EL NÚCLEO DURO
Como saben quienes escucharon
nuestras columnas anteriores, hemos desarrollado un extenso trabajo sobre la
teoría de la espiral de silencio. Nos interesa hoy dedicar la columna al
problema que nos llevó a esta teoría: cómo se desarrolla un núcleo duro que
permita romper con esa espiral.
En *La espiral del
silencio*,el núcleo duro representa a quienes no se dejan intimidar por la
amenaza del aislamiento social. Son individuos que, por convicción profunda,
posición estructural o desapego a la opinión mayoritaria, mantienen su postura
aunque el entorno se vuelva hostil. Son, en cierto modo, los que rompen la
lógica mecánica de la espiral.
El "núcleo duro"
es una fisura antropológica. Noelle-Neumann describe la espiral como un proceso
casi natural: percibo que mi opinión es minoritaria, temo el aislamiento, me
callo, la mayoría parece más grande, el ciclo se refuerza. Pero el núcleo duro
interrumpe esta cadena causal. ¿Cómo?
No es solo valentía individual.
El núcleo duro suele estar anclado en comunidades alternativas de
reconocimiento. No dependen de la opinión pública dominante porque obtienen
validación de otros círculos: religiosos, políticos, profesionales,
subculturales. Un ecologista radical en una ciudad minera no necesita la
aprobación de sus vecinos si pertenece a una red transnacional que le otorga
estatus simbólico. Su "aislamiento" local es, en realidad,
pertenencia global.
Esto complica la teoría: la
espiral asume una opinión pública única, pero el núcleo duro revela que siempre
existen múltiples esferas de valoración. Romper la espiral no requiere
necesariamente convencer a la mayoría, sino desacoplar su autoestima.
El peligro del núcleo duro:
Aquí entra una tensión que Noelle-Neumann no desarrolla del todo: el núcleo
duro puede ser democráticamente necesario o patológico. Necesario cuando
representa disidencias justas que el tiempo legitima (pensadores antisistema,
activistas de derechos). Patológico cuando se vuelve inmune a la evidencia por
pura identidad tribal —piensen en sectas o fundamentalismos diversos.
La diferencia no está en la
estructura (ambos resisten la presión social), sino en la relación con el
mundo. El núcleo duro saludable mantiene diálogo con la realidad aunque no con
la mayoría; el patológico, ni siquiera eso.
No se trata de fabricar convicciones desde
cero, sino de proteger y estructurar condiciones para que ciertas convicciones
resistan la espiral. Aquí van algunos mecanismos:
1.
Comunidades de reconocimiento alternativo
El núcleo duro no suele ser
individual. Un activista solitario en una ciudad hostil se quema rápido. Pero
si pertenece a una red —aunque sea digital, translocal o clandestina— que le
devuelve estatus, su resistencia se sostiene. El cultivo aquí consiste en crear
o fortalecer estas redes ANTES de la crisis de opinión pública, no durante. La
Red de Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, no surgió de la nada: se articuló
en espacios previos de confianza (parroquias, vecindarios) que luego
funcionaron como núcleo duro contra el discurso militar.
2.
Ritualización de la disidencia
Hay algo en los ritos que
desacopla la acción de la utilidad inmediata. Marchar cada jueves cuando
"ya no sirve de nada" no es irracional: es una forma de mantener el
hábito de hablar cuando el entorno premia el silencio. El cultivo aquí es de
PRÁCTICAS, no de creencias. Las creencias siguen a las prácticas cuando estas
se normalizan.
3. Narrativas de legitimidad histórica
El núcleo duro se fortalece
cuando puede ubicarse en una corriente más larga que el presente. "Estamos
del lado de quienes tenían razón en el pasado" reduce la carga del aislamiento actual.
Es una forma de viajar en el
tiempo para encontrar compañía. Cultivar esto requiere trabajo de memoria y
pedagogía: no dejar que la historia oficial borre a los disidentes previos.
El problema: ¿cuándo se vuelve
secta?
Aquí está el riesgo. Si
cultivas demasiado bien el núcleo duro, creas un grupo inmune no solo a la
presión social, sino a CUALQUIER corrección externa. Un núcleo duro cultivado
necesita algún mecanismo de **autocrítica interna** —¿hay disidencia dentro de
la disidencia?— o termina como los movimientos que sobreviven a su propia
irrelevancia por pura inercia identitaria.
¿Por qué SE NECESITA una teoría
de lo social para cultivar el núcleo duro?
El núcleo duro no es solo
voluntad individual. Para que resista la espiral necesita reconocerse como
parte de algo, y ese algo debe ser articulable. Una teoría de lo social cumple
aquí, aunque parezca paradójico, una función PRÁCTICA: proporciona coordenadas
para la acción colectiva cuando la opinión pública dominante niega tu
existencia o tu legitimidad.
Sin ella, la resistencia se
vuelve reactiva, defensiva, acorralada. Con ella, puede proyectarse. Las Madres
de Plaza de Mayo no solo tenían dolor: tenían una lectura de la sociedad
argentina (militarismo, impunidad, desaparición como política de Estado) que
les permitía nombrar al enemigo, aliarse con otros sectores, persistir cuando
el relato oficial las llamaba "locas" o "subversivas". La
teoría no era, en su caso, lujo académico; era armadura epistémica.
Pero hay un matiz: la teoría
necesaria no tiene que ser totalizante. Puede ser local, situada, provisional.
Lo que necesita el núcleo duro es menos una filosofía de la historia que un
MAPA OPERATIVO de dónde está, quién es aliado potencial, qué grietas existen en
el consenso dominante.
Y aquí una pregunta que nos
interesa particularmente: ¿se puede teorizar lo social SIN clases sociales
según el sistema que las engendra? El
sistema que "engendra" clases —el capitalismo— no es sólo un contexto
económico, sino una totalidad que configura cómo vemos Y NOS VEMOS. Para Marx,
no puedes entender las clases sin entender la plusvalía, la propiedad privada
de los medios, la mercantilización de la fuerza de trabajo. La clase no es categoría
sociológica neutra; es POSICIÓN en una relación de explotación.
¿Se puede teorizar sin esto?
Sí, pero con costos:
Opción
A: Teorías de la diferencia, no de la explotación
Puedes usar categorías como
*status*, *reconocimiento*, *identidad*, *campo* (Bourdieu), *comunidades
imaginadas* (Anderson), *multitud* (Negri/Hardt). Estas no niegan desigualdad
material, pero la desplazan. El riesgo: pierdes la capacidad de nombrar quién
extrae de quién, y con ello, cierta fuerza política. Bourdieu puede describir
cómo la dominación cultural funciona, pero cuando se trata de explicar por qué
algunos mueren de hambre y otros no, la "clase" ...vuelve a aparecer.
Opción
B: Teorías sistémicas sin sujeto histórico
OK, necesitamos alguna teoría
de lo social, pero no necesariamente la marxista clásica. Lo que no puedes
evitar es alguna noción de estructura y agencia: ¿qué fuerzas me condicionan?
¿qué margen tengo para actuar? Sin esto, el núcleo duro se vuelve romanticismo
individual o, peor,
Si usas otra categoría que
cumpla esas dos funciones, el marco cambia pero PENSAMOS que se empobrece. Por
ejemplo:
- Raza (en contextos
poscoloniales: el sujeto colectivo es el colonizado, la estructura es el
racismo institucional)
- Género (el sujeto: mujeres,
disidencias; la estructura: patriarcado)
- Territorio/ecología (el
sujeto: comunidades afectadas; la estructura: extractivismo)
El riesgo siempre es el mismo:
**reificar la categoría elegida**. Reificar significa convertir en cosa o
transformar una abstracción, relación social o propiedad humana en un objeto
concreto e independiente
Marx criticaba a quienes veían
"clase" como atributo individual en lugar de relación. Lo mismo
ocurre con raza, género o territorio si se deshistóricizan.
¿Y si la pregunta no es
"¿con o sin clases?" sino "¿ qué teoría necesita este núcleo
duro en particular?"?
La teoría de lo social no es un
traje único. Es ARMADURA QUE SE FORJA PARA EL COMBATE ESPECÍFICO. Y a veces, lo
que parece debilidad teórica —no tener una teoría total del capitalismo— es
fortaleza táctica: te permite alianzas inesperadas, lenguajes híbridos, fugas
por donde el sistema no te espera.
La pretensión de
"cientificidad" del marxismo clásico (esa metáfora de la historia
como proceso natural con leyes) fue justamente lo que más daño le hizo.
Convertir una teoría crítica en predicción
inevitable la volvió dogmática, y el dogma no resiste bien la contradicción
empírica. Cuando el proletariado no se revolucionó donde debía, o cuando lo
hizo donde no debía, la respuesta fue ajustar los hechos a la teoría en lugar
de lo contrario.
Hemos de continuar con estas preguntas, aunque
desplacemos el enfoque.
Desde
Rosario- Militante Social

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