EL BOMBARDEO PERMANENTE
Todo el contenido de noticias políticas que se difunden en
los medios se centra casi exclusivamente en las luchas y guerras de intereses
entre las diferentes facciones imperialistas.
El mundo mediático bajo el dominio de estas mismas facciones,
refleja las noticias según los intereses que representan, en ello no se
diferencian en nada unas de otras a la hora de las mentiras.
Sus noticias tienen integrados a sus contenidos sus agudas
disputas interimperialistas, sus crisis y sus guerras. De allí que, en esta
época de descomposición, de crisis de superproducción, de desenfrenada carrera
armamentista, de quebrantamiento de sus estructuras, la combinación de
desinformación, ocultamiento, amedrentamiento y amenazas adquiere mayor relevancia.
Si bien es cierto que en este mar de intereses cruzados y de
guerras todo vale, es más cierto aún que todas estas formas mediáticas son de
hecho embestidas políticas e ideológicas tendientes a desnaturalizar
y ocultar la lucha de clases en el seno de cada país.
Este “modo de informar” tiene un solo sentido: confundir,
disuadir y obtener el consenso que sirva como expresión de apoyo a unos u otros
intereses monopolistas. Mediante todo este conjunto se ha instalado
mediáticamente los supuestos progresismos de un capitalismo sin monopolios en
nombre de la libertad y la democracia que sirven para justificar desde
posiciones reformistas y progresistas, invasiones, bombardeos, matanzas,
represiones internas, genocidios y las más brutales aberraciones sociales en
nombre de la libertad. YA lo señaló Lenin: “Defendiendo en la
época del capital financiero un “ideal reaccionario”, la “democracia pacífica”,
o el “simple peso de los factores económicos”, Kautsky ha roto con el marxismo
porque ese ideal hace objetivamente retroceder del capitalismo monopolista al
capitalismo no monopolista, es una estafa reformista” (Lenin, en El
imperialismo fase superior…)
La dominación ideológica necesita de estas noticias y de las
nociones que sus contenidos expresan para convencer a los pueblos que las
alternativas visibles frente al futuro son variantes capitalistas de uno u otro
color y que fuera de ello no hay nada.
Subyace en todo ello la desesperacion por reafirmar como sea
la defensa del régimen capitalista acosado por la lucha de los pueblos en
general y por la creciente movilización obrera, atenta contra sus planes
opresivos de un régimen que no da para más.
Las estructuras monopolistas gobernantes, parte activa de la
oligarquía financiera y del imperialismo de los países de los 5 continentes, la
inmensa mayoria de los estados capitalistas, han corrido el velo de su
repulsivo carácter reaccionario y más alla de sus variantes nacionalistas, de
derecha o de sus supuestos progresismos y aparente sentido democrático,
arremeten contra las conquistas obreras promoviendo disciplinamientos, reformas
laborales y previsionales, desplegando leyes contra las libertades políticas y
profundizando las leyes represivas, impulsando ajustes brutales y descensos
salariales como nunca antes se ha visto.
Leyes infames antiobreras y antipueblo que intentan
profundizar la explotación y el sometimiento esclavizante al capital
imperialista. En nuestro país todas las expresiones políticas, incluyendo
cierto progresismo barato y la izquierda reformista, justifican determinadas
revisiones, tratamientos, reformulaciones y hasta justificaciones de estas
leyes reaccionarias (reforma laboral y previsional) por donde se las mire. Con
ello no hacen más que promover las políticas de sometimiento al capital monopolista
y su desesperación de ganancias y su crisis.
La crisis estructural del régimen capitalista y las nefastas
consecuencias sociales de su pudrición muestran sin disimulo que el nivel de
contradicciones entre las facciones imperialistas dominantes y sus núcleos más
concentrados han aumentado exponencialmente, creando con ello un cuadro caótico
impredecible y sumamente inestable.
Sin embargo, este cuadro de guerras abiertas y guerras
encubiertas, donde los tratados comerciales son efímeros y la volatilidad
financiera están a la orden del día, donde el propio orden mundial está
trastocado por el peso de sus agudas crisis, refleja con más virulencia que la
línea divisoria determinante es entre la inmensa
mayoría de las masas obreras y trabajadoras y los pueblos y el parasitismo
explotador que es el capital mundial.
Por lo tanto, todo el andamiaje mediático burgués bajo el
manto de noticias e información centraliza su razón de ser en este hecho que,
aunque se disimule se oculte y se disfrace no deja de ser ineludible e
inevitable. Cuanto más crece el escenario de lucha de clases más desenfrenadas
son las expresiones mediáticas, más persistentes los diversionismos ideológicos
y más desalmadas las mentiras mediáticas.
La ineludible verdad es que ni la pobreza, ni la miseria
endémica, ni las matanzas, ni la explotación obrera, ni los bajos salarios, ni
los deterioros sociales de toda índole, ni la destrucción infame de recursos
naturales tienen consenso social.
Los escenarios de enfrentamientos que ocurren en los EE.UU.,
Europa, en la amplia mayoría de países africanos, en Asia, en Medio Oriente y
en nuestro continente latinoamericano es un mar de fondo virulento para todas
estas facciones dominantes. Sacando a relucir sus disputas internacionales en
los medios tratan de ocultar las profundas contradicciones de clase y el estado
de hartazgo que las masas obreras y populares ya no esconden.
Desde los arrebatos más descabellados hasta las declaraciones
diplomáticas más calculadas o los silencios más convenientes respecto de sus
propias y desenfrenadas decisiones, todas tienen un denominador común: la guerra de clases que el poder desata contra la clase obrera y
los pueblos. Los medios del poder dominante y sus noticias van a la zaga
de estas decisiones y como no podría ser de otra manera ya han entrado en un
encuadre que incluso desnuda sus limitaciones y su marco de mentiras exponiendo
su infame papel.
Cada lucha y enfrentamiento en el seno de nuestros países
también se desenvuelve en contra de sus políticas mundiales. Y debilita su
dominación, debilita al capital imperialista y sus planes. Al mismo tiempo
fortalece la acción política organizada y masiva de la clase obrera y
desarrolla su potencia social como clase, cuya fuerza junto a las inmensas
mayorías populares es capaz de derrotar no sólo sus reaccionarias leyes sino su
putrefacto sistema de explotación y miseria.
PEDRO
RODRIGUEZ
Desde Rosario- Militante Social

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