ANÁLISIS DEL DISCURSO
DEL PRIMER MINISTRO DE CANADÁ EN DAVOS 2026
Queridos compañeros, amigos y
oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con
nuestro acostumbrado abrazo por la unidad latinoamericana.
Durante las últimas tres
semanas dediqué esta columna a transcribir literalmente el discurso pronunciado
por el Primer Ministro de Canadá, el Sr. Mark Carney durante el Foro Económico
Mundial 2026 celebrado en Davos, Suiza entre el 19 y el 23 de enero pasados
bajo el lema “Un Espíritu de Diálogo”.
El día 20 de Enero, en el
espacio “Discursos Especiales”, reservado para jefes de estado en sesión
plenaria, el Sr. Carney realizó una presentación que fue viral en su momento y
fue considerada como una de las intervenciones más significativas del foro:
habló con franqueza sobre cómo se ha dado una ruptura del orden internacional
basado en reglas, y de cómo las potencias medias y las naciones menos
favorecidas deben enfrentar esta nueva realidad.
Por tratarse de un discurso
largo, dividí su lectura en tres partes, que transmití en tres sesiones de este
programa, pero que a la vez constituyen tres momentos diferenciables de esta
pieza que, espero, no se olvide fácilmente pues nos provee de algunas claves
del presente y para el futuro.
Primera parte: la ruptura del
orden mundial
Carney dijo lo que se tenía que
decir y en el escenario donde había que decirlo: era hora de reconocer que la
idea de que existía un “orden mundial” basado en reglas que todos creíamos
sólidas y vigentes no era real, que veníamos mintiéndonos unos a otros y que
estábamos participando en un baile de máscaras, donde las potencias
hegemónicas, los supuestos “guardianes” de tales reglas, podían romperlas
cuando les pareciera, y aplicarlas cuando les conviniera, especialmente para
salvaguardar sus intereses, o peor aún, los intereses de sus élites. ¿A quien
se refería Carney como “grandes potencias”? – a países que dominan la
geopolítica global y son capaces de usar la integración económica como
herramienta de coerción, y tienen el poder económico y militar que les permite
imponer sus propias reglas.
Esto es algo que las naciones
pequeñas o “pobres” en la escala del G-20 sabemos desde hace años, pero que se
ha puesto de manifiesto en forma clara con la guerra de aranceles declarada por
el dictador de la democracia más falsa del planeta, los Estados Unidos,
seguidos por las reacciones de Rusia, China y el bloque de países europeos.
Como países menores, tenemos claro que nos encontramos bajo la suela de sus
zapatos y no nos extraña que nos pisoteen, aunque nos duela. No podemos hacer
nada al respecto.
Las potencias medias, aquellas
que podrían sostenerse solas, tienen poder regional y capacidad para construir
coaliciones. De este bloque hacen parte Canadá, Australia, Corea del Sur,
Países Bajos, España, Turquía, Brasil, México, etc, y son a quienes esta
retórica de la ruptura global ha tomado con mayor sorpresa, pues estaban – o al
menos fingían estar, según Carney – sostenidas en la falsa seguridad que las reglas
internacionales les brindaban. Eran una sociedad de masturbación colectiva que
estaba conforme con su pequeño teatro de apariencias. Ellas han sido las más
afectadas por esta ruptura, y son las llamadas a responder.
Segunda parte: la reacción de
las potencias medias
Las potencias medias se habían
venido apoyando en instituciones multilaterales como la Organización Mundial
del Comercio, las Naciones Unidas, la COP, las cuales cayeron en la trampa
financiera que los volvió dependientes de los Estados Unidos y ahora, cuando
éstos les dieron la espalda bajo la administración de Trump, quedaron muy
debilitadas y sin capacidad de coerción. Por increíble que parezca, esto las
tomó totalmente por sorpresa y a estas alturas no han sabido qué hacer. Como
siempre, ante un bully, un abusador, el mundo se paraliza.
¿Qué propone Carney? Que las
potencias medias se concentren, primeramente, en la consolidación de sus
propias fortalezas mediante la eliminación de restricciones comerciales
internas y regionales. Canadá comenzó eliminando las barreras comerciales entre
sus propias provincias y, al no tener países vecinos mas allá de los Estados
Unidos, inició una serie de acuerdos con China, India, Qatar y Europa. Lo que
busca es romper su interdependencia comercial con su vecino en forma
definitiva, o por lo menos hasta que pase este tiempo de incertidumbre.
Esta reacción es un mensaje
claro a Europa, para que el bloque vaya más allá de la unidad política y
monetaria, empiece por eliminar las barreras comerciales entre países próximos y
se fortalezca como una gran potencia unificada que rompa de una vez por todas
su dependencia comercial y financiera con los Estados Unidos. ¿Dónde está su
principal obstáculo? – en lo militar, la OTAN, un engendro que debió
desaparecer hace muchos años porque pasada la guerra fría, esta institución ya
no cumplía ninguna función más allá de servir de guardián servil de los Estados
Unidos contra las pretensiones comerciales de Rusia sobre el mar mediterráneo.
Y para poder continuar existiendo, la OTAN hizo lo impensable: utilizar a los
políticos corruptos de Ucrania para provocar a Rusia. Europa cometió el error
fatal de creer en la manipulación de la organización, y se dejó meter en una
guerra en la que no sabe qué hacer. Donde la diplomacia no ha logrado cumplir
función alguna, han optado por darles armas para que se maten entre ellos. Un
desastre.
India, China, Rusia, Sudafrica
y Brasil optaron por la conformación del BRICS, un bloque de países con
economías emergentes que está tomando cada vez más fuerza y en 2024 se expandió
al invitar a Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos. El mayor temor
de los EEUU ha sido la perspectiva de que, bajo este modelo, el dólar deje de
ser la moneda hegemónica mundial.
Tercera parte: las economías
“menores”
Estamos ante una realidad
incuestionable, y es que los países con economías pequeñas estamos al vaivén de
los acontecimientos. En esta parte, Carney deja escapar un poco del famoso “ego
canadiense” y habla de lo felices, perfectos, prósperos y preparados que son,
lo cual tampoco es un dogma. Sabemos que Canadá tiene esqueletos ocultos en el
closet en materia de derechos humanos, pero no discutiremos eso acá. De hecho,
prestaremos poca atención a esta parte de su discurso.
Los países pobres y las
economías en vías de desarrollo sólo podemos buscar, por las vías diplomática y
comercial, dos caminos: unirnos como región (algo que es posible hacer en
América Latina con México, Centroamérica, El Caribe y Sur América) y que se ha
intentado con Mercosur, el CEELAT y otras iniciativas que, por supuesto, son
continuamente torpedeadas por los Estados Unidos en lo comercial, lo financiero
y lo político. México y Brasil cuentan con el músculo financiero que haría
posible una unión sin dependencias, y Colombia ha asumido un interesante
liderazgo desde sus resultados internos y desde lo político.
Enfrentamos un reto formidable,
y es la combinación de corrupción política, crimen organizado y narcotráfico
que están enquistados en la política regional y en la cultura popular, y que ha
hecho que seamos países violentos y anárquicos a diferentes escalas. Algo que
el mafioso brasileño Marcola definió como “estar en el centro de lo insoluble”.
Algo de lo que creemos que nunca podremos salir.
Pero ¿qué pasaría si plantásemos
las primeras semillas de una revolución ética y democrática en américa latina?
Con avances y retrocesos, en
Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia hemos
tenido la oportunidad de abrir puertas al progresismo en el ejercicio pleno de
la democracia, y lo hemos hecho de manera ejemplar, para bien o para mal, ya
sea que gane la izquierda o la derecha. Los procesos democráticos han
funcionado en países donde alguna vez hubo dictaduras militares. Hemos probado
que es posible generar masas electorales alrededor de ideas y debates. También
hemos tenido que enfrentar el fraude, la intromisión extranjera, la corrupción,
pero es mucho lo que hemos aprendido en el camino.
Una cultura puede cambiar, y
quizás tome generaciones enteras, pero nunca cambiará a menos que demos con
valentía los primeros pasos, en la educación de las nuevas generaciones, en el
ejercicio de la democracia, en la persistencia del comportamiento ético, en la
afectación de nuestros pequeños círculos de influencia. Es clave que nunca,
nunca, perdamos la esperanza porque eso es lo que ellos, los poderosos, los
hegemónicos, los del norte, quieren.
Tres elementos clave: Primero,
las potencias medias harán lo suyo. Unirse y aislar al dictador anaranjado
mientras este cae ya sea por los archivos de Epstein o por cuestiones de salud,
lo que ocurra primero. En segundo lugar, potencias medias unirán esfuerzos a
escala regional con países pequeños en condiciones más justas, y en tercer
lugar nosotros, los excluidos, debemos trabajar contra la inmensa corriente y
unir fuerzas para educarnos unos a otros e iniciar una revolución ética desde
abajo, a brazo partido, en una gran minga regional.
Como bien dice nuestro amigo
columnista Fernado Lizama Vado desde México, “hasta la victoria, siempre”. Un
fuerte abrazo compañeros.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
PARA
SABER MÁS
Video discurso del PM Mark
Carney en Davos 2026 - Enlace
https://www.youtube.com/live/uStuQ-TbL9k?si=VDjx0lTObsZwBRQW
Texto del discurso del PM Mark
Carney en Davos 2026 - Enlace
Página oficial del Foro
Económico Mundial 2026 - Enlace
https://es.weforum.org/meetings/world-economic-forum-annual-meeting-2026/

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