Los discursos y manifestaciones que describen las
lamentables situaciones que se padecen, las expresiones enfervorizadas que
"denuncian" un desastre ya advertido, terminan siendo sólo eso,
palabras, gestos, discursos y descripciones que en nada cambian el panorama que
se padece, ni brindan siquiera la esperanza de acciones inmediatas que puedan
revertir semejante dolor social.
Una amiga en bluesky, Cali, expresa: “Me perdí en la
cronología, pero fue algo así como que el 3% tapó Libra, Espert al 3%, Adorni a
Espert, los créditos del Nación a libertarios a Adorni y unas cuantas
corrupciones menores en el medio. O sea, saltamos de delito en delito para
tapar la realidad, es el humo más tóxico que vi en mi vida.”
La historia argentina está atravesada por ya casi
incontables, por lo recurrentes, situaciones en donde el pueblo de a pie ve
frustrados sus sueños y esperanzas, donde las promesas de campañas electorales
se diluyen y quedan mezcladas en el fango de mentiras, actos de corrupción,
violaciones de derechos y garantías, crímenes de todo tipo cometidos por el
mismo Estado que debería evitarlos.
La historia argentina tiene infinidad de heridas que cada
tanto vuelven a sangrar. Pero, lo que se va perdiendo en el transcurso del
tiempo es “la memoria”, ya que la inmediatez que imponen las nuevas tecnologías
y medios van cercenando toda posibilidad de raciocinio, de análisis, de
reflexión y búsqueda de mayor información.
A esa falta de memoria se suma la precarización de nuevas
figuras políticas, modeladas de acuerdo a los intereses de sectores de aparente
invisibilidad, y que condicionan cada acción, cada mensaje, a afirmar su
nefasto poder, siempre en detrimento de la mayoría de las personas, pero en
beneficio de ese inescrupuloso pequeño sector que arrasa con todo a su paso.
No en pocas oportunidades hemos señalado las deficiencias o
errores cometidos en cuanto a la formación educativa, a la reestructuración de
los medios de comunicación y la necesaria y urgente reforma del poder judicial,
con lo cuál se ha abonado el terreno político para facilitar la aparición de
supuestos mesías que, al igual que sectas estafadoras, enarbolaban discursos
grandilocuentes prometiendo acciones cercanas a la venganza, venganza por los
padecimientos originados en la desigualdad, en la pobreza, en la exclusión.
En algún tiempo esos padeceres recalaban en reacciones
populares que se manifestaban cortando rutas, calles, quemando neumáticos,
habilitando ollas colectivas y elaborando métodos de acción para que no sólo se
haga ver el descontento, sino que llevara el mensaje del denominado “poder
popular”.
Eso parece se ha perdido en el tiempo, se ha invisibilizado,
se ha ocultado a las nuevas generaciones para que no se repita el crepitar de
los reclamos y las acciones.
¿Cómo hacer para recuperar la memoria histórica de las
gestas populares que sentaron los precedentes para ponerle un freno al abuso
por parte de un Estado corrupto, estafador, coimero, genocida?
Se suma a la desinformación y manipulación la utilización de
los denominados “planes sociales” que, en principio, eran destinados a paliar
acuciantes situaciones de pobreza extrema y desamparo. A lo largo del tiempo
algunos sectores políticos advirtieron lo ventajoso de la utilización de esos
planes, dado que en lo inmediato se podía “calmar algo de hambre” y a la vez
“cerrar la boca de la protesta”; compran silencio e inacción con unas monedas.
Repasemos un poco en el tiempo los distintos planes y resultados:
En los años 80 (Alfonsín): Nacen las "Cajas PAN"
(Programa Alimentario Nacional) para cubrir la emergencia nutricional, marcando
el inicio de la asistencia social focalizada tras la dictadura, y que llegaba a
un promedio del 1.200.000 familias.
En los años 90 (Menem): Con la crisis del empleo, surge el
"Plan Trabajar" en 1995–1996, enfocado en servicios comunitarios para
desempleados, originando el movimiento piquetero. Éste plan llegaba a más o
menos unas 800.000 personas.
Años 2001-2002: Ante la crisis social masiva, se implementa
el "Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados", con más de 2 millones
de beneficiarios.
Todos estos planes lograron en su momento paliar algo de la
lamentable situación de las familias argentinas, pero no fueron suficientes
para callar los reclamos que fueron en aumento hasta llegar a los fatídicos 19
y 20 de diciembre del 2001.
Luego, iniciado el año 2003, parecía flotar en el aire
social y político algo de esperanza, no obstante continuar los reclamos por una
gran parte del pueblo argentino.
Un trabajo del CONICET se destaca que “El Plan Jefas y Jefes
de Hogar Desocupados subsidió a los desempleados a secas y los caracterizó como
sujetos inactivos. A partir de 2009, cuando nace el PRIST-Plan Argentina
Trabaja, se cambia de fase porque el Estado retoma la otra faceta de los
desempleados: su capacidad autoorganizativa y cooperativa. Este plan fue el
único que incluyó en su nombre el término desocupados.” Para luego destacar que
“desde 2009 a 2015, el plan rector fue el PRIST, cuyo principal requisito fue
la creación de cooperativas para sus beneficiarios. Si en los noventa los
movimientos de desempleados cortaban rutas para financiar los micro
emprendimientos productivos que generaban a los fines de promover ingresos
económicos y lazos colectivos, con el Plan Argentina Trabaja empezó a ser el
Estado quien demandó a los desocupados e informales que se organizaran en
cooperativas para financiarlas con planes.”
Como podemos comprobar la forma en que se implementaron los
distintos planes sociales ha dependido de las intenciones políticas que, en el
último destacado la orientación tuvo en sus efectos una importante generación
de “trabajo genuino”, algo que los anteriores planes no buscaban.
Ante la realidad de estos tiempos, sería saludable que los
sectores "beneficiados" por estos planes fueran capaces de analizar
más allá de la realidad material cuantificable, el efecto desmovilizador que
provoca entre sus filas, el achatamiento de sus aspiraciones y la malversación
de sus sueños de contar con empleos formales, con salarios dignos y coberturas
sociales. Esto es, impedir que el paliativo de las necesidades básicas se
traduzca en una apatía acrítica de la realidad socioeconómica del país, por lo
que sería muy saludable volver a sentir olor a goma quemada.
Que así sea.
Bienvenidas, bienvenidos, bienvenidas a
otra emisión más de El Club de la Pluma por nuestra radio web y la red de
Radios Compañeras y Amigas, que retransmiten el directo en diferido a quienes
agradecemos con un abrazo enorme a la distancia, por la posibilidad que las
voces de la patria, grande y fuerte de ella, se puedan escuchar en otras
regiones, les damos los muy buenos días a la profesora Gabriela Fernández,
¿cómo le va?
Buenos días Norberto, buenos días a toda la
audiencia de El Club de la Pluma. Y aquí estamos reflexionando acerca de esto
de los planes sociales y uno que realmente fue un cambio estructural para los
sectores vulnerados en la Argentina fue la Asignación Universal por Hijo.
La Asignación Universal por Hijo que iba
destinada específicamente a mantener alimentados y educados y vacunados a los
niños, cuidar a las generaciones que vienen. Todo un mensaje tan importante y
tan a la vez contradictorio con la realidad que vivimos hoy, porque esta
realidad de hoy atenta directamente contra los niños. Empezó atentando contra
los discapacitados en particular, haciendo un berrinche público contra un niño
con algo del espectro del TDAH y luego continúa con una realidad socioeconómica
y discursiva que va dejando a los niños a la intemperie de la educación.
A la intemperie que en realidad nunca es
intemperie porque lo que no cubre el estado con sus cuidados lo cubre el
narcotráfico con su utilización de los jóvenes y ahora también los deja como ha
sucedido en Santa Fe armados y asesinando a sus compañeros de escuela. También
acabo de leer otra nota que tres jóvenes en su escuela iban portando armas
blancas. Un panorama desolador que atenta contra la especie.
Hemos señalado en muchas ocasiones que no
hay casi en la naturaleza especies que atenten contra su propia cría. En
general la cría se cuida. Bueno, no está sucediendo ahora.
No brota la indignación. Así como no brota
la indignación por los robos a gran escala que se están cometiendo desde los
cargos del estado. Así como no brota la indignación por los múltiples casos de
corrupción que usted numeró en su editorial.
Así como no brota la indignación por los
desplantes que el primer mandatario hace a los héroes de Malvinas y como atenta
contra los esfuerzos diplomáticos por recuperarlas. La indignación no brota,
pero si no brota ahora cuando atacan a nuestros niños o cuando nuestros niños
son forzados a atacarse entre ellos. No sé qué podemos esperar.
Me parece que todos esos jóvenes que
estaban en las calles en las marchas del 24 tendrían que ser capaces de mirar
también eso. Que esto que está sucediendo es el resultado de que finalmente y
en democracia se aplica el plan económico que vinieron a aplicar los de la
dictadura y que el resultado de ese plan económico es este. Este desamparo de
las mayorías y este desamparo de las nuevas generaciones.
Cuando desamparamos las nuevas generaciones
estamos desamparando a la esperanza misma. Me parece que es tiempo de que
alguna indignación nos inunde y nos dé la posibilidad de salir de este oscuro
horror.
Sí,
mientras estabas haciendo uso de la palabra estaba recordando que en varias
oportunidades hemos mencionado que hemos perdido, venimos perdiendo la batalla
cultural.
Desde aquí decimos no solamente la batalla
cultural sino las batallas culturales, la batalla educativa y la batalla
comunicacional. Cuando mencionas a la mayoría, a la maravillosa cantidad de
jóvenes que participaron en las marchas en todo el país el último 24 de marzo y
creo que entre líneas te preguntas qué pasa que no hay una reacción acorde a
esa dimensión en relación a todo esto que se va padeciendo en la Argentina. Que
no hay una reacción que contrarreste todo esto que se está padeciendo.
Bueno, en las guerras hay las contiendas
bélicas, hay combates, hay batallas, hay escaramuzas y hay guerras
concretamente dichas. Todo depende de la envergadura que cada una conlleve.
Bueno, más allá de que nos vengan ganando las batallas comunicacional,
educativa, judicial, cultural, creo que es hora de retomar el uso de las armas
combativas para hacer frente y hacernos cargo de una resistencia activa,
realmente activa.
Tal vez comenzando con las viejas prácticas
de poner en el aire olor a goma quemada. Bienvenidas, bienvenidos a El Club de
la Pluma.
NORBERTO GANCI –Dirección/Producción/Conducción
Prof. GABRIELA FERNÁNDEZ –Asistencia Técnica/Coconducción
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