DEL VACÍO AL
CANTO
Dedicamos nuestros últimos
trabajos a hacer expícita una lectura política elaborada entre pocos, es
cierto, pero sintiéndose en consonancia con muchos que escuchamos y leemos a
diario. Lo hicimos por considerar que de alguna forma se nos ha puesto a pensar
"desde cero", como si no hubiera una dilatada experiencia popular en
luchas y conquistas de derechos. ¿Cuáles son las razones por las que hoy
plantear salidas políticas suena a ruido sin sentido, como si las cosas fueran
tan concretas y sólidas que no hubiera lugar para planteos creíbles?
El
alcance y la extensión del discurso del enemigo impacta, vaya si lo hace, de
manera que debemos seguir insistiendo. Y debemos volver una y otra vez a dar
razones de nuestra posición, a la manera del poema de Benedetti que tan
bellamente cantara Baglietto:
Usted
preguntará por qué cantamos.
Cantamos
porque el río esta sonando
Y
cuando suena el río suena el río
Cantamos
porque el cruel no tiene nombre
Y
en cambio tiene nombre su destino
Cantamos
porque el niño y porque todo
Y
porque algún futuro y porque el pueblo
Cantamos
porque los sobrevivientes
Y
nuestros muertos quieren que cantemos
Entonces, ¿por qué hacer planteos políticos suena a bla bla bla sin peso,
inútil o desfasado en el tiempo? Esto se ve mucho más allá de Argentina, aunque
en Argentina se expresa con una crudeza particular.
Es
un fenómeno que podríamos llamar la **crisis de la política como espacio de
posibilidad**: la sensación de que proponer una "salida" diferente es
hablarle al viento, porque las cosas parecen estar determinadas por fuerzas que
escapan al debate colectivo.
Vamos
a plantearlo en 6 puntos que iremos numerando y desgranando:
##
1. La "realidad" como argumento que anula la política
En
Argentina hoy, y en buena parte del mundo, la política ha sido reemplazada por
una suerte de **administración de lo inevitable**. El discurso dominante no
dice "mi proyecto es mejor que el tuyo", sino "las cosas son así
y no hay otra forma". Es lo que en los años noventa se llamó TINA (*There
Is No Alternative*), pero hoy mutó a algo más denso: no solo no hay
alternativa, sino que proponer una suena a negación de la realidad.
En
Argentina,una consultora señaló recientemente que, aunque la desaprobación de
Milei supera el 65%, "aunque la gente lo desapruebe, puede terminar
votándolo" porque "no hay una alternativa". Eso es exactamente: una política donde el
voto no es adhesión a un proyecto, sino resignación ante la ausencia de otro. Las
"salidas políticas" suenan a ruido porque el horizonte se ha reducido
a la gestión de una crisis que parece tener lógica propia.
##
2. El tecnicismo devoró al debate ideológico
Una
de las razones por las que las propuestas políticas suenan huecas es que la
política se ha vaciado de contenido ideológico y se ha llenado de tecnicismos.
El debate ya no es sobre qué sociedad queremos, sino sobre qué tasa de interés,
qué acuerdo con el FMI, qué arancel aplicar. Los "expertos"
—economistas, consultores, algoritmos— ocupan el lugar que antes tenían los
militantes y los proyectos colectivos.
Esto
no es solo argentino. A nivel global, la economía y la tecnología parecen
gobernar más que los parlamentos. La "nueva normalidad" que describe
el CIDOB (Centro de Investigación de Relaciones Internacionales y Desarrollo)
para 2026 es un mundo donde la geopolítica se reduce a carreras tecnológicas,
aranceles y burbujas de IA, mientras los ciudadanos miran desde afuera. Cuando la política se reduce a administrar
variables que parecen escapar al control humano, proponer una "salida"
diferente suena, efectivamente, a fantasía.
##
3. La globalización como caja de resonancia del bloqueo
Otra
razón profunda es que **los estados-nación parecen cada vez más rehenes de
fuerzas que trascienden sus fronteras. Argentina no decide sola su política
monetaria, su inserción comercial ni siquiera su narrativa política (como se
vio con la dependencia del apoyo de Trump en la campaña de Milei, señalada por
la misma consultora).
A
nivel global, esto se expresa en la fragmentación de la economía mundial, las
sanciones, las guerras comerciales, la carrera por los recursos. Como señala
Alexander Gabuev del Carnegie Center: "la presión renovada de Occidente
genera más dolor, y luego aún más adaptabilidad que fractura aún más el tejido
de la economía global". En ese
escenario, ¿qué sentido tiene proponer una "salida política"
argentina, francesa o británica, si las decisiones que importan parecen tomarse
en Washington, o peor, en los servidores de Silicon Valley?
##
4. La desconexión entre representantes y representados
Manuel
Castells hablaba hace años de una ruptura
política entre gobernantes y gobernados como motor de la crisis
contemporánea. En Argentina, el dato de
que el 75% de los argentinos dice estar igual o peor que hace un año, con
apenas dos de cada diez sintiendo mejoras, ilustra esa brecha.
Pero
esto no es solo descontento: es una **desafección estructural**. La gente no
solo desaprueba a este gobierno; desconfía de que cualquier gobierno pueda
cambiar algo sustancial. Cuando los partidos tradicionales están desgastados,
la extrema derecha crece pero no resuelve, y los "outsiders"
terminando replicando lo mismo, el espacio para imaginar una salida se achica.
##
5. El agotamiento de los grandes relatos y la posverdad
Hace
décadas, la política se movía dentro de grandes narrativas: el socialismo, el
liberalismo, el nacionalismo, el desarrollismo. Hoy esos relatos están agotados
o desacreditados. Como se ha señalado, estamos ante "una transformación en
curso sin sujeto", en el corazón de una crisis del "capitalismo
democrático".
Sin
grandes relatos que organicen el deseo colectivo, la política se reduce a
gestos, escándalos y performance. Las redes sociales, lejos de ser espacios de
deliberación, funcionan como "redes de indignación" (Byung-Chul Han)
que no construyen alternativas sino que amplifican el ruido. En ese contexto, proponer una "salida
política" suena a anacronismo: ¿quién va a escuchar una propuesta
sistemática en un ecosistema diseñado para la reacción inmediata?
##
6. La violencia geopolítica como horizonte
Finalmente,
hay algo en el aire global que refuerza esta sensación de bloqueo: **la
violencia política se ha normalizado**. El CIDOB ( Centro de Investigación de
Relaciones Internacionales y Desarrollo) señala que en 2025 hubo más de 550
incidentes violentos diarios, récord de ataques con drones, y una "nueva
normalidad" de alta violencia.
Cuando el mundo parece moverse hacia la guerra comercial, la
militarización y el autoritarismo, la política como arte de lo posible se ve
reducida a la política como gestión del miedo. Y en la gestión del miedo, las
"salidas" creativas suenan a ingenuidad.
Una
conclusión incompleta
Es un fenómeno real que atraviesa a las
democracias occidentales y a las semiperiferias como Argentina. La política
parece haberse convertido en un
simulacro donde se gestiona lo ingobernable, y proponer algo distinto
suena a negar una evidencia que todos sienten: que las fuerzas que realmente
mueven el mundo (mercados, tecnología, geopolítica, deuda) operan en una escala
donde la deliberación ciudadana parece decorativa.
Pero
hay una paradoja: esa sensación de solidez es, en sí misma, una construcción
política. Decir "no hay alternativa" es la alternativa favorita de
quienes se benefician del statu quo. Lo concreto y lo sólido no son naturales;
son el resultado de haber ganado una batalla política previa, la de
convencernos de que la política ya no sirve. Y esa, curiosamente, es la
victoria política más profunda de las últimas décadas.
Dejamos
aquí para dar en la próxima algunas precisiones sobre qué puede hacerse para
dejar esta derrota atrás.
Desde Rosario- Militante Social

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