CAPITALISMO
DE GUERRA
Compañeros:
los trabajadores nos encontramos ante una situación de transformaciones
dramáticas, atravesando en estos años una crisis fenomenal en todo ámbito:
internacional, nacional y local, y hasta en el ámbito vecinal, familiar e individual.
La CRISIS que venimos reconociendo desde hace décadas (y me permito recordar
aquí, por ejemplo, la entrañable e
inolvidable revista con ese nombre, surgida en 1973, que fue dirigida por
Eduardo Galeano y financiada por Federico Vogelius, que vendió un cuadro de
Marc Chagall para iniciar ese proyecto editorial... ese monumento de la cultura
argentina merece que alguna vez se dedique un espacio para su estudio), esa
crisis que tuvo en su progresión hasta un genocidio, es una crisis en constante
profundización y extensión: lo que buena parte de la población en el país y el
mundo creía lejano (el empobrecimiento material y espiritual, en primer lugar),
los que tomaron al capitalismo como "el sistema natural en que una
sociedad se organiza", los que creyeron que nada había que discutir sobre
la democracia , los derechos humanos, las instituciones o las libertades
supuestamente garantizadas, todos hoy, aún sometidos a la propaganda del
sistema y creyendo ¡todavía! en las mentiras permanentes del poder, descubren,
inevitablemente, la fragilidad del presente y el preocupante abismo del futuro.
Ni
siquiera es necesario nombrar la Guerra, hoy propagada en cada vez más amplios
territorios como realidad o como amenaza inminente. La guerra, esta guerra,
aparece como el último recurso de un sistema
hegemónico occidental. Este sistema, con el que amplísimas masas de población
se han identificado con tanto embelesamiento, hoy muestra su verdadero rostro.
Citamos brevemente al compañero Cirilli: "Bajo narrativas simplificadoras
que oponen “democracia” y “teocracia”, o “seguridad” y “amenaza nuclear”, se
ocultan intereses estructurales vinculados al control de recursos, rutas
comerciales y monedas de atesoramiento, vale decir, el dominio real. En el
trasfondo de las tensiones en Medio Oriente se dirime, en realidad, una disputa
por el futuro del sistema internacional: si
continuará dominado por un orden unipolar sostenido por la fuerza, o si dará
paso a una arquitectura multipolar en la que nuevos actores reclaman un lugar
propio." Hasta aquí la cita, que pone suficientemente claro el carácter de
la crisis en el plano global, las condiciones bajo las que se desarrolla y
crece y las perspectivas que abre para cada una de nuestras humildes vidas.
Ahora bien,
quienes reflexionamos desde una perspectiva marxista debemos preguntarnos: ¿Permite vislumbrar esta crisis una salida
anticapitalista?
Las crisis demuestran que el capitalismo requiere
cada vez más violencia, desigualdad y destrucción para reproducirse
· Crisis de legitimidad: El "doble rasero" occidental en los
conflictos (Ucrania vs. Gaza) erosiona la narrativa democrática del capitalismo
liberal
·
· Necesidad de alternativas planificadas: La transición energética y la reconfiguración
productiva requieren planificación que el mercado no puede proporcionar.
·
· Pero tambièn es cierto que hay una Ausencia de sujeto histórico claro: A diferencia de crisis
anteriores, no hay un bloque social organizado con proyecto alternativo
hegemónico
Las crisis actuales, entonces, están poniendo en cuestión la forma específica de capitalismo
neoliberal globalizado que conocíamos desde los 90, pero no
necesariamente al capitalismo como modo de producción.
Lo
que observamos es una transformación hacia formas más
autoritarias, militarizadas y regionales del capitalismo —lo que algunos
llaman "capitalismo de guerra" o nueva fase imperialista.
El
desafío contemporáneo es que el capitalismo, en su fase actual, parece capaz de
metabolizar la guerra y la destrucción como fuentes de valor, lo que hace más
urgente —y más difícil— articular alternativas que vayan más allá de la mera
gestión humanitaria de las crisis.
El "Capitalismo de Guerra" es una modalidad del capitalismo donde la violencia sistémica, la
militarización y la destrucción dejan de ser excepciones para convertirse en
motores permanentes de acumulación. No es simplemente "capitalismo
+ guerra", sino una reconfiguración estructural
donde la lógica militar penetra todos los ámbitos de la reproducción social.
Características distintivas
1. Acumulación por destrucción (no solo por
producción) El
capitalismo de guerra metaboliza la destrucción masiva como condición de
renovación. Como señala el análisis marxista clásico: la guerra permite
"reemplazar los productos todavía útiles por un nuevo trabajo vivo",
restaurando las condiciones de rentabilidad mediante la aniquilación del
capital constante . Es lo que David Harvey conceptualiza como "acumulación
por desposesión" en su forma más extrema: no solo expropiar, sino destruir
para reconstruir .
2. Militarización de la economía civil No se trata solo del complejo militar-industrial
tradicional, sino de una penetración militar en funciones
sociales básicas. El caso mexicano es ilustrativo: mientras se
recortaban presupuestos de salud y ciencia, los fondos militares crecieron 121%
(2018-2024), con los ejércitos asumiendo funciones de seguridad pública,
infraestructura y hasta servicios civiles . Esto representa una fusión entre Estado, fuerzas armadas y acumulación.
3. El "Keynesianismo militar" permanente A diferencia del Keynesianismo social del siglo
XX (pleno empleo, welfare), aquí el gasto público se orienta exclusivamente a
capacidades destructivas. Rusia ejemplifica esto: crecimiento económico en
2023-2024 impulsado por la reconversión bélica, donde la guerra
"revitalizó el capitalismo ruso al crear nuevos mercados para la
violencia" . La demanda efectiva se genera mediante armamento, no consumo
social.
4. Economía de excepción y apropiación El estado de guerra legitima la apropiación de activos, la suspensión de normas y la concentración
extrema. En Rusia, la confiscación de activos extranjeros y el retorno
del capital offshore generaron beneficios bancarios récord, mostrando cómo la
guerra funciona como mecanismo de centralización capitalista
acelerada .
5. Tecnología y violencia El progreso técnico se subordina a la lógica
militar. Thomas Palley señala que el complejo militar-industrial "retuerce
el carácter del progreso técnico" y "retuerce la comprensión social
de la geopolítica para aumentar la demanda de servicios de guerra" . La
innovación ya no surge primariamente de necesidades civiles, sino de la
competencia armamentista.
La paradoja central
·
El
capitalismo de guerra resuelve temporalmente las
contradicciones del sistema (sobreacumulación, caída de la tasa de ganancia,
saturación de mercados) mediante la destrucción creativa a gran escala. Pero:
· Reproduce la crisis a mayor escala: cada ciclo requiere destrucción creciente
· Genera inestabilidad sistémica: fragmenta el mercado mundial en bloques
militares
· Corroe la legitimidad: expone la dependencia del capitalismo de la
violencia extrema
Distinción crucial: No es una "etapa" del
capitalismo (como el imperialismo clásico), sino una tendencia
latente que se actualiza en momentos de crisis orgánica. "El imperialismo no es una fase nueva,
imprevista o diferente del capitalismo... es simplemente la fase extrema, en la
que los caracteres presentes desde su nacimiento se afirman de modo más neto y
virulento" . Y el capitalismo de guerra es la forma que adopta el sistema
cuando la acumulación pacífica ya no puede sostenerse, revelando que la violencia es siempre su lógica oculta, no una aberración
externa.
Desde Rosario- Militante Social
(el texto ha sido sintetizado en el audio)

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