EL ALGORITMO, O LA NAVAJA EN MANOS
DEL MONO
Ya hemos recibido cuestionamientos sobre nuestra decision de
hablar de temas en los que somos expertos, como el abordado en la columna
anterior. Nuestra respuesta es que si no lo hacemos, NADIE DEFENDERÁ nuestros
intereses en disciplinas que están en manos del poder real. El poder real HOY
manda con la fabulosa tecnología de su lado. Esperamos entonces que agucen la
crítica, que se oriente más al contenido efectivo de nuestro decir que al
reclamo de autorización, que es a todas luces la que otorga... el poder real.
Intentemos mostrar algo de lo que investigamos: ¿qué es un algoritmo? Un algoritmo es un conjunto
ordenado, finito y preciso de pasos o instrucciones que se siguen
para realizar una tarea.
Los algoritmos, especialmente los utilizados por plataformas
digitales y sistemas de inteligencia artificial, están diseñados para analizar
grandes volúmenes de datos y personalizar la experiencia del usuario. Esto
incluye determinar qué contenido se muestra en redes sociales, qué noticias
llegan a cada persona, cómo se recomiendan productos o servicios, y hasta cómo
se gestionan decisiones en sectores como la justicia o el empleo.
Algoritmos de redes
sociales manipulan el flujo de información mediante mecanismos
como los filtros burbuja, que restringen el acceso a
opiniones diversas y refuerzan creencias existentes, lo que puede llevar a la
radicalización o a la desinformación. Estos sistemas priorizan
contenidos que generan mayor interacción, como los que provocan emociones
fuertes, lo que influye en la percepción pública y en el comportamiento
colectivo.
En el ámbito político y
social, los algoritmos pueden afectar elecciones, movilizaciones
ciudadanas o la difusión de ideas. Por ejemplo, durante eventos como
elecciones o crisis sanitarias, la personalización de contenidos puede
favorecer ciertos mensajes, NO afectando SINO CONSTRUYENDO opinión pública.
Además, estudios como el del MIT sobre coches autónomos muestran que los
algoritmos también pueden tomar decisiones morales basadas en patrones
sociales.
El poder de los
algoritmos no reside solo en su capacidad técnica, sino en su invisibilidad y
falta de transparencia. Debido a que muchas veces operan como
"cajas negras" con código privado, es difícil que los usuarios o
incluso reguladores comprendan cómo funcionan, lo que genera riesgos de
manipulación, sesgos y pérdida de autonomía individual.
Por tanto, el manejo de algoritmos
puede decidir, de forma indirecta pero poderosa, sobre la acción de la
población, al moldear qué información se recibe, qué opciones se
presentan y cómo se toman decisiones.
Cuenta Tiziano
Piccardi, miembro del Instituto de Ciencia de Datos e IA de Universidad Johns
Hopkins: "utilizamos un modelo de lenguaje para identificar publicaciones
que probablemente polarizarían a los usuarios, como aquellas que promueven la
violencia política o el encarcelamiento de miembros del partido contrario.
Estas publicaciones no fueron eliminadas; simplemente se clasificaron más abajo
en las noticias, obligando a los usuarios a desplazarse más para verlas, lo que
redujo NOTABLEMENTE su exposición.
Llevamos a cabo este experimento durante diez días, en las
semanas previas a las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2024. Descubrimos
que limitar la exposición al contenido polarizador mejoró de forma medible lo
que los participantes pensaban sobre los miembros del partido contrario y
redujo sus emociones negativas al desplazarse por sus noticias. Es de destacar
que estos efectos fueron similares independientemente del partido político, lo
que sugiere que la intervención beneficia a todos los usuarios, sin importar su
afiliación. ¿Por qué es importante? Los algoritmos de noticias
generalmente están diseñados para captar tu atención y, por lo tanto, tienen un
impacto significativo en tus actitudes, tu estado de
ánimo y tu percepción de los demás. " Palabras de Piccardi, hasta
aquí.
Entones, nos preguntamos: ¿qué acciones pueden
desarrollarse para resistir esta embestida furiosa, qué nos toca pensar acerca
de las formas para darle pelea? A diario vemos que en el país se desarrollan
luchas justas por el salario, las jubilaciones, los derechos del trabajador.
Son luchas imprescindibles, pero debemos extenderlas.
Dice Agamben: "Las instituciones dominantes parecen haber
extraviado su sentido y se están quitando literalmente de en medio, dejando
paso a una anomia, a una ausencia de ley que se pretende, por así decirlo,
legal, pero que ha abdicado de hecho de toda legitimidad. Como hoy muestran los
Estados Unidos sin escrúpulo alguno, el «hombre de la anomia», el «sin ley»,
designa la figura del poder estatal que, dejando caer los principios
constitucionales y éticos que tradicionalmente lo limitaban y, con ellos, «el
amor por la verdad», se confía a los «signos y a los falsos prodigios» de las
armas y de la tecnología. Es esta confusión de anarquía y de legalidad en un
estado de excepción convertido en permanente lo que debemos desenmascarar y
volver inoperante en todos los ámbitos.
"
Hablar desde la verdad de la carne (lo que hemos
llamado condiciones materiales de vida) que no miente y desde la rebeldía que
se niega a aceptar la nada como destino.
Esa es nuestra última frontera: la negativa a ser nada en un mundo que nos invita, cada día, a desaparecer.
Desde Rosario- Militante Social

No hay comentarios:
Publicar un comentario