DISCURSO DEL
PRIMER MINISTRO DE CANADÁ, MARK CARNEY, EN EL FORO DE DAVOS 2026 – PARTE 3
Queridos compañeros, amigos y
oyentes de El Club de la Pluma, desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con
nuestro acostumbrado abrazo por la unidad latinoamericana.
El programa de la semana pasada
fue la segunda parte de la lectura completa del discurso pronunciado por Mark Carney, el Primer
Ministro de Canadá, donde hizo una descripción bastante completa de la forma en
que su país estaba respondiendo ante los abusos del bully, con calma y
contundencia, para llevar a su país a una cada vez menor dependencia comercial
de los Estados Unidos, mientras sugiere cómo, en equipo con el resto del mundo,
podemos encontrar alternativas comerciales y financieras para escapar de la
presión de los poderosos. Su discurso en Davos concluyó de la siguiente manera:
“En materia de soberanía en el
Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y respaldamos plenamente
su derecho exclusivo a determinar su futuro. Nuestro compromiso con el artículo
5 es inquebrantable.
Colaboramos con nuestros
aliados de la OTAN (incluido el grupo de los ocho países nórdicos y bálticos)
para hacer más seguros los flancos norte y oeste de la Alianza, en particular
mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares trans-horizonte,
submarinos, aviones y el despliegue de militares sobre el terreno. Canadá se
opone firmemente a la imposición de aranceles relacionados con Groenlandia y
pide que se mantengan conversaciones específicas con el fin de alcanzar los
objetivos comunes de seguridad y prosperidad para el Ártico.
En materia de comercio
plurilateral, apoyamos los esfuerzos por tender un puente entre la Asociación
Transpacífica y la Unión Europea, con vistas a crear un nuevo bloque comercial
de 1.500 millones de personas.
En lo que respecta a los
minerales críticos, estamos formando clubes de compradores arraigados en el G7
para permitir que el mundo se diversifique y escape a la concentración de la
oferta.
En materia de inteligencia
artificial, cooperamos con democracias que comparten nuestros puntos de vista
para evitar vernos finalmente obligados a elegir entre potencias hegemónicas y
proveedores a gran escala.
No se trata de un
multilateralismo ingenuo. Nuestro enfoque tampoco se basa en instituciones
debilitadas. Consiste en establecer coaliciones eficaces, en función de los
retos, entre socios que comparten suficientes puntos en común para actuar
juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de los países.
Y consiste en crear una amplia
red de conexiones en los ámbitos del comercio, la inversión y la cultura, en la
que podamos apoyarnos para afrontar los retos y aprovechar las oportunidades
que se nos presenten.
Las potencias medias deben
actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú.
Las grandes potencias pueden
permitirse actuar solas. El tamaño de su mercado, su capacidad militar y su
poder les permiten imponer sus condiciones.
No es el caso de las potencias
medias. Cuando negociamos sólo a nivel bilateral con una potencia hegemónica,
lo hacemos desde una posición de debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece.
Competimos entre nosotros por ser los más complacientes.
Eso no es soberanía. Es fingir
ser soberano mientras se acepta la subordinación.
En un mundo marcado por la
rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones:
competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía que
tenga peso.
No debemos permitir que el auge
de las potencias duras nos impida ver que la legitimidad, la integridad y las
normas mantendrán su fuerza si decidimos ejercerlas juntos.
Lo que me lleva de vuelta a
Havel.
Para las potencias medias, ¿qué
significa «vivir en la verdad»?
Es nombrar la realidad. Dejar
de invocar el «orden internacional basado en normas» como si aún funcionara tal
y como se nos presenta. Llamar al sistema por su nombre: un período de
intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más
fuertes actúan según sus intereses utilizando la integración económica como
arma de coacción.
Es actuar de manera coherente.
Aplicar las mismas normas a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias
medias critican la intimidación económica por parte de unos, pero guardan
silencio cuando proviene de otros, dejamos el cartel en el escaparate.
Es poner en práctica aquello en
lo que afirmamos creer. En lugar de esperar a que se restablezca el antiguo
orden, crear instituciones y celebrar acuerdos que desempeñen la función que se
supone que deben desempeñar.
Y es reducir la influencia que
permite la coacción. Todo gobierno debería dar prioridad a la creación de una
economía nacional fuerte. La diversificación internacional no es sólo una
cuestión de prudencia económica, sino también la base material de una política
exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posiciones de
principio al reducir su vulnerabilidad a las represalias.
Canadá tiene lo que el mundo
busca. Somos una superpotencia energética. Contamos con importantes reservas de
minerales críticos. Tenemos la población más instruida del mundo. Nuestros
fondos de pensiones se encuentran entre los inversores más importantes y
sofisticados del mundo. Contamos con capital, talento y un gobierno con una
enorme capacidad financiera que le permite actuar con determinación. Y nos
adherimos a valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad
pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre.
La población canadiense sigue comprometida con la sostenibilidad.
Somos un socio estable y fiable
en un mundo que no lo es en absoluto, y que establece y valora las relaciones a
largo plazo.
Canadá tiene algo más: la
conciencia de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en
consecuencia.
Entendemos que esta ruptura
exige algo más que una simple adaptación. Exige honestidad sobre la realidad
del mundo tal y como es.
Retiramos el cartel del
escaparate.
Sabemos que el antiguo orden no
volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia.
Pero a partir de esta ruptura,
podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.
Esa es la tarea de las
potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de
fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de verdadera cooperación.
Los poderosos tienen su poder.
Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar
a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar
juntos.
Este es el camino que ha
elegido Canadá. Lo hemos elegido abiertamente y con confianza.
Y es un camino abierto a
cualquier país que desee seguirlo con nosotros”
La próxima semana haremos un
análisis de las tres partes de este discurso, ya que contiene elementos clave
de lo que puede ser la respuesta colectiva de los países en esta coyuntura
global. Hasta entonces, compañeros, un fuerte abrazo.
MAURICIO
IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo
Especialista
En Estudios Socio-Ambientales
PARA SABER MÁS
Video discurso del PM Mark
Carney en Davos 2026 - Enlace
https://www.youtube.com/live/uStuQ-TbL9k
Texto del discurso del PM Mark
Carney en Davos 2026 - Enlace

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