RADIO EL CLUB DE LA PLUMA

viernes, 30 de enero de 2026

EL FOTÓN Y EL SAQUEO - PEDRO RODRIGUEZ

 

EL FOTÓN Y EL SAQUEO

 


 

 Nos pasan por arriba y casi llegan a asfixiar cualquier forma de pensamiento que contradiga el sentido común instalado y potente, como tal vez no se haya visto en toda la historia humana. Somos pocos (en relación a la población general) los que decidimos hacer consideraciones teóricas y acciones contra la hegemonía, instalada cómodamente en nuestros medios de comunicación, sin duda la forma preponderante en que se instalan ideas y posiciones hoy en el mundo. Pero mientras tengamos palabras vivas no han de callarnos: "decidimos hacer consideraciones", dije recién, pero debe aclararse que más que una decisión, lo nuestro es imposibilidad de actuar de otro modo. Estamos determinados (ojo con esta palabrita) por nuestra historia y nuestra experiencia.

 

 Todo el que haya visto Terminator recordará una aseveración que se hace en la película:  "El futuro no está escrito.  No hay destino más que el que nosotros mismos creamos". Puede resultar ridículo que apelemos a una ficción norteamericana para comenzar nuestra argumentación, pero tal vez sirva para sostener lo que ya ha sido dicho por gran cantidad de verdaderos pensadores y teóricos. Vamos a meternos en una cuestión que viene creciendo como tendencia en la divulgación científica, hoy crucial en el desarrollo propagandístico e ideológico. Hablamos de los descubrimientos recientes en el campo de la física cuántica (sorprendería a alguien que nos enfoquemos en esto, cuando hasta médicos, esto es, empresas, blablean sobre ella para mejor vender sus aparatitos de última generación, por decir sólo un ejemplo penoso).

 

 La cuántica pudo comprobar que un fotón (Un fotón es la partícula elemental que constituye la unidad básica de la radiación electromagnética, incluyendo la luz visible, los rayos X, los rayos gamma, la luz ultravioleta, la infrarroja, las microondas y las ondas de radio.) un fotón, decíamos, muestra una dualidad extraña: puede comportarse como onda o como partícula (a lo que se llama "dualidad onda-partíçula") y su estado depende de que se lo observe o no. Esta afirmación ha conllevado innumerables opiniones absurdas y pseudo teorías acerca de la realidad. Sin que seamos físicos, atendiendo a que todo discurso se sostiene en "simple" lenguaje humano, podemos preguntarnos, por ejemplo: ¿Cómo "sabe" un fotón que lo estás observando?

 

 Los fotones no tienen ojos, no “saben” que los miras y tampoco reaccionan a tu intención. Entonces… ¿por qué cambian si se los observa?

La clave está en esto: "mirar" en física cuántica no significa observar con los ojos, significa INTERACTUAR.

 

 Para saber dónde está un fotón, tienes que golpearlo con algo: otro fotón, un detector, un campo electromagnético. Y ese contacto, por mínimo que sea, altera su estado.

Un fotón se comporta como onda cuando no lo forzamos a decidir.

 Pero en el momento en que intentamos medirlo, lo obligamos a comportarse como partícula. No porque quiera, sino porque el sistema de medición rompe la superposición.

 Es como si el universo funcionara así:

 Mientras no preguntes, todo puede ser muchas cosas a la vez.

 Cuando preguntas, la realidad elige una sola respuesta.

 

 No es que el fotón cambie porque lo miras…cambia porque no existe una forma de observarlo sin INTERVENIR. Muchos ya han salido a decir que es inquietante, porque si así es la realidad, tal vez no esté completamente definida hasta que interactuamos con ella. Y es acá donde se cuela, furtiva, en las sombras, la confusión de dos mundos: el mundo del fotón, de escala microscópica y nuestro mundo humano, grosero y SOBREDETERMINADO por la historia y la sociedad en que vivimos (un ejemplo que hemos dado hasta el hartazgo en la docencia es el de la lengua materna: estaríamos en una "indefinición cuántica" idiomática hasta que hablamos por primera vez, pero esa indefinición no es tal: nos determina la sociedad en la que madre y padre viven o han vivido, de oTRo modo en Argentina se hablaría cualquier idioma en proporción más o menos parecida).

 

 A algunos de los que trabajamos esta columna nos ha interesado siempre hacer algunas consideraciones sobre lo que se llama "Determinismo", corriente teórica a la que adherimos si se la cierne adecuadamente. No podemos hoy más que ponerlo sobre el tapete, pero sostenemos que si es necesario volver a pensar desde el inicio para corrernos del gran cúmulo de mentiras y confusiones instaladas desde el poder, lo haremos cuantas veces se necesite. Como se dijo en Terminator, el futuro no está escrito y lo creamos nosotros, pero a condición de saber que en nuestra historia están las claves que nos permitirán hacerlo. Sostener la resistencia entre los que queremos un futuro distinto, debatir cuanto se necesite en nuestro campo, teniendo siempre presente que compartimos intereses concretos y enemigos concretos.

 

 El mundo ha cambiado radicalmente, nosotros hemos cambiado, pero algo sigue como siempre: las condiciones materiales de vida siguen tal como las conocimos siempre, y luchar por mejorarlas, frente al saqueo y el crimen del poder real, es lo único que podremos hacer. Sin unidad de los trabajadores no haremos más que darle pasto a las fieras.

 

 

 

PEDRO RODRIGUEZ

Desde Rosario- Militante Social

 

 

 

DISCURSO DEL PRIMER MINISTRO DE CANADÁ, MARK CARNEY, EN EL FORO DE DAVOS 2026 – PARTE 1 - MAURICIO IBÁÑEZ

 

DISCURSO DEL PRIMER MINISTRO DE CANADÁ, MARK CARNEY, EN EL FORO DE DAVOS 2026 – PARTE 1

 


 

Apreciados oyentes, amigos y compañeros de El Club de la Pluma, soy Mauricio Ibáñez, es un placer estar de regreso con ustedes desde Colombia en este espacio de noticias, reflexión y opinión. Como siempre, los saludo con un fraternal abrazo por la unidad de nuestra patria grande. 

 

Durante este tiempo de descanso que los columnistas de este programa tuvimos desde finales de diciembre hasta ahora, que estamos retomando esta actividad, han pasado cosas tan sorprendentes, tan graves y absurdas en el mundo y en nuestros países, que no veíamos la hora de reiniciar nuestras columnas de la mano de nuestros queridos conductores y amigos Norberto y Gaby. Bueno, poco a poco nos iremos poniendo al día con nuestros oyentes, pues hay mucho de qué hablar, pero hay aún más que hacer.

 

La columna de hoy, y probablemente la de la próxima semana, las dedicaré a un suceso interesante que aconteció durante el foro económico mundial 2026, celebrado en Davos, Suiza del 19 al 23 de enero. Llamado también “el club de los ricos”, es un evento que reúne a los líderes de las potencias del G7 y G20 con otros jefes de estado y de gobierno, y supuestamente define el rumbo de las políticas económicas del mundo. Digo “supuestamente”, porque en estos tiempos no se sabe.

 

Uno de los discursos iniciales del Foro fue ofrecido por el señor Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, y se volvió viral en los medios por tratarse de una pieza de valor histórico que resume de manera directa y contundente, sin abandonar el lenguaje “políticamente correcto”, la situación que el mundo atraviesa en manos de un enajenado mental cuyo nombre nunca pronuncia, pero que todos identificamos como quien está sentado en el trono más poderoso y explosivo del planeta.

 

Algunos detalles sobre Carney: nacido en 1965 en Fort Smith, Canadá, es un economista de la Universidad de Harvard con maestría y doctorado en economía en la universidad de Oxford. La mayor parte de su vida ha transcurrido en el mundo de las finanzas. Dirigió magistralmente el Banco Central de Canadá durante la crisis económica de 2008 y fue gobernador del Banco de Inglaterra durante la crisis financiera desencadenada por el Brexit. Ha trabajado con Naciones Unidas para la Acción Climática y Finanzas. Es el primer político canadiense que llega al cargo de Primer Ministro sin haber tenido experiencia en cargos de elección popular. Es miembro del Partido Liberal de Canadá y su filosofía política no está claramente definida, aunque se le podría identificar como de centroderecha. Asumió el cargo de Primer Ministro de Canadá el 14 de marzo de 2025, tras la renuncia de Justin Trudeau, y tiene un gobierno de mayoría opositora.

 

Carney llega al Foro de Davos con varios logros tempranos, como la reducción sustancial de barreras comerciales interprovinciales para fortalecer el comercio interno del país, la diversificación de los mercados, incluyendo acuerdos de reducción de aranceles con China y la ampliación de las relaciones económicas de Canadá con Asia, Europa y Medio Oriente, en un exitoso esfuerzo por reducir la dependencia comercial de los Estados Unidos.

 

En la primera parte de este programa les leeré parte del potente discurso que pronunció durante la apertura del Foro de Davos el pasado 20 de enero. Es un texto que resume la actual situación mundial, y si lo desligamos de posiciones e ideologías políticas, creo que es una pieza que vale la pena mantener en la memoria. En este evento, el Primer Ministro Carney dijo lo siguiente: 

 

“Es un placer, y un deber, estar entre ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.

 

Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción.

 

Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

 

El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.

 

Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias.

 

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como una lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma.

 

Ante esta constatación, los países tienden en gran medida a seguir la corriente para mantener buenas relaciones. Se adaptan. Evitan los conflictos. Esperan que este conformismo les garantice la seguridad.

 

No es así.

 

¿Cuáles son entonces nuestras opciones?

 

En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo ha podido mantenerse un sistema totalitario?

 

Su respuesta comienza con la historia de un frutero. Cada mañana, coloca un cartel en su escaparate: «¡Trabajadores de todos los países, únanse!». Él no cree en ello. Nadie cree en ello. Pero lo coloca de todos modos, para evitar problemas, mostrar su cooperación, pasar desapercibido. Y como todos los comerciantes de todas las calles hacen lo mismo, el sistema sigue funcionando.

 

No sólo por la violencia, sino por la participación de los ciudadanos de a pie en rituales que saben perfectamente que son falsos.

 

Havel lo llamaba «vivir en la mentira». El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: en cuanto una sola persona deja de actuar así, en cuanto el frutero retira su letrero, la ilusión comienza a desmoronarse.

 

Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles.

 

Durante décadas, países como Canadá han prosperado gracias a lo que llamábamos el orden internacional basado en normas.

 

Nos hemos adherido a sus instituciones, hemos alabado sus principios y nos hemos beneficiado de su previsibilidad. Gracias a su protección, hemos podido aplicar políticas exteriores basadas en valores.

 

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima.

 

Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los mecanismos de resolución de controversias.

 

Así que colocamos el letrero en el escaparate. Participamos en los rituales. Y, por lo general, evitamos señalar las discrepancias entre la retórica y la realidad.

 

Este compromiso ya no funciona”.

 

Termino acá la primera parte de esta transcripción y nos vemos la próxima semana.

 

 

MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia -Biólogo

Especialista En Estudios Socio-Ambientales