DESMITIFICANDO
LA LEYENDA NEGRA RUSA ANTISOVIÉTICA. ¿STALIN FUE EL MONSTRUO “PINTADO POR LOS
ANGLOSAJONES”? Segunda parte
Un cálido abrazo a toda la querida audiencia
de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de
reflexión compartida.
Nuestra columna de hoy continuará con
el análisis de la investigación del Dr. Mario Sousa, historiador sueco de
origen portugués, para mostrar las falsedades sobre la Unión Soviética, que
crearon la leyenda negra rusa anticomunista, falsedades inventadas por el
liberalismo anglogermánico protestante y difundidas por los medios de
comunicación hasta la actualidad. Para ello, Sousa utilizó los archivos
secretos de la URSS, abiertos por Gorvachov en 1989. ¿Qué hay de cierto en los
100 millones de muertos o más del comunismo, un verdadero genocidio? Como
recordarán, la creación de la leyenda negra antisoviética comenzó con Hitler,
continuó con Goebbels, William Radolph Hearts, Robert Conquest para llegar
hasta Aleksandr Solzhenitsyn. La apertura de los archivos secretos de la Unión
Soviética mostraron la falsedad de la propaganda anticomunista que formó parte
de la guerra sucia contra la URSS. Conquest y Solzhenitsyn utilizaron los datos
de la Unión Soviética como los censos demográficos nacionales a los que
añadieron un supuesto aumento de la población sin tener en cuenta la situación
del país.
El cómputo de millones de muertos y
encarcelados difundidos por Conquest fue el resultado de falsas aproximaciones,
un método estadístico y de evaluación carentes de cualquier base científica. De
este modo, llegó a la conclusión de que debía haber determinada cantidad de
habitantes al final de cada año y la diferencia entre la cantidad de población
estimada según este método y el censo real, se suponía que eran las personas
que habían sido encarceladas o asesinadas por el régimen soviético. Un método
sencillo, pero completamente fraudulento. Conquest expresó, en el año 1964, que
había habido 6 millones de muertos en la Unión Soviética, en los años 30; pero
amplió ese número a 14 millones en 1986. En cuanto a los campos de trabajo del
GULAC, dijo que fueron internados ahí, 5 millones de presos en 1937, antes de
empezar las purgas del ejército, del partido y del aparato estatal, y durante
los años 1937-38 había habido un total de 12 millones de presos. Según
Conquest, había entre 25 y 30 millones de presos internados en los GULACS, pero
en esos lugares, también había delincuentes comunes. También aseguró que un
millón de presos politicos fueon ejecutados entre 1937 y 1939 y otros 2
millones habían muerto de hambre. La conclusión es que los bolcheviques mataron
nada menos que a 12 millones de presos políticos entre 1930 y 1953, año de la
muerte de Stalin, añadiendo esta cifra a los que supuestamente habían muerto de
hambre en la década de 1930. Solzhenitsyn utilizó el mismo método de Conquest,
pero usó estos métodos pseudocientíficos sobre la base de premisas diferentes,
pero llegó a conclusiones más extremas.
Llegó a sostener que desde la colectivización
de la agricultura hasta la muerte de Stalin, los comunistas habían matado a 66
millones de personas; por si fuera poco, afirmó que el gobierno de la URSS fue
el responsable de la muerte de 44 millones de rusos en la Segunda Guerra
mundial, algo que no se sostiene por ningún lado. Y si sumamos 66 a 44
obtenemos los 110 millones de muertos víctimas del socialismo soviético. Pero,
¿qué cifras se pudieron conocer a partir de la apertura de los archivos
secretos del Comité Central del Partido Comunista? Aquí viene la verdad del
asunto que es determinante. Escuchen, por favor, porque seguramente, jamás la
habían escuchado. Detrás de esa falsificación se escondía, según Sousa, los
servicios de inteligencia, principalmente, la CIA y el MI5 británico.
El impacto de los medios de comunicación sobre
la opinión pública fue tan grande que hoy en día gran parte de la población de
países capitalistas sigue creyéndose esas cifras fabulosas, después de más de
30 años de la caída de la Unión Soviética, porque no sea cuestión de que
resucite el inmenso torbellino rojo. Estamos en la Segunda Guerra Fría y la
República Popular China que sufre su propia leyenda negra, también es un
enemigo a abatir, por eso, hay que recuperar la cifra de 100 millones de
muertos de la época de Stalin y hay que seguir manejando la idea del fracaso
económico de la URSS. Hay una cuestión importante porque una vez abiertos los
archivos, quienes habían especulado sobre muertos y encarcelados, pensaron que
las cifras que ellos habían dado se confirmarían. Pero cuando los archivos se
abrieron, basados en documentos reales y comenzaron a publicarse ocurrió algo
muy extraño. De repente, los que especulaban sobre muertos y encarcelados
perdieron totalmente el interés en los archivos. No convenía para el poder
mediático capitalista en la Segunda Guerra Fría que se conozcan esas
investigaciones y comenzaron a aparecer publicaciones científicas, pero pasaron
completamente desapercibidas. Su contenido no se hizo público y esas verdades
no pudieron competir con la prensa liberal. Hay varios investigadores en
Estados Unidos, en Francia que escribieron artículos y es importante decir que
no son comunistas, ni socialistas, ni marxistas: son liberales, conservadores o
de otro tipo de ideologías. Desenmascarar las mentiras sobre el supuesto
genocidio en la URSS, lo hacen por su integridad profesional.
En el sistema penal soviético había
prisiones, colonias de trabajo o GULACS, zonas especiales abiertas y obligación
de pagar multas. Conquest afirmó que en 1939 había 9 millones de presos
políticos en campos de trabajo y, otros 3 millones, habían muerto entre 1936 y
1939. Ya había dicho que en 1950 los presos políticos eran 12 millones. Los
datos auténticos son que había en 1939, 2 millones de personas presas y los
presos políticos eran 454.000; ni una sola de esas cifras se aproximaban
siquiera a la verdad. Y los que estuvieron en campos de trabajo entre 1936 y
1939, eran 160 mil, no 3 millones. El sistema penitenciario debe ser explicado
porque la Unión Soviética fue una nación creada en muy poco tiempo, después de
la guerra civil rusa y había una herencia histórica-social del anticuado
sistema zarista. Sousa admite que hubo una continuidad del sistema zarista en
la URSS. A nivel geopolítico, aunque cortó con los zares, en algunas cuestiones
fue su continuador. Hacia 1930, la Unión Soviética tenía 170 millones de
personas y se hallaba sumamente amenazada por potencias extranjeras que ya
habían intervenido en la guerra civil rusa. La principal amenaza provenía de la
Alemania nazi, y la supervivencia no sólo era de la URSS, sino la de los
propios pueblos eslavos.
Stalin había expresado que estaban 50 años
atrasados con respecto a varios países y afirmó que o crecían en 10 años o
serían barridos. Era necesario el desarrollo de las fuerzas productivas y, en
menos de 15 años, alcanzó un desarrollo igual a los países capitalistas. Simultáneamente,
estaban los preparativos de defensa entre 1930 y 1940. En 1941, la Unión
Soviética era invadida por Alemania y sus aliados, guerra que le costaría a la
URSS entre 25 y 27 millones de personas y quedó reducida a cenizas en su parte
europea. Sousa admitió que la Unión Soviética, llegó a tener 2,5 millones de
personas en su sistema de prisiones, el 2,4% de su población adulta, pero si
pensamos en Estados Unidos, un país con más de 350 millones de personas, para
el año 2021, cerca del 3% de la población estaba entre rejas. Recordemos,
además, las 300 mil violaciones que se producen en las cárceles de Estados
Unidos. ¿Y cuántas personas fueron condenadas a muerte hasta el año 1953 y
durante el gran terror de 1937 y 1938?
Conquest dijo que los bolcheviques habían
matado a 12 millones de personas en los campos de trabajo y un millón fueron
asesinadas entre 1937 y 1938. Solzhenitsyn dijo que los asesinatos ascendían a
decenas de millones; 3 millones sólo entre 1937 y 1938 y cifras más altas se
barajaron. Datos reales: el número de los condenados a muerte fue extraído de
diferentes archivos, con el consiguiente riesgo del conteo doble y ascendieron
a 30.514 personas condenadas a muerte por los tribunales militares entre
octubre de 1936 y septiembre de 1938. Podría ser una cifra sumamente
escandalosa para mucha gente, pero ni lejos, las cifras que habían dado
Conquest, Solzhenitsyn y otros. Consultamos otra fuente de información del Dr.
Jaime Canales Garrido y asegura que de ese total, solamente un 26% eran presos
políticos. Ahora viene un tema controvertido, porque la KGB, en febrero de
1990, dio la cifra de 786.098 los condenados a muerte por delitos
contrarrevolucionarios entre 1930 y 1953 y 681.692 lo fueron entre 1937 y 1938.
Una información dudosa para Sousa. ¿Es posible que el actual servicio secreto
poscapitalista, el Servicio Federal de Seguridad, no haya dado la información
auténtica de la KGB prosocialista? Según Sousa, serían unos 100 mil y no varios
millones como ha afirmado la propaganda liberal. También hubo condenados a
muerte, que luego no eran ejecutados y sus penas de muerte eran commutadas por
confinamiento en los campos de trabajo. No olvidemos que muchos eran
violadores, asesinos...
En cuanto a la duración de las condenas, se
decía que las condenas en la cárcel tenían una duración infinita y que no
llegaban a salir nunca. Eso es completamente falso. Hasta 1937, la pena máxima
era de 10 años. La propaganda antisoviética siempre ha presentado a los presos
como víctimas inocentes y muchos investigadores lo han aceptado. Su ideología
negrolegendaria se antepone a cualquier otra consideración con resultados
macabros. Si las personas juzgadas por crímenes atroces hubieran vivido en
Europa, en Australia o en Japón, jamás hubieran sido objeto de debate, pero
como los delitos fueron cometidos en la Unión Soviética, entonces la cosa
cambia. Un lugar especial lo tendrán los contrarrevolucionarios, es decir,
quienes querían subvertir el régimen soviético.
Aquí tenemos que plantear los dos bandos que
existían; uno, el que representaba Trotsky, que fue expulsado de la Unión
Soviética y, el otro, el que seguía la postura de Stalin.
Debemos pensar que la Unión Soviética estaba
sometida a la agresión externa y, simultáneamente, a la traición, el sabotaje y
corrupción dentro de sus fronteras.
Y aquí nos detenemos. Queda todavía un camino
por recorrer...
Me despido de nuestra querida audiencia,
agradeciendo su amable atención, e invitándola a una nueva emisión de EL CLUB
DE LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Hasta
la victoria siempre, compañeros!
¡Palestina
libre! ¡Irán, presente!
Desde Islas Canarias
Profesora en Letras, ex catedrática de la
Universidad Nacional de Mar del Plata

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