EL LEJANO FUTURO DISTÓPICO YA ES PRESENTE
Queridos
compañeros, amigos y oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda,
como siempre, Mauricio Ibáñez, con un fuerte abrazo por la libertad de
Palestina, la paz en Oriente Medio y la Unidad Latinoamericana.
En el año 1984, mientras cursaba mi maestría en
ciencias Marinas en la Universidad de Puerto Rico, leí la novela “1984”,
de George Orwell. Quería revisar qué tanto del futuro distópico descrito por el
escritor británico un año antes de su muerte, se había cumplido justamente en
ese año.
Bajo su seudónimo, el escritor Eric Arthur Blair
(1903-1950) había plasmado en esta novela de ciencia ficción su desencanto con
el imperialismo europeo, el americano y el soviético, y su mundo distópico
describía una sociedad atrapada entre los tres, los cuales aseguraban el
patriotismo fanático de sus pueblos mediante guerras constantes e imaginarias
por un supuesto territorio en disputa, mientras los sometían a un férreo control
social, político y psicológico.
Recuerdo que, en ese momento pensé que el escritor no
le había atinado a nada. Justamente, en ese año las potencias estaban lidiando
con los estertores finales de la guerra fría: la Unión Soviética se debatía en
una profunda crisis interna, los Estados Unidos afianzaban su capitalismo con la
reelección de Ronald Reagan, El Reino Unido estaba ocupado con una devastadora
huelga minera, el conflicto en Irlanda y el intento de asesinato de Margaret
Tatcher. Parecía que el mundo estaba retomando, no sin dolor, una vía que lo
apartaba de los totalitarismos.
Tal vez lo único que se asemejaba a la exacerbación
del patriotismo como método de manipulación de la ciudadanía para sostener un
gobierno totalitario e impopular, había ocurrido en Argentina en 1982, con la
guerra de las Malvinas. Pero, por lo demás, todo parecía indicar que Orwell se
había equivocado por completo. Recuerdo, incluso, que los opinadores de la
época le dedicaron algunos de sus editoriales en la prensa: “Orwell se
equivocó”.
Orwell se equivocó, pero de año.
Su novela distópica describe un régimen global
totalitario donde la libertad individual ha sido completamente anulada. Tres
superpotencias dominan el mundo: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. Si uno
examina el mapa geopolítico de la novela, se puede encontrar alguna similitud
entre estas y los sucesos de la historia contemporánea.
A estas alturas, podemos atrevernos a identificar, con
algunos matices, que las tres superpotencias que se disputan el dominio mundial
son los Estados Unidos, Rusia y China. En las tres hay un totalitarismo
disfrazado de hegemonía mediática que mantiene manipulada a la población, y,
aunque parezca inimaginable, vigilada.
En cada imperio hay un partido dominante o “interior”
que gobierna, y un partido “exterior” que implementa las decisiones del
primero, incluyendo el funcionamiento de un estado que simula una “oposición”, reescribe
la historia (posverdad), controla la natalidad o programa la muerte colectiva
según las necesidades de la economía, manipula a su población a punta de
propaganda de odio y determina, a través de sus medios, lo que la gente debe
pensar, hacer o consumir.
Al releer la novela, podemos ver de manera clara que,
efectivamente, ya llegamos a ese futuro distópico que en 1984 creíamos
improbable: ya somos vigilados por sistemas globales que colectan nuestros
datos, nuestras opiniones, nuestros gustos, y los van modelando a conveniencia
de los regímenes que alimentan la gobernanza de los imperios. No es una
imposición tiránica ni violenta: damos nuestra información con gusto,
permitimos a la inteligencia artificial que nos haga la tarea, que nos cree el
dibujo, que nos construya el video y que piense por nosotros. Ya nos rendimos y
estamos felices de haberlo hecho.
La manipulación mediática del odio, el miedo, la culpa
y la incertidumbre son el instrumento con el que los electores estamos
escogiendo, por una vía supuestamente democrática, gobernantes inútiles,
ridículos, ignorantes y pintorescos que sólo sirven de instrumento para que,
como en el imperio romano, la gobernabilidad se sostenga con la ayuda de las
mafias locales.
Los tres imperios, el norteamericano, el ruso y el
chino, nos dicen que son enemigos entre sí, que están dispuestos a luchar por
nosotros, que nos representan. Se critican entre ellos y se lanzan amenazas
vacías para que creamos que alguno de ellos saldrá en nuestro rescate si otro
nos ataca, pero ya los vimos en Gaza e Irán, y lo estamos viendo en Cuba: no
les importamos. Del “bla-bla-bla” no van a pasar.
Las organizaciones internacionales y sus montañas de
papel también están al borde del colapso: a los imperios ya no les interesa la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, ni los acuerdos globales contra el
Calentamiento Global, ni los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ahora la
religión es la economía, el cielo es la banca, el infierno es el crimen
organizado, ambos funcionan en paralelo y los gobiernos, con sus presidentes
payasos, pintorescos y ridículos, están allí para darnos la impresión de que
tenemos el control sobre algo. No es así: nos gobierna un club de ricos que
dejó atrás la ética, la decencia y la honradez, y que funciona por igual en el
mundo de lo ilegal y lo legítimo. Un club del que no somos miembros, ni lo seremos.
George Orwell crea, en 1984, un contexto
distópico alrededor de una historia de amor entre dos protagonistas, donde uno
de ellos termina absorbido por el sistema. Un final triste y desesperanzador
para él, pero no narra qué sucede con el sistema que lo rodea. Al parecer, es
un totalitarismo que ya se auto repara mediante la represión y la manipulación,
y que ya constituye el inevitable futuro de la humanidad. Una novela sobre la
desesperanza que describe un futuro en el que, con algunas inexactitudes, ya
aterrizamos.
¿Qué nos deparará el futuro? Esta semana, la república
islámica de Irán envió un mensaje interesante al mundo: no doblegó su cabeza y,
sin la ayuda de Rusia ni China, fue capaz de resistir al invasor y dictarle sus
condiciones (al menos eso es lo que parece). Quizás hay algo de esperanza en la
resistencia, quizás se puede detener al abusador. La historia lo dirá.
Hasta la próxima semana compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
·
1984 – George Orwell - Enlace
https://www.philosophia.cl/biblioteca/orwell/1984.pdf
·
Explicación de “1984” de Orwell - Enlace
https://www.youtube.com/watch?v=g0afv-Ykc4o
·
El Manifiesto Palantir y la Dominación Global - Enlace
https://www.youtube.com/watch?v=SdNhMVffyAo
·
Índice del Crimen Organizado Global - Enlace
https://globalinitiative.net/analysis/the-global-organized-crime-index-2025/?utm_source=copilot.com
TEMA MUSICAL DE LA SEMANA
Soles y Flores – Leon Gieco y Lila Downs - Enlace

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