¿POLITICA ACTUAL O ESTRUCTURA DEL DESASTRE?
El gobierno de Javier Milei, en su segundo año de gestión,
representa una ofensiva neoliberal radical que busca reestructurar las
relaciones de clase en beneficio del capital financiero y las fracciones
exportadoras más concentradas.
.
Sus políticas de austeridad extrema —recortes al gasto público, eliminación de
subsidios, desregulación laboral— no son meras "medidas técnicas",
sino expresiones de una estrategia de transferencia
regresiva de ingresos desde la clase trabajadora hacia el capital
La
crónica escasez de divisas en Argentina no es un "problema de
gestión", sino una manifestación de la dependencia
estructural del capitalismo periférico. La economía argentina está
subordinada a la exportación de materias primas (soja, litio, Vaca Muerta), con
una burguesía local que opera como intermediaria del capital transnacional. Estos mega pulpos son
especialistas en burlar (y expoliar) al fisco vía la evasión de impuestos.
Esta
estructura exportadora concentrada —donde menos de 20 empresas representan la
mitad de las exportaciones— garantiza que la plusvalía generada por el trabajo
argentino sea drenada hacia el exterior o atesorada en paraísos fiscales,
reproduciendo el subdesarrollo.
La criminalización de la protesta social y la represión a
manifestantes (como en TODAS las luchas de jubilados) expresan la función coercitiva del
Estado cuando la legitimidad ideológica se debilita.
.
La
resistencia obrera y popular —huelgas docentes, tomas de fábrica,
movilizaciones por derechos sociales— constituye la contracara necesaria de
esta ofensiva. El enemigo argumenta que
estas luchas son "obstáculos al progreso", nosotros decimos, en
cambio, que son expresión de la contradicción fundamental
del capitalismo: la oposición entre trabajo y capital (sobre todo cuando
cualquiera advierte que el único "progreso" -eufemismo por
enriquecimiento- lo disfruta menos del 5 % de la población,
La
apología oficial del extractivismo ("lo que hace falta es exportar")
ignora que este modelo:
· Reproduce la división internacional del trabajo que condena a Argentina a ser proveedora de
materias primas.
· Deteriora las condiciones de vida mediante la precarización laboral y el daño
ambiental.
· Concentra la riqueza en pocas manos, mientras socializa los costos.
.
Esta opción no es "realista", sino funcional a los intereses del gran
capital agroexportador y minero.
Entonces:
la salida a la crisis estructural argentina no pasa por "mejorar la
gestión" del capitalismo, sino por:
1. Nacionalización del
comercio exterior bajo control obrero, para que las divisas generadas por el trabajo
colectivo sirvan al desarrollo nacional y no al enriquecimiento privado.
Estatización de la banca y el crédito, para orientar la inversión hacia necesidades
sociales y no hacia la especulación financiera.
2. Organización
independiente de la clase trabajadora, superando la burocracia sindical y
construyendo poder popular desde abajo.
La situación argentina en 2026 confirma la vigencia del
análisis marxista: la crisis no es coyuntural, sino orgánica, expresión de los límites históricos del
capitalismo dependiente. Mientras el gobierno de Milei intensifica la
explotación y la transferencia de riqueza hacia arriba, la única alternativa
progresista radica en la organización autónoma de las clases subalternas y en
la lucha por una transformación socialista de la sociedad.
Las medidas del actual gobierno —devaluación masiva,
reducción drástica del gasto público, privatizaciones, eliminación de
regulaciones laborales— no son simplemente "políticas económicas",
sino una ofensiva de clase del capital financiero
transnacional y las oligarquías locales contra el trabajo asalariado y los
sectores populares.
Desde
esta perspectiva, el "shock" económico no es una corrección técnica,
sino una reconfiguración violenta de las relaciones de
fuerza entre clases, donde el Estado se revela claramente como una mera
junta ejecutiva de la burguesía" (Marx).
Mientras, El colapso electoral del peronismo (Frente de
Todos) y la fragmentación de la izquierda trotskista (FIT-U) revelan la crisis de las formas históricas de mediación política del
conflicto de clases en Argentina:
· El peronismo ya no puede articular una hegemonía alternativa al neoliberalismo; su gestión
anterior (2019-2023) fue esencialmente gestora de la deuda
con el FMI.
· La izquierda parlamentaria queda atrapada en prácticas institucionales que la deslegitiman ante bases
que ya están movilizadas.
Las
movilizaciones sociales (piqueteros, organizaciones
barriales, sindicatos docentes y de salud) representan la lucha
por la reproducción de la vida frente a la mercantilización extrema.
La dimensión internacional
Argentina
funciona como laboratorio de políticas que el capital
global quiere replicar: el experimento "mileísta" tiene respaldo de
fondos de inversión, think tanks internacionales y medios hegemónicos. Esto
confirma la tesis de la internacionalización del capital
y la necesidad de respuestas igualmente internacionalistas (necesitamos
construir solidaridad con pueblos hermanos).
Argentina vive una fase de acumulación por desposesión (o acumulación por ROBO, para decirlo claro) acelerada, donde la democracia formal se mantiene mientras se destruyen las condiciones materiales de la población trabajadora. La pregunta marxista clave es si esta ofensiva generará finalmente las condiciones para una recomposición del sujeto político capaz de ir más allá de la resistencia defensiva.
PEDRO RODRIGUEZ
Desde Rosario- Militante Social

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