DISCURSO DEL
PRIMER MINISTRO DE CANADÁ, MARK CARNEY, EN EL FORO DE DAVOS 2026 – PARTE 2
Queridos compañeros, amigos y
oyentes de El Club de la Pluma. Desde Colombia los saluda Mauricio Ibáñez, con
mi acostumbrado abrazo por la unidad latinoamericana.
En el programa anterior inicié
la lectura del discurso pronunciado por el Primer Ministro de Canadá, el
Economista Mark Carney, quien hizo una poderosa síntesis de la situación
mundial actual, donde comenzó explicando cómo los países nos habíamos acomodado
a un sistema en el que todos aceptábamos la existencia de unas reglas globales
y un orden mundial que no cuestionábamos, o por lo menos aparentábamos aceptar,
hasta que el abuso y la intransigencia de un gobierno, que no una nación, nos
mostró que vivíamos en una gran mentira ante la cual no tenemos más remedio que
reaccionar.
Continúo entonces con las
palabras del Primer Ministro:
“Permítanme ser directo:
estamos en plena ruptura, no en plena transición.
Durante las dos últimas
décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica—
ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema.
Más recientemente, las grandes
potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de
presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio
de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.
Es imposible «vivir en la
mentira» de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se
convierte en la fuente de tu subordinación.
Las instituciones
multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias, entre otras la OMC,
las Naciones Unidas y la COP, que constituyen la arquitectura de la resolución
colectiva de los problemas, se han debilitado considerablemente.
Muchos países llegan a las
mismas conclusiones. Deben reforzar su autonomía estratégica en los ámbitos de
la energía, la alimentación, los minerales críticos, las finanzas y las cadenas
de suministro.
Esta reacción es comprensible.
Un país que no puede garantizar su suministro alimentario, energético o su
defensa tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes
protegerte tú mismo.
Sin embargo, seamos realistas
sobre las consecuencias de esta situación. Un mundo compartimentado será más
pobre, más frágil y menos sostenible.
Hay otra verdad: si las grandes
potencias renuncian incluso a fingir que respetan las normas y los valores para
ejercer su poder sin trabas y defender sus intereses, las ventajas del
«transaccionalismo» se vuelven difíciles de reproducir. Las potencias
hegemónicas no pueden sacar provecho indefinidamente de sus relaciones.
Los aliados buscarán
diversificarse para hacer frente a la incertidumbre. Recurrirán a mecanismos de
protección. Multiplicarán sus opciones. Y eso les permitirá reafirmar su
soberanía, antes basada en normas, pero que cada vez se basará más en su
capacidad para resistir a las influencias externas.
Como he mencionado, esta
gestión clásica de los riesgos tiene un coste, pero es posible compartir las
inversiones relacionadas con la autonomía estratégica y la protección de la soberanía.
Es más ventajoso invertir colectivamente en la resiliencia que construir cada
uno su propia fortaleza. La adopción de normas comunes reduce la fragmentación.
Las complementariedades benefician a todos.
La cuestión para las potencias
medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos
hacerlo. Se trata más bien de determinar si nos adaptamos simplemente
construyendo muros más altos o si podemos mostrar más ambición.
Canadá fue uno de los primeros
países en tomar conciencia de la situación, lo que nos llevó a modificar
fundamentalmente nuestra orientación estratégica.
Las y los canadienses
comprenden que nuestra concepción tradicional y tranquilizadora de que nuestra
situación geográfica y nuestras alianzas nos garantizaban automáticamente la
prosperidad y la seguridad ya no es válida.
Nuestra nueva estrategia se
basa en lo que Alexander Stubb ha denominado «realismo basado en valores», es
decir, nuestro objetivo es combinar principios y pragmatismo.
Nos mantenemos fieles a
nuestros principios en lo que respecta a nuestros valores fundamentales:
soberanía e integridad territorial, prohibición del uso de la fuerza salvo en
los casos previstos en la Carta de las Naciones Unidas y respeto de los
derechos humanos.
Somos pragmáticos porque
reconocemos que los avances suelen ser graduales, que los intereses divergen y
que no todos nuestros socios comparten necesariamente nuestros valores.
Colaboramos de forma abierta, estratégica y lúcida. Aceptamos plenamente el
mundo tal y como es, sin esperar a que se convierta en el que nos gustaría ver.
Canadá adapta sus relaciones
para que su alcance se corresponda con sus valores. Damos prioridad a un amplio
diálogo para maximizar nuestra influencia, en un contexto en el que el orden mundial
es particularmente inestable, los riesgos son elevados y los retos para el
futuro son considerables.
Ya no dependemos únicamente de
la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Consolidamos esta fuerza en
nuestro país.
Desde que mi Gobierno asumió el
poder, hemos reducido los impuestos sobre la renta, las ganancias de capital y
las inversiones de las empresas, hemos eliminado todos los obstáculos federales
al comercio interprovincial y estamos acelerando la implementación de
inversiones por valor de un billón de dólares en los ámbitos de la energía, la
inteligencia artificial y los minerales críticos, en la creación de nuevos
corredores comerciales y en muchas otras cosas.
Estamos duplicando nuestro
gasto en defensa para 2030 y lo estamos haciendo de manera que se refuercen
nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando
rápidamente en el extranjero. Hemos establecido una asociación estratégica
global con la Unión Europea que incluye nuestra adhesión a la iniciativa SAFE
sobre acuerdos europeos de suministro en materia de defensa.
En los últimos seis meses,
hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro
continentes.
En los últimos días, hemos
establecido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar.
Actualmente estamos negociando
acuerdos de libre comercio con la India, la Asociación de Naciones del Sudeste
Asiático, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.
Para contribuir a la resolución
de los problemas mundiales, damos prioridad a una geometría variable, es decir,
nos adherimos a diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, en función
de los valores e intereses comunes”.
Hasta aquí la segunda parte de este discurso. La próxima semana concluiremos la lectura de esta pieza que ya empieza a arrojar una luz sobre cómo podemos reaccionar ante el abusador, generando fuerzas internas y uniendo a los débiles.
MAURICIO IBÁÑEZ – Desde Colombia
-Biólogo
Especialista En Estudios Socio-Ambientales

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