LA
DISTOPÍA MATERIALIZADA
PALANTIR ES LA PROLONGACIÓN DE LA COMISIÓN
TRILATERAL
Un cálido abrazo a toda la querida
audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este
espacio de reflexión compartida.
Históricamente, hubo advertencias de
escritores, de diferentes épocas, de distintos países, creadas por George
Orwell, Aldous Huxley y Ray Bradbury, que mostraban cómo sus mundos imaginados
reflejaban control, manipulación y pérdida de libertad. Esas historias
advirtieron sobre la vigilancia y la censura. En particular, la novela “1984”
de George Orwell, quien vivió en los límites del imperio británico, en una
remota isla de Escocia, escribió sobre un mundo donde la verdad se fabrica,
donde el pasado se reescribe para adaptarlo al presente, donde la vigilancia es
total y el pensamiento mismo es un crimen. Estaba escribiendo sobre lo que
ocurre cuando el poder elimina toda limitación y llama a ese resultado
“paraíso”. Su novela nos dará palabras y expresiones que antes no existían como
“crimen de pensamiento”, “agujero de la memoria”, “Gran Hermano”, “neolengua”,
“doble pensamiento”. George Orwell observaba, desde dentro, y aprendió cómo el
poder oprimía a la gente y escribía lo que veía, con una claridad tan precisa e
incómoda que tanto la derecha como la izquierda, pasaron a intentar apropiarse de
la figura, desacreditándola o minimizando lo que realmente decía.
Como arquetipo de vigilancia,
mencionaremos la ciudad de Londres, pero esto es sólo la parte visible de algo
más grande y profundo. ¿La gente se da cuenta hacia dónde nos dirigimos,
realmente? Es una cosa que no hace ruido y cuando los ciudadanos se den cuenta,
será tarde. La vigilancia masiva ha dejado de ser ciencia ficción para
convertirse en el nuevo estándar de seguridad, en Londres y, desde Bruselas, en
la Unión Europea. Existe un inquietante control que combina reconocimiento
facial, identidad digital y algoritmos predictivos, aceptada ya por una mayoría
silenciosa. Hoy, no es sólo tecnología, sino el fin del anonimato tal como lo
conocemos y la implementación de un sistema de seguimiento total bajo el
pretexto de la eficiencia. ¿Podremos protegernos antes de que el silencio sea
obligatorio?
Mientras discutimos sobre la corrupción
política, el aumento del precio de la energía o sobre la última ocurrencia del
totalitarismo de Bruselas que emula el Tercer Reich, porque en la Unión Europea
la democracia no existe; vamos, una misma realidad que se vive en Argentina
porque parece que ahí la Constitución está de adorno y se está llevando puesta
a la población que se siente indefensa ante tanta infamia e inhumanidad. Porque
en la Unión Europea y Argentina, todo es mentira y los ciudadanos estamos
indefensos cuando el poder es una mascarada de buenas intenciones y hacen con
nosotros lo que quieren, tildándonos de todas las maneras imaginables a quienes
vemos lo que ocurre, realmente, “terroristas” es lo más suave, y no existe una
institución que nos defienda y proteja de la fábrica de la verdad, ni de un
pasado que se reescribe para adaptarlo al presente, ni de una censura acumulativa.
Recuerden que en Rumanía se anularon las
elecciones porque el candidato que las ganó iba en contra de los tecnócratas de
Bruselas. Y ahora nos llevan de narices hacia una guerra contra Rusia. Alemania
se está rearmando. Y lo que hace Alemania no es un ajuste menor del estado de
bienestar, sino que es el desmantelamiento del gasto social en décadas. Y esto
que ocurre en Berlín es sólo el primer síntoma de lo que viene para el resto
del continente. Claro, el canciller Merz sale de las filas de BlackRock. ¿Qué
más decir? Otro globalista más, porque hablar de izquierda y derecha, no deja
de ser una dicotomía burguesa: la disyuntiva es entre globalistas y
soberanistas. Y soberanismo es lo que también está perdiendo Argentina de una
manera visible y escandalosa y, sinceramente, como vivimos en Europa,
desconocemos si la población argentina se da cuenta de lo que ocurre, porque
sigue inmersa en la dicotomía peronismo-antiperonismo. Y en las discusiones de
la Comisión Europea, todas las leyes que se aprueban están elaboradas por los
lobbys. Todas. Cuando aparece una normativa sobre protección de datos, eso lo
elaboraron las tecnológicas. Cuando hay una directiva sobre energía, eso lo
elaboraron compañías de energía. Siempre ha sido así. Ellos son los especialistas,
dicen, claro, pero ellos son parte. El interés general es el interés particular
de los que determinan cuál es el interés general. Parece una broma, ¿no? Y el
asalto pirata a los barcos que llevaban ayuda humanitaria a Gaza fue en aguas
del Mediterránea, entre Grecia e Italia, pero las autoridades europeas no
dijeron ni una palabra, por lo que resulta evidente que Israel tiene un control
absoluto y total sobre la soberanía europea, y pueden entrar armados hasta los
dientes y a pocos kilómetros de nuestras costas, atacar una embarcación con
banderas europeas, raptar a ciudadanos europeos y que no haya ningún tipo de
reacción, de nadie. Europa es un territorio ocupado o Europa es un cliente
político del aparato israelí. Con otras particularidades ocurren hechos
similares en Argentina.
Y ahora medio mundo habla sobre
Palantir, pero eso mascarada no es más que la prolongación de la Comisión
Trilateral, creada en 1973, por David Rockefeller y Brzezinski, el asesor de
seguridad del presidente estadounidense Carter. Comisión Trilateral prolongada
por el G7, el G20, el Club Bildelberg, el Foro de Davos y toda esa mafia
globalista. Esto comenzó hace más de 50 años en el mundo: no es ninguna
novedad. Es la continuidad de los factores de poder y el control es lo que
siempre han hecho. Palantir es una fase más en el mundo y Peter Thiel es el
Pentágono en Argentina u otro país. ¿Y saben quién pertenece a la Comisión
Trilateral desde sus inicios como miembro fundador? Domingo Cavallo. ¿Les
suena, no?
El orden en Argentina sería: Videla,
Brzezinski-Milei. Y ya Cavallo había planteado que el único problema en el
mundo era Argentina, de ahí el ataque a los desarrollismos, pero no solamente
en Argentina. La consigna es que la deuda externa sea impagable, porque como
escribió Nietzsche en “La genealogía de la moral”, la única relación que existe
en economía es la del deudor y la del acreedor; todas las teorías económicas
son flatus vocis (palabras vacías). Todas. Y a la deuda externa, había que
sumarle la desindustrialización y los Estados-nación que son un obstáculo para
los tecnócratas. Endeudamiento, desindustrialización, desaparición de los
Estados-nación y su soberanía. Pero esto no es un error de Argentina, sino que
es una misma situación planetaria con ligeras variantes particulares. Que
hablen de esto en la Unión Europea, por favor. No, es un tabú. ¿Y en qué lugar
quedamos los ciudadanos trabajadores y jubilados del mundo, dentro de este
tecnofeudalismo de tres o cuatro ricos y todo el resto, pobre? Alinear a los
Estados con las tecnológicas es estar del lado correcto de la historia y si no
quieres entrar en ese “juego” eres un enemigo. Es la Teología de la tecnología
totalitaria. Que no te vendan un buzón.
Me despido de nuestra querida
audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión
de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Hasta la victoria siempre, compañeros!
¡Palestina libre! ¡Irán, presente!
Desde Islas Canarias
Profesora en Letras, ex catedrática de la
Universidad Nacional de Mar del Plata

No hay comentarios:
Publicar un comentario