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lunes, 24 de agosto de 2026

APERTURA EDITORIAL PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 23-8-2026 - DE LA IGNORANCIA COMO CAPITAL E IDEOLOGÍA POLÍTICA

 

APERTURA EDITORIAL PROGRAMA EL CLUB DE LA PLUMA 23-8-2026

 

DE LA IGNORANCIA COMO CAPITAL E IDEOLOGÍA POLÍTICA

 




 

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De la ignorancia como capital e ideología política se podría llamar esta apertura. ¿Por qué? Si hacemos un poquito de memoria y recorremos algunas publicaciones, algunas experiencias inclusive en la narrativa de viejos militantes políticos de distintas ideologías, no estamos hablando de una ideología o un partido político o un movimiento político determinado, sino en general.

 

Hubo una época en que la formación política no era solamente enarbolar de alguna bandera, de cantar un eslogan pegadizo, de gritar consignas, no, no, no, iba mucho más allá.

Los viejos pueden recordar con total claridad como en los comités radicales, en las unidades básicas peronistas, en los locales partidarios de distintas izquierdas, tanto del Partido Comunista como del Partido Socialista, e inclusive donde se juntaban anarquistas, no solamente se hablaba de política, se discutía, sino que también se estudiaba política.

 

Había una formación intelectual entre aquellos que estaban interesados en participar en la vida política, más allá de ejercer algún cargo o no ejercerlo, porque era la militancia de base la que concurría puntualmente y fundamentalmente a esos locales partidarios. Entonces se originaba allí el cultivo de una formación ideológica letrada, si se quiere… decimos letrada, porque acudían a textos que daban cuenta, por ejemplo, de la historia del partido político, de las miradas que se tenían sobre las oposiciones o los adversarios, se discutían metodologías, se discutía qué podría pasar de alcanzar el poder, había toda una construcción ideológica y que rompía con la ignorancia.

En las fábricas había formación política, en los comités que se armaban en las fábricas, donde un delegado o una delegada impartía no solamente consignas, sino se desarrollaba el conocimiento.

Había un empoderamiento del conocimiento, que no era solamente el desempeño laboral, sino también intelectual, ideológico.

 

Bueno, todo eso lamentablemente se fue perdiendo con el tiempo.

Recordemos cómo actuaban las distintas dictaduras, no solamente aquí en la Argentina, en todo el continente, para llevar adelante la destrucción, la eliminación de todo aquello que pudiese dar la posibilidad de adquirir un conocimiento y una amplitud en la mirada y en el pensamiento.

 

Recordemos la quema de los libros, las canciones prohibidas, los textos prohibidos, la persecución a intelectuales, no solamente, como cuando fue, ¿se acuerdan?, La Noche De Los Bastones Largos con los científicos, no solamente a profesionales, a científicos, a músicos, a poetas, cantantes populares, conformaban la mal llamada, o la terroríficamente llamada, listas negras… Me salió “mal llamada” porque no era una lista, sino más bien era el compendio del odio que profesaban estos tipos, estos miserables, que no aceptaban ni la diversidad, ni la discusión, ni la contraposición, ni la construcción de otras ideas superadoras, etc.

Para ellos, el conocimiento era el enemigo de estos cosos, de estos miserables.

 

Y así de a poco, de a poco, como si se hubiese escrito un libreto para lograr un objetivo, la ignorancia fue copando los espacios, fue desplazando lo intelectual que podría darse en las discusiones políticas, no solamente quienes ejercieron y desparramaron con sangre las dictaduras cívico-religiosos-militar en nuestros territorios, sino también, por supuesto, como de costumbre, con la colaboración inestimable y bien cara de los monopolios de desinformación.

 

Hubo épocas en que se leían editoriales en los periódicos, en los diarios, donde uno podía tomar dimensión, de acuerdo a esos escritos, de miradas políticas.

Se recurría a la intelectualidad ahí. Bueno, eso dejó de ocurrir. Desaparecieron los editorialistas, o al menos no con esa calidad en la pluma, en la escritura.

Más allá de estar equivocados o no, más allá de acordar nosotros, ustedes, con lo que alguien podía expresar en esas páginas. Pero había un desarrollo intelectual.

No aplicaba la ignorancia en aquellos tiempos.

Pero bueno, después fue copando los espacios la ignorancia.

 

Fue una de las herramientas o de las armas necesarias de las distintas dictaduras para someter a los pueblos, la ignorancia. Pero esa arma o esa herramienta después fue apropiada por aquellos que han ejercido el poder desde distintos lugares.

Fue así que la ignorancia, con el disfraz inclusive de excelencias académicas y excelencias en la educación, se fue precarizando el conocimiento, pero se fue precarizando mal.

Y no solamente porque ya no había discusiones en los comités radicales que iban desapareciendo, o en las unidades básicas que se iban cerrando, o en los locales de las distintas izquierdas que también desaparecían.

La ignorancia fue copando espacios hasta en la formación educativa, desde las primeras edades de educación, desde los primeros tiempos en la formación de las niñeces.

Y esa ignorancia se fue trasladando con el tiempo a los distintos niveles y se ha logrado que una importante porción de la sociedad apoyara y apostase por la ignorancia. Por eso, con el tiempo, no aparecen, son casi ya como dicen los que saben, rara avis, excepciones, políticos o políticas con formación profunda.

 

Y entonces, hace su desparramo y destello los representantes de la ignorancia que salen de un programa de chisme, o de un programa cómico, o de cualquier lugar donde no se desarrolla la inteligencia.

La ignorancia hoy es la herramienta, el capital y la ideología política en boga. Y tal parece que una porción de la sociedad acepta esto como si nada, lo acepta livianamente.

Y hay militantes, que podríamos llamar de nuestro lado, del abismo, que tampoco se dan cuenta en esa ausencia de formación que rompa con la ignorancia.

Hay algunos dirigentes que vienen bregando hace tiempo para que se retome la discusión política y se forme a la militancia de manera mucho más profunda en lo intelectual. Pero hay algunos otros y algunas otras que todavía, a pesar de estar de nuestro lado, le siguen apostando a la ignorancia porque, como decían los viejos, no hay que avivar giles… cuando les redituaría una mayor efectividad en el desarrollo de la política.

Pero bueno, son posiciones, también deben ser víctimas o consecuencias de la instalación en el casi ADN nacional, la ignorancia, cuando antes era otra cosa, era muy diferente.

Tal vez tengamos que salir a romper moldes, tal vez tengamos que salir a romper con esa anomia total y absoluta donde no se desarrolla el intelecto y donde se privilegia la ignorancia.

Y debemos hacer algo, y ese algo es urgente.

Es urgente para recuperar la discusión política en las calles, en los espacios públicos, en las escuelas, aunque no les guste a los miserables, porque sí se adoctrina.

Más vale que se adoctrina en las escuelas, en las universidades.

Se adoctrina porque se abre el conocimiento.

El conocimiento debe ser la doctrina, fundamentalmente.

Y parte de esa discusión es la que nos debemos, ahora y de manera urgente, de instalar todo esto.

 

Para recuperar, inclusive, aquellos debates maravillosos que se daban en las dos cámaras del Congreso de la Nación, cuando quienes discutían y sostenían posiciones para defender, por ejemplo, el proyecto de una ley a lograr aprobar, tenían bases sólidas, intelectuales. Sabían de qué estaban hablando.

No como hoy, que personas de distintos espacios de la sociedad, sin ningún tipo de formación, hacen gala de su ignorancia y persisten en ella.

No como otras personas que sí hacen los esfuerzos necesarios para alcanzar el conocimiento y demostrar que, desde las bases, siempre ignoradas y desplazadas, pueden desarrollar su intelectualidad. Pero otras no, y dan vergüenza.

Pero los aplauden, los aplauden. No solamente los aplauden, sino que los aprueban y los siguen apoyando.

Por eso, lamentablemente, hoy tenemos a esa herramienta o arma tan peligrosa como capital fundamental de la política, que es la ignorancia.

Ojalá podamos revertir esto para que no solamente las conciencias se despierten, sino que demos lugar a la formación de camadas nuevas de políticos y políticas formadas intelectualmente.

No solamente desde el fervor militante, sino desde el pensamiento, la utilización de nuestras neuronas, que es lo que nos han impedido desde hace bastante.

 

Y por eso hemos llegado a esta situación de desastre total, de destrucción total de nuestro país, de nuestro futuro, donde casi ya ni se conoce nuestra historia y donde ni siquiera tenemos la posibilidad de pensar en un futuro.

Hay que dar vuelta todo eso para tener la ilusión basada en el conocimiento más allá de la ideología.

 

Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides a otra emisión más de El Club de la Pluma por nuestra radio web y la red de radios compañeras y amigas que retransmiten en directo en diferido a quienes agradecemos a la distancia con un abrazo enorme la posibilidad de poner las voces de La Patria Grande y fuera de ella en otras regiones.

 

Les damos los muy buenos días a la profesora Gabriela Fernández.

 

Buenos días, Norberto, buenos días a toda la audiencia de El Club de la Pluma y estamos acá en esta mesa escuchando cosas tristes que me dan ganas de seguir cavando, digo, ¿no? Porque dice que hay gente que toca fondo y sigue cavando, pero no lo hago con la intención de hundir el ánimo, sino que lo hago con la intención de comprender lo que sucede.

 

Usted sabe que cuando usted hablaba de la ignorancia, a mí se me venía a la mente una cosa un poquito peor, que es esta desinhibición, porque había un momento allá en las décadas que usted mencionaba que a los militantes políticos nos tocaba luchar con el “no te metas” y le decíamos a la gente que sí, que había que meterse, porque nadie se salvaba solo, que la solidaridad era una herramienta necesaria para construir lazo social, para hacer un tejido que nos contuviera, que los individuos sin esos vínculos sociales no tenían siquiera razón de ser.

Y hoy no sé si estamos luchando contra la apatía.

A mí me parece que hay una suerte de desinhibición de algo obsceno, diría yo, que es como destapar el frasco de todas las pulsiones posibles del ser humano sin ponerle coto a nada.

 

Porque nosotros sabemos que los seres humanos estamos construidos internamente por fuerzas contradictorias y que al momento de actuar o al momento de hablar vamos eligiendo a cuál de esas pulsiones vamos a responder. Si a la pulsión de matar o a la pulsión de alejarnos, si a la pulsión de ayudar o a la pulsión de hacernos los distraídos, o sea, de alguna manera vamos eligiendo que de todo ese caldo de cultivo que es un ser humano vamos a poner en acto, porque potencialmente cada uno de nosotros podría salir para cualquier lado.

Y a mí me parece que se destapo esa, esa en la que, sin vergüenza alguna, es decir, desinhibidamente, desvergonzadamente, mostramos lo primero que nos sale y que en estos contextos no puede ser algo naturalmente bueno, porque nos bombardea, nos bombardea todo el tiempo, nos invade el odio, la violencia, la irracionalidad, la locura.

 

¿Y entonces qué puede salir de ahí? ¿Qué es lo que eso puede convocar de nosotros si no somos capaces de ponerle un filtro?

 

Pero claro, si uno se despierta a la mañana y dice, pero salgamos a romper todo, porque antes de levantarte de la cama ya prendiste el teléfono y ya hay alguien vomitando incoherencias, odios.

 

¿Y qué es lo que dejas que te siembren? ¿Y qué es lo que vas a cosechar de eso?

 

Si no somos capaces de ponerle filtro, de agarrar el manubrio, de agarrar el volante de nuestra humanidad, empoderarnos, volvernos dignos conductores de nuestra vida y de nuestra esencia y elegir filtrar qué vamos a dejar entrar en nuestra humanidad para después proveerle a este mundo qué cosa.

Entonces no da que yo diga, soy espontáneo y digo todas las puteadas que se me ocurran en las redes. ¿Eso es ser espontáneo? No. Eso es reproducir el ruido.

Eso es seguir contribuyendo al río revuelto del que siempre los pescadores son los otros.

 

Entonces tenemos que ser capaces de tomar las riendas de nuestra calidad racional, ética y ponernos a hacer un mundo chiquito, resistente, paralelo, no sé, pero por lo menos nuestro, por lo menos de la naturaleza humana que hemos sabido conseguir.

 

No es cierto que está obsoleto el pasado.
No es cierto que no podemos aprender nada de estudiar la historia.

 

No hay manera de abordar impensadamente la realidad como si fuera pura fenomenología. No, no.

Acá hay responsables, hay hacedores del caos y nosotros podríamos intentar con responsabilidad, con fuerza y con inteligencia ser creadores de cosmos, ser creadores de una suerte de sistema ecológico que haga que los seres humanos volvamos a tener ganas de vivir y de mirarnos los unos a los otros en algo hermoso y no en este vómito cotidiano de odio y de miedo.

 

Escuchándote, no pude evitar recordar a quien durante un tiempo largo formó parte de esta trinchera desempeñando sus columnas en relación al tema de la educación,  me estoy refiriendo al profesor Carlos Hurtado, cuando él analizaba y nos contaba cómo la formación educativa se fue precarizando cada vez más, siguiendo los lineamientos de instituciones supuestamente académicas a nivel internacional, que iban haciendo bajar el nivel de la formación y de las exigencias educativas, que fueron colaborando para lograr el nivel de ignorancia que hoy estamos padeciendo.

 

Y creo que nos debemos no solamente debates, sino nos debemos la exigencia a nuestras dirigencias para recuperar algo de todo esto que se ha ido perdiendo y que lo intelectual, lo educativo, lo formativo comience a ser el primer punto en la agenda, porque de alguna forma tenemos que romper, tenemos que destruir esta asquerosa obscenidad de la ignorancia.

 

Ojalá que así sea.

 

Bienvenidas, bienvenidos a El Club de la Pluma.

 


NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción

Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción



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