LA CONSOLIDACIÓN DEL IMPERIALISMO
Queridos
compañeros, amigos y oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda,
como siempre, Mauricio Ibáñez, con un fuerte abrazo por la libertad de
Palestina, la paz en Oriente Medio y la Unidad Latinoamericana.
Para la primera vuelta de las elecciones para la
presidencia de Colombia, y tomando en consideración que la candidatura del
ultraderechista Abelardo DelaEspriella era a todas luces absurda debido a su
origen siniestro, su estilo colorido y sus gustos estrambóticos, las
instituciones electorales, cooptadas por la derecha, habían adelantado grandes
esfuerzos por posicionar a la Senadora Uribista Paloma Valencia como la rival
más prometedora para disputarse una segunda vuelta contra el candidato
Progresista Iván Cepeda Castro.
La autoridad electoral, que en Colombia se llama
Consejo Nacional Electoral, la Registraduría Nacional del Estado Civil, a cargo
de coordinar las elecciones y la Procuraduría General de la Nación, todas de evidente
tendencia uribista, con la ayuda de la prensa corporativa y los gremios de la
industria que habían diseñado el “Proyecto Júpiter” para sembrar odio, temor e
incertidumbre entre los colombianos, proyectaron aumentar el caudal electoral
de la senadora Valencia, pero la aplanadora publicitaria del pintoresco
candidato imitador de Bukele y Milei, con la ayuda de una campaña errática del
uribismo, terminaron inclinando la balanza electoral a su favor. Abelardo
DeLaEspriella obtuvo una votación sorprendentemente alta, ganando por más de
600 mil votos al candidato Cepeda, quien figuraba primero en las encuestas. Una
sospechosa sorpresa y un golpe duro para el progresismo colombiano, que daba
por segura su victoria en primera vuelta.
Las votaciones de Cepeda y Paloma no han dejado de
sorprender: la primera por no ser tan abultada como la que consiguió Gustavo
Petro en 2022, y la segunda por no haber alcanzado sino el 6% de la votación,
cuando se esperaba muchísimo más. Pero aparecieron en el horizonte varias
señales de que algo estaba oliendo mal:
En primer lugar, el Senador Republicano de los Estados
Unidos Bernie Moreno había anunciado que “si a su gobierno no le satisfacían
los resultados de las elecciones, se verían en la necesidad de intervenir”,
poniendo a la Registraduría y al CNE en la difícil posición de mover las
elecciones en la dirección que ellos quisieran, y para lo cual contaban con el
apoyo de la oscura firma Thomas Gregg & Sons, dueñas y administradoras del
software electoral Colombiano.
En segundo lugar, parece que existen evidencias de que
la Registraduría sí cometió fraude, incrementando el censo electoral con
personas muertas, alterando los formatos electorales, facilitando la compra de
votos y robándose por lo menos 4 millones de votos de Cepeda para ponérselos a
DelaEspriella. El propio presidente Gustavo Petro, como garante del proceso
democrático, ha denunciado el fraude sin que haya posibilidades de reaccionar
de alguna manera, por la dificultad que supone estar en medio de dos vueltas
electorales. Lo único que puede pasar es que se refuerce la vigilancia popular en
la segunda vuelta para evitar que esto ocurra, pero a estas alturas del partido
y con el antecedente de la primera, las alarmas están encendidas.
En tercer lugar, ya el presidente Donald Trump, quien
tradicionalmente había expresado su apoyo a Alvaro Uribe, manifestó
públicamente su respaldo al ultraderechista DeLaEspriella, subrayando además
que el candidato es un ciudadano norteamericano y que “representa de mejor
manera los intereses de los Estados Unidos”, dejando un mensaje claro de que
estas elecciones ya fueron intervenidas por el imperio y que todo lo que está
ocurriendo es la inercia de su participación.
Por supuesto, no podía ser de otro modo: el Candidato
DeLaEspriella cumple con todos los requisitos del neofascismo que el crimen
organizado norteamericano está imponiendo por toda América Latina. Es el
candidato típico de una republiqueta banana, tal como les gusta. Colorido,
extravagante, pendenciero, ruidoso, payaso y populista de iglesia evangélica.
El mismo modelo que, con distintos matices, se ha repetido con Bukele, Milei,
Bolsonaro, Noboa, Kast, Fujimori y Rodrigo Paz. Políticos sin ideas, sin
sustancia, dispuestos a dejar entrar al imperio con su contrabando, su
narcotráfico “made in USA”, sus contratos abusadores para la extracción lícita
e ilícita de minerales y petróleo, todo disfrazado de una supuesta política “de
derecha” que usa el miedo conservador de la gente para meterles frases en
defensa de la moral y las sanas costumbres, y sembrar pánico ante la amenaza de
un supuesto “comunismo” que “se come los niños” y “despoja a todos de sus
pertenencias”, como rezaba la publicidad de principios de la guerra fría.
Quién sabe si en Colombia logremos remontar, en las
elecciones del 21 de junio próximo, un resultado electoral tan absurdo como
sospechoso, como se ha logrado a duras penas en la hermana república del Perú.
Es posible, porque al entender lo absurdo de la candidatura del fantoche
DeLaEspriella, los partidos tradicionales, los gremios y la propia prensa están
queriendo echarse para atrás, lo que les queda difícil después de haber hecho
una campaña tan fuerte para deslegitimar al único candidato que ofrece una
propuesta coherente y respetuosa y que nunca los atacó. En este momento, buena
parte del electorado pensante está muy alarmado con las propuestas tipo Milei
de Abelardo y su pasado siniestro, pero si este ya tiene detrás la maquinaria
imperialista, hay un riesgo de que sea demasiado tarde.
Aquí es donde entramos en un punto de inflexión que
debemos analizar: lo que está pasando con América Latina no tiene nada que ver
con un dilema ideológico entre izquierda y derecha. Eso es lo que nos han hecho
creer, y el discurso de la ultraderecha no es más que un disfraz de un crimen
organizado que utiliza una o dos frases conservadoras para mantener cautivo un
público que cree ver en sus dirigentes la representación de la moral, las
buenas costumbres y el apego a las tradiciones, pero cuando uno revisa la vida
y testimonio personal de sus representantes, se encuentra con la sombra de los
archivos de Jeffrey Epstein y sus rituales pedófilos, las relaciones de
DeLaEspriella con paramilitares, narcos y estafadores en Colombia, la violación
sistemática de derechos humanos de Bukele, el narcotráfico descarado y de
grandes proporciones de Daniel Noboa, la corrupción de Keiko Fujimori y demás
historias que muestran que la derecha se regaló, o quizás se vendió, a las
grandes mafias que hoy controlan el planeta. No hay cómo defender lo
indefendible.
Es por eso que el ataque sistemático contra el
progresismo, el liberalismo, el socialismo o cualquier filosofía que busque la
reducción de las desigualdades fundamentales de la sociedad, la justicia
económica, la igualdad de oportunidades, el equilibrio en el acceso a los
medios de producción, la posibilidad de construcción de capital a partir de la
participación comunitaria y las alternativas a la banca central Tenga como
disfraz sembrar el miedo a un supuesto intento soterrado de implantación del
“Comunismo”, esa especie de monstruo fabricado por la narrativa conservadora para
asustar incautos e iglesias, como si se tratara de uno de los villanos más
perversos de las historietas de batman o supermán.
Las propuestas progresistas se chocan con el muro de
la falsa información, el miedo, la culpa, la disonancia cognitiva o la
incapacidad de darse la oportunidad del análisis o la reflexión, así que de
entrada nadie las lee, no se discuten, se censuran porque provienen del
“peligroso enemigo” y hay peligro de que tengan sentido al leerlas y provoquen
un cambio en la manera de pensar del robot esclavizado por las redes sociales,
la publicidad y los algoritmos de la inteligencia artificial. Así debió ser el
dilema para los primeros enciclopedistas franceses: despertar a un pueblo no es
fácil, pero cuando se logra, la avalancha de conciencia es inmensa y produce
revoluciones.
El tema complicado a estas alturas es que el
imperialismo mundial tiene tres caras, no es solo una, y no están defendiendo
los derechos globales consagrados en los acuerdos multilaterales de las
naciones unidas. No, eso ya no les interesa. Nadie va a salir en defensa de los
pequeños. Lo que tengamos que hacer en nuestra patria grande, tendremos que
hacerlo sin la ayuda de nadie. Ya no estamos navegando en el dilema de la
izquierda y la derecha, eso se terminó. Estamos en un mundo donde, o
pertenecemos a la familia Corleone, a la Cosa Nostra, la mafia rusa, el crimen
organizado americano, la Shquiptare albanesa, la Yakuza, el Cartel de Dubai o
el de Sinaloa, o no podremos sobrevivir. Los gobiernos perdieron el control,
los bancos mandan, su dios es el dinero, su biblia es la economía y sus
religiones son el mercado de valores por la vía legal y el crimen organizado
por la ilegal, cada uno funcionando en sus propios nichos, con sus sacerdotes,
sus harenes, sus eunucos y sus fieles. Todo acomodado en el discurso conservador
y moralista disfrazado de ultraderecha.
Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
·
Resultados de la primera vuelta electoral en Colombia
- Enlace
https://wapp.registraduria.gov.co/electoral/2026/presidente-de-la-republica/
·
Quien es Abelardo DeLaEspriella 1 - Enlace
https://delaespriellastyle.com/
·
Quien es Abelardo DeLaEspriella 2 - Enlace
·
Índice del Crimen Organizado Global - Enlace
https://globalinitiative.net/analysis/the-global-organized-crime-index-2025/?utm_source=copilot.com
TEMA MUSICAL DE LA SEMANA
Canción con Todos –
https://www.youtube.com/watch?v=mR58IA5g92E&list=RDmR58IA5g92E&start_radio=1

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