DESMITIFICANDO
LA LEYENDA NEGRA RUSA.
¿STALIN
FUE EL MONSTRUO “PINTADO POR LOS ANGLOSAJONES”? Primera parte
Un cálido abrazo a toda la querida audiencia
de EL CLUB DE LA PLUMA. Otro día más, nos encontramos aquí en este espacio de
reflexión compartida. ¡Quédate que lo de hoy, también te va a interesar!
Como anticipamos el domingo pasado, la
presente columna girará en torno a la creación de la leyenda negra rusa; cómo,
históricamente, se fue construyendo un mito en torno a la Unión Soviética y,
sobre todo, de Stalin, recordado como un demonio, a partir de la propaganda
anglosajona. Como decía Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler:
“Cualquier mentira repetida mil veces, acaba convirtiéndose en verdad”. La
línea histórica de construcción de la leyenda negra rusa antisoviética se
inicia con Hitler; luego, Goebbels; William Radolph Hearts, Robert Conquest y,
finalizaremos con Aleksandr Solzhenitsyn.
Los lineamientos conceptuales que seguiremos
serán a partir del Dr. Mario Sousa, historiador sueco de origen portugués, en
su artículo: “Mentiras de la Unión Soviética de Hitler a Robert Conquest y
Aleksandr Solzhenitsyn”, publicado en 1998, reproducido en varios sitios en
Internet. ¿Qué hay de cierto y de falso en los 100 o 150 millones de muertos
del comunismo? Hemos escuchado acerca de los millones de personas que fueron
encarceladas en los campos de trabajo de la Unión Soviética, en los Gulacs,
también como consecuencia del hambre en la época de Stalin y los millones de
opositores que fueron ejecutados. Una y otra vez, estas historias son repetidas
por la radio, la televisión, la prensa, los libros y las películas y se ha ido
incrementando en los últimos cincuenta años. Pero, ¿de dónde procede esa
realidad en las historias de cifras? ¿Y qué información contienen los archivos
de la Unión Soviética de los años secretos, pero desclasificados para la
investigación historiográfica, archivos abiertos por Gorvachov en 1989? ¿Han
confirmado los archivos esas historias?
El Dr. Mario Sousa investigó los archivos de la URSS y fue capaz de dar
información en forma de datos concretos sobre el número auténtico de presos,
los años que pasaban en prisión y el verdadero número de los que murieron y de
los que fueron condenados a muerte en la época de Stalin. Vamos, que tampoco
vamos a romantizar a la Unión Soviética. Sousa demostró que la verdad es
bastante diferente al mito, es que, al liberalismo anglosajón, al capitalismo
como modo de producción superior al socialismo, que es pobreza, miseria y mortandad,
pues no le conviene que esta verdad salga a la luz. Para Sousa hay una conexión
histórica que arranca con Hitler.
El 27 de febrero de 1933 incendiaron el
Parlamento en Berlín, el Reichstag, y acusaron a los comunistas de ser los
responsables. Luego, los nazis ganaron con el 48% del electorado alemán. Se
prohibió al partido comunista y surgieron los primeros campos de concentración.
Esta es la época en la que aparecen los primeros mitos. Los anglosajones
comienzan a apoderarse de la propaganda nazi con Goebbels. Para los nazis,
Ucrania era una parte esencial de su espacio vital; el este de Alemania debía
ser conquistada. Ucrania sería transformada en una región agrícola que
alimentaría a todos; su población sería mano de obra esclava. La aventura imperial
comenzaba: Alemania debía convertirse en un imperio colonial, como los
anglosajones. Y comienza la campaña de mentiras de Goebbels, acciones cometidas
en Ucrania por Stalin, por un hambre catastrófica provocada, para obligar al
campesinado a aceptar la política soviética. Había que preparar a la opinión
pública para la guerra en Ucrania. Esa campaña sobre el genocidio ucraniano no
tuvo mucha difusión. Para entender de dónde vinieron los argumentos
difamatorios sobre la Unión Soviética, la figura de William Radolph Hearts,
magnate multimillonario de la prensa de Estados Unidos es decisiva; construyó
todo un imperio mediático a través de la campaña depredadora que influyó
poderosamente en la población de Estados Unidos de su tiempo. El 1935, fue el
hombre más rico de los medios de comunicación. Creó diarios, semanarios, una
empresa cinematográfica y años más tarde un canal de TV.
Una tercera parte de la población de Estados
Unidos absorbía su bazofia, que abarcaba todos los rincones del país y el resto
del mundo recibía la prensa de Hearts a través de sus agencias. Influyó en la
política estadounidense y mundial durante muchos años. En 1934, fue recibido
por Hitler y se volvió más anticomunista todavía y también sirvió a los
objetivos de la propaganda de Hitler. Terribles exageraciones inventadas sobre
lo malo de la Unión Soviética. Asesinatos, torturas, esclavitud, hambre para el
pueblo, casi a diario. El material de Hearts venía de la Gestapo. Comenzó a
contar historias falsas. La prensa de Hearts era un gran megáfono de la Gestapo
nazi y transformó las mentiras de la Gestapo en verdades. Ya hablaba que
120.000 campesinos ucranianos habían muerto de hambre. Por esos tiempos, hubo
enfermedades epidémicas que se daban en todo el mundo, no sólo en Ucrania. Y las
mentiras continuaban: hambrunas provocadas deliberadamente por el gobierno
comunista en las que sus mentiras parecían verdades y consiguió la adhesión de
la opinión pública de los países capitalistas que se volvieron en contra de la
Unión Soviética. Este es el mito fabricado según el cual millones de personas
morían de hambre.
El filonazi Hearts murió en 1951 y una vez
finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la mentira fue alimentada por la
CIA y el MI5 británico y la guerra de propaganda siempre tuvo un lugar
primordial. La CIA tenía como informantes a los miembros de las SS, la
organización paramilitar del Partido Nazi. Con el gobierno de Reagan, la
campaña volvió a reactivarse. Y aquí aparece otra figura sumamente importante:
el antiguo miembro del servicio secreto británico, Robert Conquest. El espía
británico recibió 80.000 dólares de la asociación nacional de Ucrania para sus
fines propagandísticos. En 1984, escribió el libro “La cosecha del dolor” y, en
1986, para la película “La cosecha de la desesperación” se usó el material del
libro de Conquest. Y aquí el periodista canadiense Douglas Tottle lo desmintió
categóricamente en su libro “Fraude, hambre y fascismo”, publicado en 1987,
quien analizó la falsificación. Observó que las horrorosas fotografías de la
prensa de los niños hambrientos habían sido tomadas de publicaciones del año
1922, durante la guerra civil rusa. Conquest fue el niño mimado por Estados
Unidos y se convirtió en un oráculo de la verdad historiográfica. Fue el
creador de todas las mentiras. Muchos de los héroes que mencionaba en sus
libros habían sido nazis emigrados a los Estados Unidos, criminales de guerra
que actuaron como espías o funcionarios de los servicios secretos de Estados
Unidos o la OTAN. Su estilo era virulento fanático anticomunista.
En 1964, ya escribió que los muertos en
Ucrania no habían sido 6 millones, sino 14 millones. El periódico británico The
Guardian, en 1978, desnudó a Conquest diciendo que usaba los servicios secretos
para manipular la prensa y siguió escribiendo libros como “El gran terror” y
había que asegurarse su difusión. Pero se necesitaba un ruso, imperiosamente, y
fue así como el disidente Aleksandr Solzhenitsyn saltó a la fama en todos los
países capitalistas con su libro “Archipiélago GULAC”, ganador del Premio Nobel
en 1970. Representaba la derecha tradicionalista rusa. Él mismo había sido
condenado por traición en 1946 a ocho años de internamiento. Lo acusaba a
Stalin de haber sido peor que Hitler y Mussolini; vamos que, además, tenía grandes
simpatías por el Führer. La prensa anglosajona lo convirtió en un adalid de la
libertad, los derechos humanos y la democracia, cuando él mismo fue
simpatizante de la Alemania nazi. Nunca fue demócrata. Comenzó a escribir en la
URSS y, en 1962, con la ayuda y el consentimiento de Nikita Khrushchev,
político soviético que lideró la Unión Soviética entre 1958 y 1964. Eso dio más
fuerza a la leyenda negra rusa porque las propias autoridades la asumían como
verdad. Solzhenitsyn se convirtió en estandarte muy valioso dentro del mundo
capitalista y sus simpatías nazis fueron ocultadas para no interferir en la
guerra de propaganda contra el socialismo en la Primera Guerra Fría. Su estilo
quería provocar y suscitar la agitación violenta en la población estadounidense.
Pidió al gobierno de los Estados Unidos que Vietnam fuera nuevamente atacada y
hablaba sobre la intervención en el gobierno en Portugal, cuando los oficiales
izquierdistas del ejército portugués asumieron el poder en la Revolución
Popular de los Claveles de 1974.
Si Estados Unidos no intervenía, Portugal se
uniría al Pacto de Varsovia. Su motivación principal siempre fue la guerra
sucia contra el régimen de la URSS e, insistía, sobre los miles de
estadounidenses encarcelados y esclavizados en Vietnam del Norte durante la
guerra. Esta idea de los estadounidenses como fuerza de trabajo esclavizada en
Vietnam del Norte dio lugar a las películas “Rambo”. Pero su locura no se
detuvo ahí. En una visita a España, en 1975, ya muerto Franco, apareció en Madrid
y en un programa en Televisión Española, se mostró contrario a la reforma
democrática y declaró que eran 110 o 150 millones las personas que habían
muerto a consecuencia del socialismo y expresó que lo de Franco no había sido
una dictadura, sino que la verdadera dictadura era la de la URSS. La idea
fundamental fue la de acusar a los círculos progresistas de España porque para
él, la democracia se podría convertir en totalitarismo.
Para el disidente ruso, la democracia burguesa
avanzada era la antesala del comunismo. Estados Unidos lo había considerado una
joya, pero todo tenía sus límites porque la Rusia capitalista que se formó a
partir de Boris Yeltsin en 1991, implicó el apoyo de Occidente y el ruso quería
volver a la Rusia zarista. Estados Unidos ya no seguiría su estupidez. Y se
acabó Solzhenitsyn.
Y si nos preguntamos, ¿por qué la
difusión de lo archivos secretos abiertos por Gorbachov que desmontan la
leyenda negra soviética no han sido discutidos en el ámbito académico?
Podríamos pensar que porque existe hoy una potencia comunista a la que todavía
hay que destruir: China. ¿No?
Me despido de nuestra querida audiencia,
agradeciendo su amable atención e invitándola a una nueva emisión de EL CLUB DE
LA PLUMA, el próximo domingo.
¡Hasta la victoria siempre, compañeros!
¡Palestina libre! ¡Irán, presente!
Desde Islas Canarias
Profesora en Letras, ex catedrática de la
Universidad Nacional de Mar del Plata

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