VIVAS
DONDE VIVAS, EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS. LUCHA ENTRE LAS ÉLITES: EL CASO
EPSTEIN.
Un cálido abrazo a toda la querida
audiencia de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este
espacio de reflexión compartido. ¡Quédate, que lo de hoy, también te va a
interesar!
Quizás los oyentes no sean
conscientes de la responsabilidad que tenemos al hablar con un micrófono y que
nuestras palabras se expandan sin ningún límite. Por detrás de una columna,
existe toda una tarea de estudio, de crítica, de lectura, de escucha que no es
visible, pero que nos guía constantemente porque las palabras modelan y, a la
vez, pervierten las mentes de los ciudadanos, configurando opuestos falaces,
maniqueos, falsas alternativas, demonizando a quienes se oponen al relato
oficial. Esta columna será el inicio de una serie que tendrá como título: Vivas
donde vivas, el diablo está entre nosotros. La fuente de inspiración es el
libro del Licenciado en Periodismo, Lorenzo Ramírez, “El diablo está entre
nosostros”, con el cual coincidimos en los aspectos geopolíticos, aunque un
abismo nos separa de su postura sobre economía. No todos los analistas
responden a todas nuestras convicciones: vamos tomando de aquí y allá lo que
nuestro intelecto, nuestro raciocinio y nuestra sensibilidad nos dicta.
No es la primera vez que en nuestras
columnas denunciamos y alertamos sobre los agentes del caos que manipulan
procesos económicos y geopolíticos desde los órganos del poder para configurar
un relato falaz, basado en una supuesta lucha de las sociedades libres contra
los países totalitarios. En realidad, las fronteras ideológicas se borran
cuando estudiamos a fondo las estructuras del sistema, que están más cerca de
una plutocracia extractora de rentas que de un modelo que proteja los derechos
y libertades ciudadanas. El papel de esos agentes del caos quiere salvaguardar
el viejo orden acabando con la libertad de acción y de pensamiento. La lucha
contra el cambio climático, la guerra de Ucrania y la pugna entre Estados
Unidos y China por el trono de la hegemonía mundial están provocando una situación
crítica en Occidente en la cual los gobernantes europeos son cómplices
necesarios, pero no solamente los gobiernos europeos son cómplices necesarios:
toda una red de vasallos a sueldo, impregnan de maldad a las sociedades.
El Estado-nación, en la condición de
representante soberano del pueblo, se tornó obsoleto y debe ser sustituido por
un poder político transnacional, globalmente activo e inmune a los deseos de
los gobernantes. La Unión Europea es la muestra más evidente de esta agenda y
desde su génesis ha sido el proyecto piloto del globalismo. Recordemos que en
España el proyecto ELISA, programa del Centro Nacional de Inteligencia español,
se dio a la caza de brujas modernas para limitar el alcance de las críticas
contra la agenda globalista, que establecía que su misión real era acabar con
las narrativas antiglobalistas, porque tenían una marcada naturaleza
antisistema contraria a las instituciones democráticas. Esto es una gran
manipulación, ya que no hay nada más antidemocrático que la promoción del
globalismo que persigue, precisamente, la destrucción de lo que queda de las
democracias occidentales y acabar con las soberanías nacionales, para entregar
la gestión a una serie de tecnócratas que se sientan en consejos de administración
de multinacionales y en organismos supranacionales para determinar el rumbo de
las sociedades. El globalismo es una política supranacional implantada por
burócratas que trabajan en despachos gubernamentales, consultoras
internacionales y grandes corporaciones que consideran el mundo entero como una
esfera propicia para su influencia política y que tiene como objetivo controlar
el proceso de la globalización.
Existe una idea clave que es que las
dictaduras, permanezcan ocultas o estén a la vista de todos, sólo pueden
mantenerse con una cierta aclamación popular. Las masas son guiadas para que
demonicen a todos los que cuestionen el sistema de control, en un sistema
perverso. Se necesita un pequeño porcentaje de disidencia que legitime la ficción
de permitir la decisión libre de los súbditos, ese enemigo del pueblo que se
convierte en el blanco del odio y la justificación del terror, lo cual será
imposible en un escenario de unanimidad. Al mismo tiempo, la propaganda se
encarga de hacer creer a los rebeldes que se encuentran en soledad, frente al
número y superioridad moral de los buenos ciudadanos. Un mecanismo de
manipulación del pensamiento que las élites llevan décadas desarrollando a
golpes, fraudes electorales, guerras a la carta, terrorismo de falsa bandera,
catástrofes naturales... todos ellos elementos que está sirviendo a las grandes
tecnológicas para, en colaboración con los estados profundos de los países
occidentales, ir realizando experimentos sociales con los que modelar discursos
y perfeccionar mecanismos para encontrar a los versos sueltos que no solo no
creen las versiones oficiales, sino que tampoco se tragan las alternativas
difundidas por las cloacas del sistema.
Estas columnas que hoy iniciamos no
tendrán un contenido teológico, no hablaremos sobre Dios ni potestades
espirituales, obviamente, pero el mejor truco del diablo ha sido convencer al
mundo de que no existe, porque así entonces puede actuar con total impunidad y,
sobre todo, está entre nosotros. Muchas personas no llegan a comprender la
esencia y el fin del proceso de desintegración provocado, porque piensan que no
se puede ser tan malvado como para promover una agenda contra la propia
población. ¡Qué decir sobre la Argentina de Milei! La gran banca se prepara
para un incremento de los disturbios civiles en un escenario de recrudecimiento
sin precedentes de enfrentamientos en Estados Unidos y Europa, sociedades que
no está acostumbradas al caos social y que llevan décadas viviendo en la
ilusión de que todo funciona, aunque los políticos nos tomen el pelo y los
empresarios saquen tajada de cualquier decisión gubernamental. Como
consecuencia de esta previsión, los presidentes de los gigantes financieros
están pidiendo a sus equipos directivos que preparen planes de contingencia. No
son los únicos: organizaciones supranacionales y globalistas como el Foro
Económico Mundial, el FMI, el Banco Mundial y la ONU llevan tiempo planteando
este riesgo en sus informes y grupos de estudio. Lo que está en juego es la
destrucción de la clase media occidental, el aumento de la pobreza y el hecho
de que las herramientas adoptadas por gobiernos y bancos centrales para
mantener la ilusión de estabilidad se han evaporado. En enero, se llevó a cabo
la Novena Noche de la Solidaridad, en París, una iniciativa que buscaba
comprender las necesidades de las personas sin hogar y transformar la
percepción de la exclusión. En Francia, más de 350.000 personas viven en las
calles en diferentes ciudades.
Y como si esto fuera poco, las élites
también luchan entre ellas, expuestas en el caso Epstein. El Mossad, el MI6
británico y otros servicios de inteligencia fueron puestos en marcha desde hace
largo tiempo con unos objetivos todavía no muy claros y parece que llegó el
momento de molestar un poco. Es una desclasificación interesada de documentos.
Esta es una nueva operación psicológica de las élites de poder, consecuencia de
una guerra intestina, son esas estructuras del estado profundo, sobre todo, en
Estados Unidos; es una batalla que están enfrentando los servicios de
inteligencia, el complejo militar-industrial, el lobby sionista y las facciones
del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia y la propia Casa
Blanca, y hay un uso del chantaje como herramienta de control y una
manipulación informativa para confundir a la opinión pública.
Ante la exposición de esta cruda
realidad, es humano caer en el derrotismo y el miedo siguiendo el argumento de
que, si los movimientos de oposición al sistema actual, a este régimen de las
élites, están dirigidos por los mismos ingenieros sociales a los que queremos
derrocar, pues entonces no vale la pena oponerse. Esta es la gran trampa en la
que los agentes del caos quieren que caigamos.
Me despido de nuestra querida audiencia,
agradeciendo su amable atención, e invitándola a otra nueva emisión de EL CLUB
DE LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Hasta la victoria siempre, compañeros!
¡Palestina libre!
PROF.
VIVIANA ONOFRI
Desde Islas Canarias
Profesora en Letras, ex catedrática de la
Universidad Nacional de Mar del Plata

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