NARCOPOLICÍAS
CONSIGUEN AUMENTO
Nuestra columna anterior
terminaba con esta frase: " Hablar
desde la verdad de la carne (lo que hemos llamado condiciones materiales de
vida), que no miente, y desde la rebeldía que se niega a aceptar la nada como
destino.
Esa es nuestra última frontera: la negativa a
ser nada en un mundo que nos invita, cada día, a desaparecer." Hoy vamos a
delimitar lo que llamamos "rebeldía", porque los innumerables
conflictos abiertos y en progreso en toda la sociedad argentina NO son obligadamente
partícipes de esa rebeldía. Veamos lo sucedido en la provincia de Santa Fe.
Desde hace más de una
semana, la situación de la policía de Rosario se fue calentando a partir del
reclamo de aumento de ingresos, permisos sin descuentos de tratamiento
sicológico y psiquiátrico, pase de los ingresos por conceptos no remunerativos
a remunerativos.
El primer día, de
madrugada, los familiares y algunos policías sufrieron gaseadas, bastonazos y
empujones de parte de las fuerzas represivas que controlaban el acceso a la
Unidad Regional II. Acto seguido, los policías sublevados cortaron la calle con
decenas de patrulleros y motos y prendieron fuego a cubiertas bloqueando la
entrada al predio de la institución y haciendo sonar sus sirenas en forma continua.
Inmediatamente cesaron
su actividad de vigilantes, coimeros y hostigadores negándose a recorrer las
calles y prestar servicio al Estado.
El gobierno se negó al
diálogo hasta que los uniformados volvieran a sus tareas, mientras la cúpula
pasaba disponibilidad a entre 20 y 40 efectivos obligándolos a entregar los
chalecos blindados y el arma reglamentaria, para meter miedo al resto con el
despido pretendiendo así disciplinar a la tropa.
Gran equivocación,
muestra de debilidad y desconocimiento absoluto de la situación. El efecto fue
inverso, ya que se plegaron a la medida los que aún no lo habían hecho y se
acercaron a la protesta, “empleados” con botas negras de la ciudad de San
Lorenzo, y Santa Fe, Capital.
La medida se mantuvo por
todo el día, durante la noche y la madrugada y mañana siguientes.
Luego el Jefe de la
Unidad Regional II dio marcha atrás con los despidos y salió de sus oficinas
para dialogar con los insubordinados, pero estos lo empujaron, escupieron e
insultaron por lo cual se vio obligado a meterse adentro en forma inmediata.
El conflicto siguió con
miras de prolongarse dada la actitud de la mayoría de los efectivos. El
gobierno debió recurrir al servicio penitenciario, las fuerzas especiales, la
gendarmería y otras fuerzas federales para cubrir, en forma parcial y limitada,
las tareas que los policías provinciales habían abandonado. Los medios masivos
de comunicación y personajes políticos del oficialismo y de la oposición,
incluidos algunos de los llamados “progresistas” salieron a dar sus opiniones
solidarizándose con los reclamos policiales de “salarios dignos”. Los
opositores, haciendo gala de su oportunismo electoralista, no perdieron la
oportunidad de criticar al gobierno provincial y nacional. Al primero por la
incapacidad para resolver el conflicto que amenazaba extenderse a otras policías provinciales, y
al segundo, por reducir los recursos coparticipables con su política de ajuste.
Acá debemos aclarar algo respecto a los medios: los 2 más grandes de Rosario,
canal 3 y 5, se abstuvieron de informar casi por completo, mientras debíamos
mirar los medios porteños que estuvieron de inicio a fin.
Carlos Del Frade
(diputado “progresista” cuya intención es el funcionamiento armónico del
sistema capitalista), reclama la sindicalización de los policías y dice que la
incorporación de muchos jóvenes de ambos sexos le ha dado a “la fuerza” una
conformación auténtica que rescata en su discurso. Ahora bien, ¿OLVIDA DEL
FRADE SU EXTENSA DENUNCIA A TRAVÉS DE LOS AÑOS DE LAS BANDAS NARCOPOLICIALES
DUEÑAS DEL NARCOMENUDEO? Suponemos que no, no es que lo olvide, sencillamente
sucede que cuando no se tiene una herramienta teórica capaz de explicar los
sucesos, se cae inevitablemente en estas incongruencias notorias.
Contrariamente a sus
edulcoradas posiciones sobre la situación de los “empleados policiales”, sus
injustos “salarios”, el riesgo de sus vidas al “servicio del combate contra el
delito” y otras definiciones que intentan presentarlos como trabajadores al
servicio de los sectores oprimidos, la realidad es que se trata de una fuerza
armada, educada y adiestrada al servicio del Estado capitalista diseñado para
la represión de las masas en rebelión.
Su actividad NO es
trabajo, su fin es disciplinar a la sociedad bajo las órdenes de sus mandantes:
los gobiernos de turno de la burguesía; su ingreso no es salario, es el pago a
cambio de ese objetivo mercenario; la máscara del combate al delito desaparece
porque se entremezcla con el delito que es el molde de la formación
proporcionada por su mandante: el Estado burgués; sus reclamos de dignidad son
falsos porque su vida es indigna y mercenaria; su pedido de solidaridad es
vacío ya que su conducta es intentar romper la solidaridad de la clase que sí
produce.
Todas las acciones que
realizaron para que el gobierno les aumente sus ingresos tales como los cortes
de calle, la quema de neumáticos, el cese de la actividad determinada por sus
mandantes, los debates y “asambleas” en la calle; los ruidos y bloqueo del
predio en donde se asienta la institución; etc., fueron aprendidas de la lucha
de clases llevada a cabo por los proletarios y sectores oprimidos que ELLOS
REPRIMEN al servicio de la clase burguesa dueña del Estado al que sirven.
Realizadas por el
proletariado y sectores oprimidos, esas mismas acciones fueron combatidas por
ellos mismos y por sus mandantes con argumentaciones que hoy nadie de ellos
esgrime contra la fuerza policial.
El actual
pronunciamiento policial, entonces, no
es más que producto de un Estado y gobierno de turno que están en crisis como
lo está todo el sistema capitalista. La lucha de clases y la contradicción
propia de la burguesía que contrata esa “mano de obra” represiva, a la que
pretende pagarle con la menor suma disponible, son la causante de semejante
situación.
Los proletarios conscientes,
no sentimos ninguna empatía por esa fuerza de choque contra los trabajadores,
surgida mayoritariamente de las entrañas del lumpen, es decir de sectores
marginales que no están dispuestos a trabajar y que ven en la institución uniformada
la oportunidad de cierto “poder” emanado de la portación del arma y del
moldeado de su preparación reaccionaria.
Por el contrario, vemos
el conflicto como una debilidad importante del gobierno y de los patrones al
destruirse el falso relato sostenido siempre.
Finalmente el gobernador
Pullaro, aliado de las bandas narcopoliciales,
estableció un ingreso básico antes de adicionales de $1.300.000,00 para
todos los policías y la medida de fuerza se levantó. ¡¡¡Ojalá el conjunto de los
trabajadores tuvieran esos recursos para sus reclamos!!!
PEDRO RODRIGUEZ
Desde Rosario- Militante Social

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