RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

domingo, 30 de marzo de 2025

ENTRE LA MEMORIA, LAJE Y EL NUNCA MÁS - PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

 

ENTRE LA MEMORIA, LAJE Y EL NUNCA MÁS

 


Desde Buenos Aires, saludo a todos los que escuchan El Club de la Pluma

 

 El 24 de marzo, manifestaciones multitudinarias que se repitieron en todo el país, recordaron al gobierno y al mundo entero que los argentinos (no todos, pero sí una amplia mayoría), tenemos memoria. El mismo día, el negacionismo libertario se expresó en un video donde Agustín Laje decía: “Las generaciones que no vivimos los años 70 queremos conocer la Historia de manera completa, sin revanchismos, sin anteojeras, y sin conveniencias políticas y económicas que la ensucien y la distorsionen”. Bueno Agustín… Vos lo pedís, vos lo tenés.

 

 Lo primero que llama la atención desde la ciencia histórica, es la unicausalidad utilizada para explicar la violencia de los 70. Para Laje, sólo cuenta la Guerra Fría, ignorando que fenómenos mundiales como la Gran Crisis de 1929 impactaron de manera distinta en EEUU, en Rusia o en los países escandinavos porque lo hicieron sobre situaciones internas diferentes. A esta altura, no creo ni en la inocencia ni en la desinformación de quienes sostienen esta mirada. Es su marco profundamente ideológico lo que la convierte en una visión sesgada, justo aquello que dicen combatir. 

La violencia argentina de la segunda mitad del siglo XX no la importamos en los 70, sino que tiene su origen durante los gobiernos peronistas, 20 años antes. Fue entonces cuando la consigna de “aniquilar al enemigo” se desprendió de las ataduras de la moral, de la ética y de las reglas democráticas para ser explicitada como objetivo a lograr. Así lo demuestran las 2 bombas que el 15 de abril de 1953 hizo estallar la oposición, dejando un saldo de 5 muertos y más de 100 heridos. También, el bombardeo de Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955. 350 civiles muertos y más de 2000 heridos no pareció ser, para estos asesinos, un precio elevado si allanaba el acceso al poder. Tampoco importaba derrocar a un gobierno que, en las últimas elecciones, había logrado un apoyo del 64%. La UCR, con sólo el 32,31%, se creyó con el derecho de imponerse por la fuerza. Y debo decir que, en 35 años de docencia, no fueron pocos los padres de alumnos que se enteraron de estos hechos por sus hijos. Después me hablan de adoctrinamiento… A ver si se enteran que diversos estudios historiográficos no de peronistas sino de académicos extranjeros, consideran tanto el bombardeo de Plaza de Mayo como la matanza de trabajadores durante la Semana Trágica y los fusilamientos de Yrigoyen en la Patagonia, ejemplos de Terrorismo de Estado y prólogo necesario del instaurado en el 76.

 

 La escalada de violencia antiperonista se profundizó con la caída de Perón. El Decreto 4161 del 5 de marzo del 56, disuelto ya el Partido Peronista, prohibió en todo el territorio la utilización de imágenes, símbolos, signos y expresiones representativas. También, las palabras “peronismo”, “peronista”, “justicialismo”, “justicialista” y “tercera posición”. Hasta cantar la Marcha estaba prohibido. Sabemos que Milei es un hipócrita, pero la hipocresía política no la inventó él. Aquellos que no dudaron en matar inocentes; que fusilaron en descampados; que persiguieron, detuvieron y torturaron opositores y delegados sindicales; que proscribieron a un partido mayoritario y que impusieron la “paz de los cementerios”, justificaron su decreto afirmando que todo aquello que prohibían, “ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino, (…) es motivo de perturbación de la paz interna y una rémora para la consolidación de la armonía”. Como vemos, tampoco inventó Patricia Bullrich esto de matar y violar derechos en nombre de la paz y la convivencia.

 

 Habiéndose formado en Ciencias Políticas, resulta llamativo el silencio de Laje sobre la larga proscripción del peronismo y sobre la incidencia que pudo haber tenido en la violencia posterior. Lo primero que uno aprende en esta disciplina es que los partidos políticos canalizan el conflicto social. Lo encuadran y encauzan dentro de la institucionalidad, impidiendo que se exprese de forma violenta. Obturada la vía institucional, cualquier politólogo novato sabe que el descontento buscará otras formas de expresarse. Entonces, del abismo sobre el que nos precipitamos en los 70 son responsables tanto los partidos políticos como el Poder Judicial, la prensa y las FFAA, la sociedad gorila y todos aquellos que acordaron silenciar a la mayoría. Estoy esperando que alguien se haga responsable…

 

 Al referirse a las agrupaciones armadas, Laje no duda en adjetivarlas como terroristas. Pero el terrorismo exige mucho más que la portación de armas. Exige que las acciones estén dirigidas contra una población civil indefensa y que la muerte de civiles no sea una excepción sino su modo de acción. En este sentido, Richard Gillespie, profundamente crítico con Montoneros, afirma que los términos “Terrorista” o “terrorismo” no le son aplicables. Porque dirigieron sus ataques contra agentes del Estado y enemigos políticos claramente definidos, no contra inocentes. Terrorista fue Sendero Luminoso en Perú, matando campesinos por “inútiles” para la revolución; terrorista es Israel, que asesina palestinos inocentes en el frente de Gaza. Pero ni el ERP, ni Montoneros, ni las FAL o las FAP lo fueron. Sus delitos son crímenes comunes y debieron enfrentarse con la ley, no con la ilegalidad.

 

 Agustín (con sus anteojeras puestas), dedica un amplio espacio a señalar el adiestramiento que los grupos armados tuvieron en Cuba. Llama la atención su “olvido” (tan conveniente, por cierto) sobre la formación de nuestras FFAA. Documentos desclasificados en Francia nos muestran que su “doctrina de la Guerra Sucia” se enseñó en Argentina desde 1957, mucho antes de que aparecieran en escena el ERP o Montoneros. Se hizo a través de manuales y cursos dictados en la Escuela Superior de Guerra. También, con capacitación de oficiales argentinos en Francia, que serían destinados a ocupar los Estados Mayores. En 1959 se estableció una delegación permanente de expertos franceses, con gastos cubiertos por el Estado Nacional y el goce de total impunidad por delitos cometidos durante su misión. Las FFAA se apropiaron así de la experiencia francesa en las guerras de Indochina y de Argelia. Aprendieron sobre torturas, asesinatos selectivos, infiltración en sindicatos y partidos políticos, violación de domicilio, atentados con banderas cambiadas, desaparición de cuerpos, guerra psicológica y campañas sucias de prensa. Pero, sobre todo, aprendieron a hacerlo sin el menor remordimiento porque, como decía el manual, “Es preciso utilizar métodos y acciones clandestinos. Es preciso que esos métodos sean admitidos con el alma y nuestras conciencias como necesarios y moralmente válidos”. Lo que no les enseñaron es que a esto se llama “Terrorismo de Estado”.

 

 Laje pone en duda los 30 mil desaparecidos. Nunca oyó hablar de los archivos desclasificados de la CIA, donde la Junta informaba que, hasta 1978, los muertos y desaparecidos ascendían a 22 mil. Lejos está la Historia de desconocer que la represión ilegal se inició con López Rega y la Triple AAA. Pero tampoco desconoce que el Terrorismo de Estado fue organizado y sistemático a partir de 1976. Según los datos estadísticos de la Secretaría de DDHH (esa que Milei desmanteló), los muertos y desaparecidos entre el 74 y 75 fueron 916; entre el 76 y 77, 6679. Y si no hubiesen destruido la documentación, el número sería mayor. También sabe que, entre 1976 y 1983, no fueron “guerrilleros” las víctimas. Sabe que sus fuerzas habían sido diezmadas por el gobierno anterior. Fueron representantes sindicales, estudiantes, trabajadores, intelectuales y periodistas, lo que echa por tierra la teoría de la “guerra interna”.

 

 Y esto habilita la reflexión sobre los socios civiles de todas las represiones, especialmente de la desatada en 1976. Según Laje, la Historia hay que mirarla sin conveniencias económicas. Pero son, justamente, los intereses económicos los ausentes más llamativos en su discurso. Seguir la trayectoria del General López Aufranc permite esclarecer la estrecha relación existente entre el capital concentrado y la Dictadura.

 

 Alumno destacado de la escuela francesa, en 1958 fue enviado a combatir en Argelia. En 1959, fue el primer instructor de la tortura en Argentina. El Plan Conintes de Frondizi, en 1960, lo encontró coordinando las acciones represivas desde el Comité de Lucha contra la expansión marxista. También fue profesor, en 1961, del Primer Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria. Encabezó la represión al movimiento obrero durante el Cordobazo y, dos años después, la que se desató contra la huelga metalúrgica en Fiat. Así, la empresa pudo despedir a delegados y a más de 300 trabajadores. Desde su retiro, en 1973, los vínculos con el mundo empresario se estrecharon. En 1975, movilizó todos sus contactos para reprimir la huelga de Acindar, en Villa Constitución. En el operativo Serpiente Roja del Paraná, coordinó a efectivos de la policía provincial, prefectos, matones de la UOM y paramilitares de la Triple A. Instaló en el predio de la fábrica un campo de concentración con 300 detenidos, 23 de los cuales están desaparecidos. Como premio, fue nombrado Director de Acindar en 1976, cargo que ocupó hasta 1992. En cuestión de días, despidió 1000 obreros, archivó convenios laborales y prohibió toda actividad gremial. Acusado por delitos de lesa humanidad en 1983, fue protegido por el plan de impunidad que eximió de la justicia a tantos empresarios, esos mismos que, en 1988, lo premiaron en la Fundación Konex con el diploma al mérito y el platino a ejecutivos destacados; los que lo arroparon como integrante del Consejo Empresario Argentino, del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, de FIEL, del foro de IDEA y de la Cámara Argentina de Comercio. En su biografía no hay lucha contra la “guerrilla apátrida” ni contra fuerzas revolucionarias. Aufranc, formado como asesino en la escuela francesa, pasó su vida matando y reprimiendo trabajadores. En la puja distributiva que zanjó con sangre la Dictadura, Aufranc se jugó por los empresarios. Y, como Blaquier, murió impune.

 

 Saber Historia es comprenderla. La comprensión se apropia de conceptos para aplicarlos a nuevas y diferentes realidades. Porque Dictadura no es sólo la de Videla. Porque los intereses económicos pueden ser los mismos a lo largo del tiempo y Albano Arguindeguy, mutar en distintas e igualmente letales caras. Porque las medidas económicas no son aisladas, sino que forman parte de un modelo y, aunque te digan lo contrario, puede que estén haciendo lo mismo. Porque la impunidad es clandestina o a cielo abierto y sus cómplices, repetidos. Porque violar derechos requiere siempre de colaboradores y aliados. Porque la legitimidad necesaria para cometer atrocidades se puede buscar con un mundial o con un video. La Memoria, la Verdad y la Justicia no son banderas para un pasado concreto. Son para todos y para siempre. Nunca Más significa que, finalmente, somos capaces de desterrar cualquier forma de tiranía.   

 

 Les mando un gran abrazo a los oyentes de El Club de la Pluma

 

PROF. LIDIA INÉS RODRIGUEZ OLIVES

Profesora de Historia - Posgrado en Ciencias sociales por FLACSO

 

 

 

 

 

 

 

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