RADIO "EL CLUB DE LA PLUMA"

sábado, 11 de abril de 2015

DICEN QUE LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO…

DICEN QUE LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO…

Nunca vamos a estar conformes con todo lo que sucede, al menos es una característica de una gran mayoría en nuestras sociedades. El inconformismo suele pasearse y mostrarse desafiante ante logros, estadios superadores, avances algunas veces impensados.
La crítica a voz alzada y dedo señalador, parece un constante ejercicio que se multiplica, sin tomar en cuenta vencidas situaciones que nos aquejaban. No solemos poner en la balanza, absolutamente todos los ingredientes para poder evaluar y considerar de manera razonable cada momento, cada instancia.

Nuestros pueblos han transitado por circunstancias de toda índole. Hemos experimentado algunas épocas de bonanza, otras cargadas de dolor, sangre y mezquindad, pero pareciera que, cuando logramos vencer adversidades, el inconformismo nos ganara los pensamientos y saltamos a una acción descalificadora, por mejor que sea la realidad ante lo pasado.
Aquello de que todo tiempo pasado fue mejor es tan discutible como que todo puede ser mejor. Hubo pasados que preferimos sólo queden en la memoria, el recuerdo anhelando no se repitan; hay realidades más amables preferibles a otras supuestamente “mejores”.

Latinoamérica tuvo períodos, tal vez muy cortos, en donde esos temas de Independencia, Libertad, Unidad, Hermanamientos pudieron ser experimentados, encontrándoles nosotros el agradable sabor que nos dieron algunos logros.
Si tomamos por ejemplo lo acaecido en Argentina entre mitad de la década del ’40 y mitad de la década del ’50, donde clases sociales tuvieron su oportunidad de experimentar condiciones superadores en cuanto a nivel de vida y oportunidades, nos puede pintar con multiplicidad de colores tanto la felicidad de acceder a lo negado por décadas, como la combatividad desde la crítica elitista que denosta las decisiones de gobierno que posibilitaron el ascenso de esas clases sociales antes relegadas a condiciones casi de servidumbre.
En el medio estaban aquellos que aún percibiendo las notables mejorías, se dedicaban a cuestionar y criticar lo que podía faltar en esos logros, colaborando con esa actitud con los que posibilitaron, a partir de la mitad de la década del ’50, el retorno del salvajismo oligárquico.

En esos mismos tiempos, en Bolivia se experimentaba la Revolución Nacionalista”, que retoma por parte del Estado el control de los bienes y recursos naturales, mediante una reforma agraria logra acabar con el dominio terrateniente, distribuyendo la tierra entre quienes la trabajan. También se funda la Central Obrera Boliviana, se reforma el sistema educativo, lo mismo que el ejército luego de su disolución. Ésta Revolución Nacionalista, antecesora de la Cubana fue equipara con la Revolución Mexicana.

Unas décadas antes, en los tiempos de la crisis del ’29, Brasil comienza a experimentar una transformación. Getulio Vargas es el encargado de llevarla adelante con el denominado “Estado Novo”, donde, entre otras cosas logra: “…las nacionalizaciones que sirvieron para dar impulso al desarrollo industrial, la política ferroviaria y la construcción de la siderúrgica de Volta Redonda. Igualmente impuso restricciones a las compañías que explotaban y exportaban materias primas e incentivó a la industria nacional gravando con elevados aranceles a los productos importados. (…)La política de Vargas satisface ampliamente las reivindicaciones específicas de las clases medias, al estimular el desarrollo industrial, por lo que implanta una política proteccionista de la industria nacional y la sustitución de importaciones, favorecida por la depresión del capitalismo mundial…” (1)

Por supuesto no faltaron los detractores de Vargas, como tampoco las demostraciones de inconformismo y desvalorización por lo alcanzado.
Siempre para algunos, que a veces son muchos, puede haber algo mejor. No comprendieron ni comprenden la enemistad con lo bueno.

Hemos tomado sólo tres ejemplos que, en más o menos las mismas épocas, dejaron marcada una senda posible para las transformaciones. Ello pudo reafirmarse con lo que tibiamente comenzaba a gestarse a fines de la década del ’60 y casi la primera mitad de la década del ’70. El retorno de Perón en Argentina con el que se aspiraba la concreción del proceso revolucionario –no vamos a debatir en este momento el desaliento y la frustración derivados de este período y la tragedia que trajo consigo y la posterior que nos atravesó-; el Chile de Salvador Allende, etc.
Gobiernos tildados de “populistas” que intentaban transformar las acuciantes y casi permanentes situaciones de exclusión y sometimiento, fueron víctimas de los planes injerencistas elaborados fronteras afuera. “…las intervenciones militares violentas en Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, en las décadas del ’60 y del ’70. ¿Cuál fue su significado? Todas ellas fueron contrarrevoluciones preventivas cuya misión primordial fue la de decapitar y eliminar a una izquierda que no se resignaba al modo de producción capitalista, sino que apuntaba directamente a un socialismo que lo trascendía. Su función esencial, primordial, pues, fue la de traumatizar a la sociedad civil en su conjunto con una dosis de terror suficiente para asegurarse de que no habría ninguna tentación ulterior de reincidir en desafíos revolucionarios contra el orden social vigente; para romper cualquier aspiración o idea de un cambio social cualitativo desde abajo; para eliminar permanentemente, en suma, el socialismo de la agenda política nacional…” (2)

Tal vez parezca ofensivo y desactualizado, pero para tiempos posteriores a comentados, y tal vez para referirnos a esa masa inconformista y desbaratadora de realidades más promisorias, bien vale recordar una frase de inolvidable Facundo Cabral, cuando expresaba: “…Mi abuelo era un hombre muy valiente, solo le tenía miedo a los boludos, un día le pregunté ¿Por qué? y me dijo. Porque son muchos, no hay forma de cubrir semejante frente, por temprano que te levantes, adonde vayas, ya está lleno de boludos. Y son peligrosos, porque al ser mayoría eligen hasta presidente…”

Luego de dictaduras y tibias democracias, más precisamente en los comienzos del presente siglo XXI, pareciera que la afirmación del abuelo de Facundo Cabral ha perdido relevancia. Aunque no podemos descuidarnos de un rebrote epidémico de boludos inconformistas incondicionales con la estupidez.
Si volvemos a tomar ejemplos en Latinoamérica en cuanto a procesos políticos de real transformación, no podemos dejar de mencionar el Socialismo del Siglo XXI y el Bolivarianismo encabezados por Hugo Chávez en Venezuela, como tampoco al Estado Plurinacional de Bolivia. Mucho menos podemos dejar de referirnos a las transformaciones, profundas, en Argentina donde, con sus particularidades y posibles cuestionamientos, se han logrado la recuperación por parte del Estado, de empresas como Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino, Ferrocarriles Argentinos, YPF; asimismo el Estado ha retomado el control del sistema jubilatorio del País, recuperando así un bien de inestimable enajenado en tiempos del más salvaje neoliberalismo.

Por otra parte, el tema comunicacional se ha visto favorecido en varias de nuestras naciones Suramericanas, con la implementación de políticas de estado que posibilitan la masificación de medios e instrumentos que viabilicen la multiplicación de voces, miradas y propuestas. Con una nueva Ley de Medios Audiovisuales en Argentina, y a pesar de las agachadas judiciales y las arremetidas monopólicas, sectores campesinos y originarios cuentan con medios de comunicación, rompiendo así los impuestos silencios de décadas. (3)

Por supuesto que no todo se soluciona y no todos se benefician. Hay sectores como los de los pueblos originarios que aún no se les ha modificado las situaciones negativas por las que atraviesan; la usurpación de sus tierras por parte de terratenientes y empresas multinacionales continúa desangrando parte de nuestro pueblo; la recuperación de riquezas y bienes naturales es aún deuda pendiente, ya que en su explotación intervienen capitales foráneos que en nada benefician a nuestras naciones; el envenenamiento de nuestros suelos por agroasesinas empresas como “monsanto” continúan su derrotero criminal; y podríamos enumerar algunas cuestiones más, pero, en comparación a lo padecido en pleno tiempo neoliberal donde el personalismo, la competencia y los números se llevaban puestos a las gentes, negándoseles un futuro que mejorar, comparando aquella época con la posterior, imposible negarlo, estamos mucho mejor.

Hay como una recurrencia cíclica en los procesos de los pueblos. Nuestro continente ha experimentado revoluciones, sometimientos, de nuevo revoluciones, dictaduras y más sometimiento y con casi una periodicidad que podríamos enmarcarla entre 15 y 20 años aproximadamente. De todo lo vivido deberíamos poder aprender y concientizar que no todo pasado fue mejor y que mucho puede mejorar, pero desde una perspectiva mucho más positiva valorando lo que se ha logrado. De nada sirve en la reconstrucción de los pueblos el reclamo agresivo, desaforado, que en definitiva oculta detrás intereses que responden a lo más recalcitrante de las derechas.

Dicen que lo mejor es enemigo de lo bueno, intentemos disfrutar y defender lo bueno alcanzado y vayamos por más, con reclamos sí, pero desde una posición de acompañamiento a todo lo logrado y aportando ideas superadoras que demuestren cabalmente nuestra madurez política y social.

Que así sea.     

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-El Club de la Pluma
elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

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