RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

domingo, 11 de diciembre de 2016

JUGAR CON FUEGO… O MÁS…


JUGAR CON FUEGO… O MÁS…

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La presión que se está imprimiendo en parte del pueblo argentino, busca la excusa que posibilite habilitar medidas extremas, interrumpir la vigencia de derechos y garantías, para proseguir con el proceso de expoliación y entrega de nuestros bienes, riquezas y futuro.

El caso del “secuestro” de la dirigente social y política Milagro Sala por el fachodictador in-morales, tal vez comenzó como una prueba de ensayo de hasta dónde se podía presionar sobre el pueblo nacional y popular. Pero no se detuvieron en el “secuestro”: prosiguieron con persecución y más secuestros de otros tantos militantes sociales. A eso acaban de sumarle un asesinato. Ya comenzaron a regar la sangre de los nuestros…

Una descerebrada ministra de seguridad viene haciendo reiterados intentos de perseguir, hostigando a la militancia y a todo aquél que no acuerde las medidas antipopulares de un des-gobierno, que no es otra cosa que la gerencia menor de las transnacionales nazi-sionistas. Tales intentos llegan hasta las amenazas de intervenir en redes sociales y limitar el genuino derecho a la protesta.  También van obviamente direccionados a desparramar la sangre de la militancia en las calles.

Padecemos una de las más lamentables páginas de la historia reciente en nuestra tierra. Y la padecemos porque se ha contado con la complicidad de una corporación mafiosa-judicial, amparada y auspiciada por el monopolio de desinformación más criminal que se haya conocido. Se ha contado con la traición de muchos cobardes otrora fanáticos incondicionales de la anterior administración. Y se ha contado, por supuesto, con la complicidad de esa porción de nuestra sociedad que, como en los setenta, sigue mirando detrás de la ventana cómo se ensañan contra nuestro pueblo; que, como en los noventa, que festejaba el despojo y la entrega; en estos tiempos también impávida se sienta ante la caja boba para festejar cómo se reprime, se persigue y se asesina a todos los que no tenemos la mirada más allá del puerto.

Todo lo expresado no es más que un pequeño detalle de lo que padecemos los argentinos desde el 10 de diciembre del 2015. No se trata de un accidente, de un error o una falta de cálculo, porque las responsabilidades tienen varias direcciones.
Por un lado, está esa importante porción de ciudadanía que prefirió contagiarse, como ya lo ha hecho en reiteradas oportunidades históricas, de la falacia vertida por los mentimierdas comunicacionales que pretendieron sepultar con su canallesca actitud, las conquistas alcanzadas para esos sectores siempre vulnerados, discriminados, explotados.
Por otro lado, está la enorme caterva de gerentes funcionales al poder imperial, que no han escatimado esfuerzos para lograr, en tiempo récord, desempoderar al pueblo de sus conquistas. Cuando decimos pueblo, no incluimos al sector traidor de siempre que jamás tuvo un gesto, al menos, patriótico. 

Y no nos alcanza con el slogan “vamos a volver” porque, mientras cantamos, hay muchos que se nos van quedando en el camino y otros muchos que están padeciendo tremendos atropellos, que los empujan a un estado de feroz rebeldía y eso torna muy complicado el panorama inmediato.

La cosa no pasa por los fanatismos o lo partidista, lo cual no está mal mientras cada quién se haga cargo de su accionar y actitud. La cosa pasa por comprender que, desde las tribunas que genuinos líderes ocupan, se alerta sobre la pérdida de derechos y garantías e instan a asumir roles concretos de participación y decisión. Pero parece que aún no se ha aprendido esa lección tan importante donde se le clarifica al pueblo que es él el que en realidad tiene el poder de revertir.

Imágenes que nos retrotraen a tiempos lamentables y dolorosos parecen no ser suficientes para asumir el rol que nos corresponde. Parece que la inacción aguardara a que alguna mecha se encienda para que se genere el clima que proceda a una destitución. Creemos que se está jugando con fuego, de un lado y del otro: juegan con fuego los gerentes a cargo de la administración nacional, y juegan con fuego los que, con las excusas del respeto a los tiempos políticos y las institucionalidades, tal vez estén frenando algún posible movimiento social para resistir el avasallamiento de derechos, garantías, bienes y recursos.

¿Cuál será la primera mecha que se encienda? ¿De dónde saldrá la primera amenaza y el primer disparo?

Se está jugando con mucho más que con fuego: se está jugando a ver cuánta resistencia tiene esa parte del pueblo siempre esquilmada y menospreciada. Se está jugando con el escaso fuego de la paciencia social.

Entre medio están las miserables migajas que les tiran a una desesperada jauría de hambrientos siempre postergados. Pretenden mitigar la miseria y la falta de un futuro cierto, con actitudes deleznables.

Hay un rumor que viene por lo bajo, que va surcando calles y plazas, barrios y pueblos; hay un rumor que se va acrecentando a medida que pasan los días, las horas y están los que subestiman ese rumor sin comprender la peligrosidad de su inacción.
Ese rumor tal vez se convierta en la mecha que desate la furia acumulada, el hartazgo sostenido y el doloroso deseo de subvertir las lamentables realidades que se padecen.

Y no es el rumor que pretende haya justicia y se apliquen juicios y condenas a quienes se han enriquecido a costa del pueblo. No es el rumor de los que podrían exigir la impecabilidad en el manejo de la cosa pública.  No.  Es un rumor diferente, un rumor extraño: es el rumor de los desposeídos y perseguidos, de los menospreciados. Tal vez ese rumor se convierta en mecha, una mecha desesperada y rabiosa.

Si los dirigentes que tienen inserción y han construido poder social no hacen nada, no se ponen al frente y conducen de manera inteligente y cuidadosa el descontento y la necesidad de los que menos tienen; si se limitan a dejar desmadrarse el río de la rabia y la impotencia, serán tan responsables de la sangre que corra como los eventuales represores. Trabajar con las bases no puede solo servir para acumular poder a través del voto. Tiene que servir para organizarlas, para no dejarlas huérfanas en manos de su propia impotencia o de algún trasnochado aprovechando el río revuelto. Los dirigentes, los cuadros, los nombres referenciados del campo popular deben responsabilizarse del ruido que el río lleva. De lo contrario, no habremos aprendido nada: nos limitaremos a repetir la triste historia de uno o dos idealistas luchadores muertos en el asfalto, encendiendo la mecha de un explosivo previsible que los demás dirigentes populares verán detonar desde atrás de sus escritorios.

Exijamos a los dirigentes que organicen a las masas, organicemos a los que están a nuestro alcance. Seamos militantes de resistencia organizada y solidaria que contraataque eficaz y segura, con la clara idea de destronar a los traidores y retomar el camino de la Patria. 

Que así sea. 

 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR- GABRIELA FERNÁNDEZ -PRODUCCIÓN
El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com
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lunes, 5 de diciembre de 2016

¿SE VIENE EL ESTALLIDO?


¿SE VIENE EL ESTALLIDO?



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Resulta casi tedioso y hasta veces frustrante, eso de detallar constantemente todo aquello que nos atraviesa, nos afecta, a fin de procurar algún tipo de alternativa o solución. Porque pareciera que remar en el desierto es más probable que lograr una reacción inmediata que nos permita reconvertir lo que nos afecta.

¿Será una cuestión identitaria, una marca, una característica lamentable? Tal vez. Lo cierto, al menos en el recorrido histórico en estas últimas décadas, es que eso que denominamos pueblo tarda mucho en reaccionar; y cuando lo hace no es por el hartazgo o la manifestación concreta para exigir se respeten las garantías y los derechos. Si recordamos los tiempos del lamentable “corralito” podremos comprobar cómo eso que llamamos pueblo, pero que en realidad es una parte de él, reaccionó al ser afectada por el robo a sus ahorros.

Dinero. Eso fue lo que movilizó a esa porción del pueblo. No fue la defensa de la dignidad, de nuestras libertades y derechos. No.  Fue la incautación de los ahorros lo que movilizó. Y qué , ¿casualidad? : se unió con la otra parte del pueblo que fue atacada con la desocupación, el hambre y la imposibilidad de acceder a una mejor calidad de vida.

Como una afirmación de que algunos procesos históricos pueden repetirse, pasados dieciséis años de la sangre derramada aquellos 19 y 20 de diciembre del 2001, todo nos está indicando que estamos a las puertas de una delicada situación.
No sería descabellado suponer que nosotros seremos los que volvamos a poner muertos en las calles, porque siempre han sido de nuestro lado los que han caído, nunca los de las clases dominantes, siempre son los nuestros. ¿Qué hacemos una especie de discriminación? Y si, de un lado está esa clase de la sociedad que sólo se siente afectada cuando les tocan su víscera más sensible: el bolsillo. Y del otro estamos nosotros los que históricamente reclamamos y peleamos por nuestros derechos, los de los trabajadores, los de los niños y ancianos, de los originarios, de  los vulnerados,  de las minorías; derechos que van mucho más allá de la supervivencia y el ahorro.

Hay una muy larga lista de derechos y garantías que se están vulnerando desde el 10 de diciembre del 2015, pero aún no ha sido suficiente para lograr la reacción de la sociedad. Están los que argumentan que “hay que darles tiempo”, y nos preguntamos ¿para qué?, ¿para comprobar hasta dónde se puede apretar la soga en el cuello del pueblo? Es muy peligroso, no se está jugando con fuego, se está jugando en medio de un arsenal a punto de estallar.

Lo que podría diferenciarnos de lo sucedido en el 2001, sería el “de dónde” provendría la reacción que intente poner freno a la presente administración nacional que está echando por tierra todas las conquistas alcanzadas. ¿Será?
Nadie aún puede prever qué habrá de acontecer a dieciséis años de la partida en helicóptero de la cobardía y la inutilidad.

Lo que sí podríamos afirmar es que los sectores afectados por las medidas antipopulares tal vez no esperen a que al otro sector les toquen las cuentas bancarias. A diferencia de aquel lamentable 2001, hoy existe un importante y acrecentado número de habitantes de nuestro suelo que, con aciertos y errores, están comprometidos en la vida política del país. Esa es una gran diferencia, es sustancial, es la que separa la furia de la razón y la estrategia.
No es necesario abundar en detalles: las redes y los medios alternativos van dando cuenta ya, de manera certera, de todo lo que nos afecta. Pero ese todo, además de lo materialmente concreto, tiene un gran componente simbólico. Y esto es porque venimos de una década que construyó material y simbólicamente un horizonte de derechos, y más que una masa crítica en condiciones de leer y defender lo simbólico.

Este desguace brutal no está precedido por décadas de lento y progresivo desmantelamiento del estado planificado a través de medios hegemónicos sin cuestionamiento. No podemos atribuirnos el síndrome de la rana hervida, aquella que tranquilamente va hacia la muerte aguantando el lento aumento de la temperatura del agua en la que está inmersa. Venimos de un contexto de ampliación de derechos que debió -y lo ha hecho en muchos casos- empoderarnos: clarín miente y la lucha por la ley de medios, la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, la universalización del derecho a un ingreso mínimo para cada anciano y cada niño, la multiplicación de universidades para dar cabida a los tantos jóvenes que fueron pudiendo ejercer su derecho a la educación.

Cada vulneración de estos derechos ha debido y -en ocasiones- ha hecho saltar a la rana: se multiplican las luchas en defensa del presupuesto para ciencia, se sostienen los juicios a los genocidas, se pelea por la libertad de Milagro, se escracha a los responsables del actual desastre a punto tal que no pueden presentarse públicamente, se denuncia por redes y medios y hasta penalmente a quienes contribuyen a la entrega que se está haciendo de nuestro patrimonio. Esto debe diferenciarnos enormemente de la lucha pasada.

Esto debe comprometer aún más nuestra creatividad en la militancia. Deberíamos ser capaces de frenar esta destrucción masiva de un modo superador, planificado, liderado y consciente. No otra vez una fiesta de fin de año que desnude la pobreza extrema y mate a uno de los nuestros en la calle para que detone el estallido. No otra vez el estruendo que nos deje en la total confusión y orfandad: podemos definir qué queremos, elegir conductores y plantarnos ante ellos, ponernos en condiciones de accionar desde este empoderamiento que nos dejaran los líderes de Nuestramérica.
Que seamos capaces de hacerlo.

Que así sea. 



 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR- GABRIELA FERNÁNDEZ -PRODUCCIÓN
El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com
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lunes, 28 de noviembre de 2016

CORO FAMAF

domingo, 27 de noviembre de 2016

LA MUERTE NO EXISTE MI AMOR…


LA MUERTE NO EXISTE MI AMOR…



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 Hay diversas interpretaciones y sentires en relación a ese proceso natural de cada ser humano, la muerte, que dependen de muchos factores. Las concepciones religiosas, costumbres ancestrales, cultos folklóricos, etc.
Hay muertes a las que se les llora y hay otras a las que se les canta. Hay muertes que son celebradas con grandes comilonas y otras que pasan desapercibidas como si la vida que se acaba de apagar, nunca hubiese existido.
En fin, seguramente habrá más para describir cómo se interpreta y se siente la muerte.

 Creemos que hay muertes que no existen, tal vez como estrategia de sostener sentimientos muy profundos que no son conciliables con las ausencias físicas, no obstante, reiteramos, creemos que hay muertes que no existen. ¿Por qué?  Porque esas existencias fueron tan fuertes, tan emblemáticas, tan profundas que atravesaron y superaron cualquier concepción o interpretación mundana de la muerte.

 Seguramente ya se habrán disparado infinidad de trabajos, escritos relacionados al fallecimiento del más grande de los Revolucionarios que nos ha dado la historia contemporánea, y seguramente habrá quienes abordarán desde sus ideas y hazañas, hasta sus sentencias y consignas, la importancia que ha tenido y tiene esa existencia plagada de heroísmo y valor.

 Alguien escribió alguna vez por ahí: …De las manijas de mi ataúd irán colgando las risas y los llantos, las risas de quienes se alegren que haya muerto y los llantos de quienes he dejado debiendo algo…”. No es este el caso, porque de seguro serán innumerables los que lo lloren, pero por eso de aferrarse a la falaz inmortalidad de la carne, a ese sentimiento egoísta de la pertenencia. E incluso tal vez asomen algunas sonrisas, no por alegría por esa desaparición, más bien por el agradecimiento de haber compartido el lapso con esa existencia.

 Jorge Kostinger ha escrito en las redes: “…Fidel era el patriarca en joggineta que veía el código oculto de los diarios, que había aprendido a ver el revés de la trama, como Neo de Mátrix. Neo de nuevo, de hombre nuevo.
 Fidel era el arquero del partido del siglo XX, Fidel era el siglo XX. Fidel era el armador del equipo de los sueños.
 Fidel enterró a todos sus asesinos, a Fidel no le estallaron los habanos de chasco.
Fidel era el lomo plateado en la manada de los que soñamos un mundo distinto.
Fidel y Cuba desmintieron que siempre habrá pobres entre nosotros, tacharon lo imposible, que solo cuesta un poco más.
 No me resulta raro que un hombre de 90 se muera y hasta pienso que se ganó su derecho.
Pero Fidel era otra cosa más allá de lo humano, es como que te digan que se murieron las utopías…” Claro que las utopías están mucho más que vivas a pesar de la desaparición física de Fidel, y Fidel seguirá siendo Fidel a pesar de que, más allá de su física muerte, continuarán los intentos de asesinarlo. Sin embargo,  sabemos que es imposible matar lo que es inmortal...

 Cuando se honra la vida como reza la canción, cuando se la vive 180 veces como expresa Ernesto Argañaráz, es imposible razonar y aceptar la existencia de la muerte. No. La muerte no existe, mi amor…

A pesar de concebir, en estos casos, la inexistencia de la muerte, por ahí en un descuido, tal vez por el viento que se cuela por la ventana, o vaya uno a saber, se entromete en este desarrollo que intentamos, alguna que otra lágrima…sepan disculpar el descuido de la impecabilidad de las palabras y las ideas…

 Retomando, bien cabe recordar una frase del gran José Martí, que rescatamos al respecto de nuestra propuesta, publicada el 5 de marzo de 1876, en México: “…La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida…” (1)

  Expresa Raúl Eduardo Olmedo, también en las redes: “…Me la imagino a la muerte, pobrecita, venir a decirle que su tiempo se acabó. Me imagino su carcajada, la de él, diciéndole "yo ya he trascendido al tiempo, ya estoy vivo para siempre, porque los pueblos nunca mueren". Me imagino a la muerte avergonzada, pidiéndole permiso para cumplir el trámite. Me lo imagino a Él, diciéndole "haga nomás, que mi misión ya está cumplida y hay semillas para rato…”

 Y tal vez, puede que a estas muertes que no existen, se atreva la parca a reclamar lo que no le corresponde, como el accionar de los asesinos imperios que pretenden siempre arrebatarles a los pueblos, desde sus riquezas hasta los sueños.

 La muerte no existe mi amor, no, porque la vida es una experiencia más de la existencia, un casi imperceptible instante en la eternidad…

 La muerte no existe mi amor, no, existen los legados, las ideas, las convicciones, las utopías.
Y cuando todo eso existe, se plasma en lo cotidiano, en las vivencias, dan por tierra con todo aquello con lo que pretendieron colonizar nuestras emociones y sentimientos, bajo la excusa de la falsa existencia de la muerte.

 Hay presencias que son eternas, las que, cuando releemos sus aportes, sus historias de luchas y conquistas, replanteamos sus ideas, las discutimos, las re-valorizamos, cuando fijamos rumbos concordantes con las consignas de dignidad y justicia, igualdad y libertad, reafirmamos en cada instante, en cada acción, en cada movimiento, que la muerte no existe, que se traduce en esa militancia comprometida con la vida…

 La muerte no existe mi amor, no, claro que no, lo que existe es la entrega real y firme, existe el camino que se señala para avanzar en la conquista de nuestros derechos y en la defensa de nuestras garantías. Lo que existe es el eterno presente de la Revolución corriendo por nuestras venas, es el doloroso sentir permanente de las injusticias contra las que luchamos, desde diferentes trincheras, con el convencimiento inclaudicable de que es posible un mundo mejor.

 Hay una frase que utilizamos en reiteradas oportunidades, con la que sostenemos nuestro propósito y meta: …hasta la victoria siempre…”. No es una simple frase de saludo o despedida: es la consigna permanente de nuestras convicciones, las que nos empujan a retomar cada jornada; con el convencimiento que las utopías son realizables y los ideales permanecen inalterables. Esa frase ha sido y es el desafío al que nos empujara y empuja constantemente Fidel, con la que nos indica que la muerte no existe, sólo la meta de la victoria siempre…

 Quisieron matarlo infinidad de veces, y contrariamente a lo expresado en el dicho: “…uno no muere cuando quiere sino cuando puede…”, él decidió prolongar su existencia más allá de las ideas.

 De seguro los detractores y los miserables se habrán de regocijar en medio del estiércol con una noticia que esperaron desde hace más de cincuenta años, y lo festejarán como si en realidad se hubiese concretado su ruin anhelo. Pasarán los días, los meses, los años y no podrán comprender cómo el Legendario Comandante Revolucionario pudo vencer, no sólo a los imperios, sino también al tiempo, porque estamos convencidos y habremos de probar que, la muerte no existe mi amor, les aseguramos que no…

 Que así sea.


NORBERTO GANCI –DIRECTOR-
El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com
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Notas y Referencias

sábado, 19 de noviembre de 2016

¿POR QUÉ CONTINUAR?


¿POR QUÉ CONTINUAR?

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 “...¿Te has preguntado alguna vez por qué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado por qué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial…” (1)

 Los párrafos anteriores pertenecen a un trabajo, recomendado por Rudy Catoni, en donde podemos rescatar mucho de lo que venimos sosteniendo desde hace tiempo, en cómo el sistema mundial imperial actúa para dominar y controlar a las masas.
Tal vez para varios de nosotros no sean nuevos los conceptos allí vertidos, es más, tal vez a otros tantos les resulte hasta casi molesto que insistamos en alertar en cómo funciona y condiciona el sistema; no obstante, creemos que tenemos la obligación de persistir en la que consideramos nuestra tarea fundamental: concientizar a pesar de todo.

 Lo comunicacional se ha convertido en el arma más poderosa en cuanto condicionamiento social se requiera. La manipulación a través de diferentes y variados canales, no es nueva, pero en forma acelerada se ha modificado de modo tal que, es casi imposible abstraerse de sus tentáculos: la educación, los medios “informativos” donde …la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella…”, las redes sociales, cuyo desmanejo…quita el tiempo que deberíamos tomarnos para sopesar las consecuencias de un acontecimiento y lo fragmenta en pedacitos de 140 caracteres y con ello, convierte en breve y superficial cualquier juicio que emitamos sobre una información recibida…” (1), internet, telefonía móvil, etc., han inundado la mayor parte del planeta, con lo que garantizan un control poblacional, proclive a los intereses imperiales. ¿No se han preguntado para qué el sistema ofrece wi-fi gratuito casi en cuanto lugar visitamos a lo largo de nuestro día urbano?


 Cuando nos preguntamos cómo han podido avanzar los representantes de la más recalcitrante derecha criminal en los espacios de gobiernos, descuidamos en los análisis que deberíamos formular, tomando en cuenta los medios y formas de manipular las conciencias. Pretendemos una rápida respuesta a lo que nos atraviesa, como esos 140 caracteres en que nos condicionan las redes.
 Entonces, más allá de lo tedioso, de lo recurrente, más allá de caer en algún error conceptual, pasible de ser discutido, criticado, estamos convencidos de que debemos aunar mayores esfuerzos por correr los velos que nos han injertado en nuestras miradas y pensamientos.

 Hubo alguien una vez que consideraba que la labor periodística se basaba en dudar absolutamente de todo, y que ello debería, por consiguiente, provocar en un estado de duda general en quienes recibían su labor.
Una de las posibilidades que nos han quitado en este maquiavélico ejercicio de manipulación global, es “la duda”. La posibilidad de dudar, hasta de las más acertadas afirmaciones, es algo que deberíamos recuperar para posibilitar el formarnos una idea propia, un pensamiento propio.

 La duda y la incredulidad sobre todo lo que nos llega, tal vez, nos facilitaría discurrir en diálogos internos, en lo individual, para volcar en el colectivo algo que pudiese aportar en la generación de ideas y conceptos nuevos o esclarecedores.

 El trabajo sobre el que nos hemos propuesto reflexionar, se titula ¿Por qué no Estalla Una Revolución?”; y ante el título que proponen, ya desde el condicionamiento mayoritario que se ha logrado al considerar el término “revolución”, puede provocar una actitud de negación a considerar la propuesta. Porque se ha impuesto una idea tergiversada del término.
Se afirma sobre el término que: …es un cambio social fundamental en la estructura de poder o la organización que toma lugar en un periodo relativamente corto o largo dependiendo la estructura de la misma (…) Los expertos aún debaten qué puede constituir una revolución y qué no. Estudios sobre revoluciones suelen analizar los eventos en la Historia de Occidente desde una perspectiva psicológica, pero también más análisis incluyen eventos globales e incorporar puntos de vista de las ciencias sociales, incluyendo la sociología y las ciencias políticas…” (2)  

En el trabajo citado se sostiene que: “…todos observamos desesperados a los demás y nos preguntamos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por qué no reacciono yo?”

Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.
Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolución cuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.

Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico…” (1)

 Pero existe, como alternativa inicial, la posibilidad de revolucionar desde nuestras más íntimas de las fibras, desde nuestros sentires, desde nuestras percepciones, poniendo en discusión y debate interno todo con lo que nos bombardean a diario, para así generar nuevas o mejoradas ideas.
“…Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y, por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente…” (1)

 Si bien el sistema imperante no admite que ello pueda ocurrir, y por eso realiza permanentes, constantes esfuerzos en reforzar sus estrategias de manipulación global, hay resortes, disparadores que desde diferentes lugares nos pueden permitir romper con esa co-dependencia que tanto nos afecta y nos destruye la individualidad por un lado y el sentido de lo colectivo por el otro.
“…El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real…” (1)

 Y mientras el sistema prosigue y persigue sus propósitos, estamos los que también persistimos en otro tipo de actitud y compromiso. Estamos los que promovemos y alentamos a la duda, como esa consigna casi viral que expresa: “no quiero que pienses como yo, sólo quiero que pienses…”

 Y mientras tanto, nos vamos respondiendo, a diario, a ¿por qué continuar?, en cada una de nuestras acciones.
Y caprichosamente recordamos algunas críticas sobre nuestra tarea, donde nos señalaban que somos reiterativos, que no respondemos a los “nuevos cánones” comunicacionales, que no tomamos en cuenta los “nuevos paradigmas”, patrones o modelos que el mismo sistema se empecina por imponer.
Y entendemos que esas críticas son fruto de esa misma manipulación sobre la que alertamos insistentemente.

 Entonces ¿por qué continuar? Porque nos hemos propuesto, desde hace mucho tiempo, intentar derribar, o al menos colaborar en derribar los cercos, los muros de la desinformación, de la incomunicación.
Pero esta tarea, este compromiso no puede prosperar ni revolucionar, si no es acompañada de un número cada vez mayor de seres que estén dispuestos a, desde la duda, generar nuevas formas de pensar y sentir.

 En el trabajo aludido se señala que tampoco ayuda en mucho profundizar y difundir toda información que vaya en el sentido de desenmascarar el cómo actúa el sistema, ya que aumenta de esa manera la confusión y la apatía social. No estamos muy de acuerdo con ese parecer, creemos que debemos persistir en lograr la mayor concientización sobre cómo opera el sistema imperial, para lograr revolucionar, desde lo individual a lo colectivo.

 El ejercicio de tomarse el tiempo suficiente para leer un artículo o trabajo extenso, puede ser una de las buenas estrategias que re-condicionen nuestro cerebro y recalibre su funcionamiento. Intentar reconstruir una línea de tiempo, comprender un proceso, esforzarse por retener relaciones de causa-efecto, encontrar y listar criterios de clasificación o comparación de manera consciente, serán antídotos contra el efectista y efectivo sistema de dominación mental.
El bombardeo frecuente de supuesta información, escueta, hace que nuestro cerebro no llegue a procesar una idea, sólo reproduce un mensaje que impone un pensar.
Para contrarrestarlo, el ejercicio señalado puede, tal vez revertir la co-dependencia entre la falsa o caprichosa información y las respuestas emocionales.

 ¿Por qué continuar? Porque creemos que lo que hacemos es una militancia genuina dentro del mundo de la comunicación, que se retroalimenta con la constante participación de cada una, cada uno que conforman esta trinchera.

 El mérito, si es que lo hay, no tiene nombre. Si logramos descorrer los velos que nos han impuesto y alcanzamos la meta de mínima, de que alguien del otro lado haya vencido la dependencia generando una idea propia, un pensamiento propio, habremos logrado la primera victoria en la batalla comunicacional.
Persistir en ello y sumar más seres que se atrevan a enfrentar al sistema, deberá ser la respuesta para revolucionar.

 Que así sea.


NORBERTO GANCI –DIRECTOR-
El Club de la Pluma
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Notas y Referencias


sábado, 5 de noviembre de 2016

¿CULPABLE YO? ¡NO SEÑOR!, ENTONCES ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?


¿CULPABLE YO? ¡NO SEÑOR!, ENTONCES ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?


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Podríamos, tal vez, aventurarnos a analizar nuevamente las circunstancias y motivaciones que han conducido a nuestros pueblos a padecer lo que nos atraviesa.
Podríamos esgrimir argumentaciones, supuestos, probabilidades. Nada nos alcanza para poder dilucidar el cómo se ha llegado a tal situación. Nos estamos refiriendo a ese nuevo giro hacia la derecha por el que parte de nuestros pueblos han optado… ¿Habrá sido así? Se complejiza imaginar tamaña decisión, por más que nos presenten guarismos, escrutinios, etc. Cuesta mucho comprender, interpretar y mucho menos aceptar. No obstante, ensayamos algo, al menos en modo catártico, para poner en discusión qué grado y tipo de responsabilidades nos competen…

Las alertas sobre nuestra Patria Grande tienen bastante tiempo: quienes estudian y analizan los movimientos geopolíticos nos vienen advirtiendo desde hace décadas respecto del polvorín sobre el que estamos.

Las manipulaciones mediática y educativa han tenido un desarrollo vertiginoso en los últimos tiempos, merced a las “bondades” (o no tantas) de las nuevas tecnologías que han posibilitado el megaalcance de los mensajes y meta-mensajes.

Hemos señalado en reiteradas oportunidades cómo se vinculan los grandes monopolios de desinformación, con las empresas mineras, petroleras, armamentísticas, alimenticias, financieras, etc. Y junto a ellas, “trabajando” de manera mancomunada, partidos políticos y corporaciones judiciales… Todos juntos en procura del control social y el sometimiento de los pueblos.

Sugerimos, como modo de sumar mayores datos, recurrir a la nota ¿Quién controla y financia los medios de comunicación que nos informan?” (1)  que nos brinda un interesante, tal vez no muy abundante, tratamiento al respecto.
En la nota sugerida se explica cómo la banca internacional y las industrias armamentísticas están íntimamente vinculadas a los conglomerados de la comunicación, y a su vez, todos relacionados con el nazi-sionismo imperial.

Con esa herramienta se ha construido indudablemente un sector social que ha asumido como propios los objetivos del imperio global, sin percatarse de que habrá de ser objeto de explotación, sometimiento y, finalmente, exclusión.

La manipulación mediática se ha convertido en fundamental, mucho más en estos tiempos, a la hora de avanzar sobre nuestros territorios. La desinformación, o confusión sobreinformada, logra imponer en los pensamientos de las gentes, por ejemplo, que el flagelo del tráfico de drogas se soluciona con la intervención de organismos foráneos, quienes “desinteresadamente” pretenden “colaborar” con las naciones supuestamente afectadas por tal calamidad. Lo mismo va para la imposición de la idea de la invasión de células terroristas en determinados puntos de la región.

Podemos recordar cómo, en no pocas ocasiones, la región denominada “Triple Frontera”, ha sido señalada como el sector que habrían elegido células terroristas, en estos tiempos si son provenientes de Medio Oriente mejor…
Pero tampoco han sido pocas las veces en que se ha alertado sobre la importancia que tiene ese sector, fundamentalmente, para el control de lo que poco se conoce como “Acuífero Guaraní”, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta.
No sólo de agua vive o quiere vivir el imperio, también están los recursos petrolíferos, minerales (el litio está ocupando un lugar sumamente delicado en esta invasión silenciosa, o no tan silenciosa).
De cualquier modo y por cualquier excusa, el peligro siempre está latente.

Nuestra Patria Grande, a lo largo de la historia, , cada vez que ha querido concretar de manera contundente su tan anhelada independencia, ha padecido el oprobioso y suntuoso accionar criminal del poder imperial global.
Nos detengamos unos instantes aquí, pues no está de más reiterarlo: cuando mencionamos al poder imperial global, o al nazi-sionismo imperial, mencionamos al poder real, ese que no tiene patria, frontera, bandera, religión ni creencia alguna más que su afán de poder y dominación a todo el globo. Un ente que se diferencia y excede   lo que se ha instalado como definición de “imperio” señalando a EE.UU.
Durante décadas nos han instalado la falsa idea de que los EE.UU. son , pero no. Es sólo uno de sus brazos armados. Y sus sucesivos presidentes, al igual que los de las demás naciones genuflexas, son meros gerentes, en mayor o menor grado.

A propósito, si de algo ha servido la industria cinematográfica yanquilesca, fue para instalar en sus consumidores la idea tergiversada de ser ellos los dueños de la vida y la muerte, cuando en realidad sólo han sido y son ejecutores de lo que los verdaderos dueños del planeta han diseñado...

Parte de lo que sostenemos está contemplado en “Las 10 Estrategias de Dominación”; no inventamos nada, no innovamos en nada, sólo reproducimos e intentamos concientizar sobre las realidades que nos son vedadas desde los diferentes resortes con los que ejercen poder a nivel planetario.

No ha sido producto de hartazgo que algunas de nuestras naciones se rencausaran detrás de los lineamientos neoliberales; como no ha sido casual que otras de las naciones hermanas aún se sostengan en sus propósitos por lograr una real independencia. Por un lado, las particularidades de cada nación, pongamos por caso la Hermana Bolivia, cuenta en su favor con la inmejorable impronta de sus pueblos originarios, provistos de un acervo y legado ancestral que tiene un importante peso en la construcción de esa nación.
Pero, paralelamente, países como Argentina, Uruguay y Chile, por casos, poseen en su contra un mal tan enquistado desde hace muchas décadas, representado por los monopolios de desinformación. Éstos, como ya señaláramos, se han fortalecido con la instrumentación de las redes sociales a través de internet, con las que han podido avanzar en su impronta de instalar mensajes determinados.
Así se han desvirtuado tanto la política como el periodismo: cada vez más, la importancia recae en el actor y no en la actividad. No importa la política, importa el político con el que podemos presumir que una determinada realidad está íntimamente vinculada. Importa quién la exhibe y no la realidad misma.
Esa nefasta práctica nos ha hecho desviar la atención con consecuencias que hoy padecemos. Un ejemplo podría ser cuál es la mirada y la opinión que se sostiene respecto de la contaminación que provoca una explotación minera a cielo abierto:  depende de quién la difunde y no de las pruebas en la investigación.

Pretendemos con esto enfatizar la labor que han desarrollado desde los medios de desinformación, las corporaciones judiciales y políticas en desmedro de las construcciones sociales que permitieron una real recuperación de derechos, libertades y autodeterminaciones.

Hay responsabilidades compartidas y no podemos mirar hacia otro lado y no responder ante la urgencia de retomar el desafío por una real independencia.
Para ello, tenemos que ser capaces de abrir muy bien los ojos, los oídos y nuestras mentes, para intentar comprender cómo el imperio mundial funciona.
Es una tarea ardua, casi titánica, pero necesaria e imprescindible para correr los velos de la ignorancia de la que se vale el poder global.

No tenemos mucho tiempo para ponernos a reflexionar al respecto, no contamos con chances para detenernos a señalar culpabilidades y/o responsabilidades; aquella “Hora de los Pueblos” de la que hablaba el General Perón, sin fanatizar sobre su figura y trayectoria, se ha hecho presente y debemos asumir nuestros roles con total y absoluta responsabilidad.

Recuperar las ideas de nuestros libertadores es una tarea del ahora y de todas y todos; llevarlas a la práctica y lograr una Patria Grande, Libre, Soberana e Independiente, nos debe convocar a una lucha tenaz e inclaudicable hasta lograrlo.

Que así sea. 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-
El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com
http://.elclubdelapluma.wordpress.com
DOMINGOS DESDE LAS 10 HS.
POR FM 103.9 RADIO INÉDITA

Notas y Referencias

EDITORIALIZAR… ¿PARA QUÉ?


EDITORIALIZAR… ¿PARA QUÉ?

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Suponer que podremos editorializar sin caer en reiteraciones; suponer que podríamos expresar algún pensamiento o análisis en relación a alguna temática diferente de la acostumbrada; sugerir que podríamos reflexionar sobre alguna inconsistencia como para perseguir un comentario, una opinión, es nada más que esquivar el bulto en relación a lo que nos atraviesa, tanto en lo político como en lo social en Nuestra Patria Grande. 

Desde hace mucho venimos alertando sobre los peligros a los que estaba (y está…) expuesta Nuestra Tierra, ya que, más allá de las conquistas y metas alcanzadas por gobiernos populares, la derecha fascista no perdió ni un instante en su derrotero por reconquistar tanto espacios como personas.

Cuando tuvo lugar el golpe de estado en Honduras, no fuimos pocos que percibimos que, desde ese instante, se comenzaban a desarrollar en todo nuestro continente, todas las variables posibles para desestabilizar a las “naciones rebeldes”. Y pudimos comprobarlo cuando le tocó el turno a Paraguay; y más cuando los intentos golpistas se sucedieron en Ecuador y Venezuela.

Si bien los escenarios no son los mismos ahora que un par de décadas atrás, la fragilidad en la construcción política de los gobiernos populares, ha posibilitado que retomen con mayor virulencia los retrógrados sectores de la más rancia derecha.
Pudimos construir canales de comunicación tanto estatales como alternativos, conscientes que era necesario llevar la información desde nuestros sectores y con nuestra gente, para hacer frente a los monopolios. Pero no fue suficiente, no fue contundente; no derribamos esa línea imaginaria de la desinformación con la que vienen controlando voluntades.

Ha sido y es esa una de la más grande de las fallas que hemos cometido y que pagamos viendo cómo se derrumban las conquistas alcanzadas.
Porque no es válido poner el título o la frase “nos debemos una autocrítica”, si esa autocrítica no se hace despojándonos de fanatismos y obsecuencias.
Porque los discursos ya no nos sirven sin las acciones, porque no podemos “hacer la plancha” viendo cómo nuestra gente y sus futuros se van quedando en el camino de la ignominia y la desesperanza.

No es sencillo editorializar sin caer en alertas consuetudinarias, porque en una vertiginosidad impensada se van sucediendo despojos y exclusiones.
Y no nos hemos distraído cada vez que nos dedicamos a reflexionar sobre lo que nos acontecía. Las realidades que se padecen, lamentablemente, dan cuenta de nuestros aciertos. Pero no es un galardón, un triunfo no habernos equivocado en los análisis, es mucho más que lamentable haber acertado.

En fin, estamos en presencia de mayores desafíos en lo que atañe a construcción política y social.   Miremos los resultados que dieron por tierra con los avances logrados; miremos la inacción del pueblo que en su gran mayoría es víctima de los más brutales atropellos en cuanto a derechos y garantías, perdiendo diariamente la posibilidad de un presente y futuro mejores, mientras esta dictocracia interpreta a rajatabla el papel asignado por el nazi-sionismo para concretar sus apetencias en nuestra tierra.
Hay una larga lista de atropellos que ya muchos se encargan de enumerar en cada oportunidad que se tiene, tanto en medios alternativos como en redes sociales, hacerlo nosotros tal vez sólo sirva para reiterar la enumeración de las lamentaciones que nos atraviesan…
Pero en esa larga lista hay temas de los que es imposible abstraerse, porque, por ejemplo, ¿cómo militar desde las bases si una de las nuestras está secuestrada por un miserable feudal y muchos y muchas que supuestamente representaban a los que pertenecemos a esas bases nos traicionan vendiendo sus voluntades por mucho más que unas monedas?
Se vuelve a desprestigiar la práctica política, instalando en el común social que la misma sólo sirve para hacer algunos importantes negocios. No es casual que esté ocurriendo, aunque nadie lo comente, o casi nadie, no es casual, es parte de las viejas estrategias para desmovilizar.

Si bien hay quienes sostienen que hay que hacer prevalecer las instituciones, respetar los tiempos electorales y la práctica democrática, hay también una realidad que no está comprendida en los discursos y en las consignas: hay gente que se va quedando en el camino, hay gente que no puede esperar a una instancia de elecciones para lograr su diario sustento.

Cuando nos proponemos editorializar desde una mirada crítica, contando con información y análisis sobre diversas temáticas, procuramos aportar para sumar a la discusión e intentar alcanzar, tal vez no un alto consenso, tal vez un edificante intercambio de diversas formas conceptuales que permitan la construcción de un pensamiento propio, genuino.
Pero este no es el caso. En esta oportunidad pretendemos transmitir la preocupación de semejante silencio e inacción por parte de un número importante de la dirigencia política, sindical, etc. Ese silencio, esa inacción están socavando en el pueblo que tiene diferentes interpretaciones acerca del concepto “tiempo” … hay veces, la historia está plagada de muestras, en que el tiempo se agota y gana la calle la desesperanza, el hartazgo, y la furia.

Ante la creciente ola de despidos y suspensiones de trabajadores, ante los cierres de programas e instituciones, ante las persecuciones por pertenencias o simpatías políticas, ante la destrucción tanto de símbolos como de instituciones, ante la cachetada al pueblo con los aumentos en los ingresos de congresistas, ante la pérdida del poder adquisitivo, ante la creciente violencia institucional por parte, fundamentalmente de las fuerzas de (in) seguridad, ante tanta barbarie institucionalizada, ante la burla y la ofensa, ante la mentira y la corrupción, ante tanto que nos va atravesando y sumergiendo en la impotencia y la rebeldía, tal vez no tarde el pueblo en tomar las calles, las plazas y reclamar, exigir, imponer un cambio institucional inmediato que paralice la destrucción de nuestra Patria y nos permita retomar, reencausar el camino de la construcción y la edificación de una real independencia y plena libertad.

No es un juego, no es un detalle menor, no es un castigo ni un error, es una dictocracia la que se ha encargado de vulnerar todos nuestros derechos y garantías, despojándonos de toda conquista y logro colectivo e individual. No es un juego, y si los gerentes de las corporaciones foráneas que desempeñan el papel de funcionarios políticos en la administración Nacional, con la complicidad de la corrupta corporación judicial y los asesinos y genocidas que responden a los monopolios de desinformación, no advierten a tiempo el descontento y la desesperanza, tal vez habrán de probar el sabor amargo de la destitución, acompañada de la furia y la rebeldía social.

Que así sea.  

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-
El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com
http://.elclubdelapluma.wordpress.com
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