RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 12 de junio de 2026

EL NÚCLEO DURO - PEDRO RODRIGUEZ

 

EL NÚCLEO DURO

 


 

Como saben quienes escucharon nuestras columnas anteriores, hemos desarrollado un extenso trabajo sobre la teoría de la espiral de silencio. Nos interesa hoy dedicar la columna al problema que nos llevó a esta teoría: cómo se desarrolla un núcleo duro que permita romper con esa espiral.

 

En *La espiral del silencio*,el núcleo duro representa a quienes no se dejan intimidar por la amenaza del aislamiento social. Son individuos que, por convicción profunda, posición estructural o desapego a la opinión mayoritaria, mantienen su postura aunque el entorno se vuelva hostil. Son, en cierto modo, los que rompen la lógica mecánica de la espiral.

 

El "núcleo duro" es una fisura antropológica. Noelle-Neumann describe la espiral como un proceso casi natural: percibo que mi opinión es minoritaria, temo el aislamiento, me callo, la mayoría parece más grande, el ciclo se refuerza. Pero el núcleo duro interrumpe esta cadena causal. ¿Cómo?

 

No es solo valentía individual. El núcleo duro suele estar anclado en comunidades alternativas de reconocimiento. No dependen de la opinión pública dominante porque obtienen validación de otros círculos: religiosos, políticos, profesionales, subculturales. Un ecologista radical en una ciudad minera no necesita la aprobación de sus vecinos si pertenece a una red transnacional que le otorga estatus simbólico. Su "aislamiento" local es, en realidad, pertenencia global.

Esto complica la teoría: la espiral asume una opinión pública única, pero el núcleo duro revela que siempre existen múltiples esferas de valoración. Romper la espiral no requiere necesariamente convencer a la mayoría, sino desacoplar su autoestima.

 

El peligro del núcleo duro: Aquí entra una tensión que Noelle-Neumann no desarrolla del todo: el núcleo duro puede ser democráticamente necesario o patológico. Necesario cuando representa disidencias justas que el tiempo legitima (pensadores antisistema, activistas de derechos). Patológico cuando se vuelve inmune a la evidencia por pura identidad tribal —piensen en sectas o fundamentalismos diversos.

 

La diferencia no está en la estructura (ambos resisten la presión social), sino en la relación con el mundo. El núcleo duro saludable mantiene diálogo con la realidad aunque no con la mayoría; el patológico, ni siquiera eso.

 

 No se trata de fabricar convicciones desde cero, sino de proteger y estructurar condiciones para que ciertas convicciones resistan la espiral. Aquí van algunos mecanismos:

1. Comunidades de reconocimiento alternativo

El núcleo duro no suele ser individual. Un activista solitario en una ciudad hostil se quema rápido. Pero si pertenece a una red —aunque sea digital, translocal o clandestina— que le devuelve estatus, su resistencia se sostiene. El cultivo aquí consiste en crear o fortalecer estas redes ANTES de la crisis de opinión pública, no durante. La Red de Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, no surgió de la nada: se articuló en espacios previos de confianza (parroquias, vecindarios) que luego funcionaron como núcleo duro contra el discurso militar.

 

2. Ritualización de la disidencia

Hay algo en los ritos que desacopla la acción de la utilidad inmediata. Marchar cada jueves cuando "ya no sirve de nada" no es irracional: es una forma de mantener el hábito de hablar cuando el entorno premia el silencio. El cultivo aquí es de PRÁCTICAS, no de creencias. Las creencias siguen a las prácticas cuando estas se normalizan.

 

 3. Narrativas de legitimidad histórica

El núcleo duro se fortalece cuando puede ubicarse en una corriente más larga que el presente. "Estamos del lado de quienes tenían razón en el pasado"  reduce la carga del aislamiento actual.

Es una forma de viajar en el tiempo para encontrar compañía. Cultivar esto requiere trabajo de memoria y pedagogía: no dejar que la historia oficial borre a los disidentes previos.

El problema: ¿cuándo se vuelve secta?

 

Aquí está el riesgo. Si cultivas demasiado bien el núcleo duro, creas un grupo inmune no solo a la presión social, sino a CUALQUIER corrección externa. Un núcleo duro cultivado necesita algún mecanismo de **autocrítica interna** —¿hay disidencia dentro de la disidencia?— o termina como los movimientos que sobreviven a su propia irrelevancia por pura inercia identitaria.

¿Por qué SE NECESITA una teoría de lo social para cultivar el núcleo duro?

 

El núcleo duro no es solo voluntad individual. Para que resista la espiral necesita reconocerse como parte de algo, y ese algo debe ser articulable. Una teoría de lo social cumple aquí, aunque parezca paradójico, una función PRÁCTICA: proporciona coordenadas para la acción colectiva cuando la opinión pública dominante niega tu existencia o tu legitimidad.

 

Sin ella, la resistencia se vuelve reactiva, defensiva, acorralada. Con ella, puede proyectarse. Las Madres de Plaza de Mayo no solo tenían dolor: tenían una lectura de la sociedad argentina (militarismo, impunidad, desaparición como política de Estado) que les permitía nombrar al enemigo, aliarse con otros sectores, persistir cuando el relato oficial las llamaba "locas" o "subversivas". La teoría no era, en su caso, lujo académico; era armadura epistémica.

 

Pero hay un matiz: la teoría necesaria no tiene que ser totalizante. Puede ser local, situada, provisional. Lo que necesita el núcleo duro es menos una filosofía de la historia que un MAPA OPERATIVO de dónde está, quién es aliado potencial, qué grietas existen en el consenso dominante.

 

Y aquí una pregunta que nos interesa particularmente: ¿se puede teorizar lo social SIN clases sociales según el sistema que las engendra?  El sistema que "engendra" clases —el capitalismo— no es sólo un contexto económico, sino una totalidad que configura cómo vemos Y NOS VEMOS. Para Marx, no puedes entender las clases sin entender la plusvalía, la propiedad privada de los medios, la mercantilización de la fuerza de trabajo. La clase no es categoría sociológica neutra; es POSICIÓN en una relación de explotación.

 

¿Se puede teorizar sin esto? Sí, pero con costos:

Opción A: Teorías de la diferencia, no de la explotación

Puedes usar categorías como *status*, *reconocimiento*, *identidad*, *campo* (Bourdieu), *comunidades imaginadas* (Anderson), *multitud* (Negri/Hardt). Estas no niegan desigualdad material, pero la desplazan. El riesgo: pierdes la capacidad de nombrar quién extrae de quién, y con ello, cierta fuerza política. Bourdieu puede describir cómo la dominación cultural funciona, pero cuando se trata de explicar por qué algunos mueren de hambre y otros no, la "clase" ...vuelve a aparecer.

 

Opción B: Teorías sistémicas sin sujeto histórico

OK, necesitamos alguna teoría de lo social, pero no necesariamente la marxista clásica. Lo que no puedes evitar es alguna noción de estructura y agencia: ¿qué fuerzas me condicionan? ¿qué margen tengo para actuar? Sin esto, el núcleo duro se vuelve romanticismo individual o, peor,

 

Si usas otra categoría que cumpla esas dos funciones, el marco cambia pero PENSAMOS que se empobrece. Por ejemplo:

- Raza (en contextos poscoloniales: el sujeto colectivo es el colonizado, la estructura es el racismo institucional)

- Género (el sujeto: mujeres, disidencias; la estructura: patriarcado)

- Territorio/ecología (el sujeto: comunidades afectadas; la estructura: extractivismo)

El riesgo siempre es el mismo: **reificar la categoría elegida**. Reificar significa convertir en cosa o transformar una abstracción, relación social o propiedad humana en un objeto concreto e independiente

Marx criticaba a quienes veían "clase" como atributo individual en lugar de relación. Lo mismo ocurre con raza, género o territorio si se deshistóricizan.

 

¿Y si la pregunta no es "¿con o sin clases?" sino "¿ qué teoría necesita este núcleo duro en particular?"?

 

La teoría de lo social no es un traje único. Es ARMADURA QUE SE FORJA PARA EL COMBATE ESPECÍFICO. Y a veces, lo que parece debilidad teórica —no tener una teoría total del capitalismo— es fortaleza táctica: te permite alianzas inesperadas, lenguajes híbridos, fugas por donde el sistema no te espera.

La pretensión de "cientificidad" del marxismo clásico (esa metáfora de la historia como proceso natural con leyes) fue justamente lo que más daño le hizo.

 Convertir una teoría crítica en predicción inevitable la volvió dogmática, y el dogma no resiste bien la contradicción empírica. Cuando el proletariado no se revolucionó donde debía, o cuando lo hizo donde no debía, la respuesta fue ajustar los hechos a la teoría en lugar de lo contrario.

 

 Hemos de continuar con estas preguntas, aunque desplacemos el enfoque.

 

 

PEDRO RODRIGUEZ

Desde Rosario- Militante Social

 

 

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