RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 4 de septiembre de 2026

LAS DISTOPÍAS SE HICIERON REALIDAD. ¿QUÉ HACE EL DIRECTOR DE LA CIA EN MOSCÚ? - PROF. VIVIANA ONOFRI

 

LAS DISTOPÍAS SE HICIERON REALIDAD.

 ¿QUÉ HACE EL DIRECTOR DE LA CIA EN MOSCÚ?

 


 

          Un cálido abrazo a toda la querida audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de reflexión compartida. Todas las distopías que nos dijeron que llegarían con el comunismo, están apareciendo en el capitalismo, sólo que con contratos privados, inteligencia artificial y multimillonarios cobrando por constuirlas. Maven Smart System es el sistema de inteligencia militar desarrollado por Palantir que el Pentágono convirtió este 2026 en una pieza central de sus operaciones. No es un juguete futurista. Integra enormes cantidades de información procedente de satélites, drones, radares, sensores infrarrojos, señales y geolocalización. Coloca todo sobre un mismo mapa y utiliza inteligencia artificial para detectar, seguir y priorizar objetivos casi en tiempo real. Se ha pasado de identificar el objetivo a definir, luego, un plan de acción y, ahora, a ponerlo en práctica. Todo ello desde un mismo sistema. Y entonces miramos dentro de los Estados Unidos, agregamos a Maven Smart System, la empresa de seguridad Flock Safety que tiene ya unas 120.000 cámaras en 49 estados, leyendo matrículas y generando miles de millones de registros cada mes. Y creciendo. Piensen un solo segundo en la infraestructura que se está construyendo. Cámaras por las calles, drones sobre las ciudades, bases de datos gigantescas, reconocimiento automatizado y software capaz de cruzarlo todo. Después se exportará a gobiernos afines por auténticas burradas. Y a los gobiernos no afines. Recordemos que España ya pagó más de 15 millones a Palantir por colocar su tecnología en la inteligencia militar. Y ahí está la verdadera distopía. Primero construyes una máquina capaz de localizar, clasificar y seguir enemigos. Después sólo necesitas decir a quién llamas “enemigo”. Activistas, oposición, manifestantes. Cualquiera que un gobierno decida colocar al otro lado. No están construyendo únicamente el futuro de la guerra; están construyendo la estructura perfecta para que el poder pueda encontrarte cuando decida que el problema eres tú.

            Y, ahora, en esta parte, hablaremos sobre la presencia de la CIA en Moscú. Hemos escuchado a muchos excelentes analistas, pero la reflexión más profunda y acertada nos pareció la del Dr. Daniel Estulin. No hablaremos de países, sino de PROYECTOS GLOBALES O CIVILIZATORIOS. Cada proyecto civilizatorio tiene su visión del mundo, su élite, su sistema financiero y su idea de ser humano. Esa presencia del director de la CIA no se trata de un signo de paz, ni de un signo de guerra. Es una señal de que los canales normales no son efectivos y actúa así “la artillería pesada”. Llama la atención que, en los medios, el sensacionalismo toma el tema de manera lineal. Nosotros analizaremos ese hecho de una manera más profunda y elevada. No es un episodio más de las negociaciones por Ucrania; es significativa, también, la presencia simultánea de la autoridad más importante de las relaciones exteriores del Papado de Roma, que se reúne con el Patriarca de Moscú. Por un lado, tenemos la ofensiva económica de los Estados Unidos contra Irán; por el otro, la próxima cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai; los Brics reunidos en Nueva Delhi, India; la visita prevista de Xi-Jinping a Washington, y aparece algo más interesante. Según Daniel Estulin, Moscú está actuando como una cámara de compensación entre proyectos civilizatorios que compiten, pero a la vez que compiten, necesitan negociar las reglas de convivencia que están sustituyendo al orden posterior a 1991, con la disolución de la Unión Soviética.

 

El Dr. Daniel Estulin interpreta que la visita de la CIA a Rusia, no fue solamente para hablar sobre Ucrania; viajaron para discutir los límites de la transición. Ucrania es una pieza; la OTAN es otra pieza; Irán es otro actor, China es el horizonte y Europa es un territorio político cuya futura configuración está implícitamente en juego. Cuando hablan los servicios de inteligencia se negocia sobre lo que no se puede escribir. Lo que se habló no fue un contenido rutinario, porque cuando se reúnen los servicios de inteligencia, entonces, cambia la naturaleza del diálogo. Obviamente, el contenido de esa reunión permanece en secreto. Con ese tipo de interlocutores que no son diplomáticos, se puede hablar de capacidades reales, operaciones encubiertas, información de una parte que posee sobre la otra, líneas rojas militares, garantías no publicables y muchos mecanismos de desescalada. Ese viaje de 12 o 14 horas de la CIA hasta Moscú, implica que ese tipo de conversaciones son lo suficientemente delicadas, que no puede hacerse por los canales ordinarios. Washington también pidió a Kiev que detenga los ataques durante la presencia norteamericana en Rusia, esto implica que ese encuentro fue minuciosamente preparado. Podrían haber hablado de inteligencia satelital, identificación de objetivos, datos para ataques de precisión, arquitectura de comunicaciones, acceso a determinados armamentos; no sabemos qué estuvo arriba de la mesa de conversaciones.

 

La CIA puede llevar simultáneamente una oferta o una amenaza. Sabemos lo que ustedes pueden hacer, sabemos las capacidades rusas, sabemos qué está ocurriendo alrededor de la OTAN, qué capacidades usaríamos si quebrasen determinadas líneas rojas. ¿Podríamos encontrar una arquitectura aceptable? Podría tratarse de definir los espacios estratégicos, por un lado, de Estados Unidos y, por otro, de Rusia, cómo pueden competir, sin entrar en una guerra directa. Se repitió la misma acción que en noviembre de 2021: la CIA, el Vaticano y Moscú, simultáneamente. Vuelve a repetirse el mismo patrón. Hay una extraordinaria simetría. En una lectura metapolítica, los canales vuelven a unirse como si fuera la finalización de un ciclo. ¿Cuál podría ser el sistema cuando la guerra en Ucrania termine? ¿Cómo sería el orden posUcrania?

 

Y la pregunta adecuada seria: ¿Qué arquitectura internacional va a legitimar el final de la guerra? Porque una guerra de la magnitud de la de Ucrania, no termina cuando dejan de disparar, sino cuando alguien determina qué fronteras funcionan de facto; qué ocurrirá con Ucrania; qué relación tendrá Rusia con Europa, con la OTAN; qué garantías recibirá Kiev, qué garantías recibirá Moscú; qué papel conservará Estados Unidos en Europa; cómo se incorporará Rusia en ese nuevo equilibrio euroasiático; cómo se relacionará todo esto con China, y aquí entraría el concepto de proyectos globales o civilizatorios. Un proyecto global no es un país, no es necesariamente una organización secreta, es algo muchísimo más profundo.

 

Un proyecto civilizatorio es una arquitectura histórica del poder para organizar grandes espacios económicos, financieros, culturales, éticos, alrededor de una determinada visión del mundo, entonces, los Estados participan en estos proyectos, pero no siempre coinciden con ellos. Por ejemplo, dentro de Estados Unidos existen proyectos diferentes, el de los liberales financistas y, por otro, el proyecto de Donald Trump, como proyecto alternativo, nacionalista, al menos, ese fue el proyecto en un principio.

 

Si hablamos de Europa, también existen proyectos diferentes; dentro de Rusia existen proyectos diversos. El Vaticano posee su propia visión de la organización internacional como proyecto de Gran Europa, a nivel conceptual e ideológico. China tiene otro proyecto civilizatorio; y el mundo financiero transnacional posee lógicas y logísticas que tampoco coinciden exactamente con ningún Estado. Por eso, reducir todo entre Estados Unidos contra Rusia, o el Occidente contra el BRICS, oscurece más. Estamos viendo proyectos atravesando Estados. Y aquí distinguiríamos al menos cuatro arquitecturas: el proyecto Atlántico norteamericano, cuyo objetivo fundamental no tiene que ser destruir a Rusia.

 

El problema de Estados Unidos no fue siempre Rusia sola, sino Rusia, Europa, más China. Una Europa altamente tecnificada unida a Rusia con sus recursos naturales y a China, constituiría un competidor muy grande para los norteamericanos. Por eso, el orden atlántico ha funcionado durante décadas, separando políticamente los extremos occidentales de Eurasia, y Ucrania, en ese contexto se convirtió en la frontera de esa separación. Estamos hablando del proyecto Euroasiático ruso, no estamos hablando de Putin. Porque Rusia tampoco desea solamente conquistar territorios, sino que existe detrás una cuestión histórica, muchísimo más profunda. Reconstruir una zona de seguridad, recuperar su condición de polo civilizatorio autónomo.

 

Mucho perdió Rusia después de la disolución de la Unión Soviética, por eso, necesita algún día conservar una puerta occidental y aquí aparece el proyecto de Gran Europa, como un modelo político civilizatorio. Si Rusia rompe definitivamente con Europa, corre el riesgo de convertirse cada vez más en socio menor de China. Por eso el verdadero proyecto ruso no puede ser solamente Asia, necesita conservar algún tipo de relación con lo occidental europeo. Sería un espacio con tres núcleos: Roma, Berlín y Moscú, como modelo político civilizatorio, También podríamos hablar de Moscú como la Tercera Roma. Ese proyecto apareció bajo diversas formas distintas, por ejemplo, con De Gaulle, Putin también llegó a plantear una gran Europa desde Lisboa hasta Vladivostock.

 

Desde una perspectiva vaticana civilizatoria de 2000 años de antigüedad, existe una dimensión espiritual: ese espacio cristiano europeo tan amplio. Hablando de Roma y Moscú: estos son dos imperios de la memoria, y hay que buscar la dimensión esotérica y psicohistórica, buscar la estructura simbólica que existe bajo los acontecimientos políticos. Porque Moscú no es solamente la capital de Rusia; en el imaginario histórico ruso, es también la Tercera Roma: Roma cayó en el año 476; Constantinopla cayó en 1453: Moscú heredaría la misión de conservar el cristianismo.

 

Dos Romas han caído, Moscú permanece y no habrá una cuarta Roma. Eso significa que cuando el Vaticano y el Patriarcado de Moscú, dialogan, no estamos únicamente ante dos teocracias, sino que estamos viendo cómo se encuentran dos memorias del cristianismo europeo: Roma reclama la continuidad de San Pedro y Moscú, la continuidad de Bizancio. Y aquí aparece Ucrania que no es sólo un territorio, sino que es el territorio de memoria. Kiev es la Rus, es el bautismo del príncipe Vladimir, un lugar fundacional de la identidad cristiana eslava oriental.

 

Vladimir entendió que para que la Rus sea vista como una continuidad de Bizancio y de Europa, en el año 988, hizo bautizar a todo Kiev en el río Dniéper. Desde ese momento, la Rus de Kiev adopta el cristianismo ortodoxo, el alfabeto cirílico y toda la cultura bizantina. Por eso el conflicto que estamos viendo posee una intensidad psicológica; resulta incomprensible analizar solamente los kilómetros cuadrados.

 

Se pelea también por quién hereda el pasado, quién controlará la interpretación del pasado y quien obtiene esa interpretación, esa narrativa, tendrá la legitimidad del futuro. Esto es lo que se llama psicohistoria. Y existe una dimensión más profunda y es que las grandes guerras, funcionan históricamente como rituales colectivos de transición: destruyen el orden anterior, rompen tabús, crean enemigos absolutos, legitiman instituciones nuevas, redistribuyen territorios, transforman identidades.

 

Se configura un nuevo lenguaje político. Por ejemplo, la Primera Guerra Mundial destruyó los imperios; la Segunda, creó las Naciones Unidas, la OTAN, la Guerra Fría que podríamos llamar la Tercera Guerra Mundial: creó dos universos ideológicos. Su desaparición produjo la globalización y la guerra de Ucrania está cumpliendo posiblemente una función histórica: destruir definitivamente el mundo iniciado en 1991. Esta es para el Dr. Daniel Estulin la clave histórica del momento que estamos viviendo con la guerra de Ucrania.

 

         Me despido de nuestra querida audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra emisión de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.

¡Palestina libre!

 ¡Hasta la victoria siempre, compañeros!

PROF. VIVIANA ONOFRI

 Desde Islas Canarias – Profesora en Letras, ex catedrática de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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