RADIO "EL CLUB DE LA PLUMA"

sábado, 27 de septiembre de 2014

ANOREXIA INTELECTUAL…

ANOREXIA INTELECTUAL…

 Para comenzar este editorial, en primer lugar debemos revisar algunos conceptos y/o definiciones.
 Sobre Anorexia, el Ministerio de Salud de la Nación Argentina, dice que: “…Es un trastorno alimenticio que altera la relación de la persona con la comida.
Se caracteriza por la obsesión de perder peso. La persona limita exageradamente la ingesta de alimentos al punto de poner en riesgo su vida. Se sufre además una distorsión de la percepción: la persona con anorexia se ve con sobrepeso, a pesar de estar muy por debajo de los parámetros saludables. (…) Los síntomas más notorios son el rechazo a la comida y la insatisfacción con el propio cuerpo. Hacen una dieta muy estricta y están obsesionados por su apariencia. (…)Esta enfermedad puede aparecer acompañada por otros desórdenes, como ansiedad, depresión y otras adicciones…” 1

Los trastornos alimenticios que se padecen por esta enfermedad, llevan a perder en la mayoría de los casos, el sentido de la realidad –sería para otro editorial barajar especulaciones respecto de lo que podríamos considerar como realidad-. Esa distorsión no sólo afecta a quien la padece, sino que también a quienes tienen relación o vínculos con la persona afectada. Esa distorsión, además, presume una alteración continua del ánimo.  Las dificultades para relacionarse afectivamente con otros son tales que hay quienes no perciben la enfermedad y pueden asociar el comportamiento a otras razones.
La detección temprana de la afección, puede lograr que la misma no avance hasta un estado de peligrosidad para quien la padece.

Tomando en cuenta esta breve descripción que, no caprichosamente asociamos a una nota que circula por las redes sociales titulada “La anorexia sexual, un mal en aumento”, donde se explica que “…Al igual que el anoréxico tradicional deja de ingerir alimentos y huye de la comida como de la peste, el sexual empieza a rechazar todo lo relacionado con el sexo hasta convertirlo en una obsesión que domina su vida por completo (…) se trata de un mecanismo mental autodestructivo de lo más preocupante, y suelen tener orígenes comunes: sentimiento de soledad, excesivo nivel de exigencia, percepción distorsionada del propio cuerpo, inseguridad, autodesprecio, complejo de inferioridad…” 2 Decíamos, tomando en cuenta todo ello, se nos presentó la posibilidad de vincular la anorexia con lo intelectual.

Podríamos hacer referencia a la pereza intelectual, tal vez, para hablar o comentar sobre diversas actitudes por parte de algunas gentes. La práctica de la lectura consciente, crítica, de análisis sobre lo que se lee y se percibe, muchas veces es una ausencia en la misma acción.
Los medios de “comunicación”, en la gran mayoría de los casos, haciendo un abuso discrecional sobre la manipulación tanto de encabezados como de contenidos, direccionan mensajes a sabiendas de la posible precariedad intelectual, a la hora de su lectura.
Esa precariedad muestra por lo general, a una actitud casi despreocupada por la veracidad de contenidos y sus titulares. La presunción de que “si la prensa lo dice debe ser así”, condiciona de antemano la información que se recibe y descarta una posible opinión posterior.

Asimismo y en la misma línea, el comportamiento que se asume en relación a la información que circula por redes sociales, decanta en una inexistente verificación de la misma para comprobar su veracidad. Salvo quienes dedican su actividad a la comunicación, el resto presupone que lo que se “informa” es así. No hay una lectura crítica, de análisis y profundización del contenido. Es mucho más sencillo, “más descansado” tomar la información tal como viene. Y no lo consideramos pereza intelectual, lo consideramos “anorexia intelectual” porque la misma atenta con la formación del intelecto de cada individuo que decide no asumir una actitud responsable sobre lo que le ingresa a nivel mental. Ello no sólo es perjudicial para ese individuo, sino también para el conjunto.

En educación se han valido de la “anorexia intelectual” para profundizar una colonización mental alienante, “bajando línea” sobre determinados conceptos, fudamentalmente en lo que respecta a historia, hechos y actores, formateando pseudos conocimientos que posibilitasen no sólo la manipulación del conjunto, sino que además imprimían el pre concepto de no discutir ni indagar para desentrañar la verdad, porque ella era dada por el poder instituido.

Comunicación y educación, herramientas fundamentales para el control o liberación poblacional, han sido las que posibilitaron la proliferación de un importante caudal de seres anoréxicos intelectuales. Se consume escasamente lo que se brinda, sin alimentar de manera sana y efectiva a la mente, rechazando toda posibilidad de incorporar aquellos conocimientos que coadyuven al fortalecimiento del intelecto, del pensamiento crítico, la investigación consciente y el análisis de lo que se recibe, lográndose una percepción distorsionada.

En oportunidades esta “anorexia intelectual” se combina con una importante cuota de “bulimia intelectual”: se ingiere la deformada información y se la vomita al resto para descargar la mente de un supuesto saber, que poco interesa, afectando y contagiando la deformación informativa.
En ambos casos hay una oculta insatisfacción; insatisfacción que pareciera resolverse en un círculo casi interminable de recibir, disimular comprender, expulsar y vaciar.

Cuando ponemos en consideración información relacionada, por ejemplo, a las estrategias de dominación del poder mundial, que son variadas y muy efectivas, pocas veces se ingiere dicha información y mucho menos se profundiza en su investigación, y en casos se “vomita” una respuesta del tipo: “éstos loquitos con la fábula de las teorías conspirativas”.

El poder mundial se vale de diversas estrategias, pero también se vale de la precariedad intelectual de muchos seres para alcanzar sus objetivos. Esa precariedad, más allá de algunas excepciones, es voluntaria. Está la decisión de no asumirse responsable para cultivar el intelecto, mejorarlo, fortalecerlo y despreciar cualquier intento o posibilidad que nos conduzca a un cambio de actitud.

Trataremos de dar con algún ejemplo que pueda servirnos para clarificar mejor lo que pretendemos transmitir. Cuando el Secretario General de Naciones Unidas Sr. Ban Ki Moon en la 69º reunión de esa institución hacía referencia a: “…conflictos en países como Siria, Irak, Ucrania y varias naciones africanas…”, para agregar luego y sobre lo mismo: “…"Estos grupos extremistas son una clara amenaza a la paz y la seguridad internacionales que requiere una respuesta con varias facetas. Necesitamos una acción decisiva para parar las atrocidades…” 3
Asimismo denunció también que: “…los derechos humanos son "atacados" en todo el mundo…”

Tomando así como vienen sus expresiones, pareciera que hay dos o más películas diferentes, dos o más platos diferentes delante nuestro. No es posible hablar de “conflictos en países como Siria, Irak, Ucrania y varias naciones africanas”, porque lo que hay es una “invasión”.
Sobre los denominados grupos extremistas, en sus expresiones está “reclamando” y “justificando” la intervención, el injerencismo invasor del poder mundial para “…una acción decisiva para parar las atrocidades…” que no es otra cosa que la utilización de la fuerza imperial con la no pocas veces recurrida y falsa excusa de pretender lograr la paz.
Los derechos humanos “no son atacados” en todo el mundo, hay “violación a los derechos humanos”.

Las posibilidades de analizar, discutir y cuestionar expresiones como las expuestas existen, no obstante hay quienes “eligen” tomarlas tal como se difunden y no interpretar el trasfondo que hay en ellas.
Se valen de la “anorexia intelectual” de gran parte de la sociedad para continuar sin variantes sus propósitos por dominar y someter pueblos, explotar sus recursos y bienes y controlarlos para su provecho. El objetivo en este caso: reducir la población mundial a la mitad para el año 2025, tal lo pergeñado por el nefasto Club Bilderberg en el año 2005.
Y ese objetivo será alcanzado mediante aquello que proponía Robert Malthus: enfermedades, muertes, guerras, hambrunas, miserias, etc.

Expuesto todo esto, deberíamos plantearnos qué hacer para revertir la “anorexia intelectual”; cómo contribuir para alimentar el intelecto. Podríamos considerar la acción militante desde cada una de nuestras posiciones para lograr concientizar a quienes nos rodean, sobre cuáles son los peligros a los que estamos expuestos, y que son fortalecidos para la escases de interés en la información.

Decía Krishnamurti respecto de que nos creemos que somos intelectuales, derribando tal vez algunas de nuestras certezas: “…Casi todos hemos desarrollado capacidades intelectuales las llamadas capacidades intelectuales, que en realidad no son en absoluto capacidades intelectuales-, leemos muchísimos libros, nos hemos llenado con lo que han dicho otras personas con sus numerosas teorías e ideas. Creemos que somos muy intelectuales si podemos citar innumerables obras de innumerables autores, si hemos leído muchas variedades diferentes de libros y tenemos la capacidad de correlacionarlos y explicarlos. Pero ninguno de nosotros, o muy pocos, tenemos una concepción intelectual que sea original. Habiendo cultivado el así llamado intelecto, toda otra capacidad, todo otro sentimiento se han perdido, y tenemos el problema de cómo originar un equilibrio en nuestras vidas, a fin de tener no sólo la más alta capacidad intelectual y ser capaces de razonar objetivamente, de ver las cosas exactamente como son, de no estar ofreciendo interminablemente opiniones acerca de teorías y códigos, sino de pensar por nosotros mismos, de ver muy fielmente, por nosotros mismos, lo falso y lo verdadero. Y ésta es, a mi entender, una de nuestras dificultades: la incapacidad de ver, no sólo las cosas externas, sino también la clase de vida interna que uno tiene, si es que tiene siquiera alguna…”   

Creemos que Krishnamurti no derriba certezas, sino más bien profundiza lo que hemos pretendido plantear, trayéndonos también eso de “…ver, no sólo las cosas externas, sino también la clase de vida interna que uno tiene…”para ampliar eso que hemos denominado intelecto y que sólo, en algunos casos, se ha alimentado por la desaforada ingesta de información externa, sin reparar en nuestras esencias.

Debemos reflexionar profundamente sobre esto para re-considerar nuestra posición y actitud, respecto de nuestra responsabilidad como integrantes de un gran cuerpo social, y buscar aquellas alternativas que nos permitan, desde la mirada interior hacia la exterior, reconvertirnos en seres realmente intelectuales.

Que así sea.

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

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