene ya listos los informes de gestión, los resultados y los
procesos definidos que permitirán al nuevo gobierno asumir sus funciones sin
ningún tipo de traumatismo.
Con el gobierno electo de Abelardo de la Espriella,
esto no sucedió. Lo primero fue un anuncio del presidente electo, de que el
Banco Interamericano de Desarrollo había destinado un crédito no reembolsable
de 60 millones de dólares para la realización del empalme (siendo esta una
actividad que no tiene ningún costo), y resultó ser una noticia falsa.
Posteriormente, DelaEspriella y su Vicepresidente
electo José Manuel Restrepo anunciaron que estaban recibiendo un gobierno que
“había dejado un nivel de destrucción sin precedentes” en un proceso de empalme
que no había empezado siquiera.
La reacción del Presidente Gustavo Petro fue clara:
todas las actividades de los empalmes ministeriales serían transmitidas por la
televisión pública para que todo el pueblo colombiano pudiera ver cómo el
gobierno entrante recibía las cuentas claras de parte del gobierno saliente, en
un evento de total transparencia hacia la ciudadanía.
La respuesta de DelaEspriella y Restrepo ante la orden
de transmisión pública del empalme ministerial fue, entonces, no presentarse a
los ejercicios de coordinación del paso de las responsabilidades
gubernamentales, a pesar de estar obligados por ley a hacerlo. Ningún miembro
del gabinete se presentó a recibir los informes del gabinete saliente, pero la
televisión pública presentó la rendición pública de cuentas de todos los
ministerios ante la opinión pública mediante una serie de programas llamados
“Empalme Ante El Pueblo”, de gran aceptación ciudadana.
Pues bien, resulta que el nuevo gobierno, recién
instalado en sus oficinas, está enfrentando su primera crisis por cuenta de un
desastre natural, sin haber hecho el empalme con el gobierno anterior, sin
tener idea de cómo enfrentar la situación y pidiendo la ayuda de los
funcionarios antiguos para tratar de manejar un problema de una gran
complejidad que, por supuesto, escapó de toda previsión. Por fortuna, nuestro
sistema de prevención y atención de desastres, tan criticado por ellos durante
el gobierno del Presidente Petro, funciona en automático, sin necesidad del
aturdido gabinete de Abelardo.
Hasta el momento, el recién estrenado presidente ha
viajado a las regiones afectadas, donde da discursos, hace promesas como en
campaña y las abandona después de 5 minutos de visita mientras hace anuncios
públicos de corte ideológico – ridículo como la “no necesidad de recibir ayuda
de México ni China” o la orden perentoria de reconstruir una catedral antes que
el rescate de sobrevivientes, y otra serie de improvisaciones, promesas de
anuncios y demás sandeces que se repiten mientras se va dando cuenta de las
dimensiones de la catástrofe que tiene al frente.
Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ
– Desde Colombia -Biólogo
Especialista En
Estudios Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
· Terremoto en Colombia: enlace
https://www.youtube.com/watch?v=iWDOooIlqy8
· El gobierno de Colombia rechaza ayuda internacional: Enlace
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