EL CRIMEN ORGANIZADO IMPUSO
SU FRANQUICIA EN COLOMBIA
Queridos
compañeros, amigos y oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio
Ibáñez, con un fuerte abrazo por la libertad de Cuba, la Unidad Latinoamericana
y el bienestar de nuestros hermanos en Venezuela.
En mi
columna de la semana pasada hice un recuento de lo que la prensa formal y las
entidades oficiales reportaron sobre el resultado de la segunda vuelta
electoral en las elecciones presidenciales de Colombia, en las cuales ganó, por
muy estrecho margen, el candidato de Ultraderecha Abelardo DeLaEspriella.
Durante las próximas semanas nos dedicaremos a examinar su triunfo con un lente
un poco más crítico y desde diversos ángulos: lo que pasó en Colombia, ya
sabemos, es parte de un fenómeno global, e iniciaré mi análisis tomándome el
atrevimiento de citar un texto que recibí por las redes sociales y cuyo autor
desconozco.
En su
libro Epidemia Ultra, el analista político Franco Delle Donne sitúa el
origen del fenómeno en una fecha precisa: 21 de abril de 2002. Ese día,
JeanMarie Le Pen pasó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales
francesas. No ganó, pero el virus había empezado a caminar en serio. Lo que
entonces pareció una anomalía resultó ser el comienzo de una epidemia que hoy
tiene nombre en cada país: Orbán en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Meloni en
Italia, Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Trump en Estados Unidos. Y
desde el pasado domingo, De la Espriella, en Colombia.
Colombia
no era inmune. Simplemente todavía no había recibido la franquicia. Ahora la
recibió.
Porque
De la Espriella no es un fenómeno local ni espontáneo. Es un producto con
manual de instrucciones: se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, en
Madrid se adhirió al Foro de Madrid, la red que agrupa a Milei, Kast, Meloni y
Le Pen, convocó en el Movistar Arena a figuras de la internacional
ultraconservadora. Hay marca, hay doctrina, hay red de distribución. Lo que
parece rebeldía es, en realidad, una franquicia global que vende la misma
ilusión con distintos acentos nacionales.
Esto
no es una opinión política. Es un objeto de estudio que ha ocupado durante años
a algunos de los intelectuales más rigurosos y menos sospechosos de radicalismo
del mundo académico occidental. Martha Nussbaum, en La Monarquía del Miedo,
analiza cómo el miedo y la ira, emociones primitivas y fácilmente
manipulables, se han convertido en el combustible de estos movimientos. Francis
Fukuyama, quien en 1989 celebró el triunfo de la democracia liberal, lleva casi
dos décadas documentando su deterioro, el retorno del clientelismo, la captura
del Estado por élites económicas, la decadencia institucional. Michael Sandel,
en El Descontento Democrático, muestra cómo el vaciamiento moral de la
política reducida a gestión tecnocrática creó el vacío que el populismo
autoritario vino a llenar. Mark Lilla diagnostica que cuando la izquierda
abandonó a la clase trabajadora y se convirtió en el partido de las élites
educadas, cedió el terreno de la rebeldía a la derecha. El resultado es la gran
paradoja de nuestro tiempo: los más pobres votan por los más ricos porque los
más ricos hablan el lenguaje de la rebelión. De la Espriella, con sus mocasines
Louis Vuitton y su avión privado, se presenta como el candidato de “los nunca”.
El espectáculo reemplaza a la política. La emoción desplaza al argumento.
Anne
Applebaum, conservadora de trayectoria impecable y Premio Pulitzer, llega a
conclusiones igualmente inquietantes desde una orilla ideológica distinta. En Autocracia
S.A. argumenta que los regímenes autoritarios contemporáneos no son
movimientos ideológicos en el sentido clásico: son redes transnacionales de
interés que comparten tecnologías de control, flujos de dinero y narrativas de
legitimación mutua. No es una Internacional del fascismo: es una empresa global,
es crimen organizado. La reunión de De la Espriella con Abascal en Madrid, su
adhesión al Foro de Madrid, la presencia de Agustín Laje en el Movistar Arena
no son gestos simbólicos: son la incorporación formal a esa red. Colombia no
eligió un candidato. Suscribió un contrato.
Timothy
Snyder, historiador del totalitarismo europeo y autor de Sobre la Tiranía,
ofrece las herramientas conceptuales más precisas para entender el momento.
Snyder advierte sobre lo que llama la obediencia anticipada, la tendencia de
las instituciones, los medios y los individuos a adaptarse por adelantado a lo
que creen que querrá el nuevo poder, sin que nadie se lo pida. Esa adaptación
silenciosa, los medios que suavizan la crítica, los políticos que ya se
alinean, los académicos que prefieren el silencio prudente, es la que convierte
una amenaza en una realidad. Los autócratas no conquistan las instituciones:
las instituciones se entregan. Snyder también distingue entre la política de la
inevitabilidad, la ilusión liberal de que la democracia avanza sola hacia
adelante y la política de la eternidad: el mito del pasado glorioso, el pueblo
homogéneo y amenazado, el enemigo interno, que lo explica todo. Cuando la
primera promesa se rompe y el liberalismo la rompió, el espacio es ocupado
automáticamente por la segunda. De la Espriella opera exactamente en ese
registro, no ofrece un programa, ofrece un mito. Y su advertencia más célebre
merece repetirse en cada aula universitaria: como dice Snayder, la posverdad es
el prefascismo. Quien controla el lenguaje, controla la realidad.
Quien
controla la realidad no necesita suprimir las elecciones: le basta con
vaciarlas de contenido.
Ese es
exactamente el patrón que Levitsky y Ziblatt documentaron en Cómo Mueren las
Democracias: Estos líderes no llegan con tanques sino con urnas y desde
adentro colonizan las instituciones que los trajeron al poder. No destruyen la
democracia de un golpe, la erosionan gradualmente. Cooptan las cortes, capturan
la fiscalía, asfixian a la prensa independiente. De la Espriella tiene abiertas
demandas contra más de veinte periodistas. Convierte la polarización en estrategia,
no en consecuencia. La forma sobrevive, el contenido muere.
Pero
como toda franquicia exitosa, esta responde a una necesidad real. El
liberalismo hizo promesas que no cumplió, lo advirtió Bobbio hace cuarenta
años. Prometió igualdad y entregó desigualdad creciente. Prometió deliberación
y produjo captura corporativa del Estado. Prometió ciudadanos activos y cosechó
apatía y clientelismo. En ese vacío secular y acumulado crecen los De la
Espriella del mundo. No son la enfermedad, son el síntoma que indica que el
cuerpo ya estaba enfermo. El neoliberalismo agravó todo eso: la deriva desde el
liberalismo político hacia el fundamentalismo de mercado destruyó los lazos de
solidaridad que hacen posible la vida democrática.
Colombia
tiene además su propio antecedente. En 2009, el presidente Uribe proclamó,
frente al entonces príncipe Felipe de Borbón, que “el estado de opinión es la
fase superior del estado de derecho” la voluntad popular directa por encima de
la norma escrita, de los jueces, de los contrapesos institucionales. Las cortes
lo detuvieron entonces.
Pero
el virus quedó en el ambiente. De la Espriella es su variante más evolucionada:
ya no necesita teorizar el principio, le basta con practicarlo. Los drones, la
pólvora, el show en tarima son el estado de opinión hecho espectáculo. Y detrás
del espectáculo, el mismo proyecto: un hombre, una voluntad, un pueblo
homogéneo y furioso que lo respalda. Un candidato que declaró que “la ética no
tiene nada que ver con el derecho”, que defendió al testaferro de Maduro, que
amenaza a quienes lo cuestionan, que importó su programa de Buenos Aires y
Madrid, no representa una alternativa al sistema que falló. Representa su
versión más cínica: el mismo poder concentrado, pero sin la hipocresía de
fingir que le importa el bien común.
El
populismo de derechas acierta en su diagnóstico: las élites fallaron, el
sistema está roto y pudre la cura. Pretende curar la enfermedad matando al
paciente. Bukele no resolvió la
desigualdad estructural de El Salvador, concentró el poder y dejó al país más
vulnerable. Milei prometió destruir el Estado que fallaba y está destruyendo
también el Estado que protegía a los más débiles. Orbán llevaba quince años
gobernando y Hungría es más desigual y menos libre que cuando llegó. En todos
los casos, el diagnóstico era parcialmente correcto, pero la receta fue un
veneno.
Este
texto le dice a la comunidad, y a los estudiantes universitarios, algo distinto
y más urgente: que el fenómeno De la Espriella no es una curiosidad electoral
sino un objeto de estudio con una bibliografía formidable, con casos comparados
documentados, con patrones reconocibles y con consecuencias verificables.
Ignorarlo, o reducirlo a una disputa entre izquierda y derecha, sería
exactamente el primer paso de esa obediencia anticipada que Snyder describe:
adaptarse silenciosamente a lo que viene, sin haberlo decidido conscientemente.
La
universidad no es el guardián de la democracia: esa arrogancia ya le costó cara
a la izquierda ilustrada, pero sí es uno de los pocos espacios donde todavía se
puede preguntar en voz alta: ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué le
debemos a los demás? ¿Qué significa gobernar para el bien común? Aristóteles lo
dijo antes que todos: el propósito de la política es la vida buena, no el
espectáculo. Esa pregunta es la pregunta académica por excelencia. Y es
precisamente la pregunta que el show de los drones y la pólvora está diseñado
para que no nos hagamos.
Colombia
merece algo mejor. Y quienes pensamos en las universidades y los medios tenemos
la misma obligación, no el privilegio, de pensarlo en voz alta, antes de que el
silencio se vuelva costumbre.
Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
· Epidemia Ultra: Del Fascismo Europeo a Silicon Valley – Franco Delle
Donne- Enlace
https://wideplus.org/wp-content/uploads/2019/05/epidemia-ultra-2019-1ra-ed.pdf
· La Monarquía del Miedo - Martha Nussbaum - Enlace
https://www.marcialpons.es/media/pdf/40516_La_monarquiIa_del_miedo.pdf
· El Descontento Democrático – Michael Sandel - Enlace
https://www.inep.org/images/2025/TXT/2022-Sandel-descontento.pdf
· Autocracia S.A. – Anne Applebaum - Enlace
https://inep.org/images/2025/TXT/2024-Applebaum-Autocracia.pdf
· Sobre la Tiranía – Timothy Snyder - Enlace
https://www.inep.org/images/2024/TXT/2017-Tirania-Snyder.pdf
· Cómo Mueren las Democracias – Levitsky & Siblatt - Enlace
TEMA MUSICAL DE LA SEMANA
Canela – César Mora, Diana Angel, Juan José Salazar y
Ricardo Prado - Enlace

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