NI
IRÁN NI HEZBOLLAH SON LA CONEXIÓN DE LOS ATENTADOS EN BUENOS AIRES,
NI STALIN FUE EL DEMONIO “PINTADO POR LA PROPAGANDA ANGLOSAJONA”
Un cálido abrazo a toda la querida
audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este
espacio de reflexión compartida. ¡Quédate, que lo de hoy, también te va a
interesar!
Los atentados con explosivos en
Buenos Aires, en 1992 y 1994, contra los intereses de la comunidad israelí en
Argentina que ocasionaron numerosas víctimas fueron divulgados para la prensa
comercial, para Israel y para Argentina como de autoría islámica. Gracias a las
investigaciones independientes como la del Dr. Oscar Abudara Biri o las
conclusiones de Thierry Meyssan, intelectual francés, presidente-fundador de la
Red Voltaire, hoy sabemos que se trató de una gran manipulación. También el Dr.
James Fetzer, quien visitó Buenos Aires el 11 de septiembre de 2009 y dio una
magistral conferencia en la Biblioteca Nacional, para participar en un evento
conmemorativo de los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001, investigó
sobre el tema. Los ataques en Buenos Aires tuvieron lugar bajo del gobierno de
Menem, quien estaba estrechamente alineado con los políticos globales de
Estados Unidos, en ese momento, bajo el gobierno de George Bush padre, como
presidente de la nación del norte y, por extensión, con los políticos del
Estados de Israel y las organizaciones sionistas globales.
Notablemente, en ambos ataques, el
gobierno argentino y los medios de difusión inmediatamente echaron la culpa de
manera vehemente a supuestos “Grupos terroristas del fundamentalismo islámico”
que se suponía utilizaron coches-bomba para volar ambos edificios: el de la
embajada de Israel y el de la AMIA. A medida que pasaron los años, sin embargo,
las supuestas conexiones con el Islam se hicieron cada vez más endebles y
ambiguas. En Argentina, hubo presión -extrema en ciertos casos- que fueron
ejercidas por organismos sionistas locales y extranjeros, por los medios de
difusión locales e internacionales, por algunas ONGs, por ciertos individuos
“notables y eminentes”, cuyas opiniones han tenido gran peso y, por último,
pero no por ello menos importante, por las embajadas de ciertos países
extranjeros, las de Estados Unidos e Israel. Ya la pretensión de que el
atentado a la Embajada de Israel fuera causado por un cochebomba se desvaneció
cuando el Fiscal del Estado y el Juzgado en el caso, invitaron a inspectores
técnicos especializados de la Academia Nacional de Ingeniería de Argentina,
para determinar cuáles fueron las causas que hicieron que el edificio de la
Embajada colapsara y la evaluación fue que la explosión tuvo lugar en el
interior del edificio y que no fue originada por ningún coche-bomba.
En el momento de la explosión, un
grupo de funcionarios del gobierno laborista israelí se reunía en la sede para
discutir asuntos relacionados con el recientemente iniciado proceso de paz de
la Conferencia de Madrid, pero “afortunadamente” abandonaron el edificio
minutos antes de la explosión. Lo mismo ocurrió con el embajador que también se
retiró minutos antes del atentado.
Con respecto al atentado en la AMIA,
el mismo día de la tragedia, Menem solicitó oficialmente la ayuda del FBI y de
la CIA y del servicio de inteligencia Mossad y de las fuerzas armadas del
Estado de Israel. Casi inmediatamente después del atentado, la prodigiosa
“suerte” de hallar una pieza del supuesto coche-bomba, una camioneta RENAUL
Trafic blanca.
Afortunadamente, se trataba de
un pedazo del block del motor en el que figuraba el número de serie del
fabricante del vehículo. Ese “golpe de suerte” nos recuerda otro “golpe de
suerte”, igualmente improbable, como el hallazgo por el FBI del pasaporte
intacto de un supuesto terrorista suicida entre los escombros del World Trade
Center, justo después del atentado del 11 de septiemhbre de 2001.
En ambos ataques en Buenos Aires, no
se halló ningún resto de los supuestos coches-bomba, a excepción de pruebas
falsas, obviamente, “plantadas”.
Creemos que debemos enmarcar ambos
episodios en Argentina con lo que ocurría, simultáneamente, en Israel con el
Primer Ministro Yitzhak Rabin, envuelto en luchas internas. Sólo 16 meses
después del ataque a la AMIA, el Primer Ministro israelí es asesinado al mejor
estilo de John Kennedy en las calles de Tel-Aviv; no fue un neonazi, ni un
fundamentalista islámico, sino un joven estudiante ultra-derechista quien lo
asesinó. Tras la muerte de Rabin, Simon Perez quedó como Primer Ministro de
Israel. En las elecciones siguientes, el partido laborista fue barrido,
cediendo el poder a la ultraderecha sionista que llega hasta el momento actual
con Netanyahu, que necesita continuar la guerra para alcanzar su propósito del
“Gran Israel” y aniquilar Irán que es su obstáculo. Ese es el objetivo bien
claro de Israel que está bombardeando el sur del Líbano y le deja Irán a los
Estados Unidos; Israel sigue masacrando en Gaza, continúa ocupando territorios
en Cisjordania y obtendrá territorios en Siria por su ayuda contra Bashar-
al-Ásad.
La pregunta inteligente cuando ocurren
actos terroristas es: ¿Quién se beneficia? No interrogarnos acerca de qué
ocurrió y cómo. Justamente, no se beneficiaron ni Irán ni Hezbollah, sino
Israel. Lo ocurrido en Argentina guarda similitud con los ataques en Estados
Unidos el 11 de septiembre de 2001; en Londres, el 7 de julio de 2005 y, en
Madrid, el 11 de marzo de 2006, entre otros atentados de “falsa bandera”. ¿Que
los propios israelíes asesinan a sus hermanos o permiten que los asesinen? Eso
no debe sorprendernos, como en el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023,
cuando se estaba realizando un festival de música al aire libre, sabiendo
Israel perfectamente bien por el Mossad, que Hamás atacaría. Dejó más de 360
víctimas, en su mayoría jóvenes y decenas más fueron tomadas como rehenes.
Asimismo, como Estados Unidos en 1898, cuando sacrificó a toda la tripulación
del buque Maine, para justificar la guerra contra España. En estos momentos,
hay muchos ataques de “bandera falsa” y no es ningún secreto decir que lo que
ocurrió en Omán, la quema, el incendio, fue hecho por los Emiratos Árabes
Unidos; los están acusando, son aliados de Israel. Y no es ningún secreto
decir, tampoco, que los Emiratos Árabes Unidos fueron expulsados por Arabia
Saudí de Yemen. Hay guerras intrínsecas poco conocidas.
Los eventos de “falsa bandera” tienen
una casi perfecta realización técnica, pero todos dejan
“cabos sueltos” y todos
tuvieron episodios de pruebas “plantadas” artificialmente. Siempre murió “gente
común”, mientras los “altos mandos” siempre parecen tener la “suerte” de estar
fuera de los edificios en el momento oportuno. Los atentados en Buenos Aires se
alinearon a la perfección con las necesidades circunstanciales de Israel. Vamos
a ver, no queremos que creas a “pies juntillas” nuestras reflexiones, pero que
-al menos- dudes o sospeches de lo que te dijeron o de lo que has leído.
Y una reflexión que nos parece
pertinente con respecto a la República Islámica de Irán. Los iraníes están más
cerca de nosotros occidentales que de los árabes. Aunque Irán es un país de
Oriente Medio, cultural y lingüísticamente está más cerca de Europa y Occidente
que de los países árabes. De hecho, el persa o farsi es una lengua indoeuropea,
lo que significa que comparte raíces comunes con el español, el francés, el
inglés. Además, la cultura iraní hunde sus raíces en la antigua Persia, que fue
una potencia importante en la región y tuvo contactos con Grecia y Roma
antiguas con influencias muy profundas en Occidente. No podemos asegurar la
influencia del Imperio Persa sobre Platón y Aristóteles porque es una temática
propia de especialistas, pero ciertas similitudes son sorprendentes. La
arquitectura, la literatura y la filosofía iraníes también tienes similitudes
con las tradiciones occidentales. En cambio, los árabes son un grupo étnico
semítico, y su lengua, el árabe, es una lengua semítica.
Y ahora abordemos, aunque sea de
manera introductoria, una temática que forma parte del mito soviético: la idea
de que Stalin fue un demonio. ¿Qué hay de verdad detrás de la “leyenda negra
rusa”? Existen muchos links en Google que desvelan otra realidad sobre la URSS.
Investigadores como el Dr. Sousa, de nacionalidad sueca y de origen portugués;
el Dr. Grover Furr, catedrático estadounidense a quien no le dejan publicar sus
investigaciones; el Dr. Jaime Canale, chileno que vivió en la Unión Soviética;
el Dr. Santiago Armesilla, español; el Dr. José Miguel Villarroya, también
español, doctor en Historia Contemporánea por las Universidades de Barcelona y
Berlín, que vivió varios años en la República Democrática Alemana; todos ellos
poseen excelentes vídeos accesibles que desmontan el mito de la monstruosidad
de Stalin, además, de bibliografía. Hoy, solamente, iniciaremos este tema
altamente significativo, porque igualar a Hitler y Mussolini con Stalin forma
parte de la “leyenda negra rusa”.
Me despido de nuestra querida
audiencia, agradeciendo su amable atención e invitándola a otra nueva emisión
de EL CLUB DE LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Hasta la victoria siempre,
compañeros! ¡Palestina libre! ¡Irán, presente!
Desde Islas Canarias
Profesora en Letras, ex catedrática de la
Universidad Nacional de Mar del Plata

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