RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 17 de abril de 2026

CONCEPTOS Y DISTORSIONES “MODELO SIGLO 21” - MAURICIO IBÁÑEZ

 

CONCEPTOS Y DISTORSIONES “MODELO SIGLO 21”

 


Queridos compañeros, amigos y oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con un fuerte abrazo por la libertad de Palestina, la paz en Oriente Medio y la Unidad Latinoamericana.

 

Hace poco más de un año, Norberto y Gaby me encontraron divagando por Bluesky y me invitaron a hacer parte de este proyecto maravilloso, en el que he aprendido muchas cosas y he tenido la oportunidad aportar un granito de arena. En mi primera columna de este espacio, titulada “palabras perdidas en la memoria rota”, hicimos una revisión de varios conceptos cuyo significado se ha perdido por el camino de las interpretaciones y manipulaciones, en especial el concepto de Democracia, que ha sido secuestrado, violentado y torturado por la ultraderecha global, especialmente por los gobiernos de los Estados Unidos, uno tras otro, hasta dejarlo irreconocible.

 

Hoy vamos a hablar de cuatro conceptos que están enredados en un caldo confuso de ideas mezcladas, historias manipuladas, interpretaciones ciertas y erradas, visiones borrosas y definiciones acomodadas: Izquierda, Derecha, Liberalismo y Conservatismo.

 

Hace muchos años, éramos capaces de diferenciar todos estos conceptos y establecer límites definidos entre ellos, al punto que asumir una posición política era más o menos claro. Se podían identificar, incluso, las posiciones extremas, las moderadas y las de los que los griegos identificaban como “idiotas”, es decir, aquellos que no tenían ningún interés de participar en las decisiones sobre el destino de los ciudadanos. Aclaro que, en tiempos de la democracia griega, “idiota” no era un insulto sino una definición que identificaba a quien no participaba en política.

 

La imagen más primitiva de la distribución de poderes y derechos se forjó a partir de quién quería gobernar a quién, y esto estaba estrechamente relacionado con quién asumía el monopolio del conocimiento, el manejo del miedo y la culpa a través de la idea de lo divino o lo espiritual (los sacerdotes) y la acumulación de riquezas en una sola dirección y no para el colectivo: de la unión de conocimiento y religión surgió un modelo de dominio capaz de reclutar la fuerza bruta y someter al resto de la población, convenciéndola incluso de que nunca tendría la oportunidad de asumir el poder para manejar su propio destino.

 

El miedo a la muerte, la soledad, el abandono, la falta de reconocimiento, la intrascendencia, la no existencia después de la muerte, fueron cuidadosamente manejados por los corruptos “sacerdotes” del pasado para establecer, a través de la culpa, alianzas con los acumuladores de riquezas, y generar dinastías de poder y fuerzas opresoras capaces de dominar pueblos enteros y llevarlos, incluso, a pelear sus guerras para conquistar territorios y acumular mas riquezas que nunca beneficiarían al común de la gente, siempre ayudados por sus respectivos “sacerdotes” y el control de la culpa y el miedo. Eventualmente, el cansancio de los oprimidos se convirtió en revoluciones, muchas de ellas sangrientas, donde los opresores tuvieron que revisar sus modelos de poder y otorgar algunas “concesiones” para apaciguar los ánimos. Pero el problema de fondo nunca se solucionó, y sobre esas bases se configuró toda la historia de la humanidad.

 

El origen de los términos “izquierda” y “derecha” no fue ideológico sino espacial y accidental: en 1789 el pueblo francés convocó a una asamblea nacional constituyente para decidir cuánto poder debía conservar el rey Luis XVI, quien en ese tiempo tenía poder de veto absoluto sobre cualquier ley que aprobara el parlamento, lo cual había generado un fuerte descontento en la ya atribulada población francesa.

 

Para facilitar el conteo de votos, la asamblea fue separada en dos grupos: a la derecha de su presidente se sentaron los miembros de la nobleza y el clero, que apoyaban al rey, con su poder de veto, y a la iglesia, por supuesto. A la izquierda se sentaron aquellos que buscaban cambios radicales en el modelo de gobierno, se oponían al veto real y apoyaban la idea de la soberanía popular.

 

La entonces denominada “derecha” era fácilmente identificable, primero por su composición: los ricos, las élites herederas, los grandes comerciantes, la monarquía y la corte, los militares de alto rango, la iglesia, en fin, los poderosos. Ellos no deseaban ningún cambio en el orden establecido y, por el contrario, buscaban conservar sus privilegios. Allí fue tomando forma lo que hoy conocemos como la ideología “conservadora”: un estado fuerte opresor, la defensa de la propiedad privada, la preservación de las “tradiciones”, y la restricción total del acceso de las “clases bajas” a oportunidades de generación de riqueza, salvo en los casos en que los emprendimientos industriales o comerciales beneficiaran o enriquecieran a las élites.

 

La llamada “izquierda” no era tan fácil de identificar o encapsular en un solo grupo ideológico, porque era mucho más amplio y variado. En las épocas de la constituyente y la revolución francesa, su composición era muy heterogénea: había burgueses de mentalidad progresista, intelectuales, defensores de los beneficios sociales y una ciudadanía ávida de la aplicación de una democracia directa y participativa.

 

La ideología progresista tomó una serie de vertientes y variables que estaban más relacionadas con las coyunturas socio políticas de cada continente, y reaccionaban al ejercicio del poder por parte de estados y religiones opresoras. El liberalismo, como su nombre lo indica, favorecía la evolución del pensamiento y su aplicación en una política fuertemente dinámica, sensible al aprendizaje conceptual, a los nuevos conocimientos, capaz de adaptarse a novedosos métodos de interpretación del mundo, las relaciones, los comportamientos, las ideas, y de cuestionarlo todo.

 

Del liberalismo y la amplitud de su espectro de acción surgieron conceptos e ideas de desarrollo social, cultural y económico que derivaron en nuevas ideologías que iban desde propuestas de pequeñas variaciones o cambios moderados para “insertar” los derechos sociales y la participación ciudadana mediante el ejercicio democrático, pasando por cambios más profundos planteados a través de las mayorías incuestionables del voto popular, hasta revoluciones radicales producto del cansancio ante gobiernos opresores y asesinos que ahogaban cualquier tipo de manifestación popular mientras mantenían, a la fuerza, sus sistemas de gobierno y su economía de la desigualdad.

 

También el conservatismo adquirió, por lo menos, dos matices que podemos identificar hoy: la derecha moderada y la ultraderecha. Colombia, por citar el ejemplo más cercano, ha sido gobernada por una derecha con apariencia de “moderada” durante 200 años de vida republicana, donde los ciudadanos hemos visto cómo la violencia contra la sociedad, la opresión, la corrupción y el reparto de poder han estado siempre disfrazados de una aparente “democracia representativa” que nos ha llevado, históricamente, a ser el país más desigual (mayor distancia social entre ricos y pobres) de América Latina.

 

El segundo matiz, el de la “ultraderecha”, se manifestó en nuestro país de forma mucho más evidente y descarada, con la llegada al poder del narcotráfico y el paramilitarismo, de la mano de los presidentes Julio Cesar Turbay Ayala y Alvaro Uribe Vélez, como reacción al surgimiento de movimientos que reclamaban justicia social desde escenarios políticos, y de grupos radicales que vieron en la movilización armada la alternativa de solución del cansancio popular contra los constantes abusos de los poderosos y sus gobiernos.

 

Hoy en día hay una confusión conceptual donde la “ultraderecha” se llama a sí misma “liberal”, exige la reducción de los estados y el desmonte de la regulación para ejercer sin restricciones la extracción de recursos naturales sin importar las consecuencias para el medio ambiente. Se llaman a si mismos “libertarios” para eliminar el estado de derecho, desmontar la democracia participativa, reducir al mínimo los derechos y garantías laborales, y están montados en una plataforma supuestamente “conservadora” donde defienden unos valores fabricados desde la religión, basados en la culpa y el miedo, para mantener un statu-quo que sólo beneficia a las élites y no tiene ningún interés en acabar la pobreza, proteger el medio ambiente ni evitar el cambio climático en el que, además, no creen. Es una ideología con visión de corto plazo y ninguna preocupación por el futuro. Es como los deportes extremos de los jóvenes de ahora, donde “si nos matamos, no importa”.

 

Pero desde la democracia de verdad seguimos y seguiremos insistiendo en nuestra revolución pacífica y masiva, porque somos más. Cada vez más.  

 

Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.

  

MAURICIO IBÁÑEZ 

 Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales

 

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